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Adiós al buen salvaje

adios al buen salvaje
DP.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribe en su diario sobre los indios taínos que acababa de encontrar en San Salvador (Guanahaní): «… me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y tanbién las mujeres, aunque no vide más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años. Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballos, y cortos. […]. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia». Dos días después, aconsejando a los monarcas españoles sobre la población de la isla, la juzga «muy símplice en armas», y estima que con apenas cincuenta hombres se podría someter toda la nueva colonia.

El primer contacto moderno entre europeos y americanos se daba por tanto bajo la impresión de ingenuidad y bondad angélica que los taínos habían producido a los expedicionarios, algo que quizás chocó con el espíritu de cruzada que había arraigado en las últimas fases de la Reconquista. Un espíritu simbolizado en la figura del Requerimiento, que se usaría después en la conquista americana: la declaración leída en español que hacía a los indígenas reos de guerra y esclavos si no aceptaban la religión católica, la primacía del papado y el consiguiente sometimiento a la monarquía hispana.

Calibán contra el buen salvaje

Pero, a pesar de esa primera impresión de Colón y los suyos, la sombra de otra humanidad más amenazadora se cernía ya sobre el descubrimiento desde el principio: aquel jueves de octubre de 1492 anota también el futuro almirante que muchos taínos traen cicatrices en los cuerpos, y que según ellos mismos refieren, se las hacen en combate con habitantes de otras islas que navegan hasta Guanahaní para esclavizarlos, y de los que ellos se defienden como pueden. Comparecen así en escena por primera vez los temidos caribes (kalinago), de cuyo nombre derivó el término «caníbal» a numerosos idiomas a través del español, y sobre los que los europeos proyectarán, a menudo con justificación tenue, todo tipo de leyendas negras. El caribe se consagra como arquetipo negativo en La tempestad de Shakespeare, convertido en Calibán (anagrama de caníbal), el bruto que representa la humanidad, o media humanidad, elemental e incultivada en sus apetitos.

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9 comentarios

  1. Muy buena nota, señor. Como para recordar, especialmente nosotros los latinoamericanos de cómo fue el encuentro entre esas dos realidades sociales, un artículo que me lleva por la fuerza a considerar esta nueva realidad, en donde los descendientes de ese salvaje, sin mito, se están haciendo presentes en la actualidad histórica, reclamando el lugar y respeto que les corresponden. Me refiero al Perú, Bolivia, Chile y mi país, en donde los rasgos no europeos continuan a generar, como el estupor comprensible en aquellos tiempos, desconfianza y un racismo poco disimulado en el nuestro. Gracias por la divulgación.

  2. Buenos días,
    Acerca del último gráfico: Es verdad que los europeos consiguieron externalizar la violencia (e internalizar la riqueza). ¡Me parece un hecho bien establecido que los que poblaron las colonias eran los que no eran bienvenidos en la dicha modernidad occidental: pobres por supuesto, hambrientos por miles, pero también asesinos, delincuentes, gente ávida de poder y de riqueza y talvez poco más inescrupulosos que los demás!
    Hay que desconfiarse de este tipo de gráficos dados sin sus contextos, y que siempre se pueden interpretar….. de diferentes maneras.
    Sin embargo, gracias por esta síntesis de la historia del mito del «buen salvaje»

    • Lo que enseña precisamente la antropología desde Franz Boas es precisamente a lo que usted apunta. A desconfiar de los datos sin contexto porque pueden valer para apoyar cualquier teoría, como ocurrió con la antropología del siglo XIX. Parece que algún antropólogo moderno ha olvidado esa valiosa lección.

  3. Recomiendo el fabuloso artículo del difunto David Graeber en el que se analiza el mito de los orígenes de nuestras sociedades (del que el mito del buen salvaje no es más que una proyección) y su lugar en nuestro pensamiento histórico y político, pero sin la interferencia de la historia de la colonización.

    https://www.eurozine.com/change-course-human-history/

  4. La prehistoria es muy amplia. No es lo mismo cuando las poblaciones se asientan y aparecen la agricultura y la ganaderia, y la propiedad privada (neolitico) , que cuando abundaban las sociedades nómadas cazadoras recolectoras del Paleolítico y el Mesolítico cuya forma de tratar con el conflicto sería mayoritariamente abandonar la zona y buscarse otra. Las evidencias de violencia empiezan a ser frecuentes en el neolitico.

    Tampoco se puede hablar de guerra sin estados, porque aunque la guerra es violencia no toda violencia es guerra. Como decía Rosseau, «la guerra no es una relación de hombre a hombre, sino de estado a estado». Las razones por las que se va a la guerra no tienen nada que ver con la agresividad, de hecho el sentimiento mayoritario en las guerras entre los soldados es miedo, asco, hastío… No hace falta ser agresivo para lanzar una bomba desde un avión al enemigo desde 1000 pies de altura.

  5. Puestos a recomendar lecturas, ahí van dos que pueden servir para iluminar el contexto de esta pugna en el campo antropológico, por un lado «Usos y abusos de la biología» de Marshall Sahlins y por otro «El saqueo de El Dorado» de Patrick Tierney donde se vislumbra el perfil del antropólogo Napoleón Chagnon, un personaje turbio de esta disciplina donde los haya.

  6. No estaría de más que le diesen a Steven Pinker el crédito por varios de los gráficos y las estadísticas usadas en este artículo.

  7. Pinker comete falacia ecológica, esto es, no tiene en cuenta el aumento de población con el paso del tiempo. Su tasa de muerte violenta por cada 100.000 habitantes es falaz a la hora de comparar datos. No es lo mismo en una poblacion total de 500 millones (1350 DC) que de 2500 millones (1950 DC).

    • Por no hablar de que sus datos sobre violencia empiezan en el 15000 ac justo cuando empieza a cambiar el comportamiento del homo sapiens, y lo hace porque las tasas de violencia anteriores son muy bajas en los registros arqueológicos y le descuadra su visión hobbesiana, y su cherry piking para justificar que ahora vivimos en el mejor de los mundos posibles.

      Ni Rousseau ni Hobbes, el ser humano tiene y ha tenido un comportamiento muy elástico condicionado por el contexto ecológico y social.

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