Ciencias

Canfranc: di amigo y entra

Estación de Canfranc.
Estación de Canfranc. Foto: Antonio Soler.

Valencia, mayo de 1980.Una librería universitaria, cerca de la antigua Facultad de Ciencias. Busco un libro del gran físico Lev Landau, publicado por la editorial MIR, la única al alcance de mis magros bolsillos. Pero antes de dar con él, un título en el escaparate me llama la atención. El Señor de los Anillos. Pregunto intrigado, me alargan el volumen, abro por la primera hoja. Leo el poema inicial.

Y supe que las pesetas que llevaba en la cartera no irían a parar ese día a la colección rusa. 

Engancharme a la novela, sin embargo, me costó un poco. Hizo falta que la Compañía del Anillo se metiera realmente en problemas para que la historia empezara a absorberme.

Hizo falta, ni más ni menos, que la malvada montaña, Caradhras, les derrotara, echándoles encima toda su furia tormentosa y obligándoles a tomar el atajo de las minas de Moria.

Canfranc, mayo, 2013. Estoy frente a la puerta de otra mina, otra ciudad subterránea bajo la montaña. Toda cueva así —lo sabemos de Las mil y una noches— esconde un tesoro. También una amenaza. Y hay siempre una palabra mágica que nos da acceso a ella, at our own risks and perils.

Una vez dentro, recorremos un pasillo iluminado por neones que desemboca en una gran sala, por cuyo techo abovedado corre una grúa, capaz de mover bártulos de considerable peso de un lado a otro del recinto. Una especie de piscina olímpica —sin agua— ocupa la mayor parte de esta sala. En su interior se sitúan dos plataformas de trabajo, levantadas sobre un armazón de acero y asentadas en mesas sísmicas, capaces de bailar, sin romperse, al son que les toque un posible terremoto. En una de esas plataformas, se sitúa el experimento ArDM, que busca señales de la materia oscura, tan abundante como tenue, que llena el universo. En la otra, va creciendo el experimento NEXT, que pretende demostrar que el neutrino es su propia antipartícula, detectando una rarísima reacción nuclear llamada «desintegración doble beta sin neutrinos». 

La sala y los experimentos que esta alberga pertenecen al Laboratorio Subterráneo de Canfranc, el LSC, uno de las cuatro instalaciones europeas —junto con Gran Sasso en Italia, Modane en Francia y Boulby en el Reino Unido— en las que se pueden realizar experimentos de este tipo. Hace falta instalarse bajo la montaña para protegernos del insufrible bombardeo de los rayos cósmicos que continuamente llueven sobre nosotros y cuyo constante repiqueteo en nuestros aparatos anegaría cualquier posibilidad de detectar las débiles señales que buscamos.

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