
De este, pues, formidable de la tierra
bostezo el melancólico vacío…
Góngora.
Acaban de cumplirse ciento veinte años de la prematura muerte de Ángel Ganivet, que vio en el «alma española» la confluencia del estoicismo grecorromano, el cristianismo y el legado cultural árabe. Durante los últimos meses de su vida, Ganivet mantuvo un apasionado debate epistolar con su amigo Unamuno, una reflexión a dos voces fundamental para comprender los orígenes y la evolución de una crisis de identidad nacional que, como demuestran los acontecimientos políticos más recientes, está lejos de haber sido superada.
El tema de España
La breve pero intensa relación entre Ganivet y Unamuno ejemplifica de forma especialmente clara y temprana las preocupaciones, los temas recurrentes y las contradicciones de la Generación del 98, un movimiento literario —pero no solo literario— que, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre él, aún no ha sido comprendido en toda su amplitud y complejidad.
Para empezar, ni siquiera hay un consenso pleno sobre sus integrantes. Ateniéndose a criterios meramente cronológicos y estilísticos, algunos incluyen en el elenco a autores como Benavente, Blasco Ibáñez o Arniches; pero la Generación del 98 no se define solo por su ruptura con la retórica decimonónica —una ruptura que la aleja tanto del romanticismo como del realismo al uso—, sino también, y sobre todo, por sus preocupaciones políticas y filosóficas, que se centrarían en lo que se denominó el «tema de España»: la angustiada búsqueda de una identidad nacional tras la larga decadencia y la abrupta desaparición del Imperio español. De acuerdo con este criterio más restrictivo, los componentes del núcleo duro de la Generación del 98 serían, por orden alfabético, Azorín, Baroja, Ganivet, Machado, Maeztu, Unamuno y Valle-Inclán.
Aunque algunos consideran a Ganivet un precursor de la Generación del 98 más que un miembro propiamente dicho, puesto que murió el mismo año de referencia en que se sitúa la eclosión del grupo, no tiene mucho sentido, como señaló el propio Unamuno, llamar «precursor» a alguien estrictamente coetáneo de los autores a los que supuestamente precede. Ganivet es un miembro de pleno derecho, y uno de los más representativos, además; solo que su muerte prematura le impidió, a diferencia de sus compañeros de generación, desarrollar su obra y contrastarla con la turbulenta realidad histórica del primer tercio del siglo XX.
De hecho, es Ganivet el que nos ofrece, con su Ideariun español, la más explícita y sistemática exposición del «tema de España». Unamuno, que lo sobrevivió cuatro décadas, profundizaría mucho más que él en la materia; pero el Idearium, con todos sus defectos —y sus excesos—, sigue siendo el libro de referencia para obtener una visión de conjunto de los tópicos e inquietudes de la Generación del 98.
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Hombre, actualmente los herederos de ese nacional-catolicismo identitario tan español están en el País Vasco y en Cataluña.
O si no, que la Virgen de Montserrat me lo desmienta.
El nacionalcatolicismo es un invento de los Reyes Católicos actualizado por Franco mediante un concordato con la Santa Sede, en función del cual el «generalísimo», además de ir bajo palio, nombraba a los obispos. Y sus herederos (aunque sin duda los hay) no abundan ni en Euskal Herria ni en Catalunya, dos comunidades que conozco bien. Las vírgenes de Montserrat y de Begoña te lo pueden confirmar.
¿Quieres decir que no hay muchos curas catalanes nacionalistas?
No lo sé. Pero no creo que sea esa la cuestión.
«La impropiamente denominada Guerra Civil». ¿Cómo debería denominarse?
Incivil!
Buena denominación. Aunque poco específica: todas las guerras son inciviles.
Debería denominarse golpe militar apoyado por el fascismo italiano y el nazismo alemán, ante la cómplice pasividad de las supuestas democracias occidentales; pero es un nombre muy largo.
Me ha llamado la atención que ya Unamuno y Ganivet, a finales del XIX tuvieran claro que no se puede crear unidad por la fuerza y la imposición. Algo que siempre me ha parecido puro sentido común y que hoy en día es pura blasfemia para el actual nacional catolicismo español. El vasco y el catalán no caben en este argumento, como alguno pretendia en comentarios anteriores, pero sí, coincido en que son muy católicos y tradicionalistas
Los partidos nacionalistas PNV y PdeCat son católicos, tradicionalistas y juegan a dos barajas de cartas. En España (mejor decir el estado español, para no ofenderles) piden pluralismo mientras que en Euskadi, Euskal Herria o Catalunya consideran en cambio que hay una homogeneidad cultural y se creen legitimados a imponer una uniformidad cultural pero también implicitamente política. Aunque el PNV de hoy es más moderado, con todo el poder político de Euskadi en sus manos gracias a ese moderantismo, a aquellos que crean que el nacionalismo periférico no impone les animo a pasear por Hernani y respirar ese aire de libertad y pluralidad que alli se respira…¡ejem!
Me he paseado a menudo por Hernani, conozco bien Euskal Herria y vivo en Catalunya, después de recorrer medio mundo, y no conozco pueblos más hospitalarios que el vasco y el catalán. En cuanto al PNV y al PdeCat, estoy de acuerdo: juegan a dos barajas, y a tres si hace falta. Y, por supuesto, en última instancia el problema no son los Borbones, sino la banca y el gran capital; si la economía funcionara como es debido, un rey (o dos, como en este caso) sería pura anécdota.
