Sociedad

Cooperación y castigo

Fotografía Ian DG. (CC) cooperación y castigo
Fotografía Ian DG. (CC) cooperación y castigo

En Washington, como en Madrid, Londres y muchas otras ciudades, en el metro rige un código de leyes no escritas compartido por la mayor parte de los viajeros. Las escaleras mecánicas no son una excepción. En la estación de Dupont, a un cuarto de hora de la Casa Blanca, hay una bastante larga que en hora punta mueve a centenares de personas. Como en el resto de estaciones, el viajero tiene que optar entre colocarse a la derecha (si tiene poca prisa o está cansado) o a la izquierda (si quiere subir andando y salir más rápido). Quizá todo esto parezca algo banal, pero realmente es muy curioso: cada día los miles de humanos que pasan por la estación cumplen una norma social sin que haya una autoridad central que lo estipule y lo haga cumplir. El dejar paso a los que tienen prisa es algo que no aparece en ningún reglamento ni ley —de hecho, no se sabe su origen exacto—. Y, sin embargo, perdura.

¿Pero por qué se mantiene? En Londres le podríamos echar la culpa a los letreros que educadamente le indican a uno «Please stand on the right». Esto ayuda a que todo el mundo esté al tanto de la norma y facilita su cumplimiento. Y, quién sabe, el que sea un cartel oficial le hace pensar a uno que violar la norma puede suponer algún tipo de infracción —personalmente lo desconozco—. Pero el caso es que en Washington no existen estos letreros ni ningún otro tipo de señal que indique que no cumplir el código suponga un coste.

Una de las claves es lo que ocurre si violamos la norma. Si en hora punta decidimos ponernos a la izquierda y bloquear el paso en unas escaleras, pasarán dos tipos de cosas. Primero, es probable que alguien que esté subiendo las escaleras andando nos haga ver de forma más o menos sutil que nos tenemos que apartar. A esto le llamamos castigo de segunda persona porque se trata de un castigo proveniente de alguien directamente involucrado en la violación de normas. Si no nos movemos, la señora no puede pasar. Ergo, la señora nos dice que nos apartemos.

Pero lo más curioso es el segundo tipo de reacciones: el que proviene de los que no están directamente involucrados. Me refiero al hecho de que, si bloqueamos el paso, a los pocos segundos surgirán gestos de desaprobación y miradas (algunas más conciliatorias o comprensivas que otras) del resto de la gente, les afecte o no nuestra conducta. Todas estas personas están llevando a cabo una acción importantísima para la supervivencia de cualquier norma social (¡y de la civilización!): el castigo altruista, que supone el pagar un coste personal para hacer cumplir una norma prosocial.

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Un comentario

  1. Gran artículo y gran mensaje. De nada sirven las leyes si no nos aseguramos de que se cumplan. Gracias

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