José Manuel Cervera: «La extrema derecha europea está hoy disfrazada de nacionalismo»

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Fotografía: Vanessa Gómez

A pesar de su singularidad o precisamente por ello, la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo viene en los últimos años desarrollando una labor cultural e institucional imponente, siempre en pos del diálogo entre tres culturas tan unidas en el pasado como separadas por el presente. Su modelo de gestión es hoy día un ejemplo a nivel europeo, gracias entre otras a la exitosa organización del quinto World Congress for Middle Eastern Studies (WOCMES), celebrado en Sevilla a finales de julio de 2018 a cuyo término decidimos charlar con su director, José Manuel Cervera (Huelva, 1953), para conocer mejor los entresijos de esta institución mediterránea única en el mundo y celebrar su veinte aniversario.

La fundación que diriges se llama Tres Culturas del Mediterráneo. ¿Cuáles son esas tres culturas?

La Fundación Tres Culturas del Mediterráneo es una institución que cumple ahora veinte años. Nació por iniciativa de la Junta de Andalucía y del Reino de Marruecos con la idea de poner en valor la relación histórica que habido siempre entre Andalucía y el mundo árabe en particular, de manera que, a través de la fundación, se pudiera crear un lugar de encuentro para las distintas culturas que bañan las costas del mar Mediterráneo, que son, en esencia, tres: la cultura árabe, la cultura hebrea y la cultura —llamémosla así— cristiana.

¿Y qué tienen en común estas tres culturas, más allá de compartir un mar?

Desde el punto de vista religioso son las tres grandes religiones monoteístas. Surgen todas además del mismo tronco, y por eso tienen muchos elementos rituales en común. Pero, ojo, nosotros no somos una institución para el diálogo interreligioso, por más que indirectamente podamos fomentarlo. El Mediterráneo, desde hace tres mil años, ha sido un crisol de distintas culturas, idiomas y religiones, y lo sigue siendo. Alrededor de sus orillas viven hoy quinientos millones de personas. Nosotros buscamos que la situación social y geopolítica de estas personas se transforme en un sentido positivo.

Pero, lamentablemente, el Mediterráneo es hoy día un foco de conflictos más que un ejemplo de concordia.

Sí, sin duda. No quería dar antes una visión idílica de lo que ha sido el Mediterráneo históricamente, donde se han sucedido atrocidades como la batalla de Lepanto, que fue una masacre entre turcos, venecianos y españoles. Durante las invasiones persas se sucedieron también muchos episodios violentos. Hemos vivido guerras más o menos recientes en Italia, Francia, España, Egipto, el Magreb… Nuestra historia común tiene momentos maravillosos, pero también otros muy conflictivos. Y ahora vivimos en una situación social y política enormemente compleja.

Ocurre, no obstante, que las circunstancias históricas han cambiado, nuestro mundo ha cambiado mucho en muy poco tiempo, lo que ha originado unos problemas de desigualdad social tremendos. La frontera entre el norte y el sur del Mediterráneo es la más desigual del mundo. No hay otra igual. La diferencia que hay entre España y Marruecos es mucho mayor que la que hay entre México y Estados Unidos, por ponerte un ejemplo. Y este factor de desigualdad es clave para entender todo lo que está pasando hoy día en el Mediterráneo.

Junto al problema de la desigualdad está el asunto de cómo gestionar la diversidad. Esto se puede hacer de forma totalitaria y excluyente, como pretenden algunos, o de forma inclusiva y democrática, como queremos nosotros. El Mediterráneo es también, en este sentido, un resumen de la diversidad que hay en el mundo. Aquí hay de todo, pues supone el encuentro entre Europa y África, entre Asia y Europa, entre el norte y el sur. Gestionar esta diversidad es de hecho uno de los grandes retos del siglo XXI.

