El gran retrato

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Retrato
Cortesía Everett Collection.

En su visionaria novela El gran retrato, publicada en 1960, Dino Buzzati cuenta la historia de un atormentado científico que intenta reproducir la mente de su esposa muerta en un gigantesco ordenador.

«Nunca había habido en el mundo nada semejante, que fuera a la vez montaña, fortaleza, laberinto, castillo y selva, y en cuyos innumerables recovecos de intrincadas formas se multiplicaran resonancias jamás oídas», dice el narrador refiriéndose a la enorme máquina pensante. Pero la frase bien podría referirse al propio cerebro humano, cumbre de la evolución (por lo que sabemos y hasta el momento), castillo y fortaleza de la mente, laberinto de innumerables recovecos e intrincada selva (esa «selva impenetrable en la que nos extraviamos», como decía Ramón y Cajal).

Hace tan solo sesenta años, la posibilidad planteada por Buzzati parecía una quimera inalcanzable, una alegoría filosófica más que un relato de ciencia ficción; pero según algunos investigadores, un «gran retrato» fidedigno de la mente humana podría estar listo a finales de la próxima década.

Deep Blue, el superordenador que en 1996 derrotó a Kaspárov y acabó definitivamente con la supremacía ajedrecística humana, fue la primera prueba irrefutable de que una máquina podía realizar funciones mentales al más alto nivel, y, en la misma línea, el Proyecto BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies) —al igual que sus antecesores, el Proyecto Cerebro Humano (HBP) y el Blue Brain Projec— pretende realizar una simulación informática completa, no ya de una función determinada, sino del funcionamiento cerebral en su totalidad.

Según el neurobiólogo Rafael Yuste, de la Universidad de Columbia, uno de los principales impulsores del Proyecto BRAIN, «dentro de unos años podremos descifrar el cerebro humano, y el cerebro genera la mente. Si entendemos el cerebro, entendemos la mente. Si podemos leer la actividad del cerebro, podemos leer la mente». Suena un tanto reduccionista, pero sin duda es —será— un gran paso, tal vez el comienzo de una nueva era.

Proyecto Brain
Fotografía: The Brain Initiative.

Ya se han desarrollado las herramientas necesarias para construir modelos cerebrales de cualquier especie animal en cualquier fase de su desarrollo, y ya se ha conseguido reproducir satisfactoriamente una columna neocortical, uno de los bloques fundamentales de la arquitectura cerebral. La idea general es fusionar los conocimientos biológicos acumulados en las últimas décadas con los recursos informáticos más avanzados para realizar un mapa detallado y operativo de los circuitos cerebrales.

La complejidad de la tarea es enorme. En el cerebro humano hay unos 86 000 millones de neuronas, cada una de las cuales se conecta con al menos otras mil, con un total de unos 100 billones de conexiones en el cerebro adulto (en el cerebro infantil pueden llegar a los 1000 billones, pero van disminuyendo con el paso del tiempo hasta estabilizarse en la madurez). Y el presupuesto del colosal proyecto no es menos impresionante: del orden de los miles de millones de euros. Pero los beneficios para la neurociencia, la medicina y la propia informática son incalculables. Entre otras cosas, en el cerebro virtual se podrían simular trastornos como el alzhéimer y experimentar en un tiempo mínimo todo tipo de tratamientos.

El Proyecto BRAIN no es una iniciativa aislada. En Londres, el Proyecto Conectoma Humano en Desarrollo se ha centrado en obtener imágenes por resonancia magnética (IRM) de los cerebros de quinientos fetos en el tercer trimestre de embarazo, así como de los de mil bebés a los pocos días de nacer. A algunos de estos niños se los escoge por tener un pariente próximo con autismo, y al cabo de unos años se podrán comparar las IRM de los niños autistas con las de los demás. Y el Instituto Allen de Ciencia Cerebral de Seattle, en Estados Unidos, también está desarrollando mapas tridimensionales que combinan datos de la actividad genética con detalles estructurales del cerebro humano y de otros animales, y ha presentado su propio proyecto para estudiar el cerebro en desarrollo mediante el examen de la estructura celular y la organización de la actividad genética en cerebros fetales post mortem.

«Dentro de cinco años seremos capaces de leer la actividad de 50 000 neuronas al tiempo« —afirmaba Yuste recientemente—. «Eso supone poder registrar el cerebro completo de algunos invertebrados; en diez años podremos hacer lo mismo con cerca de un millón de neuronas, es decir, el tamaño del cerebro completo del mamífero más pequeño del mundo, el de la musaraña etrusca. Y en quince años podremos leer grandes trozos de cerebros humanos involucrados en enfermedades como la esquizofrenia».

