Azar, duda, desamparo o creatividad: dimensión colectiva de la incertidumbre (y II)

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incertidumbre

(Viene de la primera parte)

Casi nadie es capaz de imaginarse la realidad

(Goethe)

Hasta ahora, la consecución de objetivos parecía solo depender de su correcta formulación y del entrenamiento de recursos personales enfocados a la misión. Las disciplinas de autoconocimiento y desarrollo personal nos insisten en la importancia del aumento de la competencia personal como clave de éxito en el logro de nuestros proyectos. Sin embargo, la actual crisis de pandemia viene a recordarnos que no todo está en la preparación de la persona hacia la motivación de logro, sino que además el contexto manda en ocasiones, mensajes determinantes que condicionan nuestra vida.

Respuestas ante la incertidumbre

Las respuestas más comunes ante la incertidumbre suelen ser las siguientes:

-Lucha ante la adversidad.

Postura que tiene grandes ventajas, aunque entraña el riesgo de la tiranía del pensamiento positivo. Pensamiento que nunca culmina totalmente, ya que siempre se puede hacer o mejorar algo más. Lo que puede llevarnos a procesos de angustia más o menos graves, por un desplazamiento excesivo del mecanismo de satisfacción.

-Negación, evitación.

Postura que genera situaciones de indefensión ante los riesgos reales. Este pensamiento incluye varias modalidades:

Prefiero que no ocurra esto.

La vida me viene grande.

No puedo asumir la realidad.

Ya no quiero que esta adversidad esté presente en mi vida.

E incluso también:

No es posible que sea cierto esto que está ocurriendo.

-Fatalismo y aceptación estoica de la peor opción.

Postura pesimista que toma como punto de partida la peor opción disponible. Entroncaría con la visión existencialista que escora su visión a la prolongación de la tragedia. El punto extremo de esta visión radica en la desconfianza hacia lo positivo. Lo que sale bien o es sospechoso o es un proceso que aún no ha concluido porque todo en la vida termina mal1.

-Desamparo, desesperanza y resignación.

Esta es la peor respuesta ante la incertidumbre, ya que genera una actitud de abandono a merced de la situación que provoca indefensión. Esta respuesta puede ir unida a la posición de: no merezco la solución.

-Preocupación obsesiva y ansiedad.

Esta posición tiene que ver con la repetición insistente de los titulares de la tragedia. Repetición circular que bloquea las soluciones porque la atención está hiper enfocada al problema en el modo de visión en túnel. Uno de los rasgos más significativos de las personas que propenden a la inadaptación social es la dificultad para ampliar su atención a otros elementos que no sean el que le preocupa.

Un fenómeno transversal a todo esto es la relación entre la incertidumbre y la búsqueda de culpables. El miedo suele transitar la ira, y necesita que alguien pague la deuda. Por eso, uno de los fines más importantes de la política es evitar que el contexto público se inflame. Es importante que reine la serenidad en el contexto social para que los ciudadanos y ciudadanas pongan la pasión en las cuestiones que cada uno elija, como el arte, la ciencia, la filosofía o las relaciones humanas.

Un destinatario de la culpa puede ser el sujeto mismo, de modo que llega a pensar que la culpa la tiene él mismo por ser pesimista o negativo. De este modo, cuando sufre un problema acaba por tener dos: por un lado, la enfermedad o adversidad que padece y por otro lado, se echa a sí mismo la culpa por padecerla, debido a su actitud negativa o pesimista.

En otras ocasiones se busca a otros culpables. En estos momentos la comunicación se inflama y las personas que piensan algo diferente a lo que pienso yo dejan de ser interlocutores y pasan a ser enemigos. Lo más rentable en estos casos es orientar toda la angustia que provoca la situación general a unos pocos enemigos reducidos e indefensos. Es el momento de la pérdida de los matices y el lugar de los argumentos totalizadores, esto es el argumento constitutivo de la caza de brujas.

El dispositivo mágico que se opera en el plano lingüístico radica en que ya no hablamos de cuestiones o procesos concretos sino de posiciones ideológicas. De este modo, la persona identifica algunas palabras significativas del discurso de su adversario que le facilitan adscribirlo a una postura ideológica y se discute este posicionamiento general y no el asunto que está encima de la mesa. Es una de las treinta y ocho maneras de tener razón cuando no tengo razón2.

Y en este sentido, es más malignamente útil buscar pequeños enemigos que puedan cargar con toda la culpa del proceso ya que, si se busca un enemigo muy grande, hay riesgo de enfrentamiento de grandes grupos con las graves consecuencias que ello acarrearía para las posturas beligerantes.

