Arte y Letras Filosofía

Job, la prensa española y el coronavirus

Job and his friends
Job y sus amigos, de Ilya Repin

De repente, el zarpazo de las circunstancias

«Había en la tierra de Hus un hombre llamado Job» (Job 1,1). Así comienza el relato que tiene a Job como protagonista. Sabemos cómo sigue: Job era justo y rico, pero en poco tiempo la desgracia cae sobre él y pierde todo. Postrado en un muladar, abandonado, se debate entre el silencio y el grito. No es difícil encontrar un paralelismo con la situación que desde hace semanas vive más de la mitad de la humanidad: en pocos días se ha pasado de la prosperidad despreocupada al confinamiento para protegerse de la desgracia, que cuenta los muertos por decenas de miles y los daños económicos por miles de millones.

Como a Job, de repente, la realidad se nos ha impuesto sin tapujos, arrancando de cuajo el velo del sopor al que nos habíamos acostumbrado. Lo ha señalado agudamente J. Á. González Sainz: «En la vida de un país o de una persona, hay veces en que la realidad, la realidad más descarnadamente real, la más cruda y menos guisada por las recetas y los cocineros de mentalidades y relatos, irrumpe de repente con una violencia pavorosa a la que no estábamos acostumbrados». Poco sirven entonces nuestras defensas; es más, continúa el escritor, «el hábito de sustitución de las cosas y los hechos por su uso estratégicamente fraudulento, de la realidad por la ideología, de la verdad por la costumbre impune del embuste y de lo crucial por la banalidad nos pone en las peores condiciones para enfrentarnos a una venganza de la realidad en toda regla» (El Mundo, 20 de marzo).

«La realidad nos ha forzado a situarnos en el terreno hasta ahora muy descuidado de los hechos», afirma el también escritor Antonio Muñoz Molina. ¿Qué terreno habitábamos antes? «Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión, de la diatriba sobre palabras, del descrédito de lo concreto y comprobable, incluso del abierto desdén hacia el conocimiento. El espacio público y compartido de lo real había desaparecido en un torbellino de burbujas privadas, dentro de las cuales cada uno, con la ayuda de una pantalla de móvil, elaboraba su propia realidad a medida, su propio universo cuyo protagonista y cuyo centro era él mismo, ella misma» (El País, 25 de marzo). El virus, apunta la novelista uruguaya Carmen Posadas, «nos ha obligado a regresar a un terreno hasta ahora abandonado: el de los hechos» (ABC, 13 de abril).

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13 comentarios

  1. Muy bello texto. Aún así, aunque haya momentos de duda ante los imprescindibles, creo que ésto revela únicamente que la búsqueda (de sentido) continúa para la mayoría, para los que solo queda la poesía.

    • Así es. Gracias a los editores por ofrecer otros puntos de vista. Enhorabuena. Un texto muy acertado y que recoge numerosas opiniones de aquí y de allá. El coronavirus nos ha hecho pensar.

  2. Antonio Yelo

    Gracias a los autores por este texto tan original y tan bien trabajado. Ayuda a reflexionar y a elegir qué posición quiere adoptar uno ante la vida. Más ahora que sabemos de nuestra debilidad y de nuestra desprotección.

  3. Una muy buena elección de textos que invita a la reflexión en estos días de recogimiento obligado. Ojalá fuera una actitud mayoritaria utilizar el confinamiento para meditar sobre uno mismo y sobre una cualidad humana muy marcada, a pesar de que se suele tener en cuenta: la fragilidad. Cada cual elige dónde se sitúa ante el dolor y la incertidumbre. Gracias por el artículo.

  4. Perdón, pero si no lo digo después me arrepentiré. Soy consciente de que el momento para tantos es angustioso y necesitan de conforto y consuelo, y a los dueños de los comentarios anteriores va el mayor de mis respetos, de igual manera que a los otros Jobs como yo que de preguntas de este tipo no se las hacen. De las palabras del buen nazareno solo hago tesoro de aquellas de la piedad, compasión, justicia, tolerancia y esperanza, solo que a los que vinieron después de Él no les perdonaré jamás el odio que me inculcaron por los hebreos. Todavía recuerdo los sobresaltos inconscientes cuando conocía alguno. Interminables rezos al final de las funciones religiosas para rogar por la conversión de los pérfidos judíos, reos de deicidio. Como occidental y “cristiano” me hago cargo de la parte que me corresponde de los inocentes que por indiferencia permitimos mandar al masacro, incomprensión que comenzó con las cartas de San Pablo. Y de nada sirvieron las palabras de Pio XII al finalizar la guerra tratando de aclarar que no fue el pueblo judío el culpable de la muerte del nazareno, sino de cierta parte de sus dirigentes. El daño ya estaba hecho. Gracias.

  5. Lo mejor que he leído durante este tiempo de tribulaciones. Felicidades a los autores.

  6. Formidable recopilación de pensamientos en tiempos de zozobra. Personalmente, un ateo recalcitrante como yo, encuentra consuelo e iluminación en el estoicismo de Séneca, que tanto influyó en el posterior cristianismo.

  7. El religioso lo es porque lo siente, no porque lee un tratado de teología y se convence, no hay pruebas ni argumentos esto no es ciencia XDD y el que no lo es pues no siente nada y ya, como bien dijo alguien por ahí en el artículo. Eso es lo único relevante de todo, y es una obviedad. El resto puro relleno. Respecto de lo de Job… solo quería culpar a alguien, lo mismo daba si culpaba a la madre por haberlo dado a luz… Nada más… Es necesario escribir 400.000 hojas para decir algo que te lo resumo en una oración?? Pueden teorizar todo lo que quieran, pero es correr en círculos, tratar de contar hasta el infinito. Nunca se llega a nada. «Poesía» en el mejor de los casos.

  8. Rodolfo Castro

    Un análisis muy bien documentado combinado con una fina redacción; que reflejan un esfuerzo, paciente y laborioso; para hacernos reflexionar con lo más profundo que nos queda en la conciencia.

  9. Pingback: Job, la prensa española y el coronavirus | SER+POSITIVO

  10. Me he reído, interesado y sorprendido. Felicidades. Buena lectura para ratos sin prisa.

  11. Lo mejor, más lúcido, profundo y completo que he leído sobre el coronavirus. ¡Por fin un poco de luz!

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