¿Cuál es la mejor serie de dibujos contemporánea?

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No es malo reconocer que la mayoría de dibujos animados que habitan en el recuerdo de los treintañeros eran bastante más mugrosos de lo que la nostalgia quiere admitir. Las series de Hanna-Barbera emitidas durante los ochenta eran en realidad productos fabricados de manera barata durante los sesenta. Las chustas nacionales producidas por D’Ocon (Los Fruitis, Delfy y sus amigos o Basket Fever) fueron enemas catódicos insufribles. Y los mejores dibujos animados de la época repetían esquemas y guiones sin atreverse a innovar porque no habían sido elaborados por gente que hubiese crecido viendo dibujos animados, sino por currantes desapasionados.

Hasta que los estudios se desperezaron, la cosa se puso seria y durante los noventa y los primeros dosmiles se gestaron cosas tan fabulosas como El laboratorio de Dexter, Vaca y Pollo, Agallas el perro cobarde, Ren y Stimpy, Animaniacs, Las Supernenas, Samurai Jack, Las macabras aventuras de Bill y Mandy, Invasor Zim, Avatar o Flapjack. Los dibujos para los más pequeños dejaron de tratar a los niños con condescendencia y atraparon a los adultos en el proceso. Y después de que Los Simpson les allanasen el camino, otros cuantos optaron por centrarse en el público más maduro. O en vestirse con groserías para echarse unas risas, como ocurría con South Park y Padre de familia. En la actualidad existen series animadas que son auténticas joyas, creaciones maravillosas capaces de colocarse entre lo mejor que ofrece la televisión moderna sin que nadie pueda rechistarles nada.

Nuestra encuesta de hoy va sobre trazos animados modernos: ¿cuál es la mejor serie de dibujos contemporánea? Teniendo en cuenta que la producción y gestación de dichos productos lleva su tiempo, estableceremos un margen de selección: se admiten como candidatas todas aquellas series que hayan sido elaboradas, o que hayan continuado emitiéndose, más allá del 2010. Y, como ocurre siempre, cualquier sugerencia es bienvenida en la sección de comentarios disponible al final del texto.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Gravity Falls

Dos hermanos mellizos (Dipper y Mabel) son enviados por sus padres a pasar el verano con su tío-abuelo Stan en La cabaña del misterio que el hombre regenta, una tienducha para turistas repleta de artículos supuestamente sobrenaturales. El giro molón del asunto es que la localidad de Gravity fFalls realmente está repleta de todo tipo de movidas rarísimas: monstruos cambiaformas, agentes del FBI, liliputieneses, clones, zombis, goblins, boybands, muñecos de cera malditos, personajes de videojuego cuquis y celosos, demonios del sueño, minotauros machistas, criminales intedimensionales, robots, unicornios aficionados a las raves, elfos guapetones, abogados, grifos mitológicos, guerreros pixelados en 16 bits, sirenos mexicanos o gnomos que vomitan arcoiris. Dos temporadas, cuarenta episodios y una sorprendente demostración de coherencia y sinceridad por parte de su creador, Alex Hirsch: el hombre anunció que no produciría más episodios porque sabía que no estarían al mismo nivel de calidad demostrado hasta el momento. Y consideraba que era mejor bajar el telón cuando el show aún andaba en buena forma, en lugar de cuando comenzase a desgastarse.


BoJack Horseman

O la del caballo triste. Sorprende que una serie empapada en cinismo y centrada en algo tan marciano como las miserias del ecosistema de Hollywood haya logrado aguantar seis temporadas antes de recibir el hachazo. Pero BoJack Horseman no solo lo ha hecho, sino que por el camino se ha convertido en objeto de culto y ha sido bendecida por la crítica. Un Los Ángeles cohabitado por seres humanos y animales antropomórficos y unas tramas que se atreven a lidiar con temas tan espinosos como la depresión, los abusos sexuales y el Me too, el racismo, la política de control de armas estadounidense, los traumas, la asexualidad, los comportamientos autodestructivos o las adicciones. No es un plato para todos los paladares, pero ese nunca ha sido en plan inicial y gracias a ello ha cultivado devotos más fieles. El escollo: su primera temporada es la más floja, y a partir de ahí va a más, al revés que casi todas las series, porque a BoJack le gusta ir a contracorriente.


Teen Titans Go!

