Cine y TV

La agonía de la televisión

Televisión
George Clooney y David Strathairn en Good Night, and Good Luck, 2005. Fotografía: Manga
Films.

De pronto se levantó. Fue hasta el televisor. Abrió las piernas y se meó en la pantalla. Como para borrarla. El tiempo se detuvo. Me tiré del sofá, me arrastré como un lunático, me tumbé boca arriba entre sus piernas. Fui rociado por una cálida cascada dorada que me salpicaba las mejillas, las fosas nasales y los ojos. Algo estalló en mi cerebro como una bomba de muchos megatones. Un relámpago cegador desgarró mis órbitas. Experimenté el orgasmo más sublime de mi vida.

 Óscar (Peter Coyote) en Lunas de Hiel (Roman Polanski, 1992)

A muchos hombres de nuestro tiempo les ha ocurrido que al sacar un abrigo del armario se han encontrado en el bolsillo pañuelos de papel llenos de mocos, el envoltorio arrugado de un chupachups, tiques de la compra y el turulo de la cocaína. Más pronto que tarde, en el futuro inmediato, entre esos enseres, se encontrará también su televisión. Así lo ha anunciado el fabricante LG, que ya ha desarrollado una televisión enrollable como una persiana que, cuando deja de verse, se guarda en el cajón como si fuera el rollo de papel de cocina. Un trasto más. 

Lejos quedan los tiempos en que las televisiones daban miedo. El invento suponía que familias en las que algunos de sus miembros todavía recordaban la vida en el siglo XIX introdujeran en sus hogares tecnología punta. A las gentes eso les echaba para atrás. Por este motivo los primeros diseños del aparato lo envolvían en maderas de suaves curvas que se adaptaban perfectamente al resto de los muebles del hogar medio. Algo así como cuando Gertie (Drew Barrymore) disfrazaba a E. T. de bajista de Pereza para que no se le atragantase su aspecto de criatura del espacio. Los ebanistas, codo con codo con los diseñadores industriales, le llegaron a poner puertas a la tele para que uno pudiera tapar pudorosamente su amenazante pantalla cuando no se estaba viendo. Había que dar al consumidor la impresión de que la máquina estaba domesticada.

Fueron tiempos en los que una televisión costaba la mitad que un coche (1936) Toda la publicidad de televisores estaba dirigida a los ricos. En los anuncios, los televidentes aparecían viendo la caja tonta vestidos de gala y esmoquin hasta que la Segunda Guerra Mundial lo cambió todo. Los avances en el radar se aplicaron a la tele y pudo ir abaratándose el producto. Cuando estuvo al alcance de la mayoría, empezó la fiesta. 

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4 comentarios

  1. Carlos Diaz

    No tengo television desde el 2005. La segunda mejor decision que he tomado en mi vida.

    • Hace años también que prescindí de ella (que no de los contenidos audiovisuales, que selecciono y veo, sin anuncios y cuando puedo y/o quiero, en el ordenador, el móvil o con un proyector).

      Para mí fue como hacer una cura de desintoxicación, me sentí liberada y dueña de mi tiempo de ocio. Cada persona es un mundo pero animo a quien se lo esté planteando a que pruebe a vivir sin su tiranía programática y publicitaria.

      Por curiosidad Carlos, ¿cuál fue la primera mejor decisión que tomaste en tu vida?

  2. Pareciera que el destino de la humanidad sería estar eternamente de frente a una pantalla sin importar las dimensiones de esta. Es algo que crea un cierto rechazo, pero si consideramos que estamos continuamente inmersos en la peculiar “pantalla” de nuestra conciencia que se activa con nuestra visión, no es tan descabellado ese anhelo. Además, los argumentos de aquellas son más divertidos (o inesperados) que los nuestros. Pero sería un triste destino tener que ser entretenidos para existir.
    Zapeando
    La heroína dijo que sí, y en algún otro lugar
    una mariposa exuberante inició el vuelo.
    Un gorrión detuvo su volar para meditar
    unos instantes sobre la existencia de la rama,
    de la flor del ciruelo, del cielo que lo rodeaba
    meneando su cabecita inquieta; que sí, que no,
    puede ser, tal vez, pero no escondía su desacuerdo
    al golpear con su pico el escaño de su cátedra
    sin saber que era el personaje de National Geografic.
    En otras partes hay hecatombes, guerras, procesiones,
    y en otras, matrimonios con frac, torta y tanto arroz.
    Hay neonatos que con esfuerzo y a cara e’perro
    nacen juntos a sus madres bajo la luz de reflectores.
    Alguien reza, otros insultan, ponen precios, acusan,
    Jamás piden disculpas, o solo decir me equivoqué,
    unos trenes llegan tarde propiciando los encuentros,
    otros en horario, pero, ¿qué preguntarles a sus pasajeros
    que han llegado sanos y salvos al lugar de sus regresos?
    Todo es un tejido azaroso de hechos normalísimos,
    multitudes que respiran todas al mismo tiempo,
    una mitad del mundo copula, la otra piensa hacerlo
    para robustecer aún más las montañas de huesos
    de los que lo han hecho y multiplicaron primeros.
    Y se comienza de nuevo para mi curiosidad:
    La heroína por heroína de tv, nunca se pondrá vieja
    para nosotros, secretamente enamorados de ella,
    las mariposas de un mismo género, siendo iguales
    y espléndidas, parecen afirmar que la eternidad existe
    pero caemos en la tristeza al saber que poco duran,
    al gorrión filósofo le dejamos el beneficio de la duda,
    porque es imposible saber cuán joven o anciano es,
    y así, entre clic y clac, el tiempo pasa con el tictac
    del cocodrilo de Peter Pan y el miedo de don Garfio,
    Superman no puede amar porque es extraterrestre,
    Batman, cada vez más oscuro y resignado a ser taciturno.
    El pronóstico para mañana promete tiempo inestable,
    densidad de nubes y ráfagas de viento que provienen
    del cuadrante Nord Oeste, pero hay una zona de depresión.
    Se recomiendan los abrigos, los paraguas, o salir sin ellos
    según el estado emocional de los gentiles espectadores,
    Son las doce, el café hierve, el libro y el cigarro esperan,
    el insomnio de la vida junto a la fauna de la televisión
    me mantienen aún despierto.

  3. Nunca agraderemos bastante a Berlusconi, y a su virrey Vasile, sus denodados esfuerzos por volvernos a los españoles cada vez más idiotas. Grazie mille, don Silvio.

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