El Mediterráneo es también una fuente constante de conflictos de carácter medioambiental al ser el lugar del mundo por el que se produce un mayor tránsito de productos energéticos. La diversidad biológica del Mediterráneo está firmemente amenazada, también por culpa de los incendios forestales y la contaminación.

Por último, y no menos importante, tenemos un grave problema político: el Mediterráneo, que fue cuna de la democracia, es ahora un lugar donde esa misma democracia está en crisis, tanto en el norte como en el sur.

Como se puede ver, lo que ocurre en el Mediterráneo es una especie de resumen de los grandes problemas que tiene o ha tenido la humanidad a lo largo de su historia, por eso es tan importante analizar lo que sucede alrededor de sus aguas. De algún modo nos ayuda a comprender, a pequeña escala, lo que está sucediendo o va a suceder en el resto del mundo.

Ante semejante panorama internacional, ¿qué capacidad de intervención tiene una pequeña fundación andaluza como vosotros?

A Andalucía le afecta todo esto de forma muy directa, aunque solo sea por una mera cuestión geográfica. Pero lo verdaderamente importante es que Andalucía tiene un potencial único, que no tiene nadie en Europa, para intervenir en estos conflictos. Nuestro principal capital es la simpatía con la que se nos ve desde el mundo árabe y hebreo. Ten en cuenta que para los primeros nosotros hemos sido al-Ándalus y para los segundos Sefarad. Andalucía, además, no ha perdido nunca esa conexión con su pasado, pues ha mantenido siempre el diálogo con estas culturas.

Me llama la atención que evoques al-Ándalus y Sefarad, territorios histórico-míticos reivindicados hoy día por algunos extremistas.

Bueno, al hablar de al-Ándalus y Sefarad estoy haciendo referencia precisamente a ese lado mítico que mencionas. La fundación, como es lógico, no pretende intervenir en polémicas académicas, por más que sí pueda ayudar a que dichas polémicas se desarrollen en un clima consensuado de trabajo. Por ejemplo, Emilio González Ferrín, muy cercano a nuestra fundación durante muchos años, ha publicado un libro muy polémico, Cuando éramos árabes, siendo su tesis sobre lo que representa al-Ándalus muy distinta de la que defiende buena parte de la historiografía española. Con todo, debe tenerse en cuenta que al-Ándalus fue un periodo conflictivo no solo entre musulmanes y cristianos sino entre los propios musulmanes.

Como te decía antes, lo que nosotros queremos evocar es el espíritu de lo que fue al-Ándalus y Sefarad. Gracias a al-Ándalus, por ejemplo, conservamos hoy día todo el conocimiento de la sabiduría clásica, y a partir de ahí este conocimiento se difundió por toda Europa. Esa capacidad de entendimiento, ese encuentro entre ciencia y cultura, con todos aquellos grandes científicos, matemáticos y filósofos, muchos de los cuales fueron judíos, como Maimónides… Los mitos también forman parte de nuestra vida y no es que nosotros queramos mitificar ningún período histórico ni a ningún personaje en concreto, pero sí creemos que es válido aprovecharse de esos mitos para proponer paradigmas transformadores de la sociedad. Sefarad, como sabes, acabó de la forma más abrupta posible, con la expulsión de los judíos en 1492. Pero, hoy día, la palabra «sefarad» sigue siendo mágica para millones de judíos, que ven con añoranza aquel período que, en el fondo, lo que representa es que una vez vivieron en una cultura inclusiva.

¿Qué conexiones tiene la Fundación Tres Culturas con el Legado Andalusí?

El Legado Andalusí está ahora en un periodo de relanzamiento, tras haber pasado, como casi todas las instituciones culturales, por malos momentos debido a la crisis. Nuestra relación con ellos es muy buena, lo que pasa es que su fin es más específico que el nuestro. Nuestra misión es más de diplomacia cultural, digamos, que la suya.

¿En qué sentido?

