Ana Fernández-Villaverde: «Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león, en el indie soy alguien y me siento cómoda»

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Fotografía: Begoña Rivas

Entrar en casa de Ana Fernández-Villaverde (Vizcaya, 1974) es comprender al instante su particular universo. Nos recibe en su casa de la calle Postas y, tras abrirnos la puerta con cierta timidez, nos encontramos en el salón de un gran piso señorial con techos muy altos, luminoso y con numerosas plantas de un verde tan intenso como el traje con el que decide recibirnos.

Ana, que convive entre lienzos y pinceles, comenzó su trayectoria musical en 2007 animada por Jota, líder del grupo musical Los Planetas. Desde entonces cuenta en su haber con seis álbumes además de diversos sencillos y EP que muestran el estado de constante evolución de su música. Tras enseñarnos, orgullosa, la mítica cocina en la que protagonizó la portada de su primer álbum Romancero, nos disponemos a charlar con ella sobre los orígenes de La Bien Querida, su pasión por la música y las cosas que nunca decimos porque siempre nos pasa lo mismo…

Tienes formación de pintora y estuviste un tiempo trabajando de ello.

Sí, yo siempre me he dedicado a la pintura hasta que me compré una guitarra y dije: «Voy a empezar a tocar, que es terapéutico». Me bajé los acordes de internet de canciones que me gustaban y así empecé.

Un verano me puse a tope con los acordes básicos del pop —en la pirámide de la música el pop es lo más accesible— y aprendí a tocar canciones muy sencillas.

Yo era amiga de Jota, de Los Planetas, y me dijo: «¿Por qué no intentas componer? Yo creo que se te daría bien», y se me quedó grabado, me lo tomé de forma muy personal y eso me motivó para empezar a componer. Luego fue todo rodado, comencé a componer canciones, preparé una maqueta y la subí a un portal que se llama Myspace. Ahí dos compañías indies me dijeron que me querían sacar un disco y yo aluciné.

Al principio lo vi como un juego; saqué el primer disco y contacté con David para que me hiciera los arreglos, pero no lo tenía como un proyecto de futuro, nunca había pensado en dedicarme a la música, jamás en la vida me lo hubiera imaginado.

Pero ¿tú escribías?

Sí escribía, pero no canciones ni poemas.

¿Te planteaste ponerles música a tus textos o te pusiste a propósito a componer canciones?

Me puse a propósito a componer canciones.

Ahora mismo combinas la profesión de cantante con la de pintora.

Sí, pero la de cantante es la principal. El momento en el que yo empecé con la música coincidió con la crisis económica. Yo pintaba muchos murales y comenzó a escasearme el trabajo, entonces me centré más en la música.

También coincidió con una crisis musical; yo no he vivido esos momentos de los cachés. Cuando entré en la música eso se había acabado.

¿En qué año empezaste a componer? Aunque la publicación de tu música tardase un poco más.

Mi disco salió en 2009. En 2008 estuvimos haciendo la producción… pues en el año 2006 o 2007.

 

El nombre del grupo, ¿de dónde viene?

Quería poner un nombre popular. Hay una película mexicana que se llama La malquerida y le di la vuelta, lo típico para atraer. Lo que queremos es que nos quieran bien, no que nos quieran mal, y a base de repetir las cosas al final atraes lo que vas diciendo.

Hay una cerveza que se llama La Malquerida.

No es solo una cerveza, es que, cuando puse el nombre en internet para ver si existía, nadie lo había cogido y ahora hay bares, alimentos, vinos, cafeterías, restaurantes… que se llaman La Bien Querida.

¿No tienes el nombre protegido?

Lo tengo protegido, pero no lo puedes proteger en todos los sectores.

¿Tus influencias musicales vienen de Los Planetas?

Sí, del indie de los noventa.

En tu último disco colaboras con Muchachito.

Sí. Muchachito es mi vecino y necesitábamos a un palmero que hiciera jaleo así que, tomando una cerveza con él en un bar, le dijimos: «Jairo, ¿te vienes a casa?».

Todas las colaboraciones han surgido así, no hay ninguna premeditada, solo la de Jota, que sí que me apetecía hacer un dueto con él. Yo le conozco de hace muchísimos años y ya en el primer disco surgió la oportunidad de cantar con él, pero no quise que en ese momento lo hiciera Jota, porque me conozco cómo es la gente. Iban a decir: «Cómo se aprovecha de su amigo esta que empieza», y me dije: «No, no lo haré en este disco». Y en el primero lo hizo Joe Crepúsculo, que empezaba, como yo. Ahora nadie me puede decir que me he aprovechado.

