El ajedrez en el espacio estelar

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Como es arriba, es abajo

Esa es una de las enseñanzas del hermetismo. Sus cultores tienen como referente a Hermes Trismegisto quien, además de la alquimia, pudo haber inventado el ajedrez conforme el relato mitológico.

Así en el cielo como en la tierra

Es sabido que el ajedrez puede practicarse en todo tiempo y lugar. Ayer, y desde que una versión del juego ingresó a la Ctesifonte de Cosroes I en el siglo V procediendo desde un reino indio ubicado al este del imperio persa, supo estar presente en las cortes medievales (como en las de Leonor de Aquitania), en ominosos sitios (cárceles, guetos, campos de concentración o gulags) o en refinados cafés (como el de la Régence de Paris. Se lo practicó y practica en clubes, escuelas, en el espacio público y hogares, facilitado esto último desde hace un tiempo por el desarrollo de los medios virtuales. También se lo acaba de ver en una ExpoDubái que, queriendo atrapar al futuro, fue testigo de un magno Carlsen ratificando su dominio universal en el milenario juego. 

Si todo esto, y tantísimo más puede suceder en la tierra, hay que imaginar que el hombre en su insaciable sed de expandir los límites podría llevar su juego de tablero favorito a los cielos. Y ese hito se produjo un 9 de junio de 1970, cuando desde la nave espacial soviética Soyuz-9, que se hallaba en su noveno día en órbita alrededor del planeta, los cosmonautas Andriyan Nikolayev y Vitaly Sevastyanov disputaron una partida que terminará en tablas contra una dupla de científicos del Centro de Control en la Tierra.

Para ello se utilizó en la nave un tablero que tiene mucho más de arte que de tecnología, con incisiones en su superficie previéndose que los trebejos se desplazaran sin salir de la cuadrícula incluso en el supuesto de una pieza capturada, evitándose de ese modo que volaran por el aire por efectos de la microgravedad y pudieran dañar el instrumental de a bordo. En el Museo de Ajedrez de Moscú se exhibe ese dispositivo tan efectivo como ingenioso.

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Tablero de ajedrez utilizado en la Soyuz 9 exhibido en el Museo del Ajedrez de Moscú. Foto de Hugo Orlando López.

Siendo esa la primera, no será la última vez en la que el ajedrez aparezca en espacios extraterráqueos. En el 2008 el astronauta canadiense Gregory Chamitoff, un buen aficionado al ajedrez, desde la Estación Espacial Internacional ubicada en la órbita terrestre baja, a la que accedió mediante el transbordador espacial Discovery, enfrentará en diversas ocasiones a rivales ubicados en nuestro hogar planetario.

¿La ficción precede a la realidad? Julio Verne parece indicarnos que esa es la secuencia temporal correcta: en efecto, quien imaginó viajes a la Luna o en submarinos de gran autonomía, en su calidad de clarividente presentará al ajedrez fuera de la superficie terrestre en su novela Hector Servadac. En ella se aprecia a viajeros de los vastos espacios entreteniéndose con el ajedrez en una experiencia que es del todo inquietante a poco que descubramos que Servadac, visto en espejo en idioma francés, es una palabra que significa «cadáveres», por lo que cabría colegirse que los tripulantes del espacio en realidad estaban incursos en su viaje escatológico.

Así en Marte como en la Tierra 

Es bien conocido que uno de los primeros en mostrar en la literatura fantástica la existencia de vida en Marte fue H. G. Wells quien, planteando una invasión alienígena, generó pánico en la ciudad de Nueva York cuando su influyente relato de La guerra de los mundos fue leído en la radio por un muy convincente Orson Welles.

El escritor no fue precisamente complaciente sobre un juego que en su mirada podía ser «…la más absorbente de las ocupaciones, la que menos satisface los deseos, es una excrecencia sin rumbo de la vida». Sin embargo no se privará de incluirlo en El huevo de cristal, donde el tablero aparece en un escaparate de una tienda en la que también se exhibe el mentado huevo de cristal. Este encerraba un universo dinámico, que no era otro que el planeta Marte, al que se consideraba habitado; a partir de ese momento se estableció una especular relación vigilante-vigilado de inquietantes consecuencias.

Será Edgar Rice Burroughs quien en El ajedrez viviente de Marte, además de concebir vida marciana como Wells, comenzará un camino proponiendo que sus habitantes podían tener un juego de estrategia: estamos en presencia del jetan (ajedrez marciano), que se juega en un tablero con piezas vivientes al estilo de la Alicia que atravesó el espejo de Lewis Carroll o de Harry Potter y sus amigos en la saga de J. K. Rowling. Por lo pronto resulta proverbial que en cada jugada se pone en evidencia las hazañas personales y la vida e historia de los integrantes que en tanto trebejos forman parte de la partida-batalla, por lo que podríamos concluir que el ajedrez marciano más que reflejar la vida se integra a ella, con la posibilidad cierta de perderla conforme el transcurso que tenga la crucial partida.

