
(Viene de la segunda parte)
Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un campo muy limitado.
(Niels Bohr, premio nobel de física).
No todo error debe ser llamado necedad.
(Cicerón, filósofo).
Y recordad, chicos, la única diferencia entre andar jodiéndolo todo y la ciencia es… tomar notas.
(Adam Savage, artista de FX y cazador de mitos).
Ser mujer y sentarse ante un médico durante los siglos XVI y XVII era, por lo general, una actividad de riesgo. Porque durante aquellos años, las autoridades sanitarias tenían la costumbre de diagnosticar «histeria femenina» a todas las pacientes que se acercasen hasta la clínica aduciendo alguno de los siguientes síntomas: ansiedad, insomnio, espasmos musculares, falta de apetito, dolores de cabeza, disnea, retención de líquidos, desmayos, dolor abdominal, irritabilidad, inapetencia sexual o (también, sí) un exceso de promiscuidad.
Curiosamente, los médicos además se reservaban el derecho a declarar como histéricas a aquellas féminas que, según ellos o terceros, demostrasen «tendencia a causar problemas a los demás». En algún momento dado, un doctor llamado George Beard llegó a elaborar una tremenda lista de setenta y cinco síntomas diferentes que evidenciaban la histeria, una enumeración que él mismo consideraba incompleta. De este modo, la histeria femenina fue considerada durante decenas de años como una enfermedad, una que por lo visto se utilizaba a modo de comodín cuando el paciente portaba ovarios.
Para más guasa, según la ciencia del momento se presuponía todos esos malestares de las mujeres llegaban provocados por la retención de humor o de los líquidos en el útero, por la falta de sexo o (esta es buena) por la idea del «útero errante». Una antigua creencia nacida en Grecia, donde se estipulaba que el útero tenía tendencia a moverse por su propia voluntad a través del interior del cuerpo femenino, visitando a otros órganos, persiguiendo olores o huyendo de ellos, y en general removiéndolo todo y escacharrando el mobiliario de ahí dentro.
Lo peor de todo este asunto era el remedio propuesto para combatir esta supuesta enfermedad. Porque los médicos recetaban como tratamiento eficaz el matrimonio y los encuentros sexuales regulares con el marido. Según su fabuloso razonamiento, el coito purgaba el útero y el semen tenía propiedades curativas, pero solo si la eyaculación tenía lugar en el interior de la vagina. Los eruditos también prohibían, muy cucos ellos, que las pacientes se autotrataran echando mano de la masturbación. En su lugar, recomendaban a las solteras y viudas que el propio médico o una comadrona les estimulasen manualmente los bajos con ciertos aceites y aromas. En algunos casos, en lugar de recetar que los desconocidos les frotasen la pepita a las afectadas, se optaba por tratarlas regando su zona conflictiva con delicadeza y profesionalidad: disparándoles manguerazos de agua a presión sobre el toto.
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Gran serie de artículos, totalmente recomendable. Abundando en el ultimo tema, apunto otros casos de niideaputismo; Ese coordinador sanitario de pelo cano y rizado afirmando que solo habría uno o dos muertos o que la 6ª ola sería imperceptible. Ese político con movilidad reducida y esos periodistas mamporreros del poder aseverando que solo era una gripe y que las mascarillas eran un exageración. Ese presentador graciosete cantando en su programa : «coronovirus oeee» en la igual creencia de que era un gripe un poco malota. En fin, niideaputismo for ever.
O los del partido que montó un congreso en una plaza de toros cerrada justo antes del chupinazo y luego llevan a los tribunales los confinamientos; o los del otro que pretende curar a la gente bebiendo libremente Mahou mientras barren muertos bajo la alfombra…pero nada, nada, el sesgo es imprescindible para gestionar una pandemia global que, como todas, comenzó con la OMS buceando en la falta de información provocada por las mentiras del gobierno del país origen.
Quizá y solo quizá en el siglo LXI alguien reescriba este artículo con un nuevo epígrafe: «Economía 101»
BOCCACCIO en el DECAMERON, narra las penurias y sin sentidos de la población de la Florencia del XIV y en algunos casos el personal sigue comportándose igual bajo el temor de una muerte inminente, sobrevenida por una enfermedad inexplicable(lógico o no, depende de la Psique de cada cual) . Parece claro que en su tiempo como en este, cerrar las puertas de las ciudades y echar a los forasteros no les sirvió. La peste corrió como la pólvora mato a millones en toda Europa. Aquella pandemia paso y después llegaron otras en diferentes siglo que también diezmaron la humanidad. La realidad es que…, se supone que nuestra tecnología y cocimiento debería ayudarnos. Pero hoy, igual que hace años cuando lo leí, algunas de sus descripciones me parecen demasiado actuales (salvando las distancias). ¿Aprenderá la humanidad de su pasado, para salvar su futuro?
PD: Esta enfermedad también llego de Oriente.
Hoy vas al médico, y resulta que todo es emocional y/o por culpa del stress… Los de la homeopatía y otros pioneros lo venían diciendo hace 50 años o más, y tenían toda la razón. Pero sólo se los recuerda por ser los locos de las diluciones que tienden a infinito, no por humanizar la medicina y tratar al paciente como un ser sensible, y no como un saco de órganos al que si se quejaba, le sacabas un trozo de cerebro y lo mandabas a la casa…
Lo mismo que hoy se dice del éter, se dirá mañana de la energía y la materia oscura.
La histeria existe, cosa de hormonas. Recuerdo que tenía una profe de farmacología mujer que lo reconocía abiertamente. Que no se la considere enfermedad, y/o la correción política te prohíba hablar de ello fuera de un ámbito académico es otro tema.
La respuesta al covid por parte de la ciencia fue asombrosa, pasa que los políticos como siempre actuaron tarde y mal, la OMS bien gracias siga participando, se priorizo el $$$ (y luego terminaron perdiendo más de lo que hubieran perdido actuando a tiempo) y que la la gente es idiota, y no puede cumplir con 2 o 3 sencillas medias de protección y prevención.
Puede que lo de los nanobots sea algo exagerado pero aún así yo no podría las manos en el fuego por Bill Gates, ni mucho menos.
Como nota pedante, voy a comentar que Garci Rodríguez de Montalvo murió entre 1505 y 1510 (Hay dudas, pero en cualquier caso, las Sergas de Esplandián se publicaron en 1510) bastante antes de que los españoles llegasen a México así que fue la fama del libro la que dio nombre a la falsa isla, no a la inversa (Lo cual hace más interesante la historia, es como si hoy en día encontrásemos un continente en otro planeta y lo llamásemos Mordor)