En los últimos años el movimiento feminista se ha vuelto fuerte en la música y cada vez hay más mujeres que son el agente principal del grupo, incluso las compositoras. ¿Quizás por ser mujer los inicios han sido más duros? ¿Has visto una evolución en este sentido?

He visto una evolución principalmente en que ahora está todo el mundo concienciado con este tema y cuando yo empecé no.

Por ejemplo, el detalle de que no quisiera que Jota colaborara conmigo, aunque era íntimo amigo mío y él hubiera estado encantado, pero no quise porque sabía que hubieran dicho que era una oportunista.

Tú antes ibas a un local de ensayo y no había chicas, porque las chicas se dedicaban a otra cosa, como que no les apetecía montar un grupo, y las que iban eran malas. También las chicas eran muy machistas, porque el concepto de groupie es de tía y eso es lo que hay que cambiar. Ahora en los locales sí que hay chicas.

También he vivido el machismo en la pintura, ahí sí que es bestial, los artistas hombres cobran muchísimo más que las mujeres.

En los inicios eras más tímida y ahora tienes una fuerza brutal, supongo que eso va también con la autoestima.

Sí, y con la experiencia vas cogiendo seguridad.

Algunos medios dicen que La Bien Querida es electro pop y otros que es indie. ¿Cómo te clasificarías tú?

Yo creo que hago canciones de corte pop y luego las vestimos de diferentes formas, puede ser electrónica, indieDavid Rodríguez se encarga de hacer la producción y siempre intentamos hacerlo diferente y especial, que no sea lo típico, para motivarnos a nosotros mismos y sorprendernos un poco. Si eso es indie, pues entonces sí me considero indie, porque intento hacer algo diferente.

Hay muchos músicos y grupos que rechazan la etiqueta de indie, como si fuese algo malo.

A mí me gusta. Yo prefiero ser cabeza de ratón que cola de león [risas], porque en el indie soy alguien y me siento cómoda, salir de ahí me da un poco de miedo.

Mi sello discográfico es Elefant, es un sello pequeñito, pero ahí yo soy una estrella. Si yo me voy a una compañía multinacional sería una más, la última de la fila. Prefiero estar en mi compañía pequeñita en la que soy una estrella.

¿Se ha desvirtuado el concepto de indie con los años?

Yo creo que sí, porque ¿cómo pueden decir que los Love of Lesbian son indie? Eso es pop de toda la vida y no hacen nada especial, ni en los arreglos ni en nada, para que yo pueda pensar que es indie. Y así un montón de grupos que hacen pop de toda la vida, muy guay, como lo hacían Radio Futura, que molaba mogollón, o Los Ronaldos… pero es que ahora todo se llama indie y parece que ser indie es un supernegocio, porque están todas las marcas de cerveza detrás en festivales y demás. 

¿Crees que se aprovechan de la etiqueta por la gente que pueda atraer?

Yo creo que sí. Se ha ido un poco de madre lo del indie, y es que ahora en todas las radios lo que ponen es indie.

¿A qué crees que se debe esta popularización de la música indie? En muy pocos años ha pasado de ser un género casi desconocido a que haya un montón de festivales y que todo el mundo siga a grupos indie.

Quizás porque es una música más accesible, pero no lo sé. La verdad es que no lo he pensado, pero si ahí están las marcas es porque han visto dinero. Los festivales son un filón.

¿Por qué crees tú que el público ha empezado a interesarse más por los grupos indie que, a lo mejor, por el rock o por el pop?

No lo sé. Pero a nosotros nos viene bien que hagan muchos festivales porque así tocamos.

¿Cuál es tu festival favorito?

Me gustaba mucho el Primavera Sound porque es un festival que trae a grupos que no conoces y que no sabes de dónde han salido, con unos nombres rarísimos. Ahí se mojan porque traen cosas diferentes y puedes descubrir. Es el único, creo.

En todos los demás festivales conoces a todos los grupos que van, lo que pasa es que también se ha masificado tanto que ahora es un supernegocio. Ya se han pasado con poner cincuenta escenarios todos pegados y tienen que limitar el sonido… pierde un poco de calidad. Así como vanguardero el Primavera Sound, o el Sónar.

¿Ha pasado en la industria de la música como con el turismo, que una vez que se masifica pierde parte de su encanto?

Sí, pero los más arriesgados yo creo que son esos dos festivales, luego hay otros que también tienen su encanto.

¿Alguno pequeñito que te guste?

Hay uno al que voy siempre, porque Agustín me llama, que es el Contemporánea, pero hay un montón. En el Low Festival este año voy a tocar también, y allí nos ponen buena hora y eso lo agradeces.

Cuando sacaste el primer disco, Romancero, recibió críticas porque algunos de los oyentes consideraron que estaba sobreproducido; echaban de menos la simplicidad que había en la maqueta subida a Myspace. ¿Estás de acuerdo con esas críticas?

