Fotografía: Ivana Todorovic

Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 13
Viajamos a las montañas de Zlatibor, en Serbia, donde Radomir Antic tiene su casa de veraneo. Está rodeado de su familia. Mientras hablamos, viene a visitarle Milan Jovanovic con su mujer, el delantero de la selección serbia en el Mundial de 2010 y ex del Liverpool. Tiene una casa cerca. Como muchos deportistas, algunos retirados de la NBA y otros viejos conocidos de la liga española. Comemos todos juntos. Rado me explica que en España nos fijamos en el menú del restaurante y en Serbia en lo que van a cantar los músicos. Metidos en el repaso a su carrera, noto emoción y miradas vitriólicas cuando relata los episodios más complicados de su currículum. Antes de irnos, no quiere que nos marchemos sin ver su gol con el Luton en YouTube, en un portátil. Fue en 1983, pero sus nietos lo viven como si lo hubiera marcado ayer. Él les besa uno por uno. Tengo la sensación de que ese fue el mejor momento de toda su carrera deportiva. Al menos en el que fue feliz de la forma más inocente y pura. Luego todo fue, digamos, complicado.
Hábleme de su familia.
Mis padres eran de Bosnia, se conocieron en la II Guerra Mundial, fueron partisanos. Mi tío fue héroe de guerra. Yo nací en un pueblo, Zitiste, en 1948, porque mi madre quiso dar a luz cerca de su madre, pero no viví allí nada, solo algún verano. Era un sitio duro; un invierno los vecinos tuvieron que hacer túneles para comunicar sus casas por la nieve que cayó. Después estuvimos en Uzice, en Belgrado… Mis padres, al ser militares, cambiaron mucho de destino.
En aquella época en mi casa siempre se hablaba de los sacrificios que se realizaron durante la guerra en defensa de unos valores y unas ideas. Valores, los del socialismo, que me siento muy orgulloso de haber recibido. Por ejemplo, en el colegio un profesor nos hizo una vez un cuestionario sobre qué queríamos ser de mayores y qué no. Yo puse que quería ser ingeniero mecánico y que no me gustaría barrer la calle. En la siguiente clase vino enfadado y gritó: «Sentaos todos menos tú, Radomir». Pensé: «¿Qué habré hecho?». Y me explicó: «Puedes llegar a ser ingeniero mecánico porque eres inteligente y buen alumno, pero lo que has dicho sobre que no quieres limpiar las calles es una vergüenza. Cada trabajo honesto hay que valorarlo, y lo único que no deberías querer ser es un criminal».
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Buena entrevista, en que se le aprecia el enorme ego que atesora este hombre, sin negarle los méritos que tiene, que los tiene. Hablando de lo que conozco, que fue su paso por el Real Oviedo, sólo puedo decir que tuvo la mejor plantilla que tuvo en su historia… y no fue capaz de clasificarlo para Europa. Es cierto, la temporada de Prosinecki fue espectacular, no dábamos crédito a las exhibiciones que domingo tras domingo presenciábamos. En concreto, el partido contra el Madrid es difícil de olvidar, cómo además buscaba constantemente a Redondo (no sé si por considerar que era quien le había quitado el sitio en el equipo blanco) y lo dejaba en evidencia, aunque resulte difícil de creer con lo que llegó a ser Redondo. Y con Jokanovic además en el centro del campo. Y aún así… no hubo clasificación europea. Y su retorno, pues fue el comienzo del descenso al abismo de los carbayones. Es cierto, la plantilla era normal, se jugaba bien… pero ni una puñetera victoria fuera de casa ese año. Así es imposible mantener la categoría. De hecho, recuerdo que el último partido del Oviedo en casa, que fue contra un Madrid ya campeón, que vino a pasearse al nuevo Carlos Tartiere, pero en el que Munitis hizo el partido de su vida (probablemente pensando en intentar salvar a su ex equipo, el Racing), una vez acabado en empate, la salida de los aficionados del campo era con la certera sensación de que el equipo estaba descendido (ojo, en ese momento, el Oviedo no estaba en posición de descenso), porque teníamos la certeza de que el equipo no iba a ganar en Mallorca (como así fue) y del tongazo que iba a haber entre Osasuna y Real Sociedad (como así fue). Lo dicho, interesante entrevista.
Vaya tío, sabe de todo! El entrenador perfecto: a todos descubrió él y los hizo mejores jugadores. Los errores, los demás
Gran entrevista, es un tipo directo que no se ocupa de sobar jetas. Es cierto, al futbol se puede jugar de mil maneras, la clave es armar un buen grupo. Muy de acuerdo, España, mas que futbol, tuvo suerte; y aburrio a mares, entre lo suyo y el catenaccio… Sin duda uno de los pocos que no se esconde a la hora de denunciar las farsas y la maquinaria del futbol.
Gustavo… ¿Que no soba jetas? Trató de fichar a Robinson de asistente para tener contentos a los amigos de Prisa (SER, Canal Plus, El País) en plena guerra digital del fútbol, buscando una defensa mediática a prueba de balas frente a Gil y cualquier crítica. Luego convenció a Futre para volver al Atlético (era el Futre final, a punto de retirarse) para que hiciera de espía en el vestuario, algo que Futre no toleró y le costó su despedida definitiva del club. Y, para colmo, recuerdo perfectamente que, a finales de los 90, se ofreció gratis a varios presidentes para entrenar a Real Madrid (en los años de crisis con Sanz), Barcelona (lo acabó consiguiendo con un Gaspart desesperado) e incluso Lopera (cuando el Betis era una montaña rusa en los banquillos).
