¿Qué quieren las mujeres?

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¡Ve con Dios!, de Edmund Blair Leighton (1900). (Detalle).

En 1925, mientras Freud psicoanalizaba a la princesa Marie Bonaparte, se produjo una súbita inversión de roles y fue el analista el que mostró un retazo de su lado oscuro —lo que él llamaba «el inconsciente»— al proclamar: «La gran pregunta sin respuesta a la que yo mismo no he podido contestar a pesar de mis treinta años de estudio del alma femenina, es la siguiente: ¿qué quieren las mujeres?».

Lo que Freud debería haberse preguntado, y con él millones de hombres, es: «¿Por qué no puedo hallar la respuesta a esa pregunta?», o incluso: «¿Por qué me hago esa pregunta?»; pero seguramente tales metapreguntas no tenían cabida, hace cien años, en la cabeza de un hombre inmerso en la lógica patriarcal, aunque la cabeza fuera tan grande como la de Freud.

Y sin embargo «la gran pregunta sin respuesta» ya había sido respondida muchas veces, y desde hacía mucho tiempo. Por ejemplo, en una leyenda artúrica que le oí contar, hace muchos años, al gran narrador oral británico Tim Bowley, recientemente fallecido. Una leyenda que contiene una gran verdad; una de esas verdades tan grandes que a duras penas caben en las historias reales y buscan acomodo en el más vasto territorio de la imaginación:

Cuando el rey Arturo era joven, se adentró sin darse cuenta en los dominios del Caballero Oscuro, que lo capturó y lo amenazó con matarlo si en el plazo de un año no encontraba la respuesta a una pregunta, y la pregunta era: ¿Qué es lo que realmente desean las mujeres? Arturo buscó la respuesta por todas partes y encontró muchas, es decir, ninguna: amor, belleza, seguridad, prestigio, fortuna, hijos… Al final, cuando estaba a punto de expirar el plazo, le dijeron que había una bruja que conocía la verdadera respuesta, y Arturo fue a consultarla. Y la bruja, que era horriblemente fea, le dijo que solo le revelaría la respuesta si Galván, el más noble caballero de la Mesa Redonda, se casaba con ella. Galván aceptó para salvar a su rey y amigo, y la bruja dijo que lo que las mujeres deseaban realmente era decidir sobre su propia vida.

El Caballero Oscuro quedó satisfecho con la respuesta, Arturo se salvó y Galván se casó con la bruja, tal como había prometido. Y la noche de bodas, en la cámara nupcial, la bruja se convirtió en la más hermosa de las mujeres y le dijo a su esposo: «Esta es mi verdadera naturaleza, pero solo podrás disfrutar de ella la mitad del tiempo. Puedo ser fea de día, a la vista de todos, y hermosa de noche, en la intimidad. O hermosa de día y fea de noche, elige». Y Galván contestó sin dudarlo: «Elige tú lo que prefieras». Y entonces ella dijo: «Esa es la respuesta correcta, y como premio por respetar mi voluntad seré hermosa de día y de noche».

Las mujeres, al igual que los hombres, quieren elegir. Así de sencillo, así de difícil. No en vano las primeras feministas organizadas como tales fueron las sufragistas, que reclamaban el derecho a votar, es decir, a participar en las «elecciones» por antonomasia. Reclamaban su derecho a decidir, a elegir entre las distintas opciones.

Y en otro orden de cosas, no es casual que Corín Tellado sea la escritora española más leída después de Cervantes. La clave del extraordinario éxito de sus novelas románticas (mejor dicho, «rosa»: nada que ver con Werther) es que en casi todas ellas la protagonista se debate entre dos pretendientes. En un mundo y en un terreno en el que las mujeres son —o no son— los objetos de deseo de los hombres, sujetos principales y a menudo únicos, las «chicas de Corín» pueden elegir y han de afrontar la responsabilidad y el riesgo de hacerlo, lo que las convierte en verdaderas protagonistas y las conecta con el deseo profundo de las lectoras. La respuesta que Freud aún no había encontrado a los setenta años, ya la conocía Corín Tellado a los diecinueve, cuando publicó su primera novela.

Y la fórmula sigue funcionando, a pesar de los avances conseguidos por el feminismo en las últimas décadas. No importa que los galanes en liza sean un vampiro y un licántropo, como en la saga Crepúsculo: la chica es la que elige, la autora es una mujer y el público es eminentemente femenino.