Esto siempre pasa. A las personas que te descubren, cuando ya te empieza a conocer más gente, les da un poco de pena y prefieren la maqueta. Probablemente nosotros también, porque si descubres a un grupo y conoces las canciones de una forma, si luego te las cambian te descoloca un poco y te deja de gustar tanto. Pero, bueno, yo creo que para el que es fan mío y le gusta mi forma de componer eso no ha cambiado.

Sin embargo, la crítica lo puso como uno de los mejores discos de ese año. Debe ser muy difícil agradar a la crítica y a los oyentes.

Es que no se puede agradar a todo el mundo, hago lo que me gusta a mí. Sobre todo con mi primer disco, que no tenía ni idea porque no tenía fans ni sabía la repercusión que iba a tener. Ahora ya te mentiría si te digo que no pienso en la gente o en la crítica, porque cuando tienes cierta repercusión y sabes que hay expectación por lo que vas a sacar lo piensas, pero intentas hacer lo que a ti te gusta porque, si no, imagínate. Si algo te sale mal y encima lo has hecho intentando agradar a la gente y, encima de ser una porquería, es un chasco y no gusta… ¡Qué horror! Por lo menos haz algo que te guste a ti y si sale bien, bien, pero si sale mal, pues te gusta a ti por lo menos.

El leitmotiv del disco es una canción que se llama «El lado bueno», que dice: «preparada para lo peor esperando siempre lo mejor», y eso podría resumir un poco la filosofía de este disco y de cómo empecé a hacer las canciones.

Algunos fragmentos de tus canciones parecen poemas o micropoemas. ¿Lo has pensado alguna vez? ¿Tienes alguna influencia poética o realmente te sale?

Me gusta mucho la poesía y leo bastante, pero nunca me ha dado por escribir poesía. Todo lo que escribo lo escribo pensando en que va a ser una canción.

¿Hay algún poeta que te guste especialmente o lees variado?

Leo clásico variado, Machado, Salinas… y luego también leo moderno, actual.

El single«De momento abril» fue un boom, muchísima gente declara su amor e incluso se casa con este tema de fondo. ¿Qué simboliza esta canción?

La escribí por un chico que me gustaba. Es la canción que más éxito ha tenido y es una canción supersencilla, de corte popular, y la hice del tirón. Luego influyen bastante los arreglos tan bonitos que se les ocurrieron a David y Mohamed, el violinista, que la han mejorado un poco.

¿Las letras de tus canciones se basan en tus propias experiencias? 

En tono general son cosas que me han pasado, y hay una parte real y otra parte de fantasía. También son anhelos, deseos…

¿Quizás el éxito de «De momento abril» se debió a que era muy pasional?

Seguramente. A veces llegas al corazón de la gente con la sencillez. Es algo que nos ha pasado tantas veces: estar con alguien y tener tantas cosas que decirle, pero que en ese momento no se te ocurra nada, y que cuando te vas se te ocurra todo lo que le querías decir… Y me sigue pasando.

Es algo tan sencillo y a nadie se la había ocurrido ni lo había descrito así tan fácil.

En todas las canciones tienen presencia los arreglos musicales. ¿Te sientes muy expuesta utilizando solo la voz y la guitarra? ¿O es porque también aporta una parte de significado?

Creo que aporta un montón y mejora las canciones. En el último disco tengo una canción que se llama «Fuerza mayor» que se ha quedado desnuda y natural, pero hacer todo el disco así me aburre un poco.

Yo, como oyente, pienso: «¡Qué aburrido!», y luego igual no. Cuando estás en casa o vas en el coche te gusta escuchar cosas tranquilas.

¿Tiene que ver con tu complejo sobre tu voz al natural?

Seguramente tiene que ver con el complejo, pienso que se va a aburrir la gente. Cuando toco en los acústicos, pienso: «Se estarán aburriendo». «¡Uy!, las caras». Estoy angustiada por acabar.

Si ves a alguien bostezando, ¿haces algo?

No, soy tímida.

Tocas muchas veces en conciertos gratuitos y eso puede suponer enfrentarte a un público que a lo mejor no es el tuyo.

Cuando tocas para tu público sabes que te van a reír las gracias, aunque yo no sea muy graciosa [risas], pero están ahí por ti, porque les gusta tu sosez o lo que sea, pero cuando actúas en conciertos gratuitos, como puede ser en los festivales, pasa gente que no es tu público.

¿Alguna vez te has agobiado porque no percibías mucho interés?

Ahora mismo no me acuerdo de nada, aunque en un Arenal Sound en el que tocábamos por la tarde, la gente de la primera fila era superjoven y estaba borracha, haciendo pis ahí y eso no me gustó nada.

