
Vacía tu mente
libérate de las formas
como el agua.
Pon agua en una botella y será la botella,
ponla en una tetera y será la tetera.
El agua puede fluir…
o puede golpear.
Sé agua, amigo.
Bruce Lee
«Abra, señora Lee. Es la policía». Las palabras sonaban en un tono calmado, pero lo suficientemente firme como para vencer a la tarde lluviosa de Kowloon. «Otra vez», añadió el oficial en voz más baja y decididamente más aburrida.
Aunque Grace Ho ya imaginaba lo que se iba a encontrar, apenas pudo contener las lágrimas cuando abrió la elegante puerta del 218 de Nathan Road. Entre los dos agentes había un guiñapo de catorce años, cabizbajo, con el pelo mojado y la camisa rota. Por la frente caía un pequeño reguero de sangre mezclada con agua y sudor que esquivaba en meandros los ojos, la nariz y la media docena de moratones que le salpicaban la cara. Bajo el lino azul se adivinaban más golpes, más heridas. El chico había perdido una sandalia y apoyaba el empeine del pie izquierdo en la rodilla derecha para no tocar el suelo y también para disimular una leve cojera momentánea. «¡Fan-fan!», exclamó la señora Lee, camuflando el dolor con enfado. «Mamá», contestó el pequeño sin atreverse a levantar la mirada. Grace dio las gracias —otra vez— a los policías, cogió a su hijo de la oreja como se agarraría un trozo de pescado cocido a punto de desmigarse y le metió dentro de la casa.
Mientras le desnudaba y le limpiaba los cortes y los arañazos, no dejaba de pensar en lo que el oficial le había dicho al oído un par de minutos antes: «Tenga cuidado con su hijo. Si no deja de meterse en peleas callejeras, un día le van a matar».
«Tienes que acabar con esto, Sai-fon», le susurró al quitarle una pequeña costra de la barbilla. Se llamaba Jun-fan, pero ella solo empleaba su verdadero nombre cuando le presentaba a las amistades o a los profesores: el nombre tenía un significado fonético y no quería usarlo sin un verdadero motivo. Por eso, siempre se dirigía a él como Fan-fan o Sai-fon, «la pequeña ave Fénix». A él no le gustaban los diminutivos porque eran para niños y él ya era un hombre, pero sobre todo detestaba Sai-fon. Así solo llamaban a los bebés y a las niñas. «¡Tú no lo entiendes!», se revolvió en la butaca para poder mirar a su madre, «¡Yo soy el más fuerte de todos!». «Lo que eres es el más bruto», contestó ella con los ojos cerrados. Después los abrió, se acercó a la cómoda de la cocina, y sacó un folleto de un cajón: «Tienes que aprender a canalizar toda esa energía que tienes, así que te he apuntado a una academia para que te enseñen cómo moverte». Pese a lo entumecido que estaba, al joven Jun-fan se le iluminó el rostro. Por fin iba a dejar las aburridas lecciones de tai chi chuan que le obligaba a tomar su padre. Por fin sabría golpear de verdad. Por fin aprendería kung-fu.
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No se le puede negar a Bruce Lee una enorme simpatía y carisma personales, además de ser (supongo) el mejor o casi, en lo suyo que era lo de dar patadas y leches a diestro y siniestro. Lo que pasa es que otra historia son los films en los que intervino y produjo creo, no sé si dirigió alguno pero a lo que iba, que eran algo parecido a un mal de vientre en la madrugada. En 1974, llevé a mi hermano pequeño de 7 años a ver una de esas que rodó al principio, con todos sus familiares chinos amenazados por mafiosas triadas orientales, ansiosas por arrebatarles su negocio por cuatro cuartos. Entonces, se desarrollaban unas bacanales de hostias, grititos aulladores por parte de Bruce, junto a miradas picaronas y chulescas de aquí estoy yo, al tiempo que con la pierna, girando, tumbaba a un montón de amarillos. Mi hermanito salió del cine exaltado, pero yo, que ya tenía 24, lo hice con la mosca tras la oreja y eso que nada que ver con lo que sentí muchos años años después al intentar ver por curiosidad algunas de las películas de este fenómeno a nivel mundial. Sencillamente malísimas, incluyendo supuestas mejoras como El Furor del Dragón y Operación Dragón, films solo aptos para adolescentes de 12-13 años y que además, no fueran muy listos. La «labor actoral» de Bruce Lee era como la de la Mula Francis, poco más o menos aunque hay que reconocer que era el mejor de todos los demás «actores». Pero eso sí, parecía un tipo muy simpático y a mí me sigue cayendo bien a pesar de que aquí parezca que lo he puesto a caer de un burro.
Que si quieres bolsa
No, aun me la sujeto con la mano y meo en el váter, «Kung Fu»…
jajajajaja!!! Eres un viejito simpatico Maestro
De acuerdo contigo, sus pelis eran infumables en los 70 y lo siguen siendo ahora.
Como showman y luchador marcial era un puto crack,pero en lo demás andaba bastante escaso.Yo creo que se lo tenía demasiado creído y no percibió que tenía talento para unas cosas y no tantas,o ninguna,para otras.Su temprana muerte evitó que madurara con la edad y que pudiera ofrecernos otro tipo de Bruce Lee más humilde y selectivo.
El texto parece una mala película de hollywood. El típico viejo con pinta de Yoda te dice la típica frase que no sabes qué c*** significa, y (típicamente) de repente el prota es un fiera en lo que toque.
Si algo hay que agradecerle a Bruce Lee, es que nos ahorro una buena ristra de peliculas de carton-piedra infumables, yendose a temprana edad. Jackie Chan.. toma ejemplo del caballero.
Es una cuestión compleja, su calidad como luchador profesionnal es inverificable. Cierto es que gente que si que compitió de manera oficial como el mismo Norris lo reconocen como el mejor, pero no competía. También es cierto que las competiciones de hace 40-50 años no tienen nada que ver con lo de ahora, mucho más físicas y donde un tipo rápido o fuerte puede patarle el culo a uno técnico.
Como actor, Bruce hizo la mayoria de sus pelis en hong kong y efectivamente eran subproductos. Solo da el salto porque el tiron comercial esta garantizado, y haciendo pelis B donde lo que se buscaba eran las artes marciales, aún eso, hoy vistas tampoco parecen gran cosa. Bueno, era acción de genero, no eran La gran evasión. ¿podia haber evolucionado a otra cosa? dificilmente.
Lo interesante de Bruce, aparte de una filosofia de artes marciales algo difusa, era que supo combinar el kung fu tradicional con el baile y otras disciplinas que no se han nombrado aqui, como la esgrima o el boxeo, liberandolo del corsé de las tradiciones y popularizandolo. Tambien hay que decir que fue pionero a la hora de darle importancia a la forma fisica dentro de las artes marciales (carrera, pesas…) Es una pena que el JKD carezca que un cuerpo más organizado tipo lo que el general Choi hizo con el taekwondo y que quienes enseñen el jkd sean unos flipados que enseñan un batiburrillo inspirado en Bruce. Creo que desarrollando una disciplina de artes marciales hubiese tenido un mejor futuro que como actor.
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