Ocio y Vicio Juegos

Risk, Cluedo y Monopoly: cuando los juegos de mesa invaden otros mundos

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Risk Juego de Tronos (Batalla). Disponible aquí.

Jot Down para Eleven Force

Cluedo The Big Bang Theory

Anthony Ernest Pratt es probablemente una de las pocas personas del planeta a las que les ha salido rentable abandonar los libros de ciencia para iniciar una carrera como músico. Y todo por culpa de un juego de tablero, un montón de novelas de detectives y una guerra mundial. Pratt nació a principios del siglo XX en la Birmingham inglesa, abandonó la escuela durante su adolescencia y comenzó a trabajar como aprendiz de un fabricante local de productos sintéticos con la idea de intentar labrarse un futuro en la química, una ciencia que le apasionaba. Pero no tardó demasiado en abandonar la vocación científica y centrarse en su otra gran afición: la música. Pratt se convirtió en un pianista profesional y se ganó un sueldo poniendo cara de bohemio y tocando el piano en cruceros y hoteles rurales. Fue en estos últimos donde el hombre sopesó la idea de diseñar un pasatiempo de tablero detectivesco tras descubrir que los dueños de aquellos hoteles de campiña divertían a sus huéspedes organizando juegos de misterio en vivo. Entretenimientos guionizados donde los gerentes del lugar y un grupo de actores invitaban a los clientes a matar la tarde buscando pistas para localizar al asesino de un crimen ficticio.

La afición del propio Pratt a las novelas de Agatha Christie y Raymond Chandler, sumada a lo populares que parecían ser aquellos divertimentos entre el público de la época, acabó convenciendo al pianista de que un juego basado en una temática similar podría convertirse en un éxito de ventas. La Segunda Guerra Mundial obligó a Pratt a dejar de acariciar teclas y comenzar a toquetear armamento pesado al verse destinado a trabajar en una fábrica de piezas para tanques y carros de guerra. Odiaba aquel trabajo, pero aprovechó la monotonía del mismo para abocetar las normas del juego de mesa que había imaginado y pronto comenzó a diseñarlo junto a su mujer, Elva Rosalie Pratt. A finales de 1944 el matrimonio rellenó la patente de un pasatiempo llamado «Muder!» («¡Asesinato!») y se presentaron con la misma en las oficinas de Waddingtons, una empresa especializada en publicar entretenimientos que implicasen cartas y tableros. En Waddingtons rebautizaron el invento con un nombre menos tétrico: «Cluedo» (un remix de clue, ‘pista’ en inglés, y ludo, ‘jugar’ en latín) y apostaron por producirlo.

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3 comentarios

  1. Se ha olvidado usted del humilde Scrubble en inglés, Scrabble en alemán, Scarabeo en italiano y, para mi mayor vergüenza, la ignorancia de saber como se llama en español. Espero que los altos espíritus que han plasmado mi habla maternal sepan perdonar este sacrilegio, como asimismo las humillantes derrotas por parte de un yerno andaluz y de una nuera alemana. Puedo entender al primero, pero a la segunda… dura y amarga es la realidad de las palabras que elige las victorias al azar. Gracias por la divulgación de esos juegos que acompañan estas fiestas familiares.

  2. Intelect…

  3. Juan Expósito

    Probablemente no ha olvidado Scrubble, pero es un juego que no está ni desarrollado ni distribuído por ElevenForce…

    Un artículo, muy interesante, sobre cómo se desarrollaron éstos juegos – incluso antes de que existiera la empresa – a los que probablemente hayamos jugado la mayor parte de sus lectores. No llegué a jugar al Cluedo, pero han sido muchas las horas de batallas y compras en las largas tardes de invierno, de guardia en Segovia.

    Pienso que era innecesario – ignoro las condiciones contractuales – el último párrafo, que de alguna manera cambia la percepción del resto del artículo.

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