José Ramón de la Morena: «La radio es el medio más puro, más rápido, más de verdad. Todo lo demás se puede maquillar»

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José Ramón de la Morena

La voz de José Ramón de la Morena [Brunete, 1956] tiene timbre a recuerdos. De adolescencia. De mañanas con sueño en la facultad por quedarte escuchando el transistor hasta las tantas. De la Morena fue cabeza visible en aquel fenómeno generacional llamado El Larguero, y protagonista de una auténtica guerra en las ondas que aún hoy despierta admiración [por lo que fuimos] y cierto sonrojo [por lo que llegamos a hacer].

Ahora José Ramón se ha retirado, aunque uno nunca se retira del todo en esto. A su Brunete, a leer, a ver series, a disfrutar de un niño pequeño que sonríe tímido con tanta gente desconocida cerca. El padre lo coge en brazos, hace cucamonas, sigue con su mirada incluso después de empezar a hablar. De radio, de fútbol, de aquellos presidentes tan peculiares, de García y de bicis. Y de periodismo, sobre todo de periodismo.

¿Por qué dejar la radio ahora? 

Lo acabas de ver. Por él [señala al niño]. Es una de las cosas en que no me he equivocado. Después de saber lo que es tener un hijo, y el tipo de vida que llevaba yo… habría sido imposible. Me vino bien a mí, y supongo que a Onda Cero también… Seguir con este tío, con lo que nos cuesta y el resultado que nos ha dado… Yo se lo digo a mediados de noviembre, y ellos me responden que dan hasta marzo para ver cómo hacer y cómo no hacer. Y no me arrepiento en absoluto. Es más, creo que les hubiese engañado, porque no habría sido capaz. A mis hijos mayores no los pude disfrutar, metido en aquella carrera alocada que empecé en el año 85. Me echo a la carretera, a las vueltas ciclistas, al partido de la jornada, a los campos. Un año llegué a hacer noventa y ocho viajes, todos los fines de semana, los miércoles. No era vida, pero era la que elegí, la que me gustaba, y por la que yo hubiera hecho un pacto con el diablo. Hubiera vendido mi alma al diablo por ser periodista. No por llegar a donde llegué, ni por la cuarta parte. Ser periodista. Ni siquiera periodista de radio, yo quería escribir. A mí me gustaba eso: ver, observar, tomar notas, y luego crear mi personaje, que dijese lo que había dicho pero…

La narrativa.

Eso es. Pero lo de la radio surgió, y es apasionante. La radio es el medio más puro, más rápido, más de verdad. Todo lo demás se puede maquillar: la narrativa que decíamos escribiendo, la televisión…

La tele es un gran trampantojo.

Sí. Bueno, no estoy muy seguro porque nunca estuve allí, pero… En la radio no. La radio es natural, es fresca, sale todo al instante. Es verdad que, como decía Joaquín Prat, la mejor improvisación es la que se prepara. La radio te obliga a improvisar, y te obliga a prepararte para saber improvisar. Yo he disfrutado muchísimo. Incluso en las noches de Onda Cero he llegado a disfrutar, ¿eh? Todo lo que viniera ahora ya no lo iba a disfrutar tanto como antes. 

Me interesa lo de la escritura. Uno de tus libros lo prologa Fernando Lázaro Carreter. Allí habla de un idioma atractivo, cogido en la taberna del pueblo.

Te cuento de dónde viene eso, porque es historia buena. Yo recibo una nota de un alto cargo de El País —si supiera el nombre te lo diría, pero no lo recuerdo— y me dice, de una manera muy despreciativa, que soy poco menos que un gañán por cómo maltrato el vocabulario, el diccionario, que soy la vergüenza de Prisa. Terminaba con algo así como «y por supuesto tomaré medidas». Me pareció tan ofensivo… Mi contestación fue «y por qué no te vas a tomar por culo». Propio de un tío inexperto, como era yo, muy expresivo, con mucho pronto. No he logrado aún reprimirlo, pero los años te van calmando. Aquello era, date cuenta, cuando los primeros correos electrónicos. Y a las dos horas subo donde Augusto Delkáder y le enseño. «Mira lo que me ha pasado». Él contesta. «Mándalo a tomar por culo». No, es que es lo que he hecho, todo en mayúsculas. Me dijo que estaba bien, pero vi que se queda pensando «en qué lío me va a meter este cabrón». Nunca supe nada más, pasó el tiempo. Y hasta que llegó ese prólogo.

Donde viene lo del lenguaje de taberna. 

Mira, yo estuve interno mucho tiempo en los escolapios. Mi mejor amigo, Javi, tenía un bar aquí, en Brunete, y en verano yo iba al bar. Con catorce años, no a tomar nada, a estar con él. Y allí entraban una serie de personajes. Por la mañana los albañiles, que venían a la cazalla, y ellos con su lenguaje. «Niño, ponnos de beber», «niño, danos otros poquito». A mí me hacía gracia. Luego llegaban los del café, a mediodía los de la cerveza y el vermú. Desfilaban una serie de tipos y cada uno era particular. Muchos de ellos señores mayores. El tío Tista, el tío Lucianillo… El tío Tista llegaba todas las mañanas, a las doce o así, contando que venía de Madrid, que le había llevado una rubia impresionante en un Mercedes y le había dado cincuenta pesetas para que tomase algo. Y todos decían… con cincuenta pesetas, invitarás, ¿no? Y él respondía. «Es que yo no conozco tu moneda». Tenía mucha gracia el cabrón. Después de comer estaba el café, y llegaban las partidas.

¿A qué se jugaba? Porque cada sitio es particular en eso. 