Pero tanto Corín Tellado como sus numerosas epígonas seducen a sus congéneres más ingenuas con el señuelo de una elección sucedánea, pues elegir entre dos hombres no es mucho mejor que ser elegida por uno, y la aparente liberación no es más que una puesta al día de la antigua sumisión. «El destino de la mujer es el hombre» sigue siendo el mensaje, por más que se le añada al proceso subordinatorio un grado de libertad. Y de ahí una de las consignas históricas del feminismo más combativo: «El hombre es el pasado de la mujer».

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57 Comentarios

  1. Wow.

    Entonces la mujer es el pasado del hombre también.

    Cada vez me recuerda más este panorama al mundo feliz de Huxley.

    • La mujer idealizada y entendida como «destino», sí, es el pasado del hombre que se libera del mito del amor romántico. Y para evitar la distopía de Huxley, hemos de tomar conciencia, hombres y mujeres, de las trampas y falacias de nuestra cultura patriarcal.

  2. Yo, que soy un tipo de lo más básico (hasta me gusta comer carne), tengo alguna certeza en el asunto. Lo que quiere mi hija mayor no es lo mismo que lo que quiere la pequeña. Y a su vez esto es distinto a lo que quiere su madre. Por supuesto las aspiraciones de madre, suegra, primas, cuñadas, amigas, clientes, proveedoras, compañeras de trabajo se parecen unas a otras como un huevo a una castaña. Para mí que vivo en un matriarcado del copón , la cosa es tan fácil como tratarlas de igual a igual. Y la cosa fluye que da gusto.

    • Si las tratas de igual a igual, seguro que la cosa fluye que da gusto. Pero, por desgracia, eso no es nada «básico»: no es la programación con la que venimos de fábrica los varones.

  3. Un fuerte aplauso para Carlo Frabetti, que está poniendo todo de su parte para superar el patriarcado para el que ha sido programado. Hoy ha descubierto con sorpresa que las mujeres quieren elegir.

    Solo una cosa: lo que llama «mito del amor romántico» está basado precisamente en la libertad de elegir, de otra forma no hay drama ni romanticismo. Me atrevo a decir que rara vez se ha negado que las mujeres quieran elegir. Los temas de la buena literatura giran más bien sobre las dificultad que todo el mundo tiene para acertar en sus elecciones, la defensa de las decisiones adoptadas libremente y la responsabilidad que acarrea la libertad.

    Quite usted la certeza de que el ser humano tenga voluntad y libertad y acabará como los freudianos con toda su tóxica y pastosa literatura en la que mujeres y hombres no deciden nada ni son capaces de cambiar nada, su conducta está determinada y no hay más que hablar. Ni mérito ni culpa, ni vicio ni virtud… solo un bostezo ante un acuario. Un aburrimiento.

    • Efectivamente: la buena literatura. Y precisamente por eso es tan necesaria la buena literatura: porque nos ayuda a comprender el mundo y sugiere vías y fórmulas para mejorarlo. En qué medida somos libres, e incluso si existe el libre albedrío o es solo una ilusión, sigue siendo tema de debate entre filósofos, psicólogos y científicos; pero, en cualquier caso, está claro que la libertad se ve limitada, entre otras cosas, por la ignorancia y la presión social.
      En cuanto a los freudianos (con los que no estoy de acuerdo: no sé si has observado que cuestiono el concepto mismo de inconsciente), no dicen que no seamos capaces de decidir nada ni de cambiar nada: viven precisamente de afirmar lo contrario, o sea, que mediante el psicoanálisis podemos superar nuestros condicionamientos. Yo creo más, como herramienta transformadora, en esa buena literatura a la que aludes.

    • Está ampliamente aceptado que hay procesos y contenidos mentales inconscientes. Lo que yo cuestiono es el artículo «el», porque hablar de «el inconsciente» supone atribuirle una entidad concreta y definida, incluso una estructura (como cuando Lacan dice que el inconsciente está estructurado como un lenguaje), lo cual es tan especulativo, por no decir gratuito, como atribuirles a los sueños un significado concreto.