Nosotros tenemos una visión instrumental de la cultura en el sentido de que creemos que, más allá del valor tan extraordinario que tiene en sí misma, es un elemento central para la comunicación de las personas. La cultura nos permite hacer cosas que no nos permite la política. En los últimos años hemos organizado muchos encuentros culturales entre judíos, musulmanes y cristianos que difícilmente hubieran podido tener éxito de haberse celebrado en términos políticos. Por eso digo que la cultura para nosotros es instrumental, en el sentido de que es el medio del que nos valemos para llegar adonde queremos llegar. Hemos presentado en Nueva York la exposición «Miradas paralelas», a través de la cual seis fotógrafas españolas se reconocen en otras tantas iraníes. El que esa exposición se inaugure en Nueva York es importante por muchos motivos. Para empezar, porque Irán —que si bien no es un país del Mediterráneo lo cierto es que no se entiende sin él— está hoy día estigmatizado en Estados Unidos, de una forma además brutal y absolutamente totalizadora, sin que parezca que nadie sepa diferenciar entre un determinado régimen político y lo que es su sociedad civil. La obra de estas fotógrafas iraníes son un ejemplo de modernidad y capacidad de diálogo entre culturas. A través de esta exposición muchos se podrán dar cuenta de que Irán no es un «país de salvajes». La exposición pone también de manifiesto que las mujeres son una enorme fuerza de cambio dentro de la sociedad iraní. A día de hoy el sesenta por ciento de los estudiantes iraníes son mujeres. Este es un dato que la mayoría desconoce.

¿No forma la religión parte de la cultura de un país?

No seré yo quien se atreva a definir lo que es o no la religión. Es evidente que todas las religiones tienen un componente cultural que es lo que además hace que evolucionen. La religión cristiana tiene poco que ver hoy con lo que era durante el concilio de Nicea, ¿no? Luego hay fenómenos de la religión que son estrictamente culturales, como el celibato, que no es ningún dogma. La religión ha sido además un instrumento muy potente de transmisión cultural. Sin el papel cultural de la Iglesia durante la Edad Media no seríamos nosotros los que somos. En el caso de los judíos, se ha discutido mucho acerca de la naturaleza de su pueblo, pero parece que no hay duda de que su origen está unido no ya a una religión pero sí a unos ritos religiosos.

Con todo, debe tenerse en cuenta también que la religión, en muchas ocasiones, ha sido utilizada para convertirse en un elemento de opresión, de enfrentamiento. De las cruzadas al yihadismo de hoy, hay mil ejemplos a lo largo de la historia, pero, en general, la religión, al menos como nosotros la vemos, desde un punto de vista celebratorio, es un claro instrumento para la paz. Las celebraciones religiosas unen mucho, son fiestas sociales, y son un instrumento efectivo de diálogo. Por ejemplo, con la Fundación Mezquita de Sevilla, que es también una institución cultural, tenemos una relación excelente, al igual que con Beit Rambam, Comunidad Judía Progresista de Andalucía. Desde este punto de vista, no tenemos ningún problema en tratar cuestiones religiosas dentro de nuestra programación cultural. Lo único que no hacemos de ellas es un emblema de nuestra actuación.

Siendo la religión un instrumento tan valioso para el diálogo, ¿por qué crees que existen tantas trabas administrativas para la creación de grandes mezquitas o sinagogas? Pienso, en concreto, en el caso de la mezquita de Sevilla.

Con este tema hay que ser prudentes. La administración debería siempre actuar un poquito por delante de lo que quiere gente pero no demasiado, porque si te pasas, si te separas mucho de lo que quiere una parte importante de la sociedad, es muy probable que tu acción termine no siendo útil. En este sentido no me atrevería yo a juzgar lo que haya hecho o dejado de hacer al respecto el Ayuntamiento de Sevilla. Sí te puedo hablar, por ejemplo, de que la Junta de Andalucía ha tenido a este respecto unas políticas sobre inclusión social muy definidas y avanzadas. Para todos los centros educativos donde haya una diversidad apreciable existen programas dedicados a esta cuestión, y no digo que sea por ello, pero lo cierto es que Andalucía, en términos generales, no es un lugar conflictivo. Creo sinceramente que aquí tenemos un buen clima interétnico e interracial, promovido en gran medida por las instituciones políticas.