Al mus, al subastao, al tute… había algunos que eran especialistas. Ver jugar al subastao al tío Lucianillo con aquel sombrerito, aquel traje negro con chaleco, esos celtas cortos consumiéndose, con una ceniza más grande que el cigarro…

Auténticas finales de Champions…

Sí, sí. El subastao… ¿Tú sabes jugar al subastao? [Niego, me lo explica]. Aquello era muy divertido. Lo mejor que vi era al tío Zacarías, que estaba sordo como una tapia. Entonces todos hablaban entre ellos, él se volvía a mí y decía «José Ramón, se creen que como estoy sordo no les oigo, pero lo que no saben ellos es que son unos gilipollas todos». Era un tío muy inteligente. Él leía los periódicos y a mí me contaba su historia. Me hablaba de Nisón y Gadafí, que eran Nixon y Gadafi. Las partidas más divertidas eran al mete, que es parecido al mus. Yo ahí los mejores que he visto son Luis Calzones, su compañero el Tuti y Manolo el Loco, que en paz descanse. Luis y el Tuti eran dos vendedores del rastro, e ibas a verlos como quien va a una obra de teatro. Yo pagaría por verlos ahora.

Es como cuando entras en una plaza de abastos y te quedas allí, mirando, a ver qué pasa y qué se escucha.

Sí, eso mismo. Calzones era un espectáculo, ellos se daban cuenta, hablaban con el público, interactuaban, «usted está aquí para dar tabaco y callarse», le montaban un cisco al que tenían al lado… Entre toda esa conversación ya habrían pasado seña, y el Tuti sabía perfectamente qué tirar. Y Manolo el Loco otro espectáculo, pero de manera distinta. Yo le vi pillar cuatro reyes en el mete, siendo mano… pasar a grande, envidar a chica, y echar todas a pares, endiñando jugada con los cuatro reyes… Qué cabrón [sonríe]. Era un verdadero espectáculo. A mí me divertía mucho.

Suena muy parecido a ciertos movimientos actuales en política, ¿no? Lo de tener cuatro reyes y dejar pasar hasta que el otro muerde el anzuelo.

[Ríe], sí, sí, eso mismo.

José Ramón de la Morena

¿Nunca tuviste tentación de pasar a la información política?

Sí, al final lo que te apasiona es el periodismo. Pero el que más me apasionaba era el deportivo, porque yo fui muy mitómano en los deportes. Sobre todo en el fútbol, pero también el ciclismo, el tenis, el boxeo… Me hubiera gustado saber algo de baloncesto, a veces voy a verlo. Pero el periodismo político siempre me gustó. Yo empecé haciendo una revista política que se llamaba Nosotros y nuestras cosas, aquí en Brunete.

Y casi te meten en la cárcel.

Y tan casi.

Destapaste un apaño en la joven democracia.

Fue en las primeras elecciones, y mi padre era secretario en el ayuntamiento. Lo llevaba fatal… el hecho de que yo fuera periodista y él tuviese aquel trabajo… muy mal, le costó muchos disgustos, al hombre. Y a mi madre, pero bueno. Eran las primeras elecciones, y venían a explicar a los alcaldes cómo iba a ser eso de la democracia. Se reunían en «Educación y Descanso», en el antiguo salón, donde a veces hacían obras de teatro o ponían el cine. Había una salita pequeña con dos vanos por donde se proyectaba la película, y allí me puse yo. Vino Martínez Emperador, que era presidente de la Diputación para dar una charla a todos los alcaldes de la zona. Bigotillo fino de reguero de hormigas, gafas de concha… Yo había oído a mi padre sobre esa reunión y fui para allá, que además mi amigo Javi vivía arriba de esa vivienda. Tampoco había la protección que hay ahora, vendrían solo los periodistas del Régimen acompañando a Martínez Emperador, los del Arriba, del ABC, y del Ya. Y yo estaba escuchando, tendría diecisiete o dieciocho años, y los alcaldes le preguntaban «esto cómo va a ser». Y él respondía. «Debéis estar tranquilos, ahora tranquilos, cuando vengan las elecciones ya se os dirá a quién hay que votar, pero ahora tranquilos». Y yo titulé, en portada, «Martínez Emperador: cuando lleguen las elecciones ya se os dirá a quién hay que votar». Piensa que en aquella revista nos atrevíamos a escribir sobre Marx, sobre Hegel… sin tener ni idea de quienes eran, pero…

Bueno, es que Hegel es complicado, ¿eh?

Sí, muy jodido. Pero ibas al diccionario, leías a Samuelson, cualquier libro de estos, y te hacías una idea, te las dabas de culto.

Vanguardia.

Sí, casi ese progresismo que tú querías, hambriento. Y bueno, recuerdo que me llamó el alcalde con un cabreo de cojones después de aquella portada. «Vente al ayuntamiento». Yo en clase le había preguntado al profesor del Moral, que nos daba Derecho de la Información, que cómo se legalizaba una revista. Siempre me lo decía mi padre, que legalizase el asunto o me veía durmiendo en el calabozo. El profesor me dijo que la revista tenía que pasar una censura y después se le ponía un sello, registro oficial de no sé qué. Pero yo sabía que no iba a pasar la censura. No teníamos dinero, vendíamos el asunto a veinticinco pesetas, lo hacíamos en una ciclostática allí en la parroquia. Total, que yo cogí a mi padre varios sellos que vi en el Ayuntamiento, en los que ponía cualquier cosa del juzgado, y puse debajo algo así como «censura revisada» y el sello del Ministerio.

Da para consejo de guerra.

Esa noche llamó el alcalde, voy para allá y me dice «lo que has hecho no tiene nombre». Empezó a pasar las hojas de la revista a manotazos, así, plas, plas, y llega a la página de deportes y lee «El Club Deportivo Brunete se hunde». Y allí se para. «Esto sí es a mala hostia, a cargarse el pueblo, a cargarse el equipo, a ir contra la gente». Buah, estoy salvado, pienso. Sí, creo que me he pasado, porque tal, porque cual. Y él sigue. «Esto no lo consiento, porque es malmeter… lo voy a dejar pasar por tu padre. Bueno, por tu padre y porque has legalizado la revista. Si no llega a estar legalizada yo te aseguro que esta noche duermes en el calabozo». Y eso fue lo más conflictivo. Luego en las elecciones ya vinieron otras cosas, con los partidos, los grupos independientes y tal. Todos los pueblos tienen una carga importante de idealismo, de quijotismo, pero también de caciquismo.