  4. Con respecto a la pregunta de Eva, arriesgo un tópico más que comprobado: buscamos mujeres que nos embrujen e insistimos tanto que, al final, se rinden por fastidio o compasión, fastidio y compasión siempre de brujas.
    El comentario de Antonio supongo se refiera siempre dentro del contorno cultural, porque evolutivamente somos mujeres modificadas, de ahí el eslogan de las feministas: el hombre es el pasado de la mujer. No sin un cierto desconcierto pienso que, en un futuro será posible que las mujeres extraigan la información genética de sus compañeras (que son más estables, sensatas, no violentas y más fieles que los varones) para generar otra mujer. Con esa nueva X garantizarán mayor variedad y riqueza al tejido biológico del nuevo ser, y por ende mayores posibilidades de subsistencia como lo ha sido hasta ahora, subsistencia que es la meta primordial de cualquier organismo vivo. Sería triste no estar porque son tan amables, inermes e ingenuas, o sea misteriosas desde el punto de vista masculino.
    Simplemente iluminante y contundente esa narración artúrica. No la conocía. Algunos artículos más sobre la violencia a los animales y el bienestar del planeta y Kilgore dejará de comer carne. Gracias, Frabetti.
    La felicidad, a veces, / es la yesca que se enciende estando a punto de morir, / o la curva de tu cuello tenso y terso / tratando de entender las palabras / de un libro que llegó al atardecer. / Y el tiempo se desarma, no funciona, se queda inmóvil y yo perplejo como él.

        • No creas que antes de escribir el número me lo pensé, que es muy capaz de echar el resto para convertirme. De todos modos creo que tengo margen parar palmarla de sobredosis de chuletones….

    • En esta ocasión, dejo que sean Eva, Antonio y Kilgore quienes te contesten; sería bueno que hubiera debate entre las/os lectoras/es. Gracias a ti por tus asiduos y jugosos comentarios.

    • Eduardo Roberto, tus comentarios siempre están llenos de elementos que generan reflexión. Este en concreto, tiene aspectos muy poéticos. Yo añadiría que hay personas, ya sea por genética, o influencia cultural, que no encajan en los roles de género o solo en algunos aspectos, pero a mi entender son igualmente má[email protected] Y paro ya porque la peña va a potar arcoiris.

  5. Como gay celebro estar a salvo de imaginar que sera lo que las mujeres quieren. Como hombre siempre supe perfectamente lo que otro hombre quiere. Y digo celebro, porque viendo el destino de mis amigos heteros similares a mi es probable que si hubiera nacido hetero me hubiera esperado un desierto de sexualidad y afectividad.
    En cuanto al feminismo lo que aplico es escuchar a las mujeres y callar luego, lo entiendo porque en la comunidad gay estamos hartos de que nos enmienden la plana con «quienes somos, que necesitamos y que nos van a permitir y que no» aquellos estamentos del poder que estructuran la sexualidad canónica.

        • Disculpas por mi zafio comentario. La cabra tira al monte. Por otra parte, aprecio sus artículos señor Fabretti, y los comentarios antropológico-genéticos del señor Eduardo Roberto también. Solo quería apuntar que en el nuevo paradigma feminista las mujeres andan igual de perdidas, o más, que los hombres. Eso siempre desde mi punto de vista y desde mi troglodítica experiencia personal. Por eso mismo, el planteamiento de su artículo es más que acertado y necesario.
          Saludos

          • Gracias por la aclaración, Jordi. Por desgracia, tu comentario alude a un problema muy real, y es que tanto hombres como mujeres estamos intoxicados hasta tal punto que a menudo deseamos lo que nos hace daño, sea una ración doble de fabada o un empotrador con tatuajes. Y con esto no digo que un empotrador sea necesariamente malo (la fabada sí); pero como máximo deseo es un poco pobre.

  6. Efectivamente, la «sexualidad canónica» hace especialmente difíciles las relaciones entre hombres y mujeres, en la medida en que es complicado y laborioso, y a veces hasta arriesgado, sustraerse a los roles que nos inculcan desde la infancia. En este sentido, tanto el feminismo como el movimiento gay han sido fundamentales en la lucha contra la opresión heteropatriarcal, que en última instancia nos perjudica a todas/os.