¿Quién financia la fundación?

Por más que no seamos, estrictamente hablando, una fundación pública, nuestras cuentas son transparentes y están publicadas en nuestra web. Nuestra principal fuente de financiación son hasta ahora la Junta de Andalucía y el Gobierno de Marruecos. Luego tenemos otras líneas propias de financiación, como las que buscamos a través de la realización de proyectos en Europa, donde tenemos cada vez más presencia, o con otras administraciones españolas. Existen también aportaciones privadas, como las de La Caixa o Alsa, la empresa de transporte. Y por último están las matrículas de nuestras propias actividades o el alquiler de espacios. Nuestra financiación, como se puede comprobar, está muy diversificada.

Te lo digo con cierta modestia, pero ahora mismo somos un ejemplo de funcionamiento a nivel europeo. Tenemos un acuerdo de colaboración excelente con el Ministerio de Asuntos Exteriores que nos ha pedido que extendamos nuestro know how a otros puntos de España y del mundo, dado que en estos momentos no hay ninguna institución como la nuestra, que tenga un pie en África y otro en Europa. Existen otras instituciones como la fundación Konrad Adenauer, que hace muchas cosas en África, pero lo hace en un sentido unívoco. Nuestra actuación, en cambio, es de ida y vuelta, y eso es lo que nos hace únicos a nivel europeo.

En relación con este tema tenemos ahora mismo dos proyectos muy interesantes. Uno llamado CARPET (Craft, Art & People Together), que combina arte, artesanía y participación ciudadana y que estamos desarrollando con Portugal y Reino Unido, con Marruecos de país invitado; y otro llamado INTREPIDA, que es un proyecto dedicado a apoyar el trabajo de mujeres empresarias transfronterizas y que se desarrolla sobre todo entre las sierras de Huelva y Sevilla y las zonas limítrofes del Algarve y el Alentejo portugués. Se trata de un programa que ya se hizo entre mujeres andaluzas y del norte de Marruecos y salió muy bien. Las empresarias de estas zonas suelen tener negocios modestos, mayormente del sector agrícola, alimentario o turístico aunque también hay arquitectas, profesoras o trabajadoras sociales, pero la idea es confeccionar con ellas una guía que fomente su contacto.

A nivel internacional desarrollamos, además, una parte educativa importante, de forma tradicional a través de nuestras clases de árabe y hebreo moderno, y también del Máster de Relaciones Internacionales en el que colaboramos con la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y la Universidad Internacional de Andalucía. Por otra parte, en los últimos años hemos emprendido un programa de viajes de estudios y formación intercultural, sobre todo con universidades anglosajonas —en su mayor parte  estadounidenses— para desarrollar con ellos trabajos de inmersión en la diversidad cultural, con estancias en Andalucía y Marruecos. Son cursos muy satisfactorios, porque para un chaval de Massachussets es todo un impacto encontrarse con determinadas realidades. Gracias a estos programas se desprejuician bastante.

Me da la sensación de que la fundación ha tardado un poco en encontrar su identidad, también en darse a conocer.

La fundación, es cierto, goza ahora de buena salud, pero viene de pasar una pulmonía bastante gorda [risas]. Todas las instituciones culturales se vieron muy tocadas durante la crisis. Nosotros sufrimos entonces una bajada muy importante de financiación. La Junta de Andalucía siempre mantuvo su compromiso, por más que en esos años redujera su aportación drásticamente. El Gobierno de España, en cambio, nos retiró su ayuda por completo. En los últimos años no es que hayamos hecho más cosas porque tuviéramos más dinero sino que hemos tenido más dinero porque hemos hecho más cosas. Le hemos dado la vuelta a la situación. Cuando yo entré aquí, la situación económica era muy difícil, pero ante la misma solo cabía o no hacer nada y morir o no resignarse y cambiar la mentalidad, que es lo que al final ha terminado dando sus frutos.