Llevamos un rato hablando y aún no hemos salido del pueblo. Tú siempre has llevado muy a gala lo de ser de Brunete. Un amigo mío decía que le habías quitado al sitio el nombre de «batalla» y ahora era el pueblo de José Ramón de la Morena.

Ojalá, ojalá le haya quitado eso de la batalla, sí.

Aquí haces el famoso torneo de los chavales.

De eso sí estoy orgulloso. Tampoco fue idea mía, nace de Paco Díez, que hoy es presidente de la Federación Madrileña, y de Carmelo Zubiaurre, un viejo amigo. Los dos habían visto esto del Fútbol 7 en Francia, y cuando me lo explicaron pensé que estaba muy bien. Niños de ocho o nueve años no pueden tirar un córner, porque no llegan. Necesitan porterías adecuadas, campo adecuado, para que aprendan a colocarse, a jugar con intención, y ya más tarde pasarán a fútbol amplio. Me dicen de hacer un campeonato de esto en Brunete, con televisión. Vale, vale. Para empezar en Brunete no teníamos campo, pero me quedé con la idea y se lo dije a Relaño, que era jefe de deportes de Canal+, quien también entró al asunto. Lo primero fue organizar un partido de niños aquí, para ver cómo era eso, con tan mala suerte que cayó una tromba de agua enorme y el campo quedó embarrado. Tuvo que venir un amigo nuestro con un camión de arena. 

En los pueblos siempre hay soluciones.

Yo me vi un sábado por la mañana repartiendo arena con una pala, perdido de barro. Venían Villar, Cortés Elvira y Jaime Lissavetzky para ver las posibilidades del asunto. Piensa que debíamos construir un campo de hierba artificial, que entonces casi ni había, poner la tele. Pues bueno, cuando se hizo a mí me impresionaron los niños. Sobre todo uno, un tal Rabadán, que fue el mejor de los que yo haya visto en un campeonato.

José Ramón de la Morena

De eso me acuerdo, porque un amigo mío jugó aquel primer campeonato y todos estábamos colgados de la tele para verlo. Al final salió solo unos minutos y no tocó balón, únicamente le dieron una hostia.

Era como tener muy cerca lo grande. Aquel primer campeonato se jugó por selecciones autonómicas, y Madrid tenía un equipo fantástico. Con el tiempo los junté a todos, y el único que había triunfado es Xavi, que jugó con Catalunya. Rabadán llegó a Segunda División. A Santos lo subió Capello cuando tenía quince años a un entrenamiento del Real Madrid, mirad qué chaval he descubierto.

Atribuirse la paternidad, por si acaso… muy de entrenador.

Sí. En aquella reunión Xavi contó que al volver a casa contó a sus compañeros que en Madrid había jugadores que les sacaban años, y que cuando jugasen con el Real Madrid aquello iba a ser la hostia. En el Madrid estaba Casillas, que no es titular por una injusticia que él me echa a mí en cara, diciendo que allí jugaba el gasolinero de mi pueblo. Te juro que no fue así. Ese chaval tiene un bar ahí delante y… Es que la vida te da oportunidades, te las quita, pone zancadillas. José Tomás decía que además de valer y ser el mejor hay que tener esa pizca de suerte para que te dejen demostrarlo.

Y tú que conoces a esas personas desde que eran niños, ¿cómo afrontas una entrevista después, cuando triunfan?

Con mucha subjetividad. La objetividad más próxima es la que se confiesa, que es la subjetividad. Es muy difícil, no te voy a decir que sea como entrevistar a tu hijo, pero lo proteges. No puedes decir que ha jugado bien el día que jugó mal, porque eso lo ha visto todo el mundo, pero lo proteges. Si te pregunta lo aconsejas, lo que puedes, lo que sabes. Lo quieres como yo he querido a Iniesta, también a Iker, a Fernando Torres. Él me dijo un día que le había dado muy poca bola, y contesté que en aquel campeonato no las cogió ni con la mano. Es que Fernando Torres explota con dieciséis años, que es cuando ficha por el Valencia, aquel contrato se rompe porque yo lo denuncio. Una noche sale Gil diciendo [imita la forma de hablar de Jesús Gil] «pero Joserra, qué has hecho, que no lo voy a vender». Pero el Valencia se quedó con su ficha a cambio de un dinero que debía Gil, un préstamo que le habían hecho o algo. Luego él devuelve el dinero y se queda con Fernando Torres, uno de sus mejores negocios como presidente. 

Te comentaba también esto porque tú tenías, y tienes, una forma muy particular de hacer entrevistas, tirando mucho por lo personal. No sé qué opinas de los nuevos formatos en YouTube, Twitch y demás. Se les acusa de hacer entrevistas demasiado amables. 

Pues he escuchado… ninguna, para qué te voy a engañar.

Pero la idea te ha llegado.

Sí, sí, claro. Me han hablado de algunos, de Ibai Llanos, de varios… Es una manera como otra cualquiera de darse a conocer, aprovechar la redes sociales, las nuevas tecnologías, y decir «allá voy yo». Pienso que eso no es periodismo, y creo que Ibai en alguna ocasión ha dicho que él no hace periodismo. 

Que hace entretenimiento, ¿no?

Bueno, lo puedes llamar como quieras, igual que hay curanderos y hay cirujanos. Yo creo que esta moda ha sido más venganza de los grandes deportistas, como Piqué y el propio Messi, que se han sentido maltratados por la prensa y han pensado en refugiarse allí, en un escenario donde dicen lo que quieren sabiendo que no les van a atacar. Yo no tengo nada a favor ni en contra, porque es algo que han sacado ellos y mantiene el público. Si el público no quisiera, no estarían ahí. 

Pero se pierde un poco el sentimiento crítico.

Es que yo creo que no lo buscan. 

Tampoco quien escucha, parece… Solo quiere oír algo que le acaricie el oído.

