
(Viene de la primera parte)
エロース Eros
Este préstamo al japonés de la palabra griega ἔρως, pronunciada «erosu», es en Mishima el sendero quebrado que el deseo sexual recorre hasta alcanzar el absoluto. Recuerda Barthes como el cuerpo, incluso, es un sistema de significados en Japón en ocasiones insondable para el occidental y «existe, actúa, se muestra a sí mismo, se da, sin histeria, sin narcisismo, y de acuerdo con un proyecto erótico puro, aunque a sutilmente discontinuo…».
En Mishima la idea de perfección física se une más bien a la idea de tabú y violación de los más bellos caracteres: sus figuras deseadas son trasuntos de proyecciones infinitas en lo físico. Asocia, incluso, «el temperamento robusto» a «unos músculos fuertes, un vientre plano y una piel dura» en su ensayo. El escritor y posterior político Shintarō Ishihara llegó a recibir una llamada de Mishima riéndose de su «barriga» en una foto de vacaciones y ofreciéndole «un buen entrenador» personal. Acabó la conversación con Ishihara juzgando que «con ese cuerpo» estaba «acabado».

Sus descripciones esculturales de las figuras de deseo siempre se oponen a la suciedad y buscan la iluminación a través de actos que necesariamente deben superar tabúes. Si «Eros» es una palabra importada del japonés, la idea del tabú en una traslación de conceptos católicos al drama novelístico que pretende Yukio Mishima. Así decía al periodista Takashi Furubayashi:
Por lo que respecta a Europa, el erotismo únicamente se halla en el mundo del catolicismo. Esta religión cuenta con mandamientos severos cuya violación constituye el pecado. Y el pecador, le guste o no, deberá comparecer ante Dios. Pues bien, el erotismo es el método de establecer contacto con la divinidad a través del pecado.
Para Mishima el único acto sexual sin «suciedad», puro en su propósito, debe transgredir el tabú: este puede ser la homosexualidad (Confesiones de una máscara, El color prohibido), incesto (Sed de amor, Música) o incluso el dolor (La casa de Kyoko). Desde el psicoanálisis, un personaje común de Mishima se «exhausta» de deseo a través de una idea de la sublimación que solo puede alcanzarse a través de la transgresión de lo prohibido o la misma muerte. Esa idea religiosa, propia de los místicos españoles del siglo XVI, guía muchas de sus novelas más conocidas.
Un ejemplo narrativo de esto es la excelente novela corta Música, donde a través de prosa sencilla y analítica —rareza en Mishima— se desarrolla un caso clínico de frigidez que deviene en una recreación en los suburbios de San’ya del portal de Belén (una escena que hubiera aplaudido el director de cine Luis Buñuel).
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Desde luego, no hay por qué rastrear la sexualidad de Mishima en su vida y obra, porque él lo contó todo.
Se puede interpretar de varias formas lo que acontecía en la cabeza de Mishima, una de las posibles formas de interpretar su relación con el mundo es que estaba como una regadera.
Recuerdo haber leído y lo he verificado de nuevo, que murío el 25 de noviembre ( no septiembre) en lo que se conocía como «incidente Mishima».
lol qe nivel de comentarios, en cualquier caso eros y tanatos NO son el tema central de Mishima sino pasion y pureza que los representan, la extremidad del sentimiento y la poesía, y su mejor obra es de amor no de política, nieve de primavera, no caballos desbocados