Futuro Imperfecto #27: El hambre ya está aquí

Publicado por y Guillermo de Haro
Voluntarios del Banco Español de Alimentos, usando máscaras faciales debido a la pandemia de coronavirus COVID-19, el 13 de mayo de 2020 en Girona. Foto: Adrià Salido Zarco/NurPhoto.

En 1993 Kevin Carter ganó el Pulitzer con la fotografía El buitre y la niña. La imagen era sobrecogedora, ella se encogía sobre sí misma mirando al suelo y un buitre detrás parecía estar esperando a que muriera para alimentarse. No fue del todo así, y Carter se suicidaría apenas tres meses después de recibir el premio, a medias entre el trauma de lo vivido y la bancarrota, pero su foto quedó en el imaginario colectivo como resumen de lo que es el hambre. Un asunto africano de pieles negras en que asoman huesos. 

Esta semana, y antes durante varias semanas, las fotografías de las colas del hambre se han sucedido en lugares de todo el mundo, aunque quizá sorprendían más en Ginebra, ese lugar de relojes de lujo y banca para millonarios. Allí la ONG Caravane de la Solidarite, ha atendido colas de 2000 personas, el diez por ciento de la población de la ciudad. En Suiza hay 600 000 personas viviendo bajo el umbral de la pobreza, el ocho por ciento del total

Aquí son 9 950 000 los españoles en riesgo de pobreza. Se estima que de ellos al menos 1 500 000 necesitarán ayuda para alimentarse a consecuencia de esta crisis, y acudirán, como hacen desde 2008, a un heterogéneo grupo de organizaciones que integran ONG, parroquias y asociaciones vecinales, los bancos de alimentos. La diferencia ahora es que las cuarentenas por coronavirus han hecho aparecer en esas colas gente que nunca antes habían tenido que acudir a ellos. No importa el reportaje o crónica que elijas, ni en qué país del mundo se haga. Muchas personas de las que esperan en España, en Italia, o en Suiza, se alegran de llevar mascarillas porque no se les ve la cara. Es su primera vez pidiendo alimento, y sienten vergüenza porque jamás estuvieron en esta situación. El 40% de todos los que acuden aquí, según Cáritas. 

Países de la UE con mayor pobreza de larga duración.

Ocurre en Aluche, Madrid, donde se estiman en más de 100 000 las personas que pueden estar pasando hambre. Sus fotos hicieron famoso al barrio madrileño, pero no es el único. Las organizaciones de El Raval, en Barcelona, atienden por primera vez a comerciantes, autónomos que vivían de su negocio, y consideran que se está dando un hundimiento de clase media-baja a baja. Desde Lugo señalan que la pobreza ya no tiene un perfil, en las colas encuentran tanto a personas en situación de ERTE como a otros que se han quedado sin sus ingresos en negro, debido a las cuarentenas. Esto mismo lo señalan en los barrios de Sevilla: al no poder salir de sus casas, familias que antes subsistían se han quedado desamparadas. Podríamos seguir sin dejarnos un solo punto de nuestra geografía, este es un problema nacional, y también global. 

Este titular del New York Times, «En vez del coronavirus nos matará el hambre», resume el mayor sinsentido de nuestra época, porque aquí en los países ricos comida sobra. De lo contrario las ONG y asociaciones de voluntarios no estarían recibiendo donaciones constantes de los vecinos. Hubo voces de alarma en abril, muchas organizaciones estimaron que se quedarían sin suministros en junio, pero una vez más la entrega solidaria de los ciudadanos y empresas ha funcionado. El banco de alimentos de Madrid ha conseguido 1 300 000 kgs. con su operación kilo especial COVID-19, según informe emitido el 11 de mayo. Están en marcha iniciativas similares en Galicia y Castilla y León, en Córdoba, en Barcelona, y en muchos otros lugares. Los piden para atender a un 30% de personas más. Para ellos una bolsa de alimentos permite seguir pagando el alquiler, o comprar una bombona de butano para cocinar y ducharse. De esto va el hambre aquí en Occidente. No importa que vayas en coche, como en Estados Unidos, a recoger lo que no tienes otro modo de conseguir. Las fotografías son distintas, el problema de fondo el mismo. 

