¿Qué es la gramática universal? ¿Alguien la ha visto?

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Gramática Universal
Verbum, M.C Escher, 1942. Imagen: M.C.Escher Foundation.

Cuando dibujo, siento a veces que soy como un médium espiritista, controlado por las criaturas que convoco. Es como si ellas mismas eligieran la forma bajo la cual van a aparecer. Toman escasamente en cuenta mis opiniones críticas del momento en que nacen, y no puedo ejercer mayor influencia sobre el grado de su desarrollo. (M. C. Escher)

De las palabras de Escher se infiere que los patrones de desencadenamiento de un determinado símbolo no son absolutos, sino que dependen del sistema dentro del cual se activa el símbolo. La mayoría de los pensamientos están compuestos por elementos básicos, cuya dimensión coincide, más o menos, con la de la palabra, como sugiere Verbum, litografía del autor.

Son las palabras los trazos de pincel elementales que habitualmente usamos para pintar el retrato de conceptos más complejos. Están conectadas, en cada individuo, con formas que asimismo son correspondientes entre individuos. Se trata de un verdadero isomorfismo funcional con el que tratamos de caracterizar qué es lo invariante y universal en todos los lenguajes.

La gramática universal es un constructo sospechoso. Poca gente la ha podido ver, y quienes la ven —generalmente lingüistas— no se ponen del todo de acuerdo en qué la compone exactamente. En el año 2000, el lingüista estadounidense Noam Chomsky la definió como la idea de que los lenguajes humanos, que son superficialmente diversos, comparten unas similitudes fundamentales atribuibles a principios innatos exclusivos del lenguaje. «En el fondo, solo hay un lenguaje humano.» Esto es la gramática universal.

Para afirmar esto tranquilamente suscitando una controversia moderada han tenido que pasar décadas de estudio. Aun así, la gramática universal produce tal bloqueo en lingüistas y no lingüistas que todavía cuesta entender el lenguaje que articula dicho constructo.

Durante la primera mitad del siglo XX, el conductismo prevalecía en los estudios de psicología y tenía repercusiones significativas en la lingüística y los estudios sobre adquisición del lenguaje. Según esta línea de pensamiento, toda conducta era el fruto de asociaciones repetidas entre estímulos y respuestas, incluido el lenguaje. Se creía que el aprendizaje de lenguas, como cualquier otro tipo de aprendizaje, podía explicarse por una sucesión de pruebas, errores y recompensas en caso de éxito. En otras palabras, los niños aprendían su lengua materna por simple imitación, escuchando y repitiendo lo que los adultos decían.

Pero este punto de vista fue cuestionado radicalmente por Noam Chomsky. En 1959 publicó un artículo, «Review of Verbal Behavior», en el que criticaba un libro, Conducta verbal, de Burrhus F. Skinner, principal teórico del conductismo en esos momentos. Argüía Chomsky que la capacidad para comprender y producir lenguaje no se podía explicar como conducta aprendida. Cuando aprendemos un lenguaje somos capaces de generar todo tipo de expresiones que antes no hemos oído, por tanto, nuestro conocimiento es más profundo.

Con la publicación de sus trabajos, Chomsky empezó a cambiar la lingüística. Se cuestionó el conductismo, y la idea de la gramática universal y generativa se puso de moda. Se plantearon preguntas como: ¿qué aspectos del lenguaje se pueden manifestar sin ayuda de la experiencia? ¿Aprendemos el lenguaje al imitar a los padres, o tenemos un instinto? Chomsky partía de la observación de que el lenguaje es infinito —no hay límite en el número de oraciones que podemos producir y comprender—. Sin embargo, los elementos que configuran el input que recibe el niño que aprende la lengua sí son finitos. La cuestión es describir cómo el niño es capaz de comprender y producir un número infinito de expresiones lingüísticas utilizando un número finito de elementos.

En opinión de Chomsky, la razón por la que los niños dominan tan fácilmente las operaciones complejas del lenguaje es que tienen un conocimiento innato de ciertos principios que los guían en el desarrollo de la gramática de su lenguaje. En otras palabras, la teoría de Chomsky es que el aprendizaje de lenguas se ve facilitado por una predisposición que nuestros cerebros tienen para ciertas estructuras del lenguaje.

