Arte y Letras Historia

Club atómico español: se ruega entrar en silencio

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Bomba perdida en Palomares, 1966. Foto: Cordon.

¿No dedicaremos los últimos años de nuestra existencia al perfeccionamiento de las armas de fuego? ¿No ha de presentarse una nueva ocasión de ensayar el alcance de nuestros proyectiles? (…) ¿No sobrevendrá una complicación internacional que nos permita declarar la guerra a alguna potencia transatlántica? ¿No echarán los franceses a pique ni uno solo de nuestros vapores ni ahorcarán los ingleses (…) a tres o cuatro de nuestros compatriotas? 

Julio Verne, De la Tierra a la Luna. Trayecto directo en 97 horas. 

Verne era un cachondo. En el Gun Club de su novela De la Tierra a la Luna, oficiales mutilados suplican que vuelva la guerra para seguir ideando armas mientras se rascan con el garfio la cabeza, mitad carne y hueso, mitad goma, y los rescoldos de la chimenea les van chamuscando, sin que se den cuenta, las piernas de madera. El hombre de guerra no se preocupa de sus miembros amputados mientras quede la opción de matar a mordiscos, nos enseñó Monty Python. El Gun Club no son solo hombres de guerra. Son inventores cuya «única preocupación», los describió el francés, «era la destrucción de la humanidad» y «el perfeccionamiento de las armas de guerra consideradas como instrumentos de civilización». 

Ya les hubiera gustado saber a los del Gun Club que un siglo después sería posible idear armas sin demanda de disparos. Que habría guerras a base de amagos, de difundir las veces que era posible destruir al de enfrente, enfrentamientos basados en la velocidad de reacción para que desaparezcan los dos contrincantes en caso de que sea el otro quien empiece la fiesta. Una guerra de medírselas. Una guerra fría. 

En 1966, Estados Unidos contaba con 31 175 cabezas nucleares. La URSS, con 7091. Los primeros estaban a un año de alcanzar su cota máxima. A los segundos les faltaban veinte para llegar a la suya, las 40 159 cabezas nucleares que llegaron a acumular en 1986 según el Bulletin of the Atomic Scientists. En 1966, el Reino Unido tenía 281 cabezas nucleares; Francia, 36, y China, 20. España… 

España vivía el pulso entre falangistas y tecnócratas del Opus que terminó con la victoria aplastante de estos últimos. Entre los falangistas estuvieron los más firmes defensores de hacer todos los esfuerzos necesarios para entrar en ese club de las armas de almacén gracias a un grupo de personas que podrían perfectamente ser personajes de Verne. A los falangistas no les gustaba el Pacto de Madrid, no entendían aquella cesión de territorio y soberanía sellada en 1953 entre Franco y Dwight Eisenhower para el establecimiento de las bases militares estadounidenses. Por eso algunos apoyaron con entusiasmo retar en secreto a la primera potencia mundial pese a ser esta quien, aunque fuese por claros intereses geoestratégicos, estaba contribuyendo a sacar a España de la quiebra. 

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2 comentarios

  1. Pues menos mal que no lo conseguimos, por que ya me dirás donde íbamos a guardar semejante marronazo

  2. Cuenta la leyenda que el día de antes de que el comando etarra que acabó con la vida del almirante Carrero Blanco, tres minas antitanque desaparecieron de un manifiesto de carga en uno de los vuelos en la base de Torrejón, especulación, espionaje, alta traición, sobornos, intereses geoestratégica, lucha anticomunista, odio a los E.E.U.U. por parte de jerarcas del régimen, servilismo al imperio por parte de otros jerarcas afines a… Yo no soy escritor, pero tampoco tendría cojones a escribir un libro con todo lo que acontece a este tema…seguro que aún vive algún protagonista influyente o sus descendientes…que miedito.

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