Obviamente no tratamos de comparar nuestros países con el cuerno de África, donde se prevé una hambruna para 43 millones de personas debido a la plaga de langostas y la COVID-19. Aquí hablamos de dolor, vergüenza, necesidad. Allí seguramente morirán, una vez más. Aquí tenemos dos elefantes en la habitación. Una economía maltrecha, que no sabemos cómo seguirá tras el confinamiento; y esa enfermedad que, libres o confinados, estará acechando en el rincón más inesperado cuando ya nos sintamos liberados. 

Alemania y Corea del Sur nos han adelantado algunas posibilidades esta semana al subir su cifra de contagios. En el país asiático un joven bailando en clubs ha podido ser el foco de contagio para cien personas y el motivo del cierre de unos miles de establecimientos. Sus autoridades se han apresurado a cerrar otra vez el recién inaugurado curso escolar. En la tan bien gestionada Alemania se descubre gracias al virus que hay rumanos y polacos en condiciones de esclavitud en sus mataderos, sin suficientes medidas de prevención contra la epidemia. 

No sabemos si eso explica en parte este aumento de la tasa de contagio que al día siguiente el instituto Kotch se apresuraba a desmentir. Ni siquiera podemos decir que sea solo allí. Xataka ha hecho un buen repaso de la situación mundial en mataderos, que podrían ser un adelanto de lo que acabará pasando en las industrias por la combinación de virus y confinamiento. Unas vergüenzas de las que no nos preocupamos en la anterior crisis.

¿Cómo disminuir este efecto y paliar el hambre? Nuestro gobierno habla de una renta básica universal®. Antes de que se convierta en un God Term más, partamos de una base común que creemos todos podemos aceptar: una sociedad moderna y civilizada no puede considerar como normal la existencia de personas viviendo en la pobreza, y debería buscar soluciones a este problema de manera continuada. Llegados a esa conclusión afrontamos varias evidencias. La primera, la que explicaba el tristemente fallecido Hans Rosling en una inolvidable e imprescindible charla TED: en todos los países tenemos de todo, en mayor o menor medida. Incluso en África podemos encontrar mucha riqueza y mucha pobreza.

La segunda, que algunos nos intenten vender que la solución a la pobreza es sencilla y debe aceptarse sin restricciones so pena de ser considerado el más malvado del mundo. La tercera, cómo financiar e implementar de manera efectiva la renta, midiendo que sus resultados cumplan el objetivo deseado. Es decir, que una medida política se lleve a cabo sin pensar únicamente en réditos políticos. Hay países que lo hacen así.

Pero ,¿de qué hablamos cuando hablamos de renta básica universal? Milton Friedman inventó este concepto como sustitutivo de las prestaciones públicas, pensando en que el ciudadano, una vez percibida su renta, contrate con empresas privadas la educación, sanidad, carreteras, policía, y resto de servicios estatales. En su versión contraria, el ingreso básico universal, el Estado garantiza un ingreso que cubre las necesidades básicas de los habitantes. 

Los avances sobre el modelo gubernamental propuesto en España apuntan hacia este segundo modelo, creando una paga compatible y que complemente otros ingresos para que cada individuo pueda alcanzar hasta 700€ mensuales. Si ingresa 300 cobrará 400, siempre y cuando no tenga vivienda en propiedad con valor catastral superior a 100 000€ (aproximadamente el doble en valor de mercado). El problema, y el diablo está en los detalles, es cómo se financiará, si se puede vivir con dignidad en todo el país con 700 euros, y por tanto si nos estamos quedando cortos o nos estamos pasando.

Aunque los detalles están por definir, la propuesta planteada asegura que costará 3000 millones a las arcas públicas. Las iniciativas en marcha para aumentar la recaudación, Impuesto sobre el Patrimonio, reforma del IRPF, o reforma de las pensiones, apuntan a lo evidente: será necesario aumentar impuestos para sufragar ese gasto adicional, y tantos otros derivados de esta pandemia. Lo no se plantea el gobierno es reducir costes en ministerios o salarios públicos, ya que sería «populismo»

Si nos comparamos con una monarquía constitucional parlamentaria sin pobreza como Noruega, encontramos que allí usarán 38 000 millones de euros de su fondo soberano para revitalizar la economía afectada por el COVID. Esto supone poco más del 4% del valor de dicho fondo. Noruega está entre los países del mundo con menor corrupción política. España entre Qatar y Botsuana. Con cientos de millones en casos de corrupción de sindicatos y partidos políticos de uno y otro lado del espectro, reprimendas de nuestros socios europeos por mentir en las cifras de gasto, déficits continuados durante más de dos décadas y una deuda impagable, ¿podemos resolver un problema sin resolver el otro? ¿O volveremos a ver casos de cientos de millones destinados a necesitados que terminan en las manos de quien no debe? 