La idea no es del todo nueva. Un grupo de académicos de la Edad Media, los Modistae, y más tarde, durante el Renacimiento, los de la escuela francesa Port Royal, creían que todas las lenguas se basaban en una gramática universal que reflejaba la estructura de la mente de Dios. Chomsky, que de muy joven había leído los textos de estas dos escuelas, desarrolló su oposición al conductismo en esa línea. Él mismo traza la filiación de sus ideas al siglo XVII e identifica su punto de vista con el de los grandes filósofos racionalistas —sobre todo Descartes—, y lo contrasta con el de los pensadores británicos de la corriente del empirismo que mantenían que la mente es una tabula rasa y que todo el conocimiento deriva de la experiencia. Para Chomsky, la mente es un sistema bello, cuya construcción es visible en el lenguaje. El que resuelve el enigma del lenguaje se lleva el premio gordo: el conocimiento sobre la estructura del pensamiento.

Así formuló Chomsky la idea de que la capacidad de controlar las estructuras gramaticales es innata y está genéticamente determinada. La gramática es generativa en el sentido de que se genera, se crea. La pregunta que se debe hacer el lingüista es: ¿cómo hacer una descripción finita de algo que tiende a infinito? Es posible hacerlo si se piensa en la gramática como si fuera un dispositivo que junta frases y trozos de oraciones siguiendo unas reglas precisas, de manera que se generan oraciones correctas. Si hay unas reglas que se pueden aplicar a su mismo resultado, es decir, recursivas, entonces es posible que las gramáticas finitas generen lenguajes infinitos.

¿Pero qué idioma? Para que la teoría de Chomsky sea cierta, todos los idiomas del mundo deben compartir ciertas propiedades estructurales. Y, de hecho, Chomsky y otros lingüistas generativos como él han demostrado que los aproximadamente seis mil idiomas del mundo, a pesar de tener gramáticas muy diferentes, comparten un conjunto de reglas y principios. Creen que esta gramática universal es innata y se produce en algún lugar de los circuitos neuronales del cerebro humano. Y esa sería la razón por la cual los niños pueden seleccionar, de todas las oraciones que les vienen a la mente, solo aquellas que se ajustan a una estructura codificada en los circuitos del cerebro.

La gramática universal, por tanto, consiste en un conjunto de restricciones inconscientes que nos permiten decidir si una oración es correcta. Un par de dados ofrece una metáfora útil para explicar lo que Chomsky quiere decir cuando se refiere a la gramática universal como conjunto de restricciones. Antes de lanzar los dados, sabemos que el resultado será un número del 2 al 12, pero nadie apostaría a que sea el 1111. Del mismo modo, un bebé recién nacido tiene el potencial de hablar varios idiomas, dependiendo del país en el que nazca, pero no solo los hablará de la manera que quiera: adoptará ciertas estructuras innatas preferidas. No son cosas que los bebés y los niños aprenden, sino cosas que les suceden. Imaginemos a hablantes nativos de inglés, español, urdu y ewe, todos los cuales tienen un excelente dominio de sus respectivas lenguas maternas. Sus redes de símbolos ¿serán similares? Lo cierto es que una gran parte de la red de símbolos de todo ser humano es universal.

La investigación posterior pronto apoyó la teoría de la gramática universal. Por ejemplo, los investigadores descubrieron que los bebés de solo unos días de edad podían distinguir los fonemas de cualquier idioma y parecían tener un mecanismo innato para procesar los sonidos de la voz humana. Por lo tanto, desde el nacimiento, los niños parecen tener ciertas habilidades lingüísticas que los predisponen no solo a adquirir un lenguaje complejo, sino incluso a crear uno modificado a partir de un estímulo incompleto si se da el caso.

Un ejemplo de tal situación se remonta a la época de la esclavitud. Sabemos que, en muchas plantaciones, los esclavos provenían de lugares diferentes y tenían lenguas maternas distintas. Por lo tanto, a partir de un input lingüístico incompleto consiguieron desarrollar, para comunicarse entre ellos, lo que se conoce como lenguas criollas.

Pero hay muchos más ejemplos, que podemos resumir en una serie (incompleta, construida para este artículo) de argumentos que apoyan la existencia de la gramática universal.

-Los universales del lenguaje: todas las lenguas comparten ciertas propiedades: los principios.

-Convergencia: los niños están expuestos a diferentes tipos de input y aun así convergen en la misma gramática.

-Pobreza de estímulo: los niños adquieren conocimientos para los que no hay evidencia en el input.

-Ausencia de evidencia negativa: los niños saben qué estructuras no son correctas a pesar de que no están expuestos a evidencia negativa.

-Facilidad y rapidez en la adquisición del lenguaje infantil: los niños aprenden el lenguaje rápido y sin esfuerzo, con una exposición mínima.