Organizar congresos tan ambiciosos como WOCMES, al que han venido muchos miles de personas y que ha sido muy importante para Sevilla, parecía una cosa inalcanzable para nosotros hace no mucho. La candidatura la presentamos en su momento y fue muy bien acogida por la organización del congreso. Competimos con instituciones importantes, como el King’s College de Reino Unido. Para nosotros fue una apuesta muy ambiciosa, pero la ganamos. Aquí se ha reunido lo más selecto del mundo de la investigación, no solo del mundo árabe sino también del Medio Oriente. Se han realizado más de quinientos actos académicos y se ha contado con la  presencia de más de noventa países a lo largo de toda una semana, en la que se han realizado en la ciudad muchas otras actividades de carácter cultural, como exposiciones y conciertos, con gran eco en los medios de comunicación y el apoyo institucional de su majestad el rey, el ministro de Cultura y Susana Díaz, que estuvieron en la inauguración. Para nosotros ha sido un gran espaldarazo. La gente se ha ido muy contenta y hemos conseguido también un retorno importante, pues nos invitaron a participar, por ejemplo, en el foro mundial de la Alianza de las Civilizaciones. WOCMES nos ha dado prestigio académico  e institucional. Además, y con esto enlazo con tu pregunta anterior sobre nuestra financiación, ha sido un congreso que nos ha salido muy caro pero al que le hemos ganado dinero. Ha sido una especie de milagro, pero demuestra que si se hacen las cosas con rigor hay mucha gente dispuesta a invertir parte de su dinero en este tipo de eventos.

A lo anterior hay que sumar el impacto que ha tenido el congreso en la ciudad. Hemos calculado que el evento ha podido tener un impacto directo de cuatro millones de euros en lo que hace unos años para Sevilla era temporada baja. Nos arriesgamos a hacerlo en pleno verano a cambio de poder utilizar la Fábrica de Tabacos, que yo creo que ha sido un acierto. Sevilla muchas veces no es consciente del capital que tiene como ciudad. Cada vez que invitamos a alguien de fuera es muy difícil que nos diga que no quiere venir. Se trata de un intangible extraordinario que tiene no solo Sevilla sino toda Andalucía y que deberíamos aprovechar mejor, más allá del punto de vista turístico. El éxito en la organización de eventos académicos o profesionales como WOCMES es un claro ejemplo de ello.

Siendo el Reino de Marruecos uno de los promotores de la fundación, ¿por qué no se realizan más actividades allí?

Con Marruecos organizamos conjuntamente el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, que dirige Mane Cisneros. Colaboramos con ellos todos los años porque el cine es muy importante para nosotros. De hecho, uno de nuestros programas estrella es «Martes de Cine», en el marco del cual ponemos del orden de cincuenta películas al año relacionadas con el Mediterráneo. También organizamos ciclos diversos como el dedicado al cine judío, al cine marroquí o a la diversidad. Nuestro público es muy fiel, como lo es del club de lectura, para el que tenemos una larga lista de espera. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que nosotros no somos una institución para la cooperación. No buscamos «dar servicios» allí, en ese sentido. Políticamente hablando es mucho más interesante cambiar la mentalidad de Europa hacia el norte de África que cambiar la de ellos hacia nosotros, porque, a nivel financiero, la palanca de cambio está aquí. La que hay que cambiar es nuestra mentalidad, porque es en Europa donde hay riesgos graves de xenofobia y donde surgen los nacionalismos.