Efectivamente. Hay veces que haces una entrevista y te sientes bien, te dices que has estado bien… me he echado la muleta a la izquierda, a ratos me rozan los cuernos porque el otro empezaba a cabrearse… y la entrevista ha tenido verdad. La entrevista tiene que tener verdad, si no la tiene es nada. Y lo otro son conversaciones, más o menos pactadas, saben que no les vas a preguntar por ciertas cosas.

José Ramón de la Morena

¿Tú lo notas? Cuando la entrevista tiene verdad, digo.

Fuu, y tú. Lo nota el entrevistado y el entrevistador. A veces te aburres, es como sacarse una muela sin anestesia, estás deseando que acabe. Yo en algunas entrevistas lo he pasado fatal.

Recuerdo una con Florentino Pérez, de las últimas que hiciste en radio.

Es curioso, porque mucha gente me dijo eso, pero no. 

Desde fuera lo parecía.

Desde fuera quizá. Yo desde luego sudé horrores. 

¿Tanto impone Florentino?

No es que imponga. Sucede que Florentino se cierra. Es cercano en la distancia corta, con quien quiere. Conmigo lo ha sido a veces. Pero en las entrevistas él no expone sus sentimientos, él expone sus ideas. Con las que puedes estar o no de acuerdo, en eso también es muy drástico. 

Hablamos de otro tiempo, en el fondo. ¿Te maginas a gente como Juanito o Stoichkov con acceso a redes sociales mientras eran futbolistas de élite? O al mismo Jesús Gil…

[Ríe] Hostia, Jesús Gil sería trending topic todos los días. 

Yo recuerdo una vez que cruzaste en El Larguero a Jesús Gil con Donato y un santero cubano que vivía en mi pueblo. Donato lo acusó de brujería…

Buah, qué divertido [vuelve a reír]. Me acuerdo perfectamente de aquello. Pero es que esos tiempos eran la rehostia. En otra ocasión Donato se encerró en el cuarto porque Gil le pagaba en pisos, y él quería dinero. Le pusimos con Gil al teléfono, «yo quiero dinero, no quiero pisos, otro piso, otro piso». Ahora lo piensas y no está tan mal, porque Gil vendía los pisos a sus jugadores por cuarenta millones de pesetas, y andan hoy por el millón doscientos mil euros. Fue buen negocio. Ahí compró Antic, compró Donato, Tomás… Era otro estilo de presidentes. Es que fíjate: Caneda, Lopera

Caneda hace poco dijo en la Cope que él solo enciende la tele para ver al Real Madrid y porno.

No sabía yo que eran tan del Madrid.

¿Lo otro sí lo sabías? Lo de la sicalipsis…

[Risas]. No sé, yo creo que es una boutade que ha dicho.

Eran personajes hechos a sí mismos, algo distinto a lo de hoy.

Sí, perdían el vértigo a la trascendencia de lo que decían. Ahora no, ahora imagínate a Florentino diciendo eso, o al mismo Laporta. A Cerezo le podría encajar, en plan cachondo. Es todo distinto. Ten en cuenta que lo que dices ahora está mañana en portada de un periódico de China. Esa inmediatez e instantaneidad que antes daba la radio ahora está en absolutamente todo. Es otra manera de hacer periodismo.

¿Era posible llevarse bien con Jesús Gil? O, al revés, ¿era posible llevarse mal con Jesús Gil?

Era una montaña rusa, total. A mí me llegó a echar del palco. Bueno, nos quiso echar a todos. Jugaban el Atlético de Madrid y el Barcelona. Allí estaba, por ejemplo, Ernest Lluch, a quien yo tengo un cariño especial, porque dijo aquella frase de que la democracia llegará a España el día que yo superase a García. Era otra boutade, ¿no?, pero imagínate. Nunca llegué a entrevistarlo y ni siquiera pude agradecerle aquello en persona. Bueno, pues estaba Ernest Lluch con Carlos Herrera en la barra del Calderón, y yo fui para allá a pedirles unas palabras. Y de esas que aparece Gil, saliendo de su despacho y echando a todo el mundo [vuelve a imitar a Gil]. «Venga, todos fuera, facinerosos, todos a la calle, y tal». Y me ve a mí y dice «Tú el primero». Algo habría dicho de él. «No tienes cojones tú para entrevistarme», sigue, y yo le contesté que mis cojones eran como su cabeza. Echó a todos, a Gozalo, a Ortego, pero yo me quedé. Era así. Ese día creo que terminó cesando a Menotti.

Echaba a tanta gente que igual mezclas unos y otros.

Todos los días, todos los días. Él no tenía filtros, y tampoco había vértigo para la trascendencia o las consecuencias.

Tú eres uno de los primeros periodistas deportivos que haces exhibición indisimulada de los colores, pero sin caer en el bufandismo. Hoy algunos desarrollan parte de su profesión a base de decir lo que quieren escuchar los aficionados de su equipo.

Quizá al dar yo ese paso… En realidad fue como si me empujaran al agua, porque Roberto Gómez dice «tú dilo, que eres del Atleti». En la facultad, cuando hablábamos de la objetividad, de las teorías de Fattorello y todas esas historias, siempre decíamos que quizá la mejor objetividad es aquella que confiese su subjetividad. Es como cuando iba a dar una conferencia a alumnos. Yo les preguntaba «¿con IVA o sin IVA?», y ellos decían que «sin». Vale, va sin IVA, pero quitad las grabadoras, porque si no mañana me cae una demanda. Entendí la objetividad igual. Como todo niño pequeño yo empecé siendo del Madrid, pero después el padre Isidro, que en paz descanse, me lleva a ver al Atleti con el Cagliari, mi tío Fernando me lleva a ver al Atleti contra el Zaragoza, que palmó… y yo me fui haciendo del Atleti. Pero venía con cierta vacuna, no tenía ese resentimiento hacia el Madrid o el Barcelona, porque al ser profesional te limas mucho. Vas con el Barcelona a Milán y necesitas que ganen para que tú sigas. Yo viajaba con el Barça, Roberto Gómez con el Madrid, a mí también me manda Brotons con el Athletic de Bilbao cuando estaba Clemente, en las dos Ligas que ganan. También con el Osasuna viajé mucho. Lo llegas a relativizar, haces amistades. Arteche es un amigo, Abel, Manolo Agujetas, Ruíz

Pero tú ves una exhibición como la que hace ahora Tomás Roncero y qué piensas.

