Arte y Letras Historia

La reescritura de la historia por el Tercer Reich

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Soldados de la Wehrmacht en la Acrópolis de Atenas, 1941. Foto: Cordon.

«Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro». En el lema del Partido de la novela 1984 resuena de fondo aquella cantinela tan querida de Heinrich Himmler: «Un pueblo solo puede vivir feliz en el presente y en el futuro si es consciente de su pasado». Como ejemplo, advertencia, identidad o tradición, el pasado nos interpela siempre, de una u otra forma. Puede erigirse como noble tradición que merece la pena preservar, como paraíso perdido que debe recuperarse para ser grandes de nuevo o quizá sea descrito con tintes muy negros para mostrarnos la necesidad de aceptar cambios para distanciarnos de él. Incluso el adanismo, ese mal tan frecuente de nuestro tiempo, crece a la sombra del pasado al necesitar negarlo de forma radical y militante: creer que la historia empieza con nosotros es el equivalente a taparse los oídos y gritar «nananana», por miedo a que se infiltre alguna enseñanza pretérita en ese cerebrito orgullosamente virgen. El pasado es además el hogar del mito, porque a medida que transcurre el tiempo las cosas se van recordando menos e imaginando más, y con mitos es como se construyen los movimientos políticos, pues como decía Ernest Renan «un pasado heroico, grandes hombres, la gloria, este es el capital sobre el que se asienta una idea nacional». Por todo ello está siempre tan presente la tentación de reescribir la historia; decidida la conclusión de antemano, queda por escoger las premisas, retorciendo los hechos lo que haga falta o directamente inventándolos. El nazismo fue uno entre tantos en esta práctica, pero se entregó a ella con tal entusiasmo, dedicó tanta energía e inventiva a elaborar un pasado mítico en el que reafirmarse que merece la pena que le dediquemos las siguientes líneas para conocerlo con más detalle.

Una de sus fuentes la encontramos, naturalmente, en el propio Hitler. Su libro Mi lucha entremezclaba sin distinción su ideario político y su trayectoria biográfica, descrita en un tono mesiánico en el que cada etapa o anécdota de su vida era interpretada como una señal o una prueba de la providencia al servicio de un objetivo último, que era la conquista del poder. Uno de esos momentos trascendentales fue el interés que ya en su juventud despertó en él la historia:

Aprender historia quiere decir buscar y encontrar las fuerzas que conducen a las causas de las acciones que escrutamos como acontecimientos históricos. (…) Fue quizá decisivo en mi vida posterior el tener la satisfacción de contar como profesor de Historia a uno de los pocos que la entendían desde este punto de vista, y así la enseñaban. El profesor Leopold Poetsch, de la Escuela Profesional de Linz, realizaba este objetivo de manera ideal. Era un hombre entrado en años, pero enérgico. Por esto, y sobre todo por su deslumbrante elocuencia, conseguía no solo atraer nuestra atención sino imbuirnos de la verdad. Todavía hoy me acuerdo con cariñosa emoción del viejo profesor que, en el calor de sus explicaciones, nos hacía olvidar el presente, nos fascinaba con el pasado y, desde la noche de los tiempos, separaba los áridos acontecimientos para transformarlos en viva realidad. (…) Nuestro fanatismo nacional, propio de los jóvenes, era un recurso educativo que él utilizaba a menudo para completar nuestra formación más deprisa de lo que habría sido posible por cualquier otro método. Este profesor hizo de la Historia mi asignatura predilecta. De esa forma, ya en aquellos tiempos, me convertí en un joven revolucionario.

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21 comentarios

  1. En esto de apoderarse (e inventarse mitos) del pasado, los españoles, lamentablemente, sabemos mucho. Está de total actualidad que los nacionalismos se inventen un pasado muchas veces inexistente, lo tergivesen y manipulen, para justificar sus fanatismos. Qué pena que tengamos tan mala memoria.

  2. Al apoderarse de la gesta de las Termópolis, que dicho sea de paso nos llegó gracias a escritores no espartanos, los nazis ignoraron el destino final de esa sociedad rígida y árida: nada de Esparta ha quedado para la posteridad, solo pocas ruinas y hechos de armas. Jamás tuvieron un escritor, un poeta, un filósofo o un comediógrafo de renombre, y si los hubo, se los tragó el olvido y la indiferencia, todo lo contrario de Atenas. Gracias por la lectura.

  3. Interesantísimo artículo. Enhorabuena, señor Bilbao!

  4. Se lee uno el artículo, se acuerda del «Congreso» España contra Cataluña de hace unos años y la relación se establece sola

  5. Bueno, serán un montón de estupideces eso de Avalon , La hiperborea, donde vivían los gigantes rubios ojos color de glaciar, pero las invasiones indoeuropeas, y el aspecto de sus conquistadores no es ningún invento.
    Desde las regiones del caucaso el desborde de pueblos conquistadores «arios», se les llamaba así antes de los nazis, es una realidad constatada por la antropología, biología y las sagas de diversos pueblos.
    Los «rubios aqueos» desplazaron a los habitantes originales de grecia, la derrota de las sociedades antiguas matriarcales y teluricas esta simbolizada por la conquista de apolo del santuario de gea. Celtas latinos y sabinos tambien llegaron a europa occidental.
    El desborde alcanzo a la india donde los conquistadores descritos como de piel clara en los vedas implantaron un sistema de castas esclavizando a los conquistados dravidas.

  6. los anglosajones también han modificado-an la historia a su gusto, maniqueando,tergiversando y manipulando la historia de España en el proceso, por cierto…

  7. No era muy distinto a lo que hace la Generalitat catalana, apoyada en su mecanismo de propaganda masiva (TV3 y RAC)

  8. Bueno Fernández

    Excelente artículo. Lamentablemente las personas se dejan embaucar facilmente por los pequeñosburgueses de turno. Me refiero naturalmente a los problemas que tenemos actualmente con algunas regiones de España como Las Vascongadas o Cataluña en especial.

  9. el esperpento de la nacion catalana, y la version gore alemana. Resumen; no pidas peras al olmo.

  10. Muy interesante.
    En España tenemos un mito reciente. El de la Transición. Tantas mentiras y tanta propaganda para dar un origen presentable a nuestra falsa democracia, nuestra oligarquía de partidos.

  11. Manuel Domínguez

    Muy interesante el artículo, pero aún más los comentarios, cada uno lo aplica a su ideología e interés, la realidad no nos interesa si no sirve para reivindicar nuestras ideas políticas , véase nacionalistas catalanes, podemitas antipartidos, por cierto cómo me recuerda la ideología falangista, mendrugos vascos, antiespañoles de pro, en fin elementos que se creen los elegidos por los dioses para llevar a su pueblo al mismo lugar que llevaron, los nazis del artículo.

  12. Todo proyecto nacional, nacionalista, racial, o religioso, necesita unos cimientos que se adentren todo lo posible en el pasado para darle aspecto de solidez, e incluso, justificación.

    Bajo cada nacionalismo, supremacía racial, o religión hay una historia distinta diseñada para sostener el discurso actual.

    ¿Existe una Historia aséptica, universal y no manipulada? Ni idea, pero lo dudo. Aun así disfruto mucho de la historia, como cualquier otro genero de… ficción.

  13. Pingback: Los hijos de Eros: homosexualidad militar en la Grecia clásica – El Sol Revista de Prensa

  14. José Manuel

    «Wagner incluso llegó a identificarlo con el dios Wotan.» ¿Qué?

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  16. Pingback: La revolución cultural nazi – La Historia en los libros

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