La desigualdad, como te decía antes, es el elemento central entre África y Europa, pero esa desigualdad difícilmente se va a corregir con las fuerzas endógenas de África. Se corregirá  algún día, estoy convencido, porque ahora mismo es el continente del mundo que más está creciendo económicamente. Con desigualdades, no digo que no, pero está creciendo, y lo está haciendo además gracias a la inversión china no a la europea. Europa está muy ausente en África. Europa lleva muchos años encerrada en sí misma porque no ha sabido gestionar la crisis, no se ha adaptado al contexto de la globalización. En Europa se sigue pensando que todo gira en torno Europa, porque así  ha sido en los últimos quinientos años. En Europa pensamos que en el mundo va todo mal, pero no es verdad. En el mundo hay hoy muchísima menos hambre que la que había hace treinta años. Hace treinta años la escolarización mundial estaba en el cincuenta por ciento y ahora está en el noventa. Antes, enfermedades como la malaria estaban extendidas por un montón de países, y ahora no. En América Latina hace muy pocos años no existía la democracia y ahora, con todos sus defectos, sí la hay. Lo único que va a peor en el mundo es Europa. Y va a peor porque ha perdido el papel central que tuvo en su momento. Europa tiene que adaptarse y tiene que empezar a intervenir globalmente de otra forma, porque hasta ahora su intervención en África ha sido un desastre. Todas las miserias de África tienen su origen en el imperialismo europeo.

Europa tiene ahora un problema interno muy grande que le incapacita en gran parte para su proyección externa: el nacionalismo. Si tú en Hungría empiezas a decir «Hungría lo primero», si tú en Italia empiezas a decir «Italia lo primero», si tú en Polonia… La política del «America First» de Trump está completamente arraigada en Europa. La extrema derecha europea está hoy disfrazada de nacionalismo. Europa tiene que fortalecerse internamente precisamente para poder pintar algo en el mundo. Europa sigue siendo la principal potencia política, democrática, económica, cultural y tecnológica del mundo. No es China ni Estados Unidos. Es Europa. Unida, claro.

A Marruecos en veinte años no lo va a conocer nadie. Las inversiones industriales que está habiendo en el entorno de Tánger en sectores como el del automóvil, la aeronáutica o la metalurgia alcanzan las decenas de millones de euros. Si tú industrializas una sociedad, ésta cambia por completo. La gente sale del campo, obtiene formación profesional, entra en contacto con el mundo. Esto está pasando en Tánger y también en Casablanca. Ahí al lado. Pero no lo vemos. No lo vemos porque no queremos mirar. Tenemos ahí el puerto de Tánger, que es enormemente importante en el mundo, como lo es el de Algeciras, y no se terminan de encontrar sinergias. Sigue habiendo tensiones entre ambos puertos de forma absurda, cuando son puertos claramente complementarios, porque uno es la puerta de África y el otro de Europa. Si hubiera un programa de inversiones, democráticamente acordado y respetuoso, África daría un salto hacia adelante extraordinario, y el problema de la inmigración desaparecería, no como fenómeno, porque inmigrantes va a haber siempre, pero sí como problema.

En cuestiones migratorias, quién dirías que tiene más responsabilidades, ¿el país de origen o el país de destino?

Tenemos que darnos cuenta de que mientras exista ese nivel de desigualdad no hay nada que hacer por parte de ninguno de los países. La mayoría de los inmigrantes que vienen de Marruecos no son marroquíes sino subsaharianos. ¿Es ése un problema solo de Marruecos? La mayoría de los inmigrantes que vienen a España no lo hacen porque quieran quedarse aquí sino porque quieren entrar en Europa. ¿Es entonces un problema solo de España? África no tiene instrumentos políticos para gestionar esta situación, así que por mucho que haga no podrá nunca impedir que la gente salga de su país. Esto lo comprende cualquiera. Por otro lado, el camino del «sálvese quien pueda» que ha seguido Italia no lleva a ningún lado. Hay entonces que seguir buscando soluciones, que en mi opinión pasan por desarrollar allí un programa coherente de inversión.