Podemos discutir cifras, repartos, recaudación y hasta sobre cómo la orientación ideológica puede modificar la matemática de la renta básica. Incluso analizar el experimento finlandés. Pero la pregunta es si queremos ser una sociedad donde la gente que vive a nuestro lado o no muy lejos de nosotros pase hambre. Y si el precio de responder a sus necesidades no se cargará sobre el bolsillo de los de siempre. En eso se resume todo.

Nacho Carretero recogió esta semana la frase de una familia cualquiera: «nunca habíamos pedido ayuda y ahora nos vemos sin salida». Martín Caparrós ha sido más contundente. En su libro El hambre se pregunta cómo carajo conseguimos vivir sabiendo que pasan estas cosas. Lo más doloroso es que la memoria histórica que nos contaba historias del hambre se está perdiendo en residencias y hospitales. Aquellas historias en primera persona están sucediendo aquí, y ahora. E irán a más, a la vista de cómo evoluciona la economía mundial, el comercio internacional y las relaciones entre países. 

Es la hora de un cambio. Es la hora de la transparencia, del consenso y de recuperar la confianza. Es la hora de terminar con esta polarización de la sociedad entre los buenos y los malos, los de un color y los de otro. Si no lo hacemos no reconoceremos al protagonista de ninguna de las muchas historias del hambre a simple vista, cuando nos le crucemos por la calle. Pero correremos el riesgo de reconocerlo algún día al mirarnos al espejo en casa.


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15 comentarios

  1. Máximo

    Por encima del hambre de los pobres está nuestra libertad. Que se las apañen. Con discursos populistas y comunistas no vamos a ningún lado. Lo único que pretenden, en realidad, es extender la pobreza a todos para que gobiernen unos pocos.
    Si pasan hambre, es que no tienen porque no tuvieron, la solución se llama trabajo y ahorro.
    Fdo. – Núñez de Balboa

  2. SALVADOR ROFES

    Y¿ Y si empezamos por exigir que Juan Carlos I retorne al país los capitales que tiene en el extranjero? Esta medida es imprescindible para exigir medidas a los ciudadanos de a pie que, sin ninguna duda, vamos a pagar la crisis. Seria un gesto por parte del gobierno y la extrema derecha del país que le obliguen a ello. Si son ciertas las cifras que da la prensa extranjera creo que, de entrada, serían una buena ayuda para la recuperación.
    ¿Y si bajamos el presupuesto de Defensa un 15%? Sólo con esta medida ya podríamos atender a una gran parte de los ciudadanos al límite de la pobreza.¿O vamos a ver como cada año y una vez aprobado el presupuesto del país un aumento encubierto de este presupuesto? ¿Para que necesitamos aviones militares y tanques que nunca vamos a usar?

    • Máximo

      Lo del emérito se entiende, pero lo del ejército…
      ¿Que no los vamos a usar? ¿Y si?
      Si vis pacem, para bellum.
      Que nos ocupe la OTAN o Marruecos, qué más da.
      Puede estar uno muy preocupado por la pobreza y no renegar del ejército.
      Es más alguna forma de luchar contra la pobreza puede derivar de tener un buen ejército.

  3. j.porras

    Tremenda fotografía la que nos exponen en esta artículo. Siento no coincidir totalmente ni con @Máximo ni con @Salvador Rofes.
    Creo que no hay que reinventar la rueda, pero sí retomar posibles modelos de gestión social descartados u olvidados, Y desde luego, tener un mínimo de conciencia social, lo que no quiere decir renunciar a que cada uno sea responsable de ejercer su libertad con responsabilidad.
    Respecto a los temas de presupuestos en Defensa, lo compro en un mundo sin conflictos… pero mientras haya un loco suelto dispuesto a buscar la guerra, lo siento pero no.
    En cualquier caso, recomiendo la lectura de un texto periodístico escrito por Hermann Hesse en 1914 titulado «¡Amigos, no en ese tono!». Se puede encontrar en «La eternidad de un día, clásicos del periodismo literario alemán (1823-1934)» de Ediciones Acantilado.