Y recuerdo su mal humor e incapacidad absoluta de encajar cualquier crítica cuando le preguntaron sobre el hecho de haber sido el hombre con el que tres equipos descendieron a segunda división (Atlético, Celta y Oviedo).
Hagamos memoria: el Atlético de Madrid ganó bien la liga en 1996, jugó momentos de muy buen fútbol, pero aquella temporada ni Barcelona ni Madrid estuvieron a la altura. Y aun así a punto estuvo el Barça de darles caza.
Un ego desmedido el de este hombre.
Y bueno, me refería a que dice las «verdades» que se le cuecen a el en la cabeza, aun a riesgo de incomodar; sobre todo la turbia maquinaria que subyace al fútbol español, y claro, seas del equipo que seas estas de algún modo involucrado, se juega con una pelota embarrada en España, el tipo no se esconde tras la complacencia de sobar jetas y agradar. El hecho de que sea a un medio español de masas el que le hace la entrevista, le brinda a el un tono de caradurez que no tiene pierde. Es un canalla en un reino de canallas, pero el no se esconde: pequeño detalle magnifico. Obvio que estuvo implicado en esas movidas, no dije que fuese un santo.
La autocrítica y la humildad nunca fueron más vírgenes.
¿Por qué habéis censurado la entrevista? Hay preguntas que habéis borrado.
Muy buena entrevista! Una corrección es que el jugador que a él le gustaba, a quien tenía de ídolo, Enrique Omar Sívori, no era italiano, era Argentino … A pesar que no le gustan los jugadores Argentinos!!
A molina le metieron 5, no 7, rado. Buen entrenador a nivel de su ego diría.
Habéis modificado el artículo y habéis eliminado un par de preguntas de la entrevista en la que habla del descenso del Atleti y de las cosas extradeportivas raras que pasaron,. Como la reunión de Gil padre con la plantilla en el hotel Palace diciendo que había que bajar a segunda. No sé si habéis recibido alguna llamada de alguien pero es triste que os autocensuréis. Qué pena de periodismo.
La entrevista no tiene desperdicio sobre el ego del personaje: no reconoce ni un mérito a los demás, los serbios son maravillosos, su educación fue modélica, sabe más que ninguno… Este tipo no tuvo abuela, es evidente.
Desgraciadamente, el entrevistador no le preguntó por qué Futre dijo que Antic lo quería de espía en el vestuario, ni por qué descendieron tres equipos con Antic al frente en su última etapa como técnico en España (Celta, Oviedo y Atlético), ni por qué se ofrecía «gratis» a varios equipos haciendo la cama a los entrenadores que en ese momento estaban en la cuerda floja.
Y, por cierto, estuvo bien despedido en el Real Madrid de la temporada 91/92. Aquel equipo no jugaba un pimiento al fútbol, y era evidente para cualquiera que el Barcelona acabaría por situarse líder. Eso ocurrió en la última jornada, el día de Tenerife, pero que servidor recuerde nadie cuestionó que el justo campeón de aquel año fue el Barcelona de Cruyff.
Elegiste al Atlético porque era el único que te quería. Ni que te hubiera pretendido el Milán o el Mánchester.
Muy interesante, pero me parece muy irónico que una persona que se pasa toda la entrevista atribuyéndose todos los méritos y culpando a los demás de sus fracasos, tilde al Madrid de club arrogante. Los colchoneros tienen un complejo con el Madrid enorme.
«Habéis modificado el artículo y habéis eliminado un par de preguntas de la entrevista en la que habla del descenso del Atleti y de las cosas extradeportivas raras que pasaron,. Como la reunión de Gil padre con la plantilla en el hotel Palace diciendo que había que bajar a segunda. No sé si habéis recibido alguna llamada de alguien pero es triste que os autocensuréis. Qué pena de periodismo.»
Supongo que si esto es así, podrás probarlo y Jotdown tendrá que dar explicaciones. Mientras no lo hagas…
¿Qué tiene que probar? Las preguntas y respuestas citadas estuvieron publicadas antes de que las retiraran.
Y mientras no lo haga…. ¿Qué?
Ya que se queja del tongo entre Osasuna y Real Sociedad podría comentar algo sobre el jugador del Tenerife que falló un gol a puerta vacía contra el Atlético a cuatro jornadas del final que hubiera supuesto el empate. Que ese jugador fuera Aguilera que más tarde fue capitán del atlético no tuvo nada que ver, claro.
Por cierto, ese año el atlético ese año empezó como un tiro pero hizo una segunda vuelta mediocre porque como le recordaron tantas veces no iban a aguantar ese ritmo. Por suerte para él, la consigna en la federación fue ayudarles. En la copa contra el Betis Molina salió a la desesperada fuera del área y tumbó al delantero bético pero ni aún así lo expulsaron. Contra el Valencia le pitaron un penalti ridículo a Javi Navarro y a pesar de que en el Calderón le tiraron un trozo de cañería de casi dos metros a Mijatovic nadie dijo nada.
La tenés bien dentro, eh?
Claro, la liga la pudo ganar el Valencia al que todavía no había visto ganar ningún título. Pero no digo nada que sea falso.
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