La terra ignota empieza a ser explorada y cartografiada, y el gran retrato va tomando forma. Las posibilidades son ilimitadas, y los problemas éticos y filosóficos implicados en estos proyectos no son de menor envergadura que sus logros potenciales.

De hecho, no todos ven el Proyecto BRAIN con buenos ojos, y que la DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) esté entre sus principales promotores estadounidenses no contribuye a disipar la sospecha de que su objetivo oculto podría ser más militar que sanitario.

En cualquier caso, la aventura del conocimiento es imparable, y la última frontera está en nuestro interior, en el corazón de esa «selva impenetrable» que Ramón y Cajal vio en el cerebro humano.

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20 Comentarios

  1. Cuando tengamos ordenadores tan potentes que sean capaces de manejar tantas variables como las implicadas en el funcionamiento del cerebro, podremos analizar y predecir otros fenómenos de equivalente complejidad.

    Eso sin duda va a cambiar radicalmente el mundo. Además de poder controlar y replicar el cerebro humano, seremos capaces de predecir con exactitud los fenómenos meteorológicos y controlar completamente las dinámicas económicas mundiales.

    • Vamos en esa dirección, sin duda; pero aún falta mucho para «controlar y replicar». Incluso los fenómenos meteorológicos son demasiado complejos (caóticos, en el sentido físico-matemático del término) como para aspirar a predecirlos con exactitud.

  2. Pero yo tengo una duda: ¿qué significa «reproducir» el cerebro humano? ¿Quiere decir que la mente, los sentimientos, las emociones, la memoria de alguien podrá conseguirse que funcionen al margen de su cuerpo? ¿Una especie de inmortalidad mental? Todo esto me parece extraño: mi mente es la que es y piensa lo que piensa en relación a un cuerpo que ve, que toca… No sé, me parece raro.

    Aparte de eso, en el tema de la esquizofrenia al que se alude y demás, tengo mis recelos sobre los «avances» de las neurociencias: recuerdo una frase de Fromm: he conocido esquizofrénicos que creo que han sido más felices con su esquizofrenia que si hubieran estado trabajando en una oficina o vendiendo cualquier cosa inútil por ahí.

    Las neurociencias las veo cada vez más encaminadas a «normalizar» a la gente para que rindan en «el trabajo en equipo». Me da un poco de miedo.

    • 1. No hemos resuelto el problema mente-materia, de modo que ni siquiera sabemos qué significa reproducir un cerebro. Sigue abierto el debate entre quienes creen que se puede conseguir que la mente (de alguien) funcione al margen de su cuerpo y los que creen que no.
      2. Las neurociencias, como todas las ciencias, están, en un 90 %, en manos de instituciones controladas por los poderes establecidos; pero la ciencia siempre ha demostrado su capacidad para sustraerse (al menos en parte) a todo tipo de condicionamientos; esperemos que siga haciéndolo.

  3. seguramente la principal objeción a la posibilidad de reproducir la mente de una persona fuera del cuerpo en la que se generó originalmente -y sin entrar en la cuestión de la consciencia- sea la naturaleza dinámica de nuestros cerebros y de nuestros pensamientos.

    creo que como mucho sería posible reproducir un instante preciso del estado de un cerebro, un mapeado del conjunto de su actividad neuronal; quizás hasta descifrar sus pensamientos en bruto, sacarse un PDF del subconsciente ;)o un vídeo con retales de sueños y obsesiones, como en «Jusqu’au but du monde» de Wim Wenders.

    pero en el instante en el que creásemos un segundo «fotograma mental», éste sería ya producto de la nueva consciencia, no del antiguo individuo, porque en toda copia de datos existe, por definición, un desfase entre el principio y el fin del propio proceso de copia, lo que implicaría que ambas mentes, la original y la copiada, evolucionarían de manera distinta, ¿no?

    • Desde luego, la evolución sería distinta (en cierto modo, es lo que ocurre con los gemelos idénticos). La pregunta es si, como sostienen algunos defensores de la IA «fuerte», como Hans Moravec o Marvin Minsky, la mente se podría transferir a un soporte electrónico.

      • Imaginarlo es una pesadilla. Atrapado en una máquina. Condenado a cadena perpetua, con el pequeño detalle agregado de que eres inmortal.

        • Hombre, depende de la máquina. No pienses en una lavadora o un frigorífico, sino en una maravilla de grafeno y espuma de titanio. Además, siempre podrías desconectarte. De hecho, ya estamos atrapados en una máquina biológica, y bastante defectuosa.

          • Yo pensaba en la pérdida de los sentidos no poder oler, palpar, gustar, ver, oír. La supervivencia de la mente sin el cuerpo es algo que para mi no tiene ningún sentido.