En la sala Apolo llenaste.

Sí, eso no me ha pasado nunca en Barcelona, en Madrid sí que tengo más público, pero en Barcelona no tanto y ese día llené.

David es tu pareja profesional y personal y se encarga de los arreglos de tus canciones. ¿Se podría decir que, llegado este punto, La Bien Querida es un proyecto de dúo?

Sí, claro. Los arreglos en La Bien Querida tienen un peso importante y la gente los espera porque son especiales.

El resto de participantes del grupo no son fijos.

No, ahora hemos vuelto a cambiar porque nos hemos mudado.

En tus primeros discos encontramos el amor y el desamor como tema recurrente, pero sin embargo en el cuarto disco, cuando cambias la temática, te vuelves mucho más oscura, llegando incluso a desear la muerte a «alguien». ¿A qué se debe este salto?

El cuarto disco era bastante conceptual en su planteamiento y ya en el nombre Premeditación, nocturnidad y alevosía había una parte muy oscura. Pero, bueno, si canto «Ojalá estuvieras muerto», no quiero decir con eso que vaya a adoptar esa actitud. A veces de tanto querer a una persona que no te da lo que tú necesitas, a todos nos ha pasado que hemos llegado a odiarla. Cuando odias es porque has querido mucho. De hecho, una actitud muy femenina es que cuando un tío nos gusta lo criticamos mucho, aunque estés superenamorada. Nos gusta, nos hace sentirnos bien, es terapéutico [risas].

Matar a alguien en Premeditación, nocturnidad y alevosía parece que te redime de algún modo, porque de repente tus canciones están mucho más llenas de vida. ¿Te libera esta sensación de odio o de rencor?

Diría que sí porque toda forma artística, para el que crea algo, lo que sea —el que escribe, el que hace fotos…— te hace sentir bien; segregas endorfinas y estás a gusto contigo mismo. 

¿Este disco fue liberador para ti?

Sí. Todos un poco.

La evolución desde tu primer disco hasta el último es bastante clara, aunque nunca pierdes tu esencia. ¿Tiene algo que ver el hecho de haberte ido a vivir a una gran ciudad como Madrid?

Yo me vine a Madrid hace muchísimos años, así que no tiene nada que ver. 

En tu último disco, Fuego, haces una versión muy bonita de «Siete días juntos». ¿Es una adaptación de «Avión de papel»?

No, la canción «Siete días juntos» es mía, lo que pasa es que al final, a la hora de hacer los arreglos, vimos que quedaba bien un rapeo y entonces David, escuchando a Antònia Font, pensó que Joan Mi igual nos lo podía hacer. Escuchando las canciones de Joan Mi vimos esta, y David le llamó y le dijo: «¿Por qué no traduces esta al castellano, que aquí quedará perfecta?», y a Joan Mi le pareció bien y ya está. Así que solo es un trozo al final.

¿No te animas a cantar en catalán?

Canté una vez en catalán una versión de una canción de Antònia Font que se llama «Productos de limpieza», precisamente para la revista Enderrock, y la pronunciación fue un poco… [risas]. 

Joan Mi ya me está diciendo que quiere que salga con él, y me está mandando canciones que tengo que estudiar un poco [risas]. Me intimida un poco el catalán porque lo voy a pronunciar mal seguro y me da vergüenza.

¿Y en vasco?

En vasco no, me gustaría pero no me atrevo. Si no me atrevo ni en inglés, y estuve un año viviendo en Estados Unidos y ya se me ha perdido… Los idiomas, como no los practiques, se te van.

¿Hablas euskera?

No, pero me gustaría.

¿Has hecho algo en algún otro idioma?

Tengo un proyecto para hacer la canción «Dinamita» en italiano, pero no he tenido tiempo. Hay un grupo de Elefants que son italianos y me la han traducido, pero no encuentro el momento de ponerme a cantarla. Con los demás idiomas me da vergüenza, no pronuncio bien.

Naciste y te criaste en el País Vasco, y después te fuiste a vivir a Barcelona una época, ¿cómo has vivido el conflicto catalán?

Yo nací en Euskadi, luego me fui a Madrid y luego conocí a David y estuve yendo y viniendo a Cataluña. Cuando nos vinimos a Madrid fue cuando estalló el conflicto catalán. Yo lo viví mucho con lo de Guardiola, ahí vi que la gente se volvió loca, pero al vivir ya aquí, no he estado tan metida en el conflicto catalán. David sí tiene su grupo con sus amigos y lo ha vivido superintenso, pero yo no.

Con la polémica que ha habido sobre el derecho a voto, de si presos políticos o políticos presos, etc., ¿cómo lo ves tú?