  4. Me imagino que si se considerara también la calidad de la alimentación (algo así como «el hambre y la mala alimentación (nutrición)») el promedio subiría drásticamente. Pregunto: si todos los países tuvieran sistemas de gobierno verdaderamente democráticos (y ecológicos), sin despilfarro del patrimonio en gastos militares (etc.), ¿tendríamos condiciones de vida (y trabajo) dignas para todos los habitantes del planeta?

    • j.porras

      Creo que si eso ocurriera, ya no seríamos humanos, seríamos otra cosa. Pero sí, habría que tender a ello.

  5. Ginebra tiene medio millón de habitantes, por lo tanto, el diez por ciento de su población no son 2.000 personas sino 50.000. » En Suiza hay 600 000 personas viviendo bajo el umbral de la pobreza». ¿De qué umbral? Cualquiera de esos a los que llamáis cuasi pobres en Suiza vive mucho mejor que la inmensa mayoría de clase media del resto del mundo. Es la primera vez que dejo de leer un artículo en este medio a la mitad. No se puede pensar que vuestros lectores somos tan rematadamente imbéciles para tragarnos cualquier cosa escrita con descarado ánimo tendencioso.

    • Gracias por comentar. Nuestro news recoge datos de artículos publicados en todo el mundo con ánimo de proporcionar visiones globales. Si vas a los enlaces que añadimos encontrarás los datos que cuestionas.

      • Máximo

        Desengáñese, no hay pobres hambrientos, sólo llorones y emprendedores.

      • Máximo

        Lo que sí es cierto es que hay un error. Habla de que ha habido colas de 2.000 personas en Ginebra y de que la población ginebrina llega a 200.000. Eso es un 1%.
        Sobre el dato de 600.000 personas bajo el umbral de la pobreza si lo dicen los propios organismos oficiales suizos poco más hay que añadir.
        Bueno está, todos los que nos creamos ese dato somos imbéciles. Amén.

        • Aunque la Oficina Federal de Estadística no tiene una definición de personas “ricas”, sí la tiene para determinar quiénes son pobres. Y, desde 2014, esta categoría de hogares (que ganan menos de 3 990 francos al mes para dos personas adultas y dos niños) ha visto incrementar sus filas de manera constante, aumentando casi un 10% entre 2016 y 2017. La pobreza afecta al 8,2% de la población suiza. (…)

          Hay que saber leer. Yo he dicho que: «Suiza hay 600 000 personas viviendo bajo el umbral de la pobreza». ¿De qué umbral? Cualquiera de esos a los que llamáis cuasi pobres en Suiza vive mucho mejor que la inmensa mayoría de clase media del resto del mundo.» Y lo sé porque conozco el país, he vivido en él, lo suelo visitar, tengo allí a buena parte de mi familia y sé de qué hablo. Lo que se denomina «pobre» en Suiza aquí sería una persona sin problemas para subsistir. Y me refiero a que tendría un techo digno, podría hacer sus tres comidas diarias sin problemas, vestirse y calzarse y no estaría en la indigencia. Claro que no alcanzaría a vivir como el resto de la población inmediatamente superior en el escalafón; llámele clase media o como quiera. En Suiza no verá usted salvo casos extremadamente puntuales a nadie pidiendo limosna, ni recogiendo alimentos de entre los contenedores de basura. Aclarado eso, me refiero cuando digo «No se puede pensar que vuestros lectores somos tan rematadamente imbéciles para tragarnos cualquier cosa escrita con descarado ánimo tendencioso», a que no se pueden soltar datos tan alejados de la realidad sin un mínimo contraste.

          • Máximo

            ¿Pero son reales las 2.000 personas de la cola ginebrina buscando comida?
            Aunque un pobre suizo sea más rico que un traumatólogo granadino, ¿le damos de comer si pasa hambre?
            A lo mejor, por cuestiones de estadística, sería oportuno no atenderlo.

      • O sea, que no os molestáis en verificar los datos que aportáis.

      • Máximo

        Municipio, 200.000
        Cantón, 500.000
        Área metropolitana, 900.000

  6. Máximo

    Respecto al último párrafo del texto y viendo algún comentario:

    Según fuentes oficiales
    La paz es cosa sencilla
    Bastarán con que dialoguen
    El carnero y la cuchilla

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