  7. Esa pregunta (no te ofendas, Frabetti; no te ofendas porque has escrito una entrada muy interesante) está mal formulada; su respuesta es muy amplia. Es de ese tipo de preguntas como «¿Qué es el mundo?» a las que no queda sino arrugar los hombros; arrugar los hombros o armarse de valor para pormenorizar la respuesta. Esta última opción aburriría al lector. Al abrigo del sustantivo «mujeres» habría que poner a las mujeres de toda: edad; estatus socioeconómico; inclinación sexual; procedencia geográfica; marco temporal; y un larguísimo etcétera. Y no sería razonable alumbrar en la respuesta una sola «cosa» porque las mujeres quieren muchas cosas. Además, el núcleo del problema que aquí se establece, a lo mejor de manera inconsciente, radica en la posición de Freud: qué quiere la mujer (desde los ojos de un hombre). Y otro no menos incapacitante: ellas pueden querer algo y, pasado cierto periodo de tiempo, no quererlo; o querer algo opuesto; o similiar; o el doble, o la mitad; o no querer quererlo (o querer quererlo sin, verdaderamente, quererlo). Las mujeres quieren lo mismo que los hombres, aunque, si hiciésemos una macroencuesta, veríamos en ellas determinados «deseos» infrarrepresentados si se las compara con ellos: véase por ejemplo coger un AK47 y pegar tiros en una trinchera: la mayoría de ellas no quieren «eso». (La biología —y no el feminismo— da sobrada explicación de algunas de esas tendencias). La felicidad, el sexo, la comida, la libertad, la igualdad con los hombres, el amor… en definitiva «vivir». En esencia «lo mismo que quieren los hombres», no obstante, las diferencias entre hombres y mujeres dan lugar a la incapacidad para contestar a la manida pregunta. Son más contradictorias (y no lo digo con ánimo peyorativ: contradecirse es magnífico); son más libres en el sentido de estar menos aferradas a un esquema conceptual; son versátiles, multidisciplinares; distintas en algunos rasgos a los hombres: unas veces buscan la seguridad económica y otras la seguridad emocional (¡a veces las dos y a veces ninguna!).En ocasiones, no saben lo que quieren; otras sí; otras no están interesadas en saber lo que quieren; en otras les da igual. Entre sus múltiples deseos están cosas como: 500 000€ en la cta. corriente; alguien que las escuche; alguien que las folle; la vuelta desde el más allá de su padre; la bisexualidad; la diversión por la mera diversión; o el compromiso. Unas veces quieren que las entendamos y otras veces no quieren. Parece difícil saber qué quieren las mujeres.

    • Por supuesto, no se puede contestar a una pregunta tan genérica con una sola frase. Mi artículo, con todas las limitaciones de un texto de menos de mil palabras, intenta centrarse, más que en la pregunta en sí, en el hecho de que Freud -y millones de hombres antes y después- se haga esa pregunta. En última instancia, todas las personas queremos lo mismo; pero a las mujeres se les ha negado tanto y durante tanto tiempo, que su demanda -aunque solo fuera por aquello de la conversión de la cantidad en calidad- es cualitativamente distinta.

  8. Gracias por el escrito. Pone a pensar. Pero creo que la premisa no es exacta. Freud hacia un pregunta retórica con su genial estilo irónico. Además. no creo que el psicoanálisis responda nada; mas bien ayuda a preguntar y a reconciliarse con la respuesta que encontremos cada uno. Por otro lado, yo que soy mujer creo que las mujeres elegimos todo el tiempo y que incluso NO ELEGIR es una elección.
    Y el dato de que las «feministas organizadas como tales fueron las sufragistas, que reclamaban el derecho a votar, es decir, a participar en las «elecciones», es sumamente sospechoso. Mientras más votamos, menos libres fuimos. Tanto hombres y mujeres. La democracia es el instrumento ilusorio del poder (El porvenir de una ilusión, Freud). Creer que votamos nos hizo creernos que la igualdad era poder hacer lo otros hacen. Y justamente la igualdad esta en la diferencia. (Freud, El tabú de la virginidad) Al votar nos anularon, nos quitaron la singularidad con el viso engañoso de empoderarnos. Pero bueno, somos números igual que los hombres… Mi abuela no votó pero decidió ser el horcón de la familia. Mi madre votó, se movilizó, dirigió hombres, a costa de ser mi madre. Dios mio para finalmente entender que ella no es mas que una chica de Corin. Que Freud nos «coja» analizadas. Saludos y mil gracias por ponerme a pensar

  9. Gracias a ti, Iddia, por tus incisivos comentarios, que también ponen a pensar.
    Es cierto que la de Freud es una pregunta retórica; pero creo que refleja su incapacidad de sustraerse por completo a la lógica patriarcal. Y es cierto que la democracia representativa es un fraude y una trampa; pero era un intolerable agravio comparativo que unos pudieran hacerlo y otras no, como sería inadmisible que a las mujeres no las dejaran fumar, por más que el tabaquismo sea una dependencia nefasta.
    No elegir puede ser una elección, de acuerdo; pero muchas veces es una imposición, e históricamente lo ha sido para la mayoría de las mujeres. Hace muchos años, cuando las mujeres no podían entrar en el ejército, una amiga me dijo: «Exijo mi derecho a entrar en el ejército para poder desertar».