Hay que escuchar a la gente, creo que eso es importante, y si la gente quiere votar, pues tiene que votar. Pienso que la gente tiene su opinión y hay que escucharlos a todos.

Cuando das un concierto, ¿dónde te sientes más acogida, en Madrid o en Barcelona?

El público de Madrid es muy cariñoso, muy efusivo, y el público catalán es más tímido. El público vasco es ya timidísimo, es un público muy rancio, hierve por dentro pero no lo demuestra [risas].

Pero más acogida en Madrid, eso te lo puede decir todo el mundo, en cualquier estreno, ya sea una película o una obra de teatro. El público madrileño es muy caliente, por así decirlo.

Dicen que en Barcelona se consume más música a pequeña escala, en el sentido de que las salas pequeñas se llenan más, aunque haya menos conciertos.

El público catalán siempre ha sido bastante más intelectual que el público madrileño, yo creo. Lo que pasa es que ahora con el conflicto catalán estaban todos los promotores acojonados porque ha bajado un montón, la gente no se quiere gastar el dinero porque no sabe lo que va a pasar. Ha bajado bastante la venta de entradas, y no solo en esto, sino en la venta de todo lo que es producto cultural.

¿Tú lo has notado?

Yo no lo noté. A mí me acojonaron, de hecho me dijo el mánager de Joan Mi que estaba acojonado porque tenía contratos y no sabía lo que iba a pasar… y al final llené, fue la vez que más gente ha venido.

Luego también hay grupos que ponen que está todo vendido y dos días antes dicen que quedan entradas. O dicen que dejan la música y te lo venden como el concierto de despedida, y luego a los dos años vuelven. Yo creo que esto no es cosa de los músicos, creo que es cosa de los mánagers, y a mí eso me parece muy sucio y muy feo.

Yo eso no lo haría, me da apuro. Qué vergüenza [risas].

¿Has hecho alguna vez alguna estrategia de marketing?

No, nunca. Me dijeron que la forma en la que sacamos el anterior disco fue una estrategia de marketing, y no lo fue.

El disco se dividió en tres vinilos: primero Premeditación, luego Nocturnidad y luego Alevosía. Los sacamos de uno en uno y luego se juntaron las portadas… coincidió que lo sacamos así. Lo que sí que pensamos fue que, como en la época en la que vivimos todo es consumir y tirar, pues que durase un poco más la noticia.

Mi sello discográfico hace una tirada superlimitada y con eso no te haces rico.

¿Cuántos saca?

Como mucho hace quinientos vinilos, no hace más.

¿Piensas que actualmente, al igual que pasa con la literatura, hay mayor consumo de música pero con menos criterio musical? Consumir mucho y tirar rápido.

Seguramente. Antes te comprabas tu disco y era todo un ritual: lo abrías, te leías las canciones… pero ahora la gente lo escucha todo por Spotify. También lo entiendo, hay que ir adaptándose. Nosotros nos hacemos mayores y da pena, pero es así. Hay que echar para adelante, son otros tiempos y ya está.

¿Crees que la gente tiene criterio a la hora de escuchar música o que simplemente se limita a lo que se populariza?

No lo sé, pero yo no soy quien para juzgar a una persona y decirle que no tiene criterio. Es como el conflicto catalán o el vasco, yo no soy quien para decir que lo que tú escuchas no vale.

A nivel personal todo me parece bien.

¿Crees que al tener más disponibilidad de música es más difícil fijarte en un grupo más pequeño o en algo diferente?

Todo tiene su lado bueno y su lado malo, depende de la persona y de las inquietudes que tenga.

Cuando yo era joven, en Bilbao, llegar a la música indie era supercomplicado, pero si una persona tiene inquietudes, al final encuentra. Si buscas, encuentras.

¿Buscas grupos nuevos o los escuchas por casualidad?

Si veo algo nuevo, me gusta escucharlo por lo menos. Me gusta ver lo que le gusta a la gente.

¿Qué te inspira o en qué te inspiras?

Muchísimas canciones que hago me las inspiran otras canciones.

Vi en una entrevista que te encanta Lana del Rey y que te inspiras en ella.

Sí, en este último disco. Total.

¿Crees que Spotify es rentable?

A los músicos no nos da nada, son céntimos, pero es lo que digo: esto es así y ya está establecido, hay que adaptarse.

¿De qué vive un músico?

De tocar en conciertos. Por eso los festivales a nosotros nos han venido bien, porque somos uno de los grupos que suelen seleccionar. Hay un montón de amigos míos a los que no les escogen para tocar y eso es una putada.

El músico vuelve a tener que hacer el esfuerzo de recorrer.

Total. Te pagan por ir con la furgoneta y meter horas ahí, porque lo que dura un concierto no es nada. Tienes que pasar un día de ida, otro de vuelta…

¿Cuántos conciertos hacéis, más o menos, en un mes?