A mí personalmente eso me parece teatro. Creo que le han salido imitadores a Manolete, que también hacía comedia.

José Ramón de la Morena

Él tenía un punto inocente, ¿no?

Sí, él llegaba la redacción y le hacían rabiar con el Atleti. Lo que no se atrevían a decirme a mí, porque igual estaba en el despacho con mis cosas, se lo decían a él. Manolete, que ya palma el Atleti cero a dos, anda y que te den por culo, y le vacilaban. Y entonces se nos ocurrió, cuando el Atleti palmaba, poner en la portada del programa a Manolete, como si fuera la viñeta de Gallego y Rey. Pero a ver, Manolete, ¿tú crees que aun palmando cero a tres todavía podemos ganar la Liga? Sí, porque mira, empezaba a echar cuentas, vamos a Pamplona el domingo, ganamos… cuentas que ni él ni yo nos creíamos, se nos saltaban las lágrimas, pero seguía así. Y yo contestaba, joder, pues me dejas más tranquilo, ahora ya lo veo claro. Hacíamos esa parodia. Y luego algunos pensaron que debían adelantarlo por la derecha, diciendo «soy del Madrid», o «soy del Barça», o «soy del Sevilla», y salieron esos personajes. Que son tan dignos de hacer su trabajo como pueda serlo el Ibai Llanos desde su plataforma. 

Las venganzas de los futbolistas, de nuevo.

Sí, volviendo a lo de antes, a la venganza de Piqué, que él también puede ser un trasto. Yo lo conocí con once años en Brunete, y me pareció un chaval fantástico, un líder nato. Ese año hicimos el campeonato aquí y después otro en el Palau Sant Jordi. Allí la final fue Madrid-Barça, y ganó el Madrid con el Palau lleno hasta reventar, metió el gol Granero. Piqué luego llega a estrella, y por temas políticos pienso que se ha sido muy injusto con él, porque creo que no es independentista ni lo ha sido nunca. Claro, llevar la camiseta del Barça y decir «no soy independentista»…

¿Exige peaje?

Exige un peaje muy fuerte. Piqué no lo ha querido pagar, y está en su derecho. A mí me parece que la libertad es muy cara, pero hay gente a la que la vida nos ha tratado tan bien que podríamos permitirnos el lujo de pagar ese precio. Yo ahora me lo permito, pero entiendo que otros, aun pudiendo, no lo hacen. Y eso me da un poco de pena. Pienso que alguien con cuatro hijos, y un trabajo jodido, y un jefe que es un cabrón… entiendo que no se permita la libertad. Pero hay otros que pienso «tú sí te podías permitir la libertad, tú sí podías decir lo que se te pase por la cabeza». En la primera ocasión en que me la permití no podía hacerlo, y acabé en la calle. Fue cuando dije lo que dije de Galdón y García. Tenía dos hijas pequeñas y una casa sin pagar, y me vi en la calle. No te das cuenta de lo que es hasta el primer día, cuando no tienes que ir a trabajar. Me llamaron Parrado y Amalio Moratalla para ofrecerme trabajo, cosa que es de agradecer, pero es que yo soñaba con hacer aquel programa de la noche. La vida te vuelve a dar otra oportunidad. 

Desciende el Atlético y tú tienes que informar sobre ello, me imagino que con cierto dolor. No sé si sabes que Antic llegó a insinuar que había cosas raras en aquello, cierta instrumentalización para que acabase la intervención judicial.

Pues nunca he llegado a eso, pero me extraña, no me lo creo. A un Kiko, a Molina, con quien nunca tuve buena relación pero es de los futbolistas más honestos que he conocido. Estaban Valerón

Hasselbaink también.

Bueno, Hasselbaink es otra cosa, de él me pegaría todo. No porque sepa nada, pero me lo creería. Pero de Molina, Valerón… No, no, qué va.

Vosotros empezáis con El Larguero y queréis hacer algo distinto. Más cercano, más de humor. 

No tanto humor como desdramatizar. Yo sí observaba que en la radio de la noche había demasiada crispación. Estando yo en sexto, en el internado, los tres últimos cursos ya dormíamos en camaretas, cada uno en la suya, y pasábamos a estudiar por las noches a una sala que teníamos los mayores, donde podías fumar y todo. Y allí escuchábamos a García. Aquella radio también era buena, porque él inventó ciertas cosas. Las Vueltas a España, que luego las fue perfeccionando, con emisoras en los coches y todo eso. Otras cosa era la línea editorial o la política que hacía, pero como periodismo puro era bastante bueno. Recuerdo una vez que Juanito y Arconada habían tenido un problema, y él los juntó por la noche a los dos… Vendía muy bien todo eso, y no lo hacía prácticamente nadie. Pero cuando García se sube al púlpito, cuando editorializaba un programa que era hora y media hablando él solo, se convierte en un telepredicador.

Tú buscas algo más coral.

Yo quiero eso, otra cosa diferente. Algo que desdramatizara un poco, que suavizara la noche. El que trabaja, el que mañana tiene un problema de cojones, meterte en la cama y que te estén encabronando con los langostinos que se ha comido Porta… todo eso me rechinaba un poco. 

¿Y eso es idea tuya? Pepe Gutiérrez dice en Buenas noches y saludos cordiales: «Es un producto prefabricado. De la Morena era solo la voz. La cabeza era Alfredo Relaño, el ideólogo periodístico de la SER».