    • Hola¡¡¡ muchas gracias por su respuesta que da pie a que piense más-
      En lo personal, pienso que es muy posible que Freud estuviera sometido a la lógica patriarcal, siendo él, el patriarca de una teoría que revolucionó la manera de entender la psiquis humana. Sin embargo, creo que toda su obra fue la mejor manera de sustraerse de ese lugar donde se diabolizó al padre por extensión, y se le sustrajo de la ecuación familiar donde lo masculino y lo femenino tienen roles bien definidos y en equidad.
      Pero no deja parecerme sumamente sarcástico el asunto, cuando pienso que Freud estuvo sometido a una lógica patriarcal (la cual desmanteló con su planteamiento de la sexualidad infantil) que sostuvo una mujer que a los 18 años ascendió al trono de Inglaterra y en él se mantuvo 63 años, dando lugar a era victoriana.Con sus horrores y sus maravillas. Una mujer patriarca. Lo que me lleva a pensar que el patriarcado no tiene quizás que estar necesariamente referido a géneros (Nuevamente Freud)

      Por otro lado, no estoy en contra de haber logrado ejercer el voto. Es un derecho que habilita política y socialmente, Solo me preocupa que desde entonces, o sea, desde siempre, el movimiento feminista se reduce a políticas y se ejerce «militantemente» perdiendo toda posibilidad de ejercerlo desde las diferencias. La política iguala y anula y nos estamos perdiendo en una «protesta masculina» (Freud) para ser iguales y hacer lo mismo, a costa de no saber a la larga qué somos. Qué es ser mujer? Ser feminista?… Y sin darme cuenta caí en la misma interrogante de Freud…seguro me atrapó la lógica patriarcal feminista victoriana.

      Saludos nuevamente, gracias por la oportunidad de pensar en quién soy….

  10. Mientras te leía (en este foro todas/os nos tuteamos) me he acordado de lo que le dijo Freud a una madre preocupada por la homosexualidad de su hijo: que no había nada que curar y que lo que importaba era que su orientación sexual no lo hiciera infeliz, una declaración antipatriarcal y casi revolucionaria para la época; por eso digo que las metapreguntas derivadas de su pregunta retórica no cabían ni en una cabeza tan grande -y tan abierta- como la suya.
    En cuanto a la política y al feminismo, son conceptos demasiado amplios y difusos como para generalizar. Si te refieres a la política parlamentaria y al feminismo institucional, estoy de acuerdo: su supuesto respeto a la diversidad se traduce a menudo en una nueva forma de homologación y sometimiento (cambiarlo todo para que nada cambie, como dice el Gatopardo). Pero hay otras formas de hacer política, de reivindicar derechos y de afirmar identidades, y, en este sentido, creo que el feminismo más combativo (el que algunos llaman «radical») es la gran fuerza transformadora de nuestro tiempo.
    Por cierto, lo de la «protesta masculina» Freud lo tomó de Adler, de quien el nazismo quiso apropiarse, como de Nietzsche (pero ese es otro artículo). Gracias a ti, de nuevo.

    • No me cansaré de agradecerte la posibilidad que me has brindado con el articulo y tus replicas. Pero es sumamente interesante que tu rescates al Adler del complejo de inferioridad, que encuentra en su protesta masculina una compensación. Yo prefiero el de Freud que permitió diferenciar a la mujer de lo femenino, convirtiendo a la propuesta viril en un problema unisex. Bendito psicoanálisis y su asociación libre, porque nos permitió llegar a un asunto crucial. Las feministas en realidad pugnan desde una protesta masculina, secuestrando la igualdad en el terreno del género. Cuando, creo yo, las desigualdades nos someten a todos. Y lo mas peligroso, fragilizamos a las mujeres, las hacemos reactivas, resentidas, víctimas de la modernidad, o sea un residuo necesario (como la religión) a las que condescendientemente les permitimos (bajo el sofisma de la inclusión) su protesta masculina a lo Adler, Eso me espanta¡¡¡ saludos y gracias.