Depende del mes, nunca lo sabes.

Supongo que te gusta mucho, porque debe de ser cansado.

Sí. Es cansado pero también sales de tu rutina y está bien. Te vas a una ciudad, luego a otra… Despotricas, pero eso lo haces aunque estés trabajando en algo que te encanta. Dices: «¡Vaya mierda!», pero luego piensas: «Estoy haciendo lo que me gusta, a cualquiera le encantaría hacer esto». Me siento una privilegiada porque hago lo que me gusta. Soy una mujer de mediana edad haciendo pop, que siempre ha estado relegado a los jóvenes, y me llaman para tocar en muchísimos festivales, es que no me puedo quejar. De momento tengo el ego bien, en mi sitio [risas]. Me siento satisfecha.

¿Qué tipo de público ves en tus conciertos?

Hay de todo. No todo mi público es hipster, tengo un público muy variado y eso mola.

¿Más femenino o masculino?

Más femenino. Yo, como mujer, escribo desde el punto de vista de la mujer y creo que las chicas se sienten más identificadas con mis canciones que los chicos, aunque todo chico tiene su lado sensible y más ahora, que ya no tiene que sentirse mal por sacar su lado sensible, pero escribo más para chicas.

¿Te has encontrado alguna vez en alguna situación en la que hayas tenido desventaja por ser una mujer?

En mi caso no. Ya te digo que yo hablo desde una posición privilegiada, porque me siento privilegiada siendo mujer y porque me han salido bien las cosas.

A veces me siento yo más hombre que cualquiera de mi grupo porque cojo la furgoneta, les hago la comida, cargo con todo… 

Lo de las etiquetas da un poco de rabia: que si eres feminista, que si eres heterosexual, que si eres bisexual… El feminismo lo he vivido siempre con naturalidad porque soy feminista desde que nací. Siempre he querido la igualdad y lo llevo con responsabilidad, conmigo misma sobre todo. Lo de la sociedad viene después, primero conmigo, con mi entorno, con mi hija…

¿Qué te parece el Premio Nobel a Dylan?

Me parece bien. La gente lo ha criticado mucho porque no es un escritor, pero yo lo veo bien. Están criticándole a él cuando dan otros tantos premios a otras personas que… Esto de los premios es muy relativo, no hay que volverse loco tampoco, no hay que darle tanta importancia a las cosas.

¿Qué música escuchas cuando nadie te ve?

Pues de todo porque a mí me gusta también la música mainstream. Últimamente de lo que más escucho es Lana del Rey y Stromae, que ha sido bastante inspirador para este disco, y luego los New Order.

Muchas veces escucho cualquier canción de New Order y me evoca una melodía, me hace inspirarme para sacar cualquier cosa. Eso también me pasa con las letras de Lana del Rey, que escucho cualquier letra y como ella es tan así y está en el mundo femenino, pues también me inspira mucho.

Todos los grupos tienen una canción buena y muchas malas. Cualquier grupo que me digas tiene alguna canción que me gusta seguro, soy muy abierta. Me gusta Massiel, por ejemplo, y Rocío Jurado.

Tienes mucha influencia del folclore del sur, ¿te gusta?

Sí, me gusta, no soy una experta pero me gusta.

Recomiéndanos un grupo para ver en directo.

A mí misma no me recomendaría [risas]. No sirvo para venderme, al que le guste que venga, pero yo no le voy a decir: «Ven a mi concierto, que va a ser la hostia», no sirvo para eso.

Viendo un grupo en directo, ¿con cuál te lo has pasado bomba?

Pues por ejemplo viendo a The Cure, porque soy superfan. Ya solo pensar que puedan estar tres horas tocando… ¡Están como una cabra! Yo no aguanto. Se vuelven locos y lo hacen muy bien en directo. Cómo afinan.

¿Y uno cuyo disco esté muy bien pero que pierda en un concierto en directo?

No me acuerdo ahora. No hay ninguno que me llamara la atención por lo mal que lo hacían o que no me gustara.

Tienes una niña. ¿Cómo llevas la conciliación teniendo que viajar constantemente? 

Cuando voy a un acústico me la llevo conmigo y le pido al promotor que me busque una canguro. En cada ciudad se queda con una canguro diferente y ella ya se ha acostumbrado. No quiere, pero los niños a cualquier cosa que les digas te van a decir que no.

Cuando vamos con el grupo se queda con las madres del cole, que me hacen el favor, porque yo no tengo a mi familia en Madrid y David tampoco y es complicado.

Por ejemplo, tener otro hijo lo veo imposible dedicándome a lo que me dedico.

Con este enfoque, ¿te planteas lanzarte a las Américas?

