Shortcuts. En los arcenes de un país en guerra. Sociedad

Día tres: Si tocas a mi hija te mato

10.44.24

No se dejen engañar por la foto, no le hace ninguna justicia al personaje. Ahí donde lo ven, diría que Bendeq es uno de los tipos más sensibles con los que uno se puede topar en Libia. Le debía una llamada desde que llegué la semana pasada y se ha presentado en el hotel en cuestión de minutos. Hay muchos libios que han atravesado el Mediterráneo por las malas, pero Bendeq es el único que conozco que ha vuelto a casa tras esa ruleta rusa.

Antes de retomar esta historia necesito presentarle. Lo conocí en Libia en 2014, justo en mitad de una segunda guerra tras la de 2011 que no se radió al mundo, pero que se saldó con la división del país en los dos gobiernos actualmente en liza. No sabría decir si esto de ahora es la posguerra, o si la guerra continúa desde 2011. Cuándo acaba la guerra, aquí o en cualquier otro lugar, es siempre una pregunta que solo los que nunca pisan el terreno se atreven a responder. En 2014 el bueno de Bendeq, que tiene hoy treinta y cuatro años, era profesor voluntario de tamazight, la lengua de los bereberes prohibida durante las cuatro décadas bajo el mandato de Gadafi. Casi siempre iba a clase vestido de camuflaje porque compaginaba aquello con sus guardias en la milicia local. Además de eso, Bendeq también era conocido por ser el primero en hacer death metal en su lengua materna, aunque el tío le da a todo. Hizo la única versión de estudio que existe de una canción que Matloub Lounes —icónico cantautor bereber de Argelia asesinado— interpretó en un concierto, pero que nunca llegó a grabar. Dicen que la madre de Lounes se emocionó al escucharla.

Durante tres años más Bendeq intentó abstraerse del desastre a su alrededor entre versiones y originales, y esas clases de lengua con las que se desahogaba tras una vida amordazado. Hasta que dejó de ser suficiente. La guerra, la posguerra, o lo que sea que haya en Libia, se le hacía cada vez más difícil de llevar. A estas alturas ya habrán adivinado que es ahora cuando decide irse a Europa. Era febrero de 2017 cuando compraron una barquita de fibra entre tres amigos. Bendeq, Mazin y Tarif se dieron un plazo: si las cosas no mejoraban en Libia en seis meses, intentarían llegar a Europa con ella.

Se hicieron a la mar a primeros de agosto. Dieciocho horas más tarde los sacaba del agua por el golfo Azzuro, que operaban entonces los de Proactiva Open Arms. Hicieron falta tres días para que Italia se decidiera finalmente a permitir el desembarco de aquellos tres libios en Sicilia. Tras ser registrados se plantaron en Roma, aunque no se quedarían mucho porque su plan era llegar a Alemania. El Tirol italiano resultó ser un obstáculo insalvable, por lo que decidieron dar un rodeo por Milán. Allí, un policía de buen corazón les dijo que salieran del país cuanto antes, que Italia tenía «muy buenas relaciones con Libia» y que los podían mandar de vuelta a casa ipso facto.

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Un comentario

  1. Gracias por contar la historia de Bendeq.

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