      • En última instancia, estamos hablando de la capacidad degradadora y fagocitadora del sistema, de las libertades formales como estrategia desmovilizadora. Muchas mujeres han caído en la trampa de la «inclusión», y algunas incluso han creído que «liberarse» era imitar los modelos masculinos. Todas/os estamos atrapados en este baile de máscaras, y es espantoso. Pero podemos rebelarnos y buscar salidas. Y debatir, como ahora, es una de las maneras de intentarlo. Gracias a ti, de nuevo.
        PD: Sí, por supuesto, Freud reinterpretó y mejoró lo que tomó de Adler (y de Breuer, Charcot…). ¿Quién hará lo mismo con el propio Freud y sus epígonos?

          • No creo que sea equivalente. Freud supone un salto cualitativo con respecto a todo lo anterior; sus epígonos/as siguen anclados a un paradigma protocientífico (seudocientífico según muchos), y en algunos casos (como Jung en una dirección y Lacan en otra) alejan aún más el discurso psicoanalítico de la solidez epistemológica que Freud no pudo conferirle. La razón, desde mi punto de vista, estriba en la dificultad de aplicar métodos experimentales contrastables al estudio de la mente humana.

            • El siguiente paso ya está sucediendo, es el conocimiento físico del cerebro. Por ejemplo, procesos inconscientes se podría relacionar con las zonas (como la amígdala) que procesan las emociones mucho más rápido que las que procesan los pensamientos elaborados y racionales (como la corteza prefrontal). Creo que es solo cuestión de tiempo que muchas teorías psicológicas se vean contrastadas empíricamente.

              • Seguramente es solo cuestión de tiempo, pero ¿cuánto? La neuropsicología ha hecho avances espectaculares; pero ni siquiera tenemos una idea clara del camino que queda por recorrer.

            • De veras crees que Klein, Bion trabajan sobre paradigmas protocientificos?¡?¡? Dios del cielo, URGE que se promueva el psicoanálisis contemporáneo. Es una de las epistomologías mas solidas de la ciencia actualmente. Y ojo, el psiconalaisis no se ocupa de la mente humana. Creo que ese es un error de inicio que impide la compresión de su desarrollo actual.

  11. En realidad no tengo gran cosa que decir sobre el artículo, porque mediando mujeres, reconozco que no sé por dónde tirar sin equivocarme mucho, haga lo que haga y diga lo que diga. Mejor me callo.
    Hago el comentario porque veo que el autor está respondiendo a algunos, y como aficionado a la Ciencia Ficción admiro mucho a Carlo Frabetti, y me haría bastante ilusión cruzar con él aunque fuese sólo este humilde comentario y una réplica de algún tipo.

    • Encantado de encontrarte en este foro, T. E.; la ciencia ficción sigue siendo mi gran amor (en lo que a narrativa se refiere) y siempre es un placer departir con un aficionado (hace poco estuve en la Hispacon, en Valencia, como dinosaurio invitado). A tu disposición para lo que quieras compartir o discutir.

  12. Con respecto a la pregunta de Gus y su respuesta, solo quiero agregar que algo de razón tiene Lacan cuando dice que el inconsciente tiene un lenguaje estructurado, y estoy de acuerdo porque es el nuestro, el de todos los días, de imágenes y sonidos que creemos haber mandado al olvido. He leído sus libros y el de su maestro, y confieso que hay conceptos que me son difíciles de entender, pero encontrarles un significado concreto a MIS sueños (hablo a título personal) no ha sido un problema. No he identificado ninguno que no lo tuviera, y la única maravilla era cómo me los presentaba, con una coreografía y riqueza de particulares que yo no sería capaz de recrear, con temores, aspiraciones y dudas (siempre estos, no alegrías) que entonces descubría tener. Pareciera ser la caja negra, pero bien negra de mi estar en el mundo. Asunto que me parece lo más normal ya que él, mi cerebro como yo solo quiere durar en el tiempo y se aferra a lo único que tiene a mano: nuestras experiencias. Y hasta ahora no he hallado rastros de un sub consciente o una meta consciencia. Perdone mi prosaica manera, pero me parece que aquellos maestros, a parte ciertas verdades como la relativa sexualidad de los niños han hecho bastante difícil nuestra existencia anímica. Repito que hablo a título personal y con una cierta cultura. No sé cómo serán los sueños de los demás. Y no se preocupe en responder, porque si no, terminaríamos como dice Eva: podando el arco iris. Ya habrá oportunidades.