Una serie de dibujos de aspecto infantiloide, protagonizada por superhéroes DC adolescentes y de segunda fila (Robin, Starfire, Chico Bestia, Raven y Cyborg), era algo que sonaba a relleno para tardes. Pero Teen Titans Go! resultó divertidísima, nada tonta y sabiéndose tan ajena al canon de los cómics como para hacer lo que les salía de las narices. Y lo que le salía habitualmente de las narices era cascarse malabares descojonantes con la cultura popular. La serie nació a partir de los cortos The New Teen Titans, piezas que ya evidenciaban la predilección de sus autores por jugar con lo meta: en uno de ellos (disponible aquí mismo) la trama saltaba en el tiempo, gracias a una cabina de teléfonos a lo Dr Who, burlándose de la moda de las cuatro décadas previas.

Por eso mismo, cuando Teen Titans Go! llegó en forma de serie no sorprendió a nadie que lo hiciese firmada por adultos que añoraban la infancia y se reían pateando sus nostalgias. Uno de sus episodios envió a los Teen Titans hasta los ochenta para comprobar si aquello molaba tanto como se dice, otro capítulo los convirtió en personajes del videojuego The Oregon Trail de 1985 y otra entrega transformó el estilo del show en una parodia de las producciones Filmation (responsables de Aquaman y Batman en los sesenta o de He-Man en los ochenta) imitando los errores de una animación caduca y luciendo una moraleja bien clara: a lo mejor lo viejo no mola tanto y resulta que es un poco la mierda. Pero aparte de guiños para talluditos lo cierto es que Teen Titans Go! tenía muchísimo más que ofrecer: el rap del Leprechaun, las trepidantes aventuras de Batman y el comisario Gordon viendo la tele, el episodio en el que Robin se quita el antifaz y se descubre que es überbello o lo videoclipero de la canción de Cyborg entre muchas otras genialidades.


El asombroso mundo de Gumball

Por aquí ya nos rendimos a Gumball y sus peripecias hace bastante tiempo, pero seguimos opinando que en lo que respecta a producciones animadas actuales el gato azul, su hermano Darwin y el asombroso mundo que los rodea se merecen un puesto en lo más alto de la lista. Porque desde su estreno hasta el día de hoy no solo se ha mantenido siempre a la altura sino que también ha sido capaz de elevar aún más el listón. Su producción, que mezcla y simula diferentes técnicas de animación, es asombrosa pero sus guiones, ocurrencias y gags son directamente gloriosos.


Robot Chicken

No es estrictamente de dibujos (sino de stop-motion) y tampoco se puede considerar realmente una serie (sino una colección de sketches), pero lo cierto es que Robot Chicken juega en la misma liga que el resto de nominados. A Seth Green, el hijo del Doctor Maligno en Austin Powers, y a su colega Matthew Senreich se les ocurrió filmar gags utilizando un puñado de juguetes y la tontería se convirtió en programa. Una picadora de cultura popular basada en parodiar todo lo que tenga a tiro: películas, programas de televisión, videojuegos, nostalgias ochenteras, anuncios, juguetes y cualquier cosa con espíritu icónico que pueda ser defenestrada, de He-Man a Marvel pasando por todo el legado de Star Wars. Una colección de chistes descojonantes que tan pronto caminaban por el metahumor inteligente como se atrevían con las coñas más gruesas. Un par de tarados haciendo el cafre con sus juguetes. Es decir, algo estupendo. 


Somos osos

Daniel Chong llevaba unos años dibujando para empresas como Ilumination (los papás de los minions) y Pixar cuando decidió agarrar un webcómic que tenía por ahí y llevarlo hasta los estudios de Cartoon Network para convertirlo en serie animada. Bebiendo de cosas tan dispares como Seinfeld, Snoopy, Winnie the Pooh o el rollito de Wes Anderson, Chong parió un programa divertidísimo protagonizada por Pardo, Panda y Polar, tres osos que viven en una cueva en San Francisco y se desplazan por la vida apilados a modo de torre. Tan descacharrante como sutil y profundamente consciente de su tiempo: los protagonistas viven enganchados al móvil, los selfies y las redes sociales sin que eso suponga un drama. Y a Polar es imposible no quererlo a pesar de que habla de sí mismo en tercera persona. Un último apunte: en el duodécimo episodio de la primera temporada un secundario de Somos osos está viendo en la tele un capítulo de Hora de aventuras.