El inicio de la travesía. Gestionar la incertidumbre en el momento presente3

Por todo ello, las propuestas más razonables para la gestión de la incertidumbre pueden ser las siguientes:

En primer lugar, aceptar la información que la persona ha elaborado. Ya que negarla por cualquier tipo de autocensura convertirá el proceso en la travesía de un fantasma, es decir, un pensamiento sensorial de imágenes y sensaciones temibles para las que falta un texto que lo explique. Lo que más impacto emocional produce, para bien o para mal, es la experiencia de la vida cuando no tenemos palabras que la expliquen.

La segunda estrategia muy vinculada a la primera es buscar información significativa que pueda darle autonomía de pensamiento y acción.

En tercer lugar, proponerse acciones razonables que aumenten la propia autonomía. Uno de los bloqueos más relevantes del pensamiento consiste en la paralización de la acción. A menudo el análisis lleva a la parálisis y esta es otra fuente de sufrimiento añadido. En consecuencia, es importante disponer de múltiples opciones de conducta, al menos tres.

Y, por último, algo esencial es aprender a convivir con un grado tolerable de incertidumbre. Como dice el viejo aforismo de la medicina romana: el veneno no es la sustancia, es la dosis. Lo importante es convertir la duda en motor de creatividad que genere nuevas propuestas adaptativas.

Uno de los mecanismos más eficientes de aprendizaje es la capacidad de anticiparse a las crisis y para eso es esencial el manejo de la duda en un porcentaje razonable.

Y si con ello no fuera suficiente…

Si lo dicho hasta ahora no fuera suficiente, es importante acudir a un plano más profundo y abordar otras cuestiones.

En primer lugar, puede ser interesante calibrar cómo prestamos atención con el fin de explorar los mecanismos que tenemos para generar problemas o soluciones.

Hay personas que cuando acceden a un nuevo conocimiento se fijan más en lo que se parece a lo que ya sabían o en qué se diferencia de lo que ya conocían.

También hay quien prefiere atender a las opciones que se le presentan por delante, mientras que otros quieren saber cuál es el protocolo a seguir en cada asunto que tiene que resolver.

Están los que se fijan en la imagen que les produce tal o cual pensamiento, otros prefieren atender a la emoción que les hace sentir, otros se centran en lo que hay que hacer y también hay quien se centra en cuál es la mejor hipótesis racional que se puede construir.

De cualquier modo, lo importante aquí es la capacidad que tengamos para ampliar la atención periférica, ya que la atención enfocada prolongadamente al mismo asunto propende a la obsesión.

También conviene añadir que el pensamiento no suele ser único. A menudo, distintos aspectos de nuestra personalidad entran en juego. Es interesante conocer las partes o polaridades que entran en escena cuando afrontamos una dificultad y qué nos aporta cada una de ellas positiva y negativamente4. Hay que tener en cuenta que en nuestro pensamiento conviven distintas inteligencias con diferentes edades en la historia de la humanidad. La inteligencia emocional es de las más antiguas y tiene como misión la defensa de la vida, por eso a veces envía mensajes inminentes y en ocasiones brutales, porque requiere una respuesta inmediata ante cualquier alarma de amenaza. La inteligencia racional es la encargada de producir las hipótesis y las creencias acerca de la realidad. Es un modo de pensamiento más moderno en la historia de la humanidad. También está el pensamiento exploratorio más vinculado a la acción y la inteligencia de conexión a campo que es la que nos provee el conocimiento del que dispone un escenario vital determinado. Por eso nuestra personalidad alberga distintas partes: una más reflexiva, otra más aborigen, activa, intuitiva, bien y malpensada…

El análisis del propio lenguaje puede darnos una dimensión muy relevante acerca de cómo afrontamos la incertidumbre. Sobre todo, es interesante ver el impacto que tiene nuestro diálogo interno en la actividad neuromuscular.

El conocimiento tan solo es un rumor hasta que llega al músculo

(Refrán papúa)

A tenor de lo dicho será relevante explorar el tipo de creencias o presupuestos que solemos manejar ante la adversidad.

En algunos casos, los distintos tipos de pensamiento no logran pedalear juntos y se enfrentan generándonos psicotrampas o paradojas más o menos paralizantes.

Entre las más relevantes podemos hablar de situaciones en las que necesitamos el cien por cien de seguridad antes de establecer ninguna acción. Esta paradoja abre la vía del perfeccionismo o del miedo a fracasar. La abstinencia de la acción por perfeccionismo es una de las gestiones más inhabilitantes de la incertidumbre.

Otra psicotrampa se presenta cuando pensamos que existe una explicación perfecta y correcta que debo encontrar. Se basa en el postulado de que existe una verdad inmutable que nos espera al final de todo camino y hay que encontrarla.