Háblanos de vuestra sede, tan emblemática.

Nuestra sede es el antiguo pabellón de Marruecos de la Expo’92 y es otro capital enorme que tenemos. Fue un pabellón que desde el principio se pensó a lo grande. Fue diseñado por Michel Pinseau, arquitecto técnico de la mezquita de Casablanca, por ejemplo. De hecho, cualquiera que vea esa mezquita encontrará numerosas reminiscencias en cuanto a la estructura del edificio y su cúpula móvil. Nuestra sede refleja para nosotros muy bien lo que la fundación quiere ser, pues por un lado recoge muchas de las tradiciones artesanales del mundo árabe en general y de Marruecos en particular, como puede verse en las molduras, en los artesonados y tal, pero al mismo tiempo es un sitio muy moderno y funcional. Representa así la posibilidad de enlazar la tradición con el futuro y, aunque pueda parecer menor, nos recuerda también el legado de la Expo’92, que fue muy importante para la ciudad, y es además un claro ejemplo de en lo que se ha convertido hoy La Cartuja: todo un parque tecnológico donde trabajan miles de personas y donde hay cientos de empresas. La avenida de los Descubrimientos, que tenemos enfrente, se está convirtiendo en una de las principales avenidas culturales de la ciudad, empezando por el Teatro Central y el Auditorio, siguiendo con el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el Centro de la Navegación y terminando en el Caixa Forum. Y nosotros ahí en medio, claro.

Actualmente el pabellón lleva el nombre de Hasán II, figura cuando menos controvertida. ¿No se ha planteado nunca un cambio de denominación?

El nombre del pabellón se lo pusieron los marroquíes y a nosotros no se nos pasa por la cabeza cambiarlo, más que nada porque fue Hasán II quien ordenó su construcción. Además, esto de cambiar los nombres… Fíjate en el estadio del Betis, el Benito Villamarín. Se le cambió el nombre por el de Manuel Ruiz de Lopera. ¿Y? ¿Cómo se llama ahora? Pues eso [risas].

Por estar en dicha sede, ¿no crees que a la fundación se la identificó al principio como una institución asociada exclusivamente al mundo árabe?

Sí, por eso siempre es bueno que las realidades se conozcan tal cual son, no tal cual se las imagina uno. A la fundación puede que se le pusiera al principio un determinado sello reduccionista, no te digo que no, aunque, curiosamente, también al principio, había muchos marroquíes que no venían por aquí y ahora sí. Lo importante es ser capaz de dar a conocer la variedad de tu propuesta y que se vea que estas propuestas son interesantes para todo el mundo.  

Date cuenta de que nosotros hacemos aquí ahora del orden de trescientos actos al año, entre las que se incluyen actividades establecidas en nuestro calendario como la conmemoración del Día en Memoria de las Víctimas del Holocausto. A veces tenemos hasta tres o cuatro actividades simultáneas. Algunos actos son nuestros, otros los hacemos en colaboración con otras entidades y otros pueden estar organizados por terceros que hayan querido alquilar nuestras instalaciones. Nuestro principal reto ahora, en cuanto a comunicación, es conseguir que La Cartuja esté más metida en la dinámica cultural de la ciudad. Estamos trabajando con todas las instituciones culturales de La Cartuja con vistas a esto, porque cruzar el río sigue siendo una barrera psicológica para muchos sevillanos, y lo cierto es que nosotros estamos andando a quince minutos del centro de la ciudad.

Con todo, me gustaría dejar claro que la fundación en Sevilla lo que tiene es su sede. Nosotros somos una fundación andaluza con vocación mediterránea y universal, y esto se ve claro en nuestras actividades recientes. Hemos organizado eventos en todas las provincias andaluzas, y por supuesto, más allá.

En Granada habéis organizado con éxito el Tres Festival, un evento literario que ha dado mucho que hablar.