No, no me llama la atención, ya tengo bastante con esto. Yo con mantenerme ya estoy contenta y si el público va creciendo poquito a poco, que es lo que he conseguido, pues ya estoy bien.

¿Te propones hacer algo para el cine, como poner banda sonora a alguna película?

Estoy en charlas sobre ese tema, tengo un proyecto que no sé si saldrá o no saldrá. No puedo contar nada aún.

¿Te gustaría más para cine infantil o de adultos?

Cine de adultos. Yo sé que mis canciones les gustan mucho a los niños, pero yo no las hago pensando en que sean escuchadas por niños. 

Entonces, ¿es posible que próximamente te escuchemos en alguna película?

Sí, de hecho alguna canción ya ha salido. Luis Calvo, de mi sello discográfico, siempre que le piden una canción la cede, sobre todo para cortos y todo lo que sea nuevos creadores. Siempre las deja y me parece bien, me parece bonito.

Te sirve también para que te conozcan.

Sí, claro. Ya te digo que estoy con un proyecto que puede ser que sí o puede ser que no.

¿Compras música o eres de plataforma digital?

La verdad que ya poca música compro. Todos mis amigos me regalan discos suyos y el resto lo escucho en Spotify básicamente.

Yo he quitado todos los CD y los he guardado en carpetas. Si cuando me los compré hubiera pensado que iba a hacer esto, me hubiera parecido una locura, pero al final te ocupan espacio.

Es un recuerdo físico, tangible. ¿Tienes un reproductor para escuchar CD?

No, ya no lo tengo.

¿Recuerdas el primer disco que compraste?

Los primeros de The Cure. Luego, ya en los noventa, compraba discos de grupos indie como Pavement y de otros grupos que me gustaban como Sonic Youth, pero también tengo un disco de Alejandro Sanz firmado por él [risas].

¿Vinilo has llegado a comprar? ¿Tenías tocadiscos?

Sí, he comprado alguno. Tenía un tocadiscos de mi madre.

¿Los sigues comprando ahora que está de moda tener vinilos y tocadiscos otra vez?

Bueno, alguno sí. Es que el vinilo es un objeto bonito.

Mucha gente tiene vinilos sin tener tocadiscos, como objeto decorativo. ¿Tú lo haces también?

Comprarlo y no escucharlo, no.

¿Cuál es el disco que más has disfrutado de los que has hecho?

El primero siempre es el primero, era un mundo por descubrir y es muy especial por eso, pero las canciones no son las que más me gustan.

¿Y cuáles son las canciones que te gustan?

De las mías las que más me gustan son las del último y del antepenúltimo disco, creo que son las mejores. «Poderes extraños», «Muero de amor», «Dinamita», «Los jardines de marzo», «Fuerza mayor»…

Y, en general, me gusta la canción clásica. Por ejemplo, Manuel Alejandro, el compositor que hacía las canciones para Rocío Jurado y Julio Iglesias, etc., es un compositor que me gusta mucho. Manuel Alejandro decía que el que más le gustaba cantando sus canciones era Julio Iglesias, aunque fuera el menos virtuoso vocalmente.

¿Quién te gustaría que cantase y versionase tus canciones?

Cualquiera que las cante. Escuchar tus canciones cantadas por otro es una sensación muy emocionante. 

Los Planetas van a sacar ya, en breve, un single de «Hierro y níquel» y la cara B es una canción mía. A veces escribo canciones, las grabo con la guitarra y se las paso a Jota y le digo: «¿Qué te parece?». Esta no es que sea una canción impresionante, pero me dijo: «Pues estábamos el otro día en el local y me quedé con esa canción que me habías mandado y la hemos grabado. ¿Te importa que la saquemos?». Y la van a sacar. Los Planetas era mi grupo favorito y ya no es solo que yo colabore con ellos, sino que ellos saquen una canción mía. Me hace mucha ilusión, aunque está arreglada muy planetera, muy indie.

A Soleá Morente le hice canciones para el primer disco —«Todavía», «Nochecita sanjuanera» y «Vampiro»— y está preparando un segundo disco que también contiene canciones hechas por mí. 

Tus canciones tienen diferentes registros y tus letras encajan prácticamente con todo.

Sí, claro. Las canciones las puedes vestir como quieras y cambian un montón, depende de quién las cante también. Soleá, por ejemplo, tiene otro timbre diferente al mío.

¿Tu hija canta?

No. Ahora ha empezado a interesarse por la música y le gusta mucho la cantante Sia.

¿Tiene algún interés artístico?

Le gusta mucho pintar.

No se sabe mis canciones. Cuando vienen amigas las escucha y se hace la disimulada y les pone vídeos míos y sí que chulea y presume, pero delante de mí no.

