
Hay un momento en la secuencia inicial de Sin tiempo para morir en el que el agente al servicio de su majestad, a horcajadas sobre una moto, huye de los malos ascendiendo a toda velocidad una escalera de la muralla de piedra del pueblecito italiano en el que se encuentra. La subida es tan enérgica que provoca que, una vez acabados los peldaños, con la inercia la moto salga volando antes de caer sobre los adoquines, en un movimiento imposible, delirante y absolutamente fantástico. Ese Bond, el de las escapadas inverosímiles, el de los gadgets hilarantes, el que está seguro de que su decisión suicida va a tener éxito, ese Bond que no deja de ser una versión estilosa, británica y condecorada del chapuzas de MacGyver casi no vuelve a aparecer en toda la película. Y se le echa de menos.
Es cierto que en los ciento sesenta minutos que dura Sin tiempo para morir hay socarronería, hay sonrisas, hay intercambios ágiles en los que los personajes son listos y ocurrentes, mucho más que nosotros en nuestro día a día. Pero abunda la trascendencia, la declaración de intenciones de sus creadores a la hora de afirmar que Bond, James Bond, es tan humano como usted y como yo.
El personaje que se transformó en icono, el icono que construyó un arquetipo cuidadosamente alimentado durante décadas, ha sufrido una transformación en los últimos quince años con el objetivo de, efectivamente, humanizarle. En resumen, el hombre tendrá licencia para matar pero quiere amar igual que todos nosotros. Hacer que Bond descienda de su pedestal no solo implica dotar de sentimientos terrenales a un semidiós, sino también abarrotarle de conflictos internos. Paul Haggis, uno de los guionistas de Casino Royale y Quantum of Solace, declaró allá por 2006 que querían hacer con Bond lo mismo que se había hecho con el personaje de Batman. Pero ¿de verdad que queremos que un filme de Bond sea, como muchos críticos han definido este último, «emotivo»? ¿Es necesario ver a un Bond destripado de su ligereza porque la humanidad, en su caso, viene irremediablemente unida a la desconfianza, el dolor y la tristeza? Y, sobre todo, puede que nos estén narrando una historia que merezca la pena contar sobre la grandeza de un ser sobrenatural que, efectivamente, se descubre igual de vulnerable que el resto. Pero, y llegamos al meollo del drama, ¿es eso una historia de James Bond?
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Espléndido reportaje éste sobre la última de Daniel Craig en el papel del 007. Ecuánime y con buena óptica.
Respuesta a tu pregunta del final. NO.
A mi, en general me ha gustado, aunque también tengo que reconocer que soy un cliente fácil para la saga y que soy de los que piensan que dio un salto de calidad tremendo con la incorporación de Craig.
De acuerdo en lo del malo. Muy, muy flojo. Muy atropellado.
En cuanto al final…Cómo cierras un arco de cinco películas ante la salida de Craig? La papeleta era complicada.
Y una cosa que me tiene mosca. Lo del mee too y todo eso está muy bien para que a las actrices no las acosen y se respeten los derechos de la mujeres. Que se utilice para convertir a un personaje de ficción que era un picaflor, y es algo que a toooodas las mujeres que conozco que son fans de la saga les encanta (a todas), en un moñas monógamo enamorado hasta las trancas (un tipo de más de cincuenta años con más conchas que un galápago) pues como que no.
De todos modos esperando el rebot, al nuevo actor y a ver si mantienen la línea de calidad.
Jamás entenderé el bombo que se le da a Rami Malek. Sí, estaba muy bien en Mr. Robot; pero es que todo lo que ha hecho después no hay por donde cogerlo: le faltaba altura y voz para interpretar a Freddie Mercury (el Óscar más inmerecido de la historia del cine: al menos Taron Egerton no tiraba de playback en Rocketman), Denzel Washington se lo come vivo cada vez que comparte pantalla con él en The Little Things, y ahora acaba de arrebatarle el título a Mathieu Amalric y sus ojos de besugo como el villano más soso que se haya paseado jamás por una película de 007. ¿Un enano estrábico que se pasea en bata es una amenaza para James Bond? ¿En serio? ¿No aprendimos nada de Quantum of Solace? ¿Para qué es ese cuchillo, Safin? ¿Vas a hacerme una quiche de jamón y queso? ¿Tres horas de metraje y cuatro guionistas para esto?
Ha habido muchos óscars inmerecidos a la altura de Malek: para empezar, cualquiera que imite a una persona famosa, sea del ámbito que sea. Imitar, transformase o disfrazarse no es interpretar. Siempre será mucho más difícil hacer creíble a una persona común que a una celebridad.