Cuando el infierno de Jamaica conmociona al mundo

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Jamaica, 2010. Fotografía: BBC World Service. (CC BY-NC 2.0).

Jamaica es fruto de la conflagración. Rebeliones e insurrecciones de esclavos, piratas y bucaneros, huracanes y terremotos, el infierno y el lago de fuego y azufre. Las noticias que salen de la isla siempre son terribles. Las que tienen que ver con la guerra por el narcotráfico, espeluznantes. Los episodios violentos entre bandas rivales son tan comunes que no es fácil esclarecer cuáles son los factores que los provocan. La realidad es que los jamaicanos son las últimas víctimas de unas políticas perversas y una guerra que se ha cobrado miles de vidas, tanto en los suburbios de Kingston como en los de Nueva York.

A la capital, Kingston, la llaman los jamaicanos la ciudad más maldita de toda la cristiandad («the wickedest city in christiandom»). Presenta índices de criminalidad elevados, con ejecuciones y tiroteos prácticamente diarios, y gente inocente víctima del fuego cruzado. La policía, que adopta tácticas paramilitares para sofocar la violencia, es a su vez responsable de un tercio de las muertes, según el Observatorio de Derechos Humanos. Desde la independencia (1962), la historia de Jamaica se divide en masacres.  

La masacre de 2010

Una de las masacres más graves y todavía demasiado reciente como para poder pasar página fue la ocurrida en los últimos días de mayo de 2010, cuando el ataque llevado a cabo por la policía y el ejército en Tivoli Gardens, el barrio más peligroso de la capital, dejó no menos de setenta y tres muertos, según fuentes oficiales. Los heridos también se contaron por decenas y en pocos días hubo más de seiscientas detenciones. El inicio de la operación lo anunciaba el primer ministro laborista, Bruce Golding, la noche del domingo del 23. El objetivo: capturar a Christopher «Dudus» Coke, a quien la Fiscalía de los Estados Unidos acusaba de ser uno de los capos de la droga más peligrosos de América, líder de la Shower Posse. Según la DEA la Agencia antidrogas norteamericana, la Shower Posse traficaba con cocaína, marihuana y armas de fuego a nivel internacional bajo la protección y dirección de Dudus, quien recibía y administraba los beneficios.   

En la isla, Dudus era conocido como el capo más poderoso del país. Pasaba mucho tiempo en Tivoli, barrio al que la policía no tenía acceso desde 2001 sin su permiso. Era tan poderoso que el primer ministro Golding se negaba a firmar su petición de extradición a Estados Unidos, alegando que las pruebas contra el capo se habían obtenido de manera ilícita. Pero a principios de mayo, bajo una fuerte presión política internacional, Golding autorizó el arresto y, previendo las consecuencias, declaró el estado de emergencia. La respuesta de Dudus fue convertir Tivoli en su fortaleza personal.

Dudus tenía una reputación heroica en los barrios marginales de Kingston, un híbrido entre Jesucristo y Pablo Escobar. Educado en un ambiente relativamente privilegiado, junto a los hijos de los miembros de las élites políticas del país, los residentes de Tivoli acudían a él para conseguir ayuda legal, préstamos, alimentos, medicinas o pagar matrículas escolares. La electricidad era gratuita. Su política era muy sencilla: no robar, no violar, no matar. Tenía su propio sistema penal brazo roto por robar, paliza por violar, muerte para los reincidentes y sus propias cárceles. Muchos se sentían seguros en el barrio. El Gobierno lo consentía. Golding, además, conocía muy bien la situación: había sido elegido diputado en la circunscripción a la que pertenecía Tivoli cinco años antes. Y había otra conexión más entre ellos: la administración laborista adjudicaba contratos millonarios a la empresa legal del capo.

Antes de empezar la operación, el Gobierno envió autobuses para evacuar a los residentes, pero muy pocos quisieron marcharse. Hubo una manifestación a favor de Dudus. Durante una semana, en las zonas cercanas a Tivoli las tiendas cerraron antes y se suspendieron las clases en los colegios. Hubo un momento en que se cancelaron vuelos. A los medios de comunicación se les prohibió el acceso a la zona. Desde la terraza del edificio donde tiene las oficinas el Jamaica Gleaner se tomaron fotos de un avión de vigilancia del Departamento de seguridad nacional de los Estados Unidos. Costó una semana tomar el control de Tivoli, pero durante prácticamente un mes se decretó un toque de queda a las 6 de la tarde, hasta que, por fin, el 23 de junio, capturaron a Dudus. Se declaró culpable y actualmente cumple una condena de más de veinte años en una cárcel de Estados Unidos. Golding dimitió en 2011.