    • Tanto Freud como Lacan dicen cosas muy interesantes; lo que es inaceptable desde el punto de vista científico es que den por sentadas teorías altamente especulativas. Una cosa es decir que en nuestra mente hay contenidos y procesos inconscientes que determinan nuestra conducta mucho más de lo que creemos (gran aportación de Freud al conocimiento de la psique humana) y otra afirmar que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, con su doble articulación y su sintaxis. Un símil: podemos hablar de comunicación no verbal, pero no de un supuesto «lenguaje del cuerpo». En cuanto a los sueños, seguro que algo significan, y puede que tú entiendas los tuyos; pero afirmar categóricamente que los sueños son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos y pretender decodificarlos como si fueran mensajes cifrados, es pasarse de la raya que separa la ciencia de la seudociencia.

  13. ¡Nos arrinconan en el margen derecho de la página!
    Hace unos años, en Sevilla, Judith Miller y yo dimos una charla conjunta sobre la manipulación de la infancia, y luego, tras varias horas de discusión (cordial) acordamos organizar un encuentro internacional para debatir sobre el estatuto epistemológico del psicoanálisis. Lamentablemente, no lo conseguimos, y sigo creyendo que sería muy importante. La mayoría de los epistemólogos y filósofos de la ciencia, como Mario Bunge, consideran que el psicoanálisis es una seudociencia; yo soy menos radical y lo considero una protociencia, e insisto en que la clave está en la dificultad de realizar experimentos contrastables y repetibles. Otrosí: si el psicoanálisis no se ocupa de la mente, ¿de qué se ocupa?

    • Creo que no se valora bastante que el primer filósofo del inconsciente fue Schopenhauer (para mi el filósofo más infravalorado de la historia), al que algunos consideran el padre de la psicología moderna. Son sorprendentes las semejanzas entra las teorías de Freud y la filosofía de Schopenhauer (aunque Freud negase haberle leído hasta muy mayor hay motivos para sospechar que las copió directamente). Por ejemplo, el papel central de la sexualidad: para Schopenhauer la esencia de la voluntad de vivir, es decir, de la cosa en sí, era el acto sexual. Muy recomendable a este respecto: http://platea.pntic.mec.es/~macruz/Psico/SCHOPENY.htm. Tal vez solo sea una cuestión de nombres: ya sabemos que Freud tenía pretensiones científicas, pero si al psicoanálisis en lugar de «ciencia» le llamásemos «filosofía» sería perfectamente aceptable.

      • Gracias, Pere, por el interesante enlace. Puede que la deuda de Freud para con Schopenhauer no esté debidamente reconocida; pero, por lo demás, es un filósofo muy valorado, sobre todo entre algunos científicos. El propio Einstein lo citaba a menudo, y decía que algunas de sus sentencias lo habían marcado profundamente (como «Puedo hacer o no lo que quiero, pero solo puedo querer lo que quiero»). Aunque su misoginia le ha ganado, en las últimas décadas, muchos detractores (y sobre todo detractoras), nadie niega que «El mundo como voluntad y representación» es uno de los textos fundamentales de la filosofía occidental.
        En cuanto a tu consideración final, en parte es cuestión de nombre, sí; pero también de praxis: cuando un psicoanalista pretende interpretar los sueños de un paciente como quien decodifica un mensaje cifrado o habla de la forclusión de la imagen paterna, hace seudociencia.

  14. Bueno, yo estudié filosofía y en cinco años de carrera creo que ni se mencionó a Schopenhauer. Y eso que sin él no se entienden Nietzsche, ni Freud y todo lo que estos han generado. Supongo que tiene que ver con que entonces (no sé si ahora) la facultad era un feudo de la izquierda y Schopenhauer siempre se ha considerado de derechas (y, sí, también por su misoginia).
    Respecto al status del psicoanálisis creo que tiene dos vertientes: como conocimiento que pretende ser objetivo de la realidad, es lícito considerarlo filosofía, pero tal vez no ciencia; como terapia, mientras sea eficaz, creo que es irrelevante hasta qué punto la teoría se ajuste a la realidad.
    Gracias, como siempre, por responder y solo añadir que te leo asiduamente pero participo poco porque es difícil que se me ocurra algo que esté a la altura de tus artículos :) Saludos.

