
—Cambia el tono de móvil. Ponte a los Guns N’ Roses o algo así.
—¿Qué es «Guns N’ Roses»?
—Muy bien. Voy a fingir que no te he oído decir eso.
Si me hubieran dicho hace un par de años que iba a pasar tan buenos ratos viendo una serie protagonizada por Daniel LaRusso y Johnny Lawrence, aquellos dos chavales que se daban patadas en Karate Kid, hubiera pensado que se trataba de una broma. Pero sí; Cobra Kai es mucho más que una digna secuela.
Karate Kid, vetusto buque insignia de la edad dorada del celuloide para adolescentes, parecía una de esas cosas que estaban bien donde estaban, guardadas en un polvoriento cajón. No me entiendan mal, yo amo esa película. Es probablemente el más perfecto ejemplo de aquella astuta imperfección que era el cine colegial de los ochenta. Un argumento simplón hecho por gente que se las sabía todas: dirigida por John Avildsen, que se había consagrado con Rocky; escrita por Robert Kamen, un tipo capaz de comprarse un rancho con el pago recibido por su primer guion… que nunca fue llevado a las pantallas; producida por Jerry Weintraub, que había debutado junto a Robert Altman y había convertido en estrella al cantante John Denver. Es decir, que detrás de Karate Kid había más tipos listos por metro cuadrado que en torno a la mesa de los canapés de la ceremonia de los Nobel.
La película, claro, lo tenía todo para convertirse en una cúspide del género: angustia adolescente, orientalismo de bachillerato, mensajes profundos como un charco, sí, pero entrañables como ese charco que se formaba en el patio de tu colegio; moralina reconfortante, chicas guapas, chicos no sé si guapos, pero que soltaban patadas voladoras; patines, motos, coches. Y, sobre todo, el triunfo de la mosquita muerta frente al establishment de matoncillos del barrio. Si usted, amigo o amiga en edad de merecer, todavía no ha visto Karate Kid, vaya y véala. Es una obra clásica, porque es digna de ser imitada. Y ha sido imitada una y mil veces. No es Alta Cinematografía, ni falta que le hace. Sí es una gran película. Es, lo afirmo y lo defenderé ante quien haga falta, una de las películas más inteligentes que se hayan dirigido jamás al público juvenil. Pulsa cada tecla y roza cada fibra con un virtuosismo encomiable que solo podía provenir de gente curtida en el negocio de sacar dinero de los bolsillos a los espectadores.
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Suscribo todas y cada una de las palabras del artículo. Cobra Kai es es de lo mejor que he visto hasta ahora este año. Que manera mas buena de resucitar aquellas películas, aunque también hace que el visionado de la segunda y tercera partes de aquellas sea completamente innecesaria, aparte de que les da veinte vueltas. También soy de la opinión de que la Karate Kid original, a su manera fue una gran película, de las que mejor ha envejecido de aquella época además, salvando las distancias y las brechas intergeneracionales.