Yo también conozco bien el País Vasco, de hecho, soy de San Sebastián. Conozco lo hospitalarios que podemos ser los vascos con los foraneos y lo facil que nos resulta hacerles sentir foraneos a muchos casi de forma permanente. Pero más importante que la hospitalidad es la libertad, y esaha faltado mucho tiempo en Euskadi.
Y sigue faltando: aún hay cientos de presos políticos. Y con esto no pretendo echar la culpa de todo a un solo bando y menos justificar los crímenes del otro. Pero hay que ir a las raíces de los conflictos. Como italiano, he vivido de cerca los excesos de la extrema izquierda y los rechazo enérgicamente; pero sin un Estado represor y corrupto no habrían existido las Brigadas Rojas.
No son presos políticos, no están en la cárcel por sus ideas sino por quebrantar la ley.
Según eso, los objetores de conciencia tampoco eran presos políticos, pues no iban a la cárcel por estar en contra del servicio militar, sino por quebrantar una ley que obligaba a cumplirlo. Y los que repartían Mundo Obrero durante el franquismo tampoco eran detenidos por sus ideas, sino por difundir propaganda ilegal. Por eso la verdadera cuestión es: ¿Son admisibles leyes como la ley mordaza y la ley antiterrorista? ¿Hay verdadera separación de poderes? ¿Son fiables los detentores del poder judicial?
Creo que deberías informarte más sobre lo que ha pasado en el País Vasco, sobre el.nacionalismo vasco y lo que significó para la sociedad vasca el terrorismo de ETA, un fenómeno muy diferente al terrorismo de las Brigadas Rojas, aunque contemporáneo.
Te aseguro que es un tema sobre el que estoy bien informado y que he vivido de cerca. Es un asunto muy complejo que valdría la pena tratar a fondo; pero me temo que no es este el foro adecuado. De acuerdo en que es un fenómeno muy diferente al de las Brigadas Rojas; en algunos aspectos, casi antagónico.
Me parece que pretender que la España de Unamuno y Ganivet, que la España de la Restauración, es igual que la España de la Constitución de 1978 es una exageración y una manipulación. Hoy tenemos monarquía, pero el Rey no gobierna ni tumba gobiernos como hacía Alfonso XIII. Hoy aunque hay muchos partidos, ya no hay pucherazos y hay una democracia real. Hoy hay autonomías, cosa que no existía en la Restauración, salvo la Mancomunitat, que no duró mucho. Ya no hay ese centralismo de todo en Madrid. El estado es aconfesional y el Ejército no intenta pronunciamientos.
En realidad, la Constitución del 78 intentó superar esa unitarismo sin disolver el país y desarrolló muchas de las ideas del 98. Yo diría además que la siguiente generación, la del 14, desarrolló su crítica de Esoaña de forma más coherente y constructiva. Y de ahí a la 2° República. La España del 78 recupera la democracia y las autonomías, dos aspectos esenciales del proyecto republicano. No juguemos a la confusión, por tanto.
Creo que buena parte de lo que dices es cierto, pero insuficiente. Y hablando de confusión, no hay que confundir la Luna con el dedo que la señala.
Creer que el combate de hoy, año de 2018, es contra el «borbonismo» es tener una mirada desenfocada o romántica, pero no práctica. Más bien hay hoy otros poderes aquí no mencionados de mayor enjundia y peligrosos, vease bancos o eléctricas, por ejemplo, a los que oponerse.
España poco más puede hacer en la descentralización, excepto convertirse en confederación como Yugoslavia y disolverse pacificamente. En el laicismo estoy de acuerdo, podría hacerse más.En cuanto a la monarquía, vuelvo a decirlo, muchas democracias asentadas hay que son monarquias. Y no pasa nada.
Pero los problemas de la España de hoy se relacionan con una crisis económica tremenda de 2007, con el tema catalán y la crisis de la UE y migratoria. Es curioso que en el auge preocupante de Vox y la ultraderecha no se mencione la responsabilidad histórica de un nacionalismo catalán desatado, ultra, que en este juego de espejos de la calle del Gato, ha despertado en frente a otro monstruo.
¿De verdad crees que el monstruo de la extrema derecha estaba dormido y necesitaba que alguien lo despertara? Y ese nacionalismo catalán desatado, ¿en que partido u organización se concreta?
Dicho sea de paso, el Callejón del Gato ya no es lo que era: ni los espejos ni las patatas bravas son los de antes.
¡qué raro! Alguien que celebra en el artículo a Fidel Castro y a Chávez da también palmas a los nacionalismos de boina a rosca. Qué agilidad al saltar de las repúblicas bolivarianas al supremacismo derechista, qué sutilidad criticando que «unos pocos» quieren imponer una España centralizada pero aplaudiendo que «otros pocos» quieran imponer su visión de una España desmontada.
Habla de los «presos políticos» de ETA y creo que pocas palabras pueden expresar mejor la miseria moral de este infraser. Que se ha sentido muy bien acogido en Cataluña y País Vasco. ¡¡¡normal!!! Si ha llegado aplaudiendo sus aquellarres nacionalistas.
PD: «Por Dios, por la patria y el rey lucharon nuestros padres; por Dios, por la patria y el rey lucharemos nosotros también», proclama el himno tradicionalista, cuyos ecos resuenan de nuevo con fuerza -> resuenan mucho en los mítines del PNV, ¡qué curioso! También en los de CIU, o como sea que llamen ahora a la mona vestida de seda.