    • Me sorprende lo que me cuentas, y no lo puedo entender; aunque peores cosas se han visto en la universidad. En cuanto a lo de la eficacia terapéutica, es un argumento fundamental, por supuesto, pero no el único a tener en cuenta. El efecto placebo hace que a veces los tratamientos homeopáticos «funcionen», pero no por ello deja de ser la homeopatía un fraude intolerable que sustenta un gran negocio.
      Espero seguir disfrutando de tus comentarios. Soy yo quien tiene difícil estar a la altura de las/os lectoras/es

    • Por curiosidad, ¿de qué facultad hablas? No creo que se debiera a que fuera un «feudo de la izquierda», porque, de la misma maneram Schopenhauer, aún siendo reaccionario políticamente, también cargaba contra el catolicismo y muchos aspectos del antropocentrismo judaico, etc. De hecho era ateo. A Schopenhauer apenas se lo ve en muchos planes de estudios, como apenas se ve a Montaigne. Tampoco se ve a gente como LaRochefaucould…Se insiste más en la tradición idealista, y, quizá por ello, se dejan de lado otros autores. Tampoco se ve casi ni una filósofa, y las ha habido. Pero esto es en general: en feudos de todo tipo yo creo.

      • Hola Óscar. Era la Universidad de Barcelona, en los años 80. Precisamente porque cargaba contra el catolicismo y, sobre todo, por el papel central que da a la sexualidad, era rechazado también por la derecha, que en España era nacional-católica. Sin embargo, no diría que Schopenhauer era anticristiano porque escribió: «Los resultados morales del cristianismo, hasta llegar a la ascética más elevada, se encuentran en mi obra justificados de manera racional y dentro del contexto de las cosas: mientras que en el cristianismo están fundados en meras fábulas. La creencia en esas fábulas va desapareciendo día tras día: por ello la gente habrá de volverse hacia mi filosofía». (Esto lo cita Thomas Mann en «Schopenhauer, Nietzsche, Freud».) Como anécdota, cuando viajé a Polonia (país maravilloso por otra parte) me indignó que en su casa natal en Gdansk (Danzig) solo hubiera una pequeña placa y ningún reconocimiento más en toda la ciudad (de la que es sin duda su hijo más ilustre). Una pena que la política de borrar toda huella alemana en Polonia después de la 2ª Guerra Mundial lleve a que no sea reconocido ni en su propio país. O sea que el pobre Schopenhauer recibe de la izquierda, de la derecha y por ser alemán en Polonia…

        • Sí… bueno, decía algunas chorradas en medio de grandes verdades. Era muy lúcido en algunas cosas, y muy miope en otras. Decía también algo así como: el catolicismo es la manera de mendigar un cielo que sería demasiado difícil merecer. Los intermediarios de esta mediación son los clérigos.

          Schopenhauer era lúcido en muchas cosas de análisis psicológico (se exceptuamos ciertas cosas sobre las mujeres). Tenía algunas opiniones muy conservadoras en política que alternaba con algunas muy lúcidas sobre la condición humana. Una de cal, otra de arena.

  15. Buenas. Yo creo que más que una «lógica patriarcal», la perspectiva de Freud era simplemente la propia del tiempo en el que vivía. No se puede juzgar el pasado con los ojos de hoy, ni viceversa. Dicho así cae de cajón, aunque todos hemos pecado. Pienso que el concepto de patriarcado que utilizan ciertos sectores feministas no sirve siempre como explicación.

    El poder selectivo de la mujer (entre dos o más pretendientes) no es nada nuevo. En muchas narraciones de ayer y hoy, son ellos los que luchan entre sí para demostrar quien es el mejor. Y finalmente es ella quien elige, quien tiene la última palabra. Los otros pretendientes, si aceptan las reglas del juego, soportan la derrota. Pero si rompen esas reglas, e intentan acceder a la mujer sin tener en cuenta la voluntad de ella, se convierten en elementos «indeseables» del «sistema». No están amparados por el mismo. La mujer se presenta así como un sujeto que toma decisiones, y quien no respete tales decisiones, es quien la convierte en objeto.

    Por otra parte, creo que no hay que confundir ciertos mitos sobre el amor con las necesidades afectivas humanas. No todas ellas son construcciones sociales. Al menos, no al 100%.

    • De acuerdo; pero es que la perspectiva de principios del siglo XX era extremadamente machista. Y es cierto que siempre ha habido relatos en los que la mujer elige; pero normalmente solo puede elegir entre unas pocas opciones que se acercan a su «lugar de reclusión», y a menudo el criterio de selección no es su voluntad, sino una prueba, generalmente de fuerza, como cuando en la naturaleza dos machos luchan por una hembra. Y, por supuesto, la afectividad humana no es mero condicionamiento cultural. Tampoco lo es la necesidad de comer, pero sí el hecho de que tanta gente incurra en la aberración del carnivorismo o consuma comida basura.

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