            • Puede que ya estés en el interior de una máquina tipo Matrix. ¿Habría forma de demostrarlo, si así fuera?

      • al final de mi anterior mensaje se me coló, como un lapsus, la palabra «consciencia», a pesar de haberme advertido yo mismo contra ella al principio. y es que si no hemos resuelto el problema mente-materia, para la consciencia ni tenemos una definición ni una idea de para qué demonios sirve, cómo se formó, ni qué ventajas evolutivas nos la trajeron.

        creo que lo que subyace bajo esa defensa «singularista» de la IA «fuerte», de la transferencia a un soporte electrónico, es la manifestación presente del viejo deseo humano de vivir eternamente.

        no resulta tan fantástico si lo imaginamos como un reemplazo paulatino de las partes deterioradas del cerbro a transmutar por componentes electrónicos que desempeñasen la misma función hasta que acabase siendo totalmente sintético. eso sí, no tengo ni la más remota idea de si es posible o no.

    • Eso que dices me recuerda a que hace tiempo leí que una de los grandes problemas a los que se enfrentaba las neurociencias es la relación del cerebro con el medio y como se configuraba la plasticidad en el aprendizaje. Contaban que sería necesaria una monitorización al 100% de cerebros desde su formación y eso te daría conocimiento…sobre la experiencia individual del individuo en concreto.

      Y de todas formas, si fuese tecnológicamente posible, sería necesario preguntar o presuponer que correlación tiene una experiencia en primera persona para poder relacionarlo con la imagen cerebral, con lo que el análisis no deja de lado su carácter hermenéutico y abstracto. En otras palabras la ciencia no puede dejar atrás los presupuestos filosóficos de los que parte.

      Pero seguro que aprendemos mucho de neurobiología, eso sí.

      • En ese sentido, sigue más vigente que nunca lo que dice Engels, en «Dialéctica de la naturaleza», de los científicos que desprecian la filosofía.
        Y, desde luego, la «identidad», sea lo que fuere, es el resultado de un diálogo continuo con el entorno y con los demás.

        • Ay Carlo, sabes como ganarme. Para mi el materialismo bueno es el de Engels y Marx, el de Horkheimer, el de Marvin Harris.
          El combativo que pone los puntos sobre las Ies.
          Los materialismos reduccionistas de Carnap y el círculo de Viena, el fisicalismo en suma de Dennett o los Churchland, (lo que Althusser denominaría materialismo espiritualista) siempre me ha parecido un truño metafísico.

  4. De sólo pensar en esa posibilidad de que nuestro cerebro y su dinámica terminen en un soporte fijo, además de poner los pelos de punta abre un sin fin de interrogantes. Siendo una copia es evidente que la conciencia que me aseguraría que soy y estoy es una verdad que no merecería la más mínima sospecha, pero a diferencia de su copia, el original sí sabe de ser y estar. (Mirá vos dónde venimos a encontrar estas categorías filosóficas difíciles de aferrar). Pienso que la copia desearia el suicidio inmediato al saber las delicias que se pierde. Que estemos atrapados dentro de una máquina defectuosa no lo pongo en duda, pero saber que es defectuosa lo hace todavía más trágico. Siempre me hice un lio con el objeto y el sujeto.

    • Lo que sí parece posible es un trasplante de cerebro. Y, de hecho, nuestras células no son hoy las mismas de hace unos años, lo que se mantiene es una estructura, por lo que la mente es «trasplantada» continuamente. Y muchas partes de esa estructura se reparan o sustituyen con componentes artificiales (incluso algunas neuronas, mediante nanotubos). Nos enfrentamos a una versión especialmente inquietante de la paradoja sorites: ¿Dónde está el límite? ¿En qué momento se produce el salto cualitativo? Hay un cuento pionero de Stanislav Lem muy divertido sobre este tema: «¿Existe verdaderamente Mr. Smith?».

      • sin embargo, es algo que nos ha ocurrido muchas veces: ninguna de las especies que nos precedieron en la serie evolutiva que nos llevó a ser lo que somos habría sido capaz de imaginar (¿a secas?) en qué se iba a convertir su especie, ni que eran una especie, ni qué era una especie.

  5. Tomo especial nota de ese libro porque tu sugerencia sobre «La ansiedad de las influencias» de H.Bloom -que finalmente lo tengo en español- pienso que no me defraudará de acuerdo a la hojeada que le di a sus primeras páginas. Una revelación matutina saber el significado de ese vocablo, sorites. De esa manera tendríamos que hablar o escribir, no con el canónico inicio, desarrollo y fin. Es una ofensa a la existencia. Buona domenica, tano. E buon lavoro.

    • Pese a la poca simpatía que me inspiraban Bloom y su canon, ese libro es muy interesante. Buona lettura.

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