Jamaica, 2010. Fotografía: BBC World Service. (CC BY-NC 2.0).

Una historia con la Guerra Fría como contexto   

En 1962, año en que Gran Bretaña otorgó la independencia a Jamaica, Edward Seaga, miembro del partido laborista JLP, Jamaican Labour Party fue elegido diputado en West Kingston. Seaga era, es, un jamaicano nacido en Estados Unidos, de piel clara, educado en Harvard. A principios de los sesenta decidió convertir un barrio de chabolas situado junto al puerto de Kingston en Tivoli Gardens. Allí no había electricidad ni servicios sanitarios. Seaga no solo solucionó los problemas básicos, sino que puso además una escuela, un centro de formación profesional y una clínica de atención sanitaria. Desde entonces Tivoli ha sido fiel al JLP.   

En la década de los setenta, Seaga se convirtió en el líder del JLP, que entonces estaba en la oposición. Uno de sus guardaespaldas era el padre de Dudus, Lester Coke. Poco a poco, Coke fue ganando poder hasta convertirse en el capo de la banda de Tivoli aprovechando las circunstancias que hicieron de las elecciones de finales de la década un conflicto de poder de la Guerra Fría.

El Gobierno socialdemócrata del PNP, People’s National Party, liderado por Michael Manley jamaicano, de piel clara, educado en la London School of Economics hizo enfadar a muchos sectores de la élite jamaicana con sus reformas de corte izquierdista, y al gobierno de los Estados Unidos con el cierre de las empresas norteamericanas de bauxita y su relación de amistad con Fidel Castro. Con Cuba a poco más de cien kilómetros al norte de Jamaica, Manley manifestó su interés por reforzar las relaciones diplomáticas con la isla y desarrollar una alianza con otros países, incluida la Unión Soviética, para luchar contra el imperialismo. Entonces Jamaica experimentó una escalada significativa de la cultura de la violencia política que Manley atribuyó a una campaña de desestabilización encubierta: culpó a los norteamericanos de enviar armas y dinero al JLP de Seaga. Los partidarios de Seaga respondieron diciendo que Castro entrenaba a los pandilleros que apoyaban a Manley y su gobierno.

En 1980, el JLP ganó las elecciones. Seaga pronto mostró interés por reforzar las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, agradeciendo a la administración de Ronald Reagan su apoyo y especialmente la compra de toneladas de bauxita. Reagan también elogió a la administración de Seaga por ser ejemplo de democracia y desarrollo económico a la vez que criticaba duramente al Gobierno anterior y al de Cuba.

En los ochenta, Coke —recordemos, el padre de Dudus— se había convertido ya en una figura intocable en Tivoli y los negocios de la Shower Posse se extendían hasta los Estados Unidos, donde la banda luchaba contra los cárteles colombianos por controlar el narcotráfico. Fue en Nueva York donde sucedieron los hechos que desencadenaron la petición de extradición de Coke: siguió a un individuo que le había agredido hasta una casa y mató a todos los que había dentro. En 1992, Coke fue arrestado y enviado a prisión, donde murió al incendiarse su celda mientras esperaba a ser enviado a los Estados Unidos. Seaga acudió al entierro.  

La relación entre los políticos y los capos de la mafia, por tanto, es anterior a Golding y a la última masacre. Sabemos que Golding es discípulo político y beneficiario de Seaga, y que siempre ha habido una relación entre el diputado de West Kingston y la Shower Posse de Tivoli. Lo que es en parte leyenda urbana y en parte hecho histórico es el apoyo de la CIA a Seaga y de Castro a Manley. Quedan preguntas clave sin responder. No se sabe cómo se incendió la celda de Coke. No está claro el motivo de la petición de extradición de Dudus aun pudiendo prever el poco impacto que eso tendría en el volumen de drogas que entra a Norteamérica, y teniendo en cuenta que las políticas de la administración Obama en la guerra contra el narcotráfico iban en otra dirección—. Tampoco se conocen muchos detalles de la masacre de 2010: ningún periodista ha tenido acceso a lo que el avión del Departamento de seguridad de los Estados Unidos grabó.

Jamaica, 2010. Fotografía: BBC World Service. (CC BY-NC 2.0).

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