¿Te ha visto cantar en conciertos?

Sí, en alguno me ha visto, pero sufro. No la puedo tener delante porque me despisto mucho, me sale la vena materna y si estoy cantando canciones de amor o de deseo no puedo ver a mi hija en primera fila, me desconcentra. [Risas]

¿La Bien Querida es un personaje o eres tú?

Creo que soy yo.

¿Quizás te ha ayudado a ser más tú?

No lo sé, pero creo que soy yo, no tengo una coraza que me pongo cuando salgo al escenario.

Hay artistas que son muy tímidos pero al subirse a un escenario se liberan. ¿A ti te pasa eso de alguna manera?

Yo soy tímida siempre [risas]. A lo mejor los fans se enfadan un poco, pero tampoco soy una animadora ni una presentadora, que tiene que tener otra actitud. Es por timidez, me da corte.

Un día unos fans se acercaron en Splash, y no tuve un buen día con ellos porque había comido un atún y me dio urticaria. Al día siguiente me desperté con el cuerpo fatal, tenía granitos por todo el cuerpo y me tuve que ir a urgencias. Aparte de que soy tímida, ese día estaba fatal.

¿Dónde ha quedado la pintura?

Lo sigo haciendo. Estas Navidades tuve un encargo para un hotel y no pude salir de Madrid porque tuve que hacer ciento sesenta cuadros. Ahora acabo de terminar también un mural enfrente del Retiro.

Pintar me relaja un montón, pero no siento tanto placer como cuando hago una canción. Cuando estoy pintando es cuando más música escucho, me pongo Spotify y escucho un grupo, otro, otro. Cuando estoy componiendo solo escucho cosas puntuales porque tengo que centrarme más.

Hiciste dos portadas para Extremoduro.

Sí, eso lo hice porque conocía al de Warner, que ya era amigo mío antes de empezar con la música, y me dijo que Robe Iniesta quería hacer una portada. Él tenía muy claro que quería una carretera con tal y cual y me la encargaron a mí. Como les gustó esa, me encargaron la del segundo también, con unos mástiles a través de la tierra y que por debajo se viera el infierno… y ese fue el contacto que tuve con ellos.

Luego, años después, fue cuando me dediqué a la música, no me lo había planteado jamás. En la vida, a veces, hay trenes que pasan y los tienes que coger porque no sabes dónde te pueden llevar. La vida tiene cosas muy guais, pero hay que dejarse llevar un poco, que a veces por miedo no nos dejamos llevar.

Transmites la sensación de que te dejas llevar.

Sí, me dejo llevar, menos de lo que me gustaría, porque hay cosas que no podemos hacer, pero me gusta un poco la aventura.

¿Qué pintores te gustan?

Me gustan desde los clásicos como Anglada Camarasa hasta el arte moderno. Me gusta también Miquel Barceló.

Dices que no eres cantante, sino que haces canciones y las cantas.

Siempre lo digo, por mi complejo de no cantar de forma virtuosa, que no me lo puedo quitar. Yo hago canciones y las canto, bien o mal, a mi manera, como puedo.

Tu trayectoria discográfica se centra en el desamor, amor, odio eterno… pero en Fuego es todo muy alegre y, aunque algunas letras tengan un poso melancólico, la música no lo es.

Quise que este disco tuviera un poso positivo, que el punto de vista sea el de ver el vaso lleno, aunque haya partes más oscuras. Quería hacerlo así porque con el de Nocturnidad me había pasado, había cuatro canciones que eran muy negativas. Se murió mi padre, se murió un amigo mío… Ese disco es como un homenaje y quería que mi próximo disco fuera alegre, más o menos, dentro de que todas mis canciones puedan transmitir cierto aire melancólico, pero intentar ver el vaso medio lleno y el lado bueno de las cosas de la vida.

En «Siete días juntos» metes cumbia.

Sí. Me gustaba una canción de Shakira y Maluma que se llama «Chantaje» y le dije a David que a ver si le podía dar ese aire [risas].

Quizás toda esa mezcla de gustos musicales es la que te da esa personalidad en constante construcción.

Sí, supongo.

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6 comentarios

  1. Pingback: – Ana Fernández: «Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león, en el indie soy alguien y me siento cómoda» – ESPANTALHO

  2. Helena

    ¡Me encanta la Bienquerida! Muchas gracias por tan buena entrevista

  3. Libertad

    Buena entrevista!

  4. Alba Campoy

    Muy buena entrevista!! Me ha parecido muy interesante.

  5. Muy interesante la entrevista, me ha ayudado a conocer a la cantante mucho mejor!

  6. Sherlock

    Entrevista sólida y profunda, excelente trabajo, una verdadera lastima que la Bienquerida no se moje un pelin más.

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