
Archibaldo: —¿Pero es que reñimos alguna vez?
Cecilia: —Naturalmente. El 22 de marzo. Aquí puede usted verlo, si quiere [Enseñándole el diario]. «Hoy, ruptura de relaciones con Ernesto. Comprendo que es necesaria. El tiempo continúa hermosísimo».
Archibaldo: —Pero ¿por qué fue esa riña? ¿Qué había hecho yo? ¡Si yo no había dado el menor motivo! La verdad, Cecilia, me disgusta en extremo saber que reñimos. Sobre todo haciendo un tiempo tan hermoso.
Cecilia: —¿Usted no sabe que no puede haber relaciones formales sin una riña, por lo menos? Pero yo le perdoné a usted antes de acabar la semana.
Archibaldo: —[Arrodillándose delante de Cecilia] ¡Es usted un ángel, Cecilia!
Cecilia: —¡Y usted, qué romántico, Ernesto! [Archibaldo le besa una mano. Ella le acaricia los cabellos]. Supongo que este ondulado será natural, ¿verdad?
Archibaldo: —Sí, amor mío; con una pequeña ayuda ajena.
1895. La importancia de llamarse Ernesto. Oscar Wilde (1854-1900) casi siempre tiene razón. Lo dijo Borges. Miren esos rizos enlacados, la mentira no está tan mal si te hace parecer de verdad. Qué importa llamarse Archibaldo si pareces un Ernesto. Qué importa si eres andrógino hasta en la nacionalidad. A fin de cuentas, Irlanda es el inconsciente de Inglaterra. ¿Entienden? Wilde inaugura el tiro al zombi victoriano, porque las mitologías imperiales de una sociedad determinista están agotadas a finales del XIX. Ni peras, ni manzanas. Todo junto y revuelto, sin hipocresías. Inventa la parodia de lo inglés, la que desvela lo enfermizo de nuestros conflictos, la que acuchilla con elegancia. La flema tolera.
A decir verdad, en Oxford me aburrí soberanamente. Me da la impresión de que me pasé el rato sentado en mi cuarto, aburrido, y que llovía sin cesar. Pero ahora, avivado por el interés ajeno, conté que jugaba al fútbol, remaba en las regatas, ocupaba el sillón de presidente en la federación de estudiantes… Todas mentiras descaradas, por supuesto. No puedo evitarlo. Soy así: tengo mucha imaginación. Y soy sensible. No me avengo a frustrar expectativas. ¡Ah! Oxford mejora si se mira en retrospectiva. Creo que la vida mejora si se mira en retrospectiva. Cuando yazga en mi tumba y recuerde mi vida en su conjunto, remontándome hasta el momento de mi nacimiento, tal vez le perdone a mi creador el pecado de crearme.
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Hola….he tenido que pararme a pensar un rato…»las mitologías imperiales de una sociedad determinista….el confinamiento debe estar dejándome el cerebro del tamaño de un garbanzo…
!La flema inglesa! Es lo único que no soporto en todos los James Bond.
Flema: Mucosidad pegajosa que se arroja por la boca, procedente de las vías respiratorias.
Ejemplificar la flema inglesa con pasajes traducidos… ¡Qué menos que poner, además de la traducción para facilitar la comprensión del lector castellano, al menos los párrafos originales!
Las sutilezas del lenguaje son intraducibles, aunque hay nobles intentos. Poco cuesta dejar a disposición el original para que el lector capaz de hacerlo, lo lea en la esencia en que fue escrito.
Buen texto, un saludo.
La flema inglesa no se reduce al lenguaje. Todo lo contrario, es esa actitud que los hace parecer ausentes de los problemas reales del mundo, como si siendo habitantes de una isla, para ellos incansable a los otros, estarían exentos de la realidad. Sus letras son grandiosas, aún aquellas en donde machacan con la flema inglesa. La auto ironía que proviene de la cultura relativa de nuestros comunes helenos, y que nosotros transformamos en cinismo, en ellos fue, además de cinismo, apunto ironía. God save the Queen mientras les dure. Todavía hoy me emociono con la lectura de un libro en donde esos ingleses que llegaron a mi país para implantar los FFCC, trataban, además de sus negocios, enseñar y ennoblecer el fútbol. Are you ready, gentleman? preguntaba el capitán a los recién desembarcados, españoles, italianos, árabes y otras yerbas que, apenas conocíendo su idioma natal, era dificil que conocieran el inglés. Y esa frase, para mí, no solo se refería al pasajero pasatiempo. Para mí, conociendo su literatura, abarcaba mucho más. Era como preguntarnos si estábamos listos para afrontar este j….. mundo. Por supuesto que esa frase, con el paso de los años fue desechada porque nadie entendía lo que quería decir.