-Uniformidad: todos los niños pasan por las mismas etapas en el mismo orden cuando adquieren el lenguaje.

-Efectos madurativos: la adquisición del lenguaje es muy sensible a factores de maduración y relativamente insensible a factores medioambientales.

-Disociaciones entre lenguaje y cognición: algunas personas tienen un lenguaje (relativamente) normal, pero una cognición deteriorada, mientras que otros tienen problemas cognitivos y un lenguaje (relativamente) normal.

No era tan difícil de entender. Definir qué componentes tiene exactamente la gramática universal es algo más complicado. La gramática universal comprende el sistema de categorías, mecanismos y restricciones compartidos por todos los lenguajes humanos y considerados innatos. En general, incluye «principios», es decir, declaraciones generales que especifican las restricciones sobre las gramáticas de las lenguas, y «parámetros», que especifican las opciones para la variación gramatical entre ellas.

En la década de 1990, afinando un poco más, la investigación de Chomsky se centró en lo que llamó Programa Minimista, que trata de demostrar que la facultad del lenguaje de nuestro cerebro es la facultad mínima que puede esperarse, dadas ciertas condiciones externas que se nos imponen de forma independiente. Siguiendo los avances en neurociencia, Chomsky comenzó a poner menos énfasis en la idea de una gramática universal formada en el cerebro humano, y más énfasis en una gran cantidad de circuitos cerebrales plásticos. Y junto con esta plasticidad vendría un número infinito de conceptos. Luego, el cerebro procedería a asociar sonidos y conceptos, y las reglas de gramática que observamos serían, de hecho, solo las consecuencias o efectos secundarios de la forma en que funciona el lenguaje. De manera análoga, podemos, por ejemplo, usar reglas para describir la forma en que opera un músculo, pero estas reglas no hacen más que explicar lo que sucede en el músculo; no explican los mecanismos que utiliza el cerebro para generar estas reglas.

Por esto, entre otras razones, los componentes de la gramática universal se reformulan con los años. Algunos lingüistas ven la gramática universal como una estructura muy elaborada, que consiste en una gran cantidad de principios y parámetros. En el otro extremo, tenemos la tesis minimista, según la cual la gramática universal comprende solo la operación de construcción de estructuras. Pero la mayoría de los lingüistas afines a la tradición chomskiana se quedan con el modelo de gramática universal que mejor sirve a sus propósitos, porque todos los modelos son válidos; si uno quiere estudiar la adquisición del lenguaje, posiblemente escoja el Programa Minimista, pero si lo que quiere es viajar a, por ejemplo, África, y describir una o dos lenguas que todavía no han sido estudiadas, lo más adecuado es que escoja la teoría de los principios y parámetros y tendrá el modelo perfecto para articular formalmente su investigación.

En Verbum, la ya mencionada litografía de Escher, hay una elaboración de oposiciones dentro de unidades ubicadas en diversos niveles. El ciclo metamórfico transita de noche y de día por tierra, aire y agua dentro de un hexágono. Mirando circularmente, vemos un tránsito gradual: de pájaros negros a pájaros blancos, de ranas negras a ranas blancas, y volvemos al comienzo: pájaros negros. Según nos desplazamos hacia el centro, las distinciones se hacen paulatinamente difusas hasta que por fin permanece una única esencia que sugiere la palabra Verbum.

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5 Comentarios

  1. Es un placer leer sus artículos, en los cuales siempre encuentro algo para reflexionar. Muchas gracias.

    No es tan fácil opinar sobre el habla
    cuando el habla opina y para colmo
    de males modificadas sus vocales
    por ese otro idioma que es el Tiempo.
    Sé que tuve un lenguaje primitivo
    cuyos restos fósiles se presentan
    cada tanto cuando rastreando las
    palabras para saciar el hambre me
    quedaba en silencio, ambiguo vocablo
    sonoro para lamentar su contrario,
    metáfora primera, misterio venerado
    a quien nuestros votos, si periódicamente
    ofrendados y con pureza de oraciones
    desataban nuestra algarabía prolongando
    la existencia con gritos, voces nuevas,
    ayes, letanías, relatos y poesía.

  2. Interesantísimo. Pero conociendo cómo han ido evolucionando nuestros primos desde hace casi 1 millón de años, aún me fascina más el tema. Pero me imagino que será una tarea imposible indagar en los más profundo de nuestro pasado, cuando nos movíamos por oleadas y migraciones sin vuelta atrás..

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