Hora de aventuras

La lista de razones por las que Hora de aventuras es una de las mejores series de dibujos contemporáneas resulta interminable: su devoción por la imaginación como motor  de la diversión, su fabuloso diseño artístico, el bacon frito, su manera de derruir los tópicos sobre princesas frágiles, su música, sus mazmorras, el personaje de Marceline, el mimo puesto en el desarrollo de los personajes, el pelazo de Finn, sus miniseries, BMO, las tonterías  como fuente de diversión, el increíble episodio firmado por David O’Reilly, su efervescente creatividad o la alegría con la que celebra algo tan maravilloso como el hecho de bailar. En Jot Down también hicimos nuestra propia lista, pero sabemos que el mayor acierto de Hora de aventuras es el modo excepcional que tiene de elogiar con sutileza a la amistad y la sinceridad. En uno de sus episodios («Clavadito a ti») se insinúa una estructura típica que aparece de tanto en tanto en las series: Jake es testigo de algo extremadamente inverosímil, algo que es incapaz de demostrar, y decide contárselo a Finn. En cualquier otra serie aquello hubiera supuesto incredulidad por parte de su amigo y la desconfianza total hasta que la trama le diese la razón a Jake. En Hora de aventuras, Finn cree a su colega de manera inmediata y sin dudarlo aunque aquello parezca imposible, porque son amigos. Y eso es importantísimo.


Rick y Morty

Rick y Morty es lo que ocurriría si las convenciones de la ciencia ficción quedasen para ir de farra juntas a una orgía y se pusiesen hasta el culo de drogas, alcohol y cualquier otro vicio imaginable. O la historia de un científico todopoderoso y sociópata que arrastra su angustiado nieto a través de odiseas disparatadas y peligrosas. Desventuras que ocurren entre universos llenos de gatos de Schrödinger, dimensiones paralelas infinitas, perversiones de las ideas de Philip K. Dick o revisiones cabronas de conceptos nacidos en pelis como Origen, La purga o Pesadilla en Elm Street. Caótica, anárquica, desmedida hasta extremos poco habituales y sorprendentemente nihilista, Rick y Morty es una de las cosas más interesantes producidas dentro de la animación para adultos. Su única pega son algunos de sus fans, concretamente todos aquellos que se creen que son más listos por verla. 


Los Simpson

Los Simpson llevan años siendo criticados por no estar a la altura de sus primeras temporadas. Es totalmente cierto, pero también ocurre que Los Simpson no han perdido tanto la gracia como la mordacidad. Un episodio de la familia amarilla sigue estando repleto de gags simpáticos, aunque el programa haya sustituido la ironía por la tontería y el slapstick. Y como espectadores, ser conscientes de ello hace que la cosa funcione mejor. Es una auténtica pena que los episodios más recordados de la serie hayan cumplido ya más de veinte años, pero como decía Donald Glover: son El padrino de las series de dibujos.


Steven Universe

Rebecca Sugar escribía y dibujaba para Hora de aventuras cuando decidió abandonar a Finn y Jake para construir su propio programa animado: Steven Universe. Las historia de cómo un niño protegía el mundo gracias a la ayuda de las Gemas de Cristal, unas guerreras alienígenas bien majas. Pero lo que en otras manos hubiese sido un show del montón se destapó en Steven Universe como una fabulosa anomalía. Un producto para todos los públicos con personajes que iban más allá de las dos dimensiones y con una narrativa que trataba con normalidad temas como las parejas tóxicas, los sentimientos, los traumas, los roles de género o las relaciones LGTBI. Un producto que dinamitaba cualquier barrera preconcebida entre los dibujos animados que supuestamente eran «para niños» y los que eran «para niñas». Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es de extrañar que se trate de uno de los programas con los fans más devotos y entregados. La serie se remató con una película y unos capítulos a modo de epílogo titulados Steven Universe: Future.


Historias corrientes

Mordecai y Rigby, un arrendajo azul y un mapache, son dos colegas veinteañeros profesionalizados en el arte de procrastinar sus labores como encargados de mantenimiento de un parque. Y sus Historias corrientes contenían el chiste en su propio título: los capítulos comenzaban con una trama de lo más banal y cotidiana para acabar degenerando en aventuras caóticas y desmelenadas con criaturas sobrenaturales, viajes en el tiempo, recreativas de videojuegos malditas, demonios, magos y homenajes continuos a la cultura del entretenimiento ochentera. Remataba el asunto un reparto fabuloso en el que figuran una máquina de chicles antropomórfica, un yeti (con la voz de Mark Hamill), un hombre con cabeza de chupa-chups o una fantasma con una mano plantada en la cocorota.


Star contra las fuerzas del mal

Que Disney ampare una serie sobre una princesa adolescente a la que le gusta lo cuqui, el maquillaje con corazoncitos y los arco iris no resulta demasiado sorprendente. Pero que Disney dé cobijo a una serie sobre una princesa adolescente a la que le gusta lo cuqui, el maquillaje de corazoncitos, los arco iris y viajar entre diferentes dimensiones pateándole el culo a ejércitos de monstruos mientras reside en nuestro planeta como estudiante de intercambio, a lo mejor sí. Lo tiene todo: ecos de Sailor Moon, hechizos, estética molona, una varita mágica, institutos y una cabeza de unicornio flotante.