Bueno, de Pepe Gutiérrez prefiero no hablar. Pero al hilo de la pregunta… Esto te lo cuenta Relaño mejor que nadie. Yo hacía un programa a las dos de la tarde, uno que nadie quería hacer, porque a esa hora todo el que es alguien tiene comida de trabajo. Era con Pepe Domingo Castaño, que me ayudó muchísimo. Él llevaba el local de Madrid desde las doce, cuando acababa Iñaki, y hacíamos un programa de deportes a las dos. Venían Roberto Gómez, Brotons… Cuando llega Prisa nombran a Relaño jefe de Deportes y ese mismo programa ya lo hago con Paquito González. Ahí teníamos gente muy buena: estaban Paco, Chus Galán

¿Cómo era Paco González en aquel tiempo?

Paco es uno de los personajes más inteligentes del periodismo. De esa generación era posiblemente el mejor. 

¿Era o es?

Es, es, de lo contrario no estaría donde está. De aquellos fue el que más me impactó, la rapidez que tenía para ver todo, para adaptarse. Era osado, como yo. Te voy a poner un ejemplo. Alvelo, un jugador del Celta de Vigo, tuvo un accidente de tráfico y quedó tetrapléjico. Estaba en un hospital de Toledo, y para allá fuimos Paco y yo. Nos colamos, un drama todo. En un momento en que la familia sale de allí Paquito se pone a vigilar y yo entro con la grabadora. Tres palabras, Alvelo, qué tal estás, quién sois, periodistas, no quiero decir nada, imagínate. Éramos así. Éramos osados, kamikazes. Paco iba a las ruedas de prensa con Clemente, con Beenhakker, Chus también era una provocadora… fueron buenos tiempos. 

Y todos pasáis a El Larguero.

A mí me propone Delkáder una comida y en ella me dice de hacer algo que se llama La Ventana del Deporte. Yo le dije que quería cambiar el nombre, que quería ponerle El Larguero, que venía de «largar». Y ahí empezó todo. Tenía a los mismos. Bueno, Relaño se lleva a Canal+ a Cristina Díez, una de las mejores periodistas que yo haya conocido nunca. Relaño era muy buen editorialista, muy buen generador de ideas.

Escribiendo también tiene estilo propio.

Seguramente es la mejor pluma de deportes que hay ahora mismo. Tiene una capacidad de síntesis acojonante para pintar un cuadro en tres palabras. Pero nada de que fuera el ideólogo. Aparte que él estuvo solo el primer año, en el 89/90, al siguiente año me echan, y cuando vuelvo Relaño ya está en Canal +

Desde el primer momento García os pone en el punto de mira. No sé si a todos en general o a ti en concreto.

A mí, a mí. Y aquello fue un error por su parte, porque yo nunca me hubiese metido con García, hubiera ido a lo mío. Sí tenía claro que si se metía conmigo a mí me iban a echar, porque incluso me lo advierten…

Trata de desmontarte el equipo, filtrando ofertas a Lama y Paco González. Aparece también en el libro que te comenté antes. 

Pues eso no lo sé, porque no lo he leído. Sí me mandó Bustillo unos podcast [hechos por Pablo Juanarena para Radio Marca] y me gustaron, porque me parecían objetivos.

¿Viste Reyes de la noche, la serie?

Sí.

¿Y qué te pareció?

Horrible. Los actores son buenos, pero… Primero, todo es una caricatura mal hecha. Me parece, también, una canallada todo el tema familiar. Y luego… es que yo no tengo nada que ver con ese. 

Sabes que estaba prevista una segunda temporada y al final no se va a hacer, dicen que por presiones de García.

Mira, un día él me llama…

José Ramón de la Morena

Ahora hablas con él, ¿tenéis una relación cordial?

Hace un tiempo que no hablamos, igual dos meses. Pero sí hemos hablado bastante.

¿No crees que en aquel combate con García llegasteis demasiado lejos los dos? Asuntos personales, aquello de dormir con las vacas… 

Aquello fue… te voy a contar cómo fue. Torea José Tomás en Sevilla, el Domingo de Resurrección, y tenía un amigo que necesitaba unas entradas. Total, que me citan en un restaurante, que allí estarán unos banderilleros, que pregunte, que me dan las entradas. Voy para allá, dónde está fulano, me dicen de pasar a un reservado. Abro la puerta y están García, su mujer, Carmen Tello, Los del Río y Jesús Mariñas. Yo me quedo cortadísimo, cierro, me voy. Al parecer empiezan a hablar. Que qué hago allí, que es porque soy muy amigo de José Tomás, cuentan que si José Tomás es maricón, ¿no?, y García le dice a Mariñas: eso es lo que tienes que decir tú, que están liados. Una noche estoy yo leyendo La Razón, y en la contraportada escribe Mariñas que una figura de la radio está liada con un torero. A los pocos días, otra chinita. ¿Quién coño será?, pensaba yo. Y otra. La figura de la radio y el torero quizá terminen metiendo gol. Y sigo ahí, pensando, quién será. Y a la noche viene una de mis hijas, «acaba de decir Mariñas que eres gay». En Tómbola, o en el Tomate, o en una de esas. Primero pienso que es una broma, luego veo que no. Y pienso: como este imbécil haya dicho esto en cuanto le vea le doy dos tortas. Y efectivamente, le di dos tortas 

¿Literalmente?

Sí, sí, en la puerta de Las Ventas. La primera no le enganché, pero la segunda sí. Total, que una noche, mientras hacemos El Larguero, entra Paquito González. Estaba ya Castaño despidiendo el programa, fíjate. Y me dice Paquito, «vaya lo que te ha llamado García esta noche». Qué. No, no te lo digo, que te vas a calentar. Dímelo. Mira, pues ha dicho «ese paleto al que no le gustan los toros, solo le gustan los toreros». Y en ese momento acaba Castaño. Entonces entro yo. Y digo: «Hasta mañana. Ah, a mí me encantan los toros» y suelto la frasecita [la cita completa es «A mí me encantan los toros […] Lo que no hago es acostarme con una vaca. Eso es zoofilia pura»]. Un disparate. Si lo pienso seguramente no lo digo. Entre otras cosas porque yo ni siquiera conocía a la mujer de García. Me avergüenzo. 

