
Cada momento histórico, o si lo prefieren cada conjunto social coherente, es totalmente ciego a sus propios mitos. Solo descubrimos que los mitos son mitos cuando ya están en el pasado, cuando han muerto. Eso quiere decir que todos los mitos son formas de pasado. En consecuencia, los mitos son indestructibles.
No tenemos ni idea de cuáles son nuestros mitos actuales. Pueden ser entes y sistemas míticos como los que se ocultan bajo palabras como Democracia, Información, Arte o Solidaridad. Pero también pueden ser otros más especializados como Cirujano Plástico, un dios menor al que se acude en romería, como a la Virgen del Rocío. Así sucedió con los mitos de nuestros abuelos: Progreso, Nación, Cultura, Igualdad y cosas semejantes.
El mito reconocido es siempre un mito del pasado, de tal manera que nunca podremos destruirlo. Los mitos a los que se ataca en el presente suelen ser deidades de oposición, como la que enfrenta a las dos diosas de la democracia, Izquierda y Derecha, tan míticas que se alimentan la una de la otra y no podrían sobrevivir si les amputaran a su hermana. La izquierda se afana por ayudar en todo aquello que la derecha se ve incapaz de realizar y viceversa: la derecha llena los huecos dejados por la izquierda en su resentimiento impotente. Serán especulares e indestructibles mientras se den en el presente. Bien es verdad que llegará un día en que la gente se pregunte qué ocultaban las palabras «izquierda» y «derecha» en aquel mundo infame en el que lo dominaban todo y cómo pudo ser que tanta gente lo creyera, ayudando de ese modo a la infamia.
La indestructibilidad del mito se debe a que tan solo puede ser tachado de mito cuando ya no existe. Y si puede ser definido en el presente, si se admite su desmitificación, entonces es porque sin duda forma parte ya del pasado aunque el atacante no lo sepa, como me sucede a mí en este momento con la Derecha y la Izquierda. No es infrecuente que el atacante y desmitificador sea, justamente, el último que aún cree en el mito que ataca.
Me gustaría poner un ejemplo que he conocido en mi propia experiencia mítica y que es un buen modelo de este mecanismo que acabo de describir. Lo traigo a colación para que cada cual se lo aplique a sí mismo.
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Hablas como si la sociedad fuera un bloque homogéneo. En todos los momentos históricos, en todas las culturas, al menos desde la invención de la escritura, hay personas que creen en los mitos y otras que saben que son falsos o puramente simbólicos; y algunas incluso se atreven a cuestionarlos.
Por una vez, el tema me sobrepasa y no puedo opinar nada. De toros moros, gracias por el artículo.
Creo que el apoyo de muchos intelectuales al comunismo se debe a que durante unas cuantas décadas pareció funcionar, parecía una alternativa real al capitalismo. En cuanto a las matanzas, el siglo XX se ha caracterizado por la guerra entre el capitalismo y el comunismo. Cuando nace un sistema político es atacado por todas partes y si no se defiende sucumbe rápidamente; esto sucedió con la Revolución Francesa y también con la Soviética. Que Hitler, Franco, Pinochet, etc. defendieran el capitalismo no es motivo para rechazar el capitalismo. Del mismo modo, Stalin o Mao no son motivos para rechazar el comunismo. Estas matanzas formaban parte de la guerra o eran consecuencia directa de ella. Por eso no tiene sentido considerar un sistema «más criminal» que el otro. El capitalismo dejó de practicar el asesinato en masa cuando la guerra acabó, más que por una victoria capitalista, por el hundimiento del sistema comunista.
Que Hitler defendió el capitalismo? No se enterado usted de la peli eh…
De mitos de los cuales no me puedo liberar hay cuatro: la República, de Platón con sus minuciosas indagaciones físicas y metafísicas de cómo debería ser una ciudad y quién mandase y quién prohibido que perviven aún hoy; la Biblia, con sus minuciosas aseveraciones de quién mandase y quién prohibido; El Capital, de Marx, con sus minuciosas indagaciones de quién mandase y quién prohibido y el último, muy de moda: el mito de Narciso, que extrañamente mete a todos de acuerdo.
De mitos vivo, pero elijo aquellos
no discriminantes por ejemplo
el mito de Cupido o el de la dieta
mediterránea, o el de los libros,
o el de los dos Amstrong
uno negro y el otro blanco,
el de Ghandi, el de Mandela,
el del lama de túnica roja
y el de los chicos de Liverpool,
Mozart, la Callas, Sex Pistols
y por supuesto el de mi abuela.
Gracias por la lectura.
Corrección debida:
De mitos vivo, pero elijo aquellos
no discriminantes, por ejemplo
el mito de Cupido, o el de la dieta
mediterránea, que junto al de Sísifo
me mantienen en buena salud,
o el de los libros, o el de la escuela,
o el de los dos Amstrong
uno negro y el otro blanco,
o el del reverendo que tuvo un sueño
y como sueño me alejan del ataúd,
o el de Ghandi, o el de Mandela,
o el del lama de túnica simple y roja,
y el aquel de Federico Garcia Lorca,
y el de los chicos de Liverpool,
Mozart, la Callas, Sex Pistols
y por supuesto el de mi abuela.
Gracias por la lectura.