
«Tómate una tila», fue una de las frases que nos dijeron cuando le preguntamos en qué onda estaba Andrés Calamaro a gente que había trabajado con él recientemente. Nuestro encuentro, sin embargo, no fue accidentado, como muchos preveían. Es un tipo que intenta hablar como si estuviera escribiendo y que escribe como no debería hablar, pero la impresión es que todo esto al final le viene de raza y profesión. Detrás del acento argentino, de las gafas de sol y de las pausas dramáticas, había un discurso más sincero de lo habitual en un gremio que suele defenderse como gato panza arriba ante la más mínima duda sobre su trayectoria. El periodista Darío Manrique nos comentó que tenía la impresión de que Calamaro hacía varios discos que había decidido dejar de sufrir por el arte para no poner en peligro su vida en el proceso creativo. Nosotros no queremos invadir el terreno de los críticos y expertos musicales, pero no hemos podido resistirnos a preguntarle por los grupos de su adolescencia. No los Rolling Stones, no. Queríamos saber sobre aquellos héroes de la psicodelia argentina. Un fan de Almendra o Manal ha escrito varias de las canciones más bonitas del pop español, ¿tendrá esto algo que ver?
¿Cómo era el Buenos Aires en el que te criaste?
Me crié en un ambiente cultural muy interesante. En mi casa había buen tránsito intelectual. Crecí rodeado de buenos cuadros, escuchando las conversaciones de mi padre con el poeta Alberto Girri. Por aquel entonces servidor era cuñado de uno de los históricos Les Luthiers, Carlos Núñez Cortez. Ensayaron eventualmente en mi casa y les vi actuar cientos de veces. Tengo recuerdos infantiles de estar en su backstage en los locales donde tocaban. En verano iba con ellos a sus actuaciones en Mar del Plata o Punta del Este, en Uruguay. A veces les acompañaban artistas como Facundo Cabral o Nacha Guevara.
Mi barrio era un barrio que no era un barrio. Vivíamos en una avenida ancha, frente a la Estación Retiro, una terminal ferroviaria, y no había ecosistema de barrio. Entiendo por ecosistema de barrio a los amigos, las pandillas, las esquinas. Lo que sí que hacíamos mucho era ir al cine. Al Electric a ver wésterns en sesión doble. Eran películas italianas, spaghetti western y wéstern comedia como Trinity. Mi cowboy favorito era Ringo Wood, lo interpretaba Giuliano Gemma. Para los estrenos del agente 007 íbamos con toda la familia a cines más grandes. Antes había muchos cines, lo que pasa es que los barrios se reciclan y los cines desaparecen.
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Me ha encantado la entrevista. He leido muchas sobre Calamaro pero aqui recuerda, se sincera y cuenta cosas que nunca lei. El entrevistador es muy directo, y pasa de un tema a otro sin mas, una entrevista muy larga pero que no aburre, mis felicitaciones.
Estuve en aquel concierto de Dylan en el Palacio de los deportes, con AC de telonero; recuerdo la buena sensación que me produjeron aquellas joyitas, aún no editadas, de Honestidad brutal en formato acústico, y la humareda que estuvo saliendo permanentemente desde el costado del escenario durante la actuación de Dylan, señal de que Calamaro tenía el permiso al que alude en la entrevista
«Con respecto a tus gustos musicales, es difícil encontrar un músico tan mitómano como tú, que se compre y guarde las revistas, que no pare de pillar discos.»
Supongo que quiso decir melómalo. Buena entrevista, aunque hubiese querido que le pregunten su opiniòn sobre los que lo consideran que exagera en su intento de parecer una copia de Bob Dylan. Me gusta su música, pero su repetitiva mención a las drogas (nada de mojigatería de mi parte, cada quien es libre de hacer lo que le guste) me parece exagerada, al punto que pareciera querer hacer girar a la entrevista alrededor de los estupefacientes, eso o se lo devoró el personaje.
En fin, «Primero sé que voy camino a nada, pero a veces no me importa y naufragás
Permite que te rinda un homenaje en mi permanente raje, libertad»
Uff, no aguanto a la mayoría de esta generación. Casi todo lo que opina es que todo los que les rodearon fueron unos genios (quizás porque esperan la reciprocidad) y son incapaces de pasar de 4 mitos («lo hice porque lo hubiera hecho Hendrix»). Da la impresión de que están de promoción constantemente (por mucho que pasara de ella en su día). He aguantado, bostezo en ristre, hasta ver el nombre de Sánchez Dragó y algunos toreros. Seguramente el tipo en persona sea un encanto y de conversación cautivadora, pero por escrito es infumable. Zzz…
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