También es relevante el pensamiento que dice: Si no logro este objetivo, no me aceptarán en mis grupos de referencia. Es la vía que anuncia el riesgo de exclusión.

En definitiva, las metáforas que sobrevuelan nuestro pensamiento acerca de la incertidumbre tienen relación con:

-La vivencia del futuro como una amenaza inespecífica para la que no tengo un relato concreto.

-El deseo de tener otras situaciones hasta llegar a sentir envidia de la situación de otros (mecanismos de aceptación e inclusión social).

-En un camino muy vecino al anterior estaría el mecanismo de gestión de la culpa sobre lo que ocurre. Culpa que puede recaer en mí o en otras personas.

-Finalmente, todo miedo constituye una sublimación más o menos directa del miedo a la muerte o al desorden mental.

Es esencial lograr construir y expresar el relato de este pensamiento. Afrontar la inquietud, explorar las peores fantasías que pueden expresarse en vigilia o en sueños, así como narrar la sombra de estas inquietudes nos permitirá reencuadrar la inquietud y convertirla en un motor de creatividad.

Ogros y aliados en la travesía. La influencia del pasado

Todo análisis de dificultades existenciales debe tener una lectura sistémica. Es decir, en qué contexto se mueve la vivencia de la dificultad.

En este sentido entra en juego el conjunto de respuestas de la familia y los contextos vitales de la persona.

Lo que en muchas ocasiones parece una decisión libre basada en el análisis de la realidad, puede tener una influencia del pasado.

A veces emitimos la respuesta que garantiza con mayor eficacia nuestro lugar dentro del sistema familiar o tribal. Hay que tener en cuenta que la lealtad es la pauta antropológicamente más antigua para la constitución de grupos humanos. La pertenencia es clave para la propia seguridad y el desarrollo de la personalidad. Este argumento no debe entenderse como determinista, sino como la contemplación de referencias que regulan los grupos humanos de los que provenimos.

De modo que algunas respuestas que damos ante la adversidad tienen como objetivo mantener el papel asignado más que obtener satisfacción personal con la emisión de esta. Así, si somos el que no da problemas, o el reflexivo, o el creativo, o por el contrario, el que siempre crea conflictos, tenderemos a tener en cuenta esa línea, tanto para seguirla como para oponernos a ella.

Aquí estamos frente a la influencia de arquetipos para los que somos más o menos sensibles y que conviene conocer para poder modular su influencia. Hay una diferencia altamente significativa entre influencia y posesión de figuras arquetípicas5.

Suele ocurrir que, a lo largo de la travesía, los ogros pueden convertirse en protectores, cuando la persona es capaz de interpretar la alarma que producían y de qué peligro querían avisarnos.

Este campo de análisis tiene una parte racional e introspectiva, aunque también tiene mucho que ver con el ámbito perceptivo y sensorial del sujeto. Como consecuencia de ello, es interesante explorar las improntas de estos aprendizajes para conocer su impacto en nuestra memoria más antigua.

El regreso a casa y la proyección de futuro

Todo viaje concluye con la vuelta a casa y con la decisión de dónde vivir a partir de ahora. La travesía transforma al viajero y operó una serie de cambios que a veces le impiden seguir viviendo donde antes vivía o manteniendo el estilo de vida que tenía.

En las etapas iniciales de la vida se manejan convicciones más firmes, que incluso nos definen. En etapas más avanzadas se producen mecanismos de integración de polaridades contrarias con mayor eficiencia. La integración de contrarios es una de las consecuencias de la inteligencia sagaz aplicada a los asuntos vitales.

Con la edad las fuertes convicciones se relativizan y la incertidumbre tiende a crecer, aunque se viva con menor zozobra.

En la evolución personal y colectiva es muy relevante la incorporación de la perspectiva. El objetivo es alcanzar la propia versión del mundo.

En este sentido, la duda y la incertidumbre se convierten en la puerta más eficiente a la creatividad.


Notas

(1) Ver el libro de La Nausea, de Jean Paul Sartre (1938) Francia: Gallimard. Y también: Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline (1994). Barcelona: Edhasa.

(2) Schopenhauer escribió un tratado acerca de trucos lingüísticos y dialécticos para tener razón aunque no la tenga. El libro es Dialéctica Erística o el Arte de tener razón, expuesta en 38 estratagemas. De Arthur Schopenhauer (1864).

(3) Campbell, J. (1959-1997): El héroe de las mil caras. México: Fondo de Cultura Económica.

(4) Ver el relato «María del Mar de dudas». En Historias ilustradas de los niños invisibles (op. cit.). Págs. 95ss.

(5) Ver entre otros títulos: El hombre y sus símbolos de Carl G. Jung. (1997). Barcelona: Caralt. Y también Aion, también de Jung (1986). Barcelona: Paidós.

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