
Silvia Sesé colecciona lápices y libros de correspondencia entre autores y editores. Una especie de caja de herramientas de su trabajo. Confiesa que le da grima el verbo descubrir y afirma que la labor del editor debe ser la de acompañar al escritor. Labor en la que Sesé lleva embarcada media vida. Tras pasar por Círculo de Lectores llegó a la editorial Destino, donde su buen olfato la llevó a publicar en España la saga Millennium. En 2015 sonó el teléfono, era Jorge Herralde, y Silvia Sesé aterrizó en Anagrama como adjunta a la dirección. Desde 2017 es la directora editorial del sello, la mujer encargada de mimar el catálogo construido por Herralde. Un trabajo que reconoce le produce cierto vértigo.
A la editora se le iluminan los ojos cuando habla de sus autores y confiesa que cuando alguno se marcha duele, pero no es rencorosa. Sobre la mesa de su despacho descansa un ejemplar de 2666 de Roberto Bolaño en una edición de Anagrama. En la estantería está 4 3 2 1, la primera novela de Paul Auster tras abandonar el mítico sello barcelonés. Durante algo más de dos horas Silvia Sesé habla con pasión de una editorial que este 2019 cumple medio siglo de vida.
He visto estos días una charla que dio en la feria del libro de Buenos Aires hace unos meses y decía que los editores son seductores y, en gran parte, mercaderes. ¿Siempre fue así?
Yo creo que el editor es muchas cosas, pero entre ellas es alguien que pone en contacto la obra de un autor que le entusiasma o a la que le ve equis posibilidades con los lectores. En ese sentido, cuando hablaba de que somos mercaderes lo que quería decir es que queremos que el libro se venda, si no, nos dedicaríamos a ser lectores. A ser lectores o a hacer lo que hacéis muchos periodistas culturales, hablar con entusiasmo de los libros que os gustan, o lo que hace gente que está trabajando en el medio cultural, pero desde el otro lugar. El editor quiere vender, quiere que su empresa sea un negocio, que sea rentable y que la incidencia de los libros tenga amplitud. En ese sentido somos mercaderes.
¿Y seductores?
Seductor lo tienes que ser todo el tiempo. Otra cosa es que lo consigas, pero tienes que serlo. Tienes que serlo con la red de ventas, con los libreros, con tu propio equipo, tienes que intentar contagiar admiración o convicción. Para eso no hay fórmulas, pero es verdad que todos necesitamos oír las cosas de una forma nueva. Necesitamos una forma de transmitir nueva porque todo cansa, y seducir implica tratar lo de siempre de forma nueva. Los autores que nos interesan lo son, seductores, absolutamente.
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Como muy bien explica la seducción es importantísima a la hora de escribir y de todo lo demás.