
Se le olvidaba algo a Jaime Gil de Biedma en su poema «Desembarco en Citerea» cuando dejó constancia de «la rara y tenue sensación de estar que se siente en las islas y en los bares». Se le olvidaban las iglesias. Porque no hace falta ser un gran parroquiano, en el sentido más literal del término, para percibir la insólita placidez que lo envuelve a uno cuando se sienta en sus bancos, aunque sea por casualidad e incluso, llegado el caso, desde el más salubre agnosticismo —ya sabemos que se puede acabar en las iglesias por curiosidad cultural, pese a todo—. Una rara y tenue sensación de estar que algunos han querido asociar a una fuerza telúrica traducida en «lugares de poder» o «vórtices energéticos» pero cuya intensidad tiene que ver, más probablemente, con la arquitectura, los incensarios y las resonancias cercanas al silencio que embotan los sentidos.
En todo caso, dejemos por esta vez a un lado los bares. Si hay un lugar donde la combinación entre islas e iglesias llega al paroxismo, ese lugar es Malta. El archipiélago situado en el centro del mar Mediterráneo está formado, en orden de superficie, por tres islas principales: Malta, Gozo y Comino. El área total del trío (316 km²) no llega a igualar el área de, pongamos por caso, la española provincia de Lugo (329,78 km²), y su población total no alcanza el medio millón de personas. Malta es conocida en su conjunto como «la joya del Mediterráneo». En peores tiempos, Franklin D. Roosevelt se refirió a ella como «una diminuta llama brillante en la oscuridad», reconocimiento estético al martirio de la Segunda Guerra Mundial, en la que se vio duramente bombardeada por su situación estratégica: al sur de Sicilia, al norte de Túnez, al este de Libia y al oeste de las islas griegas. Este emplazamiento marcó su condición de archipiélago conquistado por varios imperios hasta su independencia de Gran Bretaña en 1964, aunque esta autonomía se hizo efectiva unos años más tarde y hoy la nueva colonización del turismo y la burbuja inmobiliaria la dejan de nuevo en una posición incierta, salvando las distancias. La amalgama de influencias que tanto gustan de mentar quienes se refieren a Malta le ha dado una impronta muy peculiar resumida en un eclecticismo que incluye rasgos propios de lo árabe (muy presente en la gramática de su lengua y en su fisonomía), lo italiano (más, quizá, en su carácter) y lo británico (en cuestiones de orden práctico, como la conducción por la izquierda, las pintorescas cabinas telefónicas de color rojo que se ven en la plaza principal de cada pueblo y la comunidad de ingleses retirados).
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Provincia de Lugo? 329’78 km cuadrados? Lo escribe y se queda tan tranquila? A esto llamamos reporterismo de viajes??
Sólo puntualizar que Malta está al norte de Libia y al este de Túnez, se han intercambiado los países en el artículo.
El dato de la extensión de la provincia de Lugo está mal copiado de la wiki; los habitantes de Lugo son 329.780 y su superficie casi 10.000 kms. cuadrados. Malta tiene una extensión de poco más que la mitad de la isla de Ibiza. Por tanto, una densidad de población muy alta.