Era un clima.

Sí, claro, pero…

Tienes otra frase, en una entrevista para El Periódico de Catalunya. Te la leo: «En las facultades de periodismo se estudiará a Fernando VII, a Hitler y a José María García».

Otro disparate, otra exageración también.

Pero ¿es una exageración deliberada? Porque hay un tiempo en que sales mucho en los periódicos con este tono, casi un trincherismo contra García.

No, no, qué va. Evidentemente hay cosas de las que no puedo estar orgulloso. 

Te llega a preguntar el cura de tu pueblo si te merecían la pena tantos enfrentamientos. ¿Te mereció la pena?

[Piensa] No lo sé. A ver, estar tanto tiempo en la guerra te deja cicatrices. Pero yo también he dejado heridos, claro que he dejado heridos. Y lo siento. No es que venga ahora de vuelta y quiera rendir cuentas, como en la parábola del Nuevo Testamento. Pero es un poco también eso…

Otra entrevista, en El País. Año 95, cuando El Larguero alcanza liderato en la radio nocturna. «¿Sus seguidores son más prousted o anti-García?». Y tú respondes: «Posiblemente las dos cosas». 

Sí, es posible eso, sí. Y ahora igual, seguramente a mí me habrá pasado lo mismo. Cuando llevas demasiado tiempo tienes… no quiero decir anti-de la Morena, porque parece que eres más de lo que eres, pero se crea gente que está de ti hasta las narices.

Pero en tu caso nunca fue tan cruento. Y mira que hubiese sido una guerra fratricida, porque había filiación.

No, nunca llegó a ese extremo. No sé la causa. Cuando yo empecé el programa no tenía intención de llegar a una guerra civil, ni muchísimo menos, yo pensaba que lo mío sería otra manera de hacer. Pero también sospechaba, intuía, que iban a por mí, que los cristales me los iban a romper. Abrí una tienda de sombreros frente a unos grandes almacenes, y sabía que me iban a romper los cristales. Era su método de actuar. Le dije a Galdón que el día que me rompiesen los cristales iba a contestar igual, y él me responde que ni se me ocurra, que García es amigo suyo y no quiere guerras. Tampoco puedo decir que me engañara. De hecho la primera vez que ocurre, cuando me echo al monte un poco humillado porque García me había llamado «el tonto del pueblo» y tal y cual, a mí Galdón me quiere echar esa misma noche. 

Pero luego lo arregláis. García y tú, quiero decir. En 2014.

García cuenta que yo le llamo, pero no es así exactamente. En aquel entonces me dice una persona que García quiere hablar conmigo, que si le puede dar mi teléfono. Me contacta para un asunto personal, me deja su número, y me dice que, cuando considere que podemos hablar, le llame. Pasan unos meses y lo llamo. «Oye, mira, quiero que nos veamos y, si quieres, hablamos. La única condición es que estemos tú y yo solos, y que no lo sepa nadie». Yo busco dónde, dijo, y me llevó a la calle Serrano, a un restaurante que tenía una carpa donde estábamos él y yo solos, y otros dos que estaban allí, al final, y no sé quién coño serían. Estuvimos dos horas y media largas. Él me dijo «la verdad es que hemos hecho mucho el gilipollas», yo me disculpé por haber ofendido a su familia, y él lo mismo conmigo. Fue una conversación creo que sincera, tuvo verdad. Muchas peleas las tuvimos por ser el primero en la entrevista, contaba, y a veces las puedes hacer igual de bien siendo el segundo.

Aquellas metas de la Vuelta a España, donde había más codos que en los esprints.

De eso también me avergüenzo un poco, sí, y se lo decía a él, y en eso coincidíamos. Hablamos de cómo estaba la radio, de política, un poco de todo, también de lo personal, estaba muy orgulloso de su nieta. Luego me llamó otro día, «¿puedes comer mañana?», pues mira, mañana no puedo, pero pasado sí. Yo creo que él pensó que no quería, y dijo «si no puedes, déjalo». Entonces le conté que iba a comer con gente que son más amigos suyos que míos. Y se sumó…

Vaya foto esa.

Sí [ríe]. Estuvo enorme en la comida, divertido, recordando muchas cosas. Estuvo muy bien. 

¿Tú crees que El Larguero sería posible hoy en día? ¿O somos demasiado cínicos?

Bueno, yo he intentado hacerlo en Onda Cero y no parece que haya funcionado demasiado. Es posible eso que dices, y que yo no haya terminado de darme cuenta, y a lo mejor por eso no estuve tan acertado en Onda Cero.

José Ramón de la Morena

Cuando llegas a ser el número uno en el EGM, aquel bombazo mediático, ¿en algún momento tienes síndrome del impostor?

Sí que lo tienes, tienes que estar muy seguro para no pensar que hay otro mejor que tú. Yo nunca he estado seguro de ser el número uno, para nada. Los datos eran esos, pero yo pensaba que si estuviera en una radio local de Cantabria, por ejemplo, quizá era igual o mejor, pero… Se tienen que dar una serie de constelaciones, que te den la oportunidad de estar en el mejor momento, en el mejor sitio, con los mejores, estar acompañado… una serie de constelaciones brutales para ser el número uno. Aparte, yo no creo que exista el número uno. Igual en el atletismo, donde la marca es mensurable. Pero incluso en muchos deportes no nos pondríamos de acuerdo. ¿Quien es mejor? ¿Messi o Maradona, o Cristiano?

Eddy Merckx.

Pues mira, para mí ni eso. Es posible que haya sido el mejor de la historia, pero es que Miguel también fue muy bueno. Y ¿qué habría sido Alberto Contador si no le hubiesen estallado todas las reminiscencias del dopaje? Yo creo que hubiera sido de los más grandes, y sin embargo le salpicó aquello, a mí me parece que de manera injusta. Y tantos que igual no pudieron llegar. No, yo creo que en el periodismo hay gente muy buena pero ninguno hemos sido número uno. Ha habido uno muy bueno, hablo de deportes, que fue García, y luego otros que hicimos radio más o menos original, más o menos buena. Yo creo que la radio que hicimos nosotros por momentos tuvo mucha calidad.