Archer

Una de las producciones animadas para adultos más aplaudidas por la audiencia. Las aventuras de un agente secreto disfuncional en un universo, dibujado en homenaje al estilo de Jack Kirby y Steve Ditko, de lo más cafre y tan experimental como para atreverse a mutar el show de una temporada a otra. Su creador, Adam Reed, ofreció la definición más certera posible de la serie: «Es como cruzar a James Bond con Arrested Development». 


South Park

South Park nació tan inteligente como para hacerse pasar por tonta escondiendo su genialidad entre los chistes más soeces imaginables. Aunque eso ocurrió hace ya más de una veintena de años y hoy en día la serie tiene poco de novedad y mucho de vieja veterana. Pero lo importante es que a lo largo de todo este tiempo sus creadores, Trey Parker y Matt Stone, han sido capaces de conservar la mala baba sin perder fuelle, algo inaudito en cualquier otra franquicia televisiva.


Una casa de locos

Un niño de once años, Lincoln Loud, viviendo en una misma casa junto a sus diez hermanas y sus padres. O la serie para niños de Nickelodeon que llegó a superar en audiencia a la supuestamente imbatible Bob Esponja. Sin malabarismos innecesarios, sin florituras complejas y sin hacerse la lista, porque a veces a los dibujos animados les basta con ser divertidos para mantener pegados a los infantes a la pantalla. También tiene entre sus protagonistas a una chica gótica, Lucy, un detalle que siempre suma.


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26 Comentarios

  1. Necesario reconocimiento a las series de dibujos animados actuales de la televisión. Para mí éstas series son de lo mejor que se emite actualmente, existiendo verdaderas joyas, con un talento por capítulo muy superior a lo que podemos encontrar en la mayoría de las series para adultos e infinitamente superior a las producciones cinematográficas infantiles actuales, las cuales me resultan insoportables. Cualquiera de las series de esa lista es preferible al 95% del resto de la parrilla televisiva. Uno se muestra escéptico y no se da cuenta de ello hasta que empieza a verlas con sus hijos.

  2. No quiero decir que es la mejor, pero al menos entre las opciones debería estar la magnifica ‘Big Mouth’.

  3. Hay muchas que no he visto, pero de las que conozco creo que Rick y Morty (aunque la última me dejó bastante frío), South Park y Bojack Horseman se llevan la palma a día de hoy. Después pondría a Archer. Y por supuesto la etapa clásica de Los Simpson es El padrino, pero hace mucho que dejé de verlo.

  4. Como han dicho por arriba, Big Mouth se merece estar en esta lista; genial vistazo a la pubertad y al despertar sexual (entre otras cosas) en la adolescencia. Y, por supuesto: FUTURAMA

  5. el increíble mundo de gumball + star vs las fuerzas del mal son mis favoritas.
    big mouth también debería estar en el artículo.

  6. A mi me falta una que creo que se le puede haber pasado desapercibida a Diego. La estupenda miniserie Over the garden wall. Empieza como el típico cuento de dos hermanos perdidos en un bosque buscando el camino a casa y por el camino va poco a poco mutando y mezclando géneros para coronarse en su penúltimo capítulo. Su banda sonora es de 10 incluyendo muy buenas canciones cantadas por los personajes. A verla, que solo son 10 capítulos. https://youtu.be/WJeeA_O88Zw

  7. Difícil llegar a una conclusion (Que ya se que no es el objetivo, pero en fin) sin diferenciar entre series para adultos y juveniles. Bojack Horseman para mi se lleva la palma, pero Historias Corrientes es una auténtica maravilla también. Desde luego, la gente que diga que «ya no se hacen dibujos como los de antes» están claramente cegados por la nostalgia. Vaya nivelazo todas las de la lista.

  8. Extraño «Venture Bros.» Y «Daria»(aunque no sé si esta última contaría debido a que se terminó hace muchísimo tiempo) pero era una maravilla.

  9. Como se suele decir, “ no están todas las que son, si son….”.

    Rick & morty, sobre todo season 1 y 2, me parece una genialidad.

    Gravity falls es conmovedora. Redonda.

    De las que no están futurama es mucha futurama.

    De anime, en mi top están cowboy bebop y samurai champloo. Recientes one punch me ha gustado mucho.

    En cualquier caso, los gustos son como los culos, todos tenemos uno.
    Una lista con mucha calidad :)

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