El Tres Festival surge del propio trabajo realizado aquí en la fundación, donde tantas presentaciones se hacen y donde, a través de nuestro club de lectura, tanto contacto se tiene con las editoriales. Nuestro club de lectura tiene mucha calidad, porque solemos traer a los autores o a los editores o a los traductores de las obras que se leen. Relacionado con el club de lectura tenemos también otra actividad muy interesante que desarrollamos en el Centro de Inserción Social. Habitualmente traemos a los presos aquí a la sede, acompañados por los funcionarios de prisión. Muchos de estos presos no han abierto un libro en su vida. La experiencia de trabajar con ellos es fascinante. Algunos, al terminar su condena, han seguido viniendo a la fundación a leer, porque aquí también contamos con una biblioteca fabulosa, abierta a todo el mundo. Cuenta con unos ocho mil títulos. Diría que es la primera biblioteca de España especializada en el Mediterráneo. Nuestro programa de dinamización del libro es muy importante, por eso nos gusta participar en los festivales literarios más importantes, como el Hay Festival de Segovia, también en ferias del libro como la de Sevilla y Granada, o el Salón del Libro de Casablanca. Fue de hecho Olga Cuadrado, la directora de la biblioteca, quien me insistió en la necesidad de organizar un encuentro literario como el Tres Festival y le di vía libre total.

El que se hiciera en Granada tenía además todo el sentido, no solo por su condición de ciudad cultural de referencia sino porque acababa de ser declarada «Ciudad de la Literatura» por la UNESCO. La primera edición del festival se hizo en abril de 2016 y funcionó muy bien, la verdad. La segunda, en 2018, porque el festival se celebra cada dos años, ha sido ya un gran éxito, así que queremos seguir en la misma línea, apostando por escritores de primera fila y desarrollando después un programa paralelo de actividades: cine, exposiciones, conciertos… El Tres Festival es uno de los eventos más importante que hacemos, por eso me gustaría que hubiera una mayor involucración por parte de las autoridades locales. Al fin y al cabo es Granada la gran beneficiada en esta apuesta tan grande que hacemos por la literatura.

¿Hay algún escritor cuya obra sea capaz de representar por sí misma la riqueza de las tres culturas?

En su momento lo fue Juan Goytisolo, un personaje extraordinario, un gran escritor castellano que escribió mucho sobre Andalucía como paisaje vital y vivió mucho en Marrakech. Su figura resumía un poco el espíritu de la fundación. Lo conocí muy incidentalmente antes de entrar yo a trabajar aquí, pero me consta que desde su constitución tuvo siempre mucho trato con la institución y estuvo varias veces por aquí. Tenemos, eso sí, que buscar a alguien que tome su relevo.

Para finalizar, recomiéndanos tres libros de vuestra estupenda biblioteca, uno por cada cultura.

De literatura judía, acabo de releer Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz, que es una especie de biografía novelada suya francamente extraordinaria. De literatura árabe, me gustó mucho Los caballos de Dios, de Mahi Binebine, una novela que en estos momentos es desgraciadamente muy actual. Y de literatura española, recomendaría cualquier poemario de Luis García Montero, un poeta magnífico.

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2 comentarios

  1. El titular es lo que engancha al resto de la noticia, porque es una verdad que, por simple, a veces se nos pasa por delante y no la percibimos en su triste esplendor: Ese falso nacionalismo, que utiliza conceptos simples pero eficaces para grandes bolsas de votantes desencantados, es donde se oculta el nacionalismo más furibundo, básico y, por lo tanto, peligroso.

    https://casaquerida.com/2019/04/16/piromanos-con-hidroaviones/

    • Eduardo

      Hablamos entonces de los independentistas catalanes, vascos, gallegos, balearicos procatalanes, y de los andaluces defensores de un Al Andalus escindido de España, algún canario y alguien más que me deje en el olvido como extrema derecha?
      O solo nos referimos a VOX cuando se menciona el término extrema derecha en este país?

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