¿Alguna vez tuviste en tus manos una noticia que no quisiste dar?

Sí.

No pregunto cuál, imagino

Claro.

Imagina que haces una entrevista a José María García… ¿cuál sería la primera pregunta?

[Piensa] ¿Cómo explicamos todo? Lo que fue la radio. Creo que él y yo sí podríamos hacerlo.

¿Y a Lance Armstrong?

Te mereces el final que tuviste.

No pregunta, sino afirmación.

Afirmación. Te mereces el final que tuviste.

¿Está la radio nocturna en crisis? O la radio en general, vaya.

La radio es apasionante. Pero bueno, está en crisis porque han aparecido otras plataformas mediáticas, redes sociales, y más cosas. Y hay géneros del periodismo que se está intentando que desaparezcan. A la entrevista, por ejemplo, se la está machacando. Entrevistar a un futbolista hoy es casi imposible, porque tienen jefes de prensa, lo que diga el club, no les dejan. Los propios futbolistas esquivan el género de la entrevista. Y deberían ser ellos quienes lo protegieran, porque sería una manera de expresarse, de justificarse, de entenderse. Tú puedes fallar un gol pero explicas ese fallo, qué ha pasado. Pues lo esquivan, y se van a lo que decíamos antes, a las plataformas de uno de estos.

Quizá es un reflejo de la propia sociedad, ese miedo a fallar, a que te señalen con el dedo.

Pero también puedes explicar el porqué de ese fallo. El oyente es condescendiente con el que lo explica. 

Aquellas entrevistas de los árbitros en los noventa.

También. Yo entiendo que los árbitros no van a estar todos los días después de los partidos, pero… Yo creo en la buena fe de los árbitros. Sí es verdad que a quien le gusta el fútbol es de un equipo, eso es evidente, pero creo en su objetividad. Aunque también creo en esa otra subjetividad rastrera, de decir «este equipo me cae peor que otro», «este le cae mejor a mi presidente», «este apoya a mi presidente».

¿Tú eso lo crees?

Sí, sí lo creo. No van a ir a perjudicar, no van a decir «a este lo mando a Segunda», pero en una jugada… Depende también de quién sea, quién haga el penalti, a quién, «este se tira siempre», «este me estaba protestando antes». Eso en cierta forma es normal, porque está dentro de la propia vileza humana. 

Una última pregunta: ¿qué quieres ser cuando seas mayor?

Lo que soy, lo que soy. Me gustaría ser un buen padre, un buen marido. Y buen amigo, sobre todo buen amigo. 

José Ramón de la Morena

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3 Comentarios

  1. Por encima de guerras de radio, que a veces El Larguero cansaba cuando se metía demasiado en polémicas con enemigos del Grupo Prisa, o que De la Morena se acabara convirtiendo en una parodia, le agradezco muchísimas noches de muy buena y entretenida radio.

  2. Una cosa que me molesta de los periodistas deportivos, es como tapan las vergüenzas del deporte, los amaños, el dopaje, las trampas etc. Entiendo que tienen que comer, pero directamente mienten como bellacos en muchas ocasiones. Por decirlo en terminos jurídicos, prevarican periodisticamente hablando.
    Uno de los 3 principales periodistas, del grupo PRISA durante años, se le supone con muy buena información y contactos en multitud de equipos ,deportes, federaciones, agentes, televisiones etc, y encima del Atl. de Madrid.
    Ante la pregunta muy diplomatica de si sabe que hubo cosas raras en el descenso del Atl de Madrid, dice mintiendo descaradamente que no le ha llegado ni se lo cree. Si no le ha llegado es de mal periodista, si no se lo cree directamente es un inocente que no hubiera llegado a donde llegó. Conclusión: miente.
    Todo el mundo sabe que esa temporada se amañaron muchisimos partidos en 1ª división. Jesus Gil reunio a los jugadores en un hotel y les dijo que había que descender para echar a la intervención judicial de Luis Rubí
    El propio Rubí reconoce en el documental de “El pionero” que los jugadores dejaron de correr, porque él solo abonaba la parte de los contratos que estaba en dinero A. El grueso de los contratos que lo cobraban en B dejo de abonarse a los jugadores y estos siguiendo las ordenes de gil descendieron.
    Eso ha sido contado por Radomir Antic y algún que otro futbolista.
    Entiendo que De la Morena, no pueda decir que lo sabe, porque en su momento seguramente lo oculto y mintió durante muchos partidos haciendo el paripé de que su equipo descendía. Ojo este teatrillo lo hicieron todos los periodistas.
    Pero es una lacra de la profesión como tapan el dopaje, los amaños, los robos de las directivas etc
    Me molesta especialmente porque se las dan de grandes periodistas y son meras comparsas dedicados a hacer “PROMOCION” no periodismo.
    A Alberto Contador lo mismo le pillaron con el carrito del helado, encima tuvo la desvergüenza de ensuciar el nombre de un carnicero y lo mismo, De la Morena ni se lo cree ni lo sabe ni nada. Podria seguir poniendo ejemplos de su epoca, como el Betis de Lopera o el Barça cuando estaba Cruyff de entrenador, equipos donde hay jugadores que han reconocido que el grueso de la ficha se cobraba en negro para defraudar a hacienda.
    Puedo entender que no se meta en lo ultimo de los contratos, pero los amaños, que están a la orden del día en 1ª division,a día de hoy tambien, es algo que es patetico decir que no lo saben.
    Es curiosisimo cuando le dices a la gente que se amaña en 1ª division, nadie se lo cree y en parte es por el teatro de los periodistas ocultandolo. (Si alguien va a salir con el cuento de que en 1ª no se amaña, porque cobran mucho, que se lo ahorre)

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