
El argentino Mariano Sigman es uno de los neurocientíficos más reputados del mundo. Autor de libros como La vida secreta de la mente o La pizarra de Babel y de decenas de textos científicos, ha recibido numerosos premios internacionales y es uno de los puntales a la hora de establecer nexos entre la neurociencia, la psicología, la educación y otros diversos ámbitos de la actividad y la cultura humanas (por ejemplo, dirigiendo el Programa sobre Toma de Decisiones del Human Brain Project). Sigman es también muy conocido gracias a las conferencias en las que, mediante ejercicios y sorprendentes experimentos realizados in situ con el público, muestra cómo nuestro cerebro decide en función de las circunstancias sin que siempre seamos conscientes de que está decidiendo «por nosotros».
Con Mariano Sigman conversamos sobre distintos asuntos relacionados con el funcionamiento cognitivo del cerebro y la influencia que tiene en la conducta cotidiana de los bebés (¿nacemos con códigos éticos incorporados?), los niños (¿qué errores pueden estar cometiendo los actuales sistemas educativos?) y los adultos (¿somos realmente dueños de nuestros actos?). También hablamos sobre el futuro de la inteligencia artificial; el efecto que las redes sociales y otras tecnologías producen en el funcionamiento de nuestro cerebro; la adicción que generan las nuevas tecnologías y la aprobación por parte de otros seres humanos; y cómo las personas justifican extremismos y creencias que para otras son irracionales. Incluso hablamos sobre el surgimiento de la autoconsciencia y la posibilidad de que los humanos de hace tres mil años fuesen, vistos desde nuestra perspectiva y nuestra actual visión de la mente, todos «esquizofrénicos».
Empecemos por el principio, esto es, por los bebés. Que ya nacen con lo que llamas un «sistema operativo» que les permite distinguir entre cantidades de objetos, entre un idioma y otro y, lo más fascinante, entre distintas situaciones éticas o morales. Hay un experimento donde les enseñan una animación con un triángulo y un cuadrado. El triángulo o bien ayuda al cuadrado a subir una cuesta, o bien se lo impide. Bebés de pocos meses, que no saben hablar y apenas pueden expresarse, ven esa animación e interpretan la situación como positiva o negativa. ¿Eso es así?
Sí, por supuesto. Hay millones de experimentos que lo muestran. Es un buen ejemplo de cómo la ciencia se encarga de mostrar lo que no es intuitivo. El mundo parece plano y durante miles de años todos pensaban que, en efecto, era plano, hasta que alguien en Grecia vio que las sombras entre dos lugares a doscientos kilómetros no eran iguales. Y eso era raro porque, si el mundo es plano, las sombras tienen que ser iguales. Y de cómo cambiaban esas sombras dedujo que el mundo era curvo. Hizo una cuenta y calculó un radio. Y luego una persona se mandó en barco y llegó al otro lado. La ciencia derribó un mito. Un mito bien fundado, porque se basaba en toda la experiencia sensorial.
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Apasionante. Gracias a E. J. Rodríguez y a JOT DOWN por este placer. Y ahora una pregunta desde la más sincera ignorancia, motivada quizá, por el confinamiento atocinado al que nos vemos sometidos. Se dice al principio de la entrevista: «El mundo parece plano y durante miles de años todos pensaban que, en efecto, era plano hasta que alguien en Grecia vio que las sombras entre dos lugares a doscientos kilómetros no eran iguales.» La pregunta que me hago es, ¿quién en la Grecia antigua tenía la capacidad de ver al mismo tiempo y con 200 Km. de distancia, la diferencia entre las sombras en ambos sitios? Juro que no es mi intención buscar tres pies al gato, tal vez haya sido «una manera de hablar» por parte del entrevistado, o bien hay una explicación científica para esto, aunque yo no dé ahora mismo con ella. Aún a riesgo de exponerme a cierto bochorno, quisiera si es posible que alguien me sacara de dudas, por favor.
Se refiere a Eratóstenes, y la historia es algo complicada. Un pozo en el ecuador, midiendo la sombra al mediodía, con el sol a su mayor altura, frente a otro en el mismo meridiano, más al norte, el ángulo de incidencia se modificaba; conociendo la distancia entre los dos puntos y el ángulo, por una regla de tres sale el perímetro terrestre. En internet te lo explicarán mejor.
Muchas gracias. Me he puesto un poco al corriente sobre Eratóstenes y sus peculiares métodos basados además de en elaborados cálculos matemáticos, en el uso de camellos. Yo me imagino que Eratóstenes tendría apalabrado a un colaborador que estaría apostado en el punto y momento exactos en la otra ciudad mientras él controlaba su propio punto en la suya. O eso, o esperó un año exacto para desplazarse al otro lugar para constatarlo con sus ojos. Y si no es así, será que aún no he acabado de pescarlo. Algo que no me extrañaría porque soy una nulidad para las matemáticas y la física; no como esos griegos que con lo «antiguos» que eran a ojos de hoy, hay que ver cómo discurrían y dominaban el tema.
Muy interesante para más de una lectura y análisis. Vale la pena
Una lectura subyugante, aunque difícil que me ha hecho viajar dentro de los desniveles y planicies de mis conocimientos. Y para colmo proveniente de un paisano. ¡Ah, mi Argentina! Dejénme delirar por unos instantes. Sueño con una Argentina Planetaria con los versos de nuestra Constitución: para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo de la Tierra, una Argentina en donde el ochenta por ciento está distribuido entre aborígenes, ibéricos e itálicos y el veinte restante entre gringos, asiáticos y semitas, lo suficiente como para contra restar, aunque interpolando, el síndrome-virus mejicano transmitido por un mariachi: en México somos todos machos, dijo, aun sabiendo que siendo mitad y mitad se vive mejor. Una lectura, decía, que deja sus rastros, pero del momento que me liberé de esa nuez gigante y gelatinosa con pretensiones de simetría que es mi cerebro ando más ligero. Reconozco que no fue fácil, porque, aunque tirano, los fines de ambos son los mismos: sobrevivir, vivir el mayor tiempo posible, pero para mi fortuna, él en su encierro claustrofóbico y yo en espacios abiertos. Además, él, por ser una réplica sofisticada y voluminosa del mecanismo antiquísimo y aún vigente de tantear, unir, deglutir, amalgamar o rechazar para seguir siendo distinto con objetos iguales no puede liberarse. Yo, de ese sistema, sí. Es difícil ser un examinador en la mesa de examen del ingreso a la vida, ser juez y parte. Es mejor ser un poco ignorante o desprovisto. Soy libre porque cuando dormía le robé todos sus apuntes sobre las cosas a las cuales temía. Él, en cada persona ve un extraño: para mi es un tipo de mi mayor consideración; como era, es y será masculino le tiene un terror espantoso a ser del género opuesto. Yo, hasta haría sexo con los tipos anteriores, los de mi mayor consideración. ¿Desprecia las flores y plantas? Heme aquí que por puro espíritu de contradicción las planto, las riego y hasta hablo con ellas. ¿Que los gatitos son cosas de nenas?, pues entonces, más gatos para de la ternura hacer ley. ¿Todos quieren el aplauso?, pues entonces, nada, mayor ridiculez para las vergüenzas ajenas. ¿Que nadie se hace millonario siendo músico o payaso?, pues dale más a los conciertos y circos. ¿Le gusta tanto el contante?, nada pues, las chirolas necesarias. ¿Que hay o no libre albedrío? A mí no importa más de tanto, visto que, habiendo o no habiendo hemos llegado hasta acá. Él sigue enamorado de la metafísica. ¿Hay un político que le crea espanto? Yo me muero de risa porque desconfiables somos todos. No lo voto, a ese o a los otros: No. solo por espíritu de contradicción: es difícil estar seguro de algo. Además, total moriremos todos. Pero en algo estamos de acuerdo: éramos tan felices cuando recién habíamos llegado, mellizos homocigóticos con la conciencia de que le romperíamos la tranquilidad a todos porque para eso hemos nacido, especialmente a los curiosos, como el entrevistado. Lo mejor para usted.
Diga que sí don Mariano, que si no el amigo Eduardo Roberto se lo explica más en detalle
Me parece que escribo demasiado. Sí. Por lo menos alguien me lo hace notar. Y no puedo echarle la culpa al «bendito rectángulo». Pero es un bochorno no decir nada de frente a este trabajo. Y no es el único. Solo dos satisfactorios y precisos comentarios. A Eratóstenes, y en línea con Maestro Ciruela, me gustaría que me explicara cómo diablos hizo para sincronizar el momento único para medir las sombres en dos puntos alejados de cientos de quilómetros cuando no había relojes. Con los de arena es ridículo solo pensarlo. El solsticio no es fijo. Debe de haber algo que ni él mismo lo sabe y menos yo. Gracias igualmente.
«En última instancia, casi todas las acciones humanas se hacen para lograr un aplauso»
Me gusta la gente que apuesta por ayudar a los demás, sin inflar el ego, desde una actitud de minoridad; «franciscana».
https://dametresminutos.wordpress.com/2019/09/22/tirar-por-la-ventana-la-bolsa-de-oro/
Mucho mejor el proselitismo que buscar el aplauso, no cabe duda. Y para qué comentar o leer la soporífera entrevista a un neurocientífico cuando podemos replicar, en actitud franciscana, a un titular poco afortunado.
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