El atanj presentado por Stephen Stirling es otro juego marciano que se disputa en un tablero de extraños sesenta y dos escaques (por lo que en principio se pierde el efecto cuadrícula) con el aditamento de dados, tal cual sucedía en el original chaturanga, aquel protoajedrez originado en el subcontinente indio. Se lo considera como «juego de la vida»: el desenlace depende tanto de la estrategia propia como por la fuerza del azar (la del destino) y la propia existencia queda regida por el decurso del juego. 

Philip K. Dick imagina en Strange Eden un mundo virgen y edénico habitado por una mujer de once mil años de edad que junto a su hermano tenían como deporte principal al ajedrez, que había sido introducido por ellos desde la Tierra a través de los ancestrales brahmines. De nuevo un vínculo entre juegos extraplanetarios con el milenario y muy terrestre chaturanga. Por su lado Eando Binder en The Chessboard of Mars plantea que en el planeta rojo se creó un sistema de comunicación a distancia que permitía a los marcianos controlar los movimientos de personas, grupos y naciones enteras de la Tierra, manipulando los acontecimientos de acá casi como si sus habitantes fueran trebejos de un juego interestelar que les era ajeno. 

Antes de abandonar el planeta rojo, recordemos que Julio Cortázar, en un cuento aparecido póstumamente, registró la existencia de un ajedrez marciano con piezas bien exóticas (tractores, globos, casas subterráneas) y con la genial paradoja de que cada jugador debía mover su pieza conforme le indicara su oponente.

Así en otros puntos del cosmos, como en Marte

Caissa es la diosa del ajedrez que la Tierra ofrece como deidad del universo. Así lo pensó seguramente John Norman cuando imaginó que en el planeta Gor, que aun estando nuestro sistema solar no podía ser detectado (ya que está justo al otro lado del Sol), existe un juego denominado kaissa que se practica sobre un tablero de cien escaques con piezas tan extrañas como las que representan a asesinos y esclavos. Una curiosidad: en inconveniente taxonomía no puede ser practicado por mujeres y esclavos.

ajedrez en el espacioEn Calisto, uno de los satélites de Júpiter, Lin Carter asegura que sus habitantes se entretienen con el darza (ajedrez tanatoriano o ajedrez mortal) en el que, siguiendo el modelo del jetan, los jugadores pueden perder la vida. Alan Burt Akers imagina que en Kregen, lejano planeta ubicado cerca de la estrella Antares, la más brillante de la constelación de Escorpio, existe un ajedrez asimétrico al que bautiza jikaida donde, de nuevo, personas reales asumen el rol de piezas para conseguir objetivos personales (no ser muerto) o sociales (bloquear una ciudad, una isla o hasta la propia nación).

En Los hombres paradójicos, de Charles Harness, se advierte que en una estación orbital el aislamiento y su consiguiente estado de melancolía podían ser parcialmente remediados con el juego. Por su parte la habilidad y la concentración son claves para ser exitosos en el ajedrez de Velda, planeta en donde los procesos de desarrollo en la vida y la propia muerte dependen de un juego que se disputa en un tablero de 13×13 conforme lo indica Philip K. Dick en Cosmic Checkmate. 

Poul Anderson fue uno de los escritores del género que más utilizó el ajedrez colocándolo fuera de la órbita terráquea: por caso en Circus of Hells ya desde la presentación anuncia que estaremos en presencia de «Una infernal partida de ajedrez en una luna abandonada donde cada movida era un jaque mate».

Si hablamos de escritores de fantaciencia, no hay modo de omitir a Isaac Asimov, que aseguró ser «el más horrendo jugador de ajedrez de la historia». A pesar de ese carácter, o quizás precisamente por la fascinación que le causaba una actividad que sentía que excedía a una mente tan brillante como la suya, en su prolífica obra lo habrá de incluir con fruición. Se lo descubre en Un guijarro en el cielo, cuando se  habla de un match a cincuenta partidas que disputaban Schwartz y Grew, ya no en el espacio exterior sino en la propia Tierra (aunque siete mil años en el futuro): allí se presentan varios tipos de ajedrez multidimensionales y otro bidimensional en el que se sortea la colocación de las piezas en el momento de la salida (clara anticipación del ajedrez randomizado propuesto alguna vez por Bobby Fischer). 

Ya fuera de los límites de la Tierra, en Nightfall presenta Asimov un juego para seis contendientes en perfecta sintonía con el hecho de que los habitantes de Lagash solo presumían la existencia de ese número de estrellas en toda la galaxia (volvemos a la idea de «como es arriba, es abajo»). También ahí hay un ajedrez estocástico en el que, como su nombre indica, las estadísticas desempeñan un rol central. 

Si en la literatura las menciones a tipos de ajedrez fuera de la órbita terrestre son numerosas y diversas, hay que asegurar que lo propio acontece en el lenguaje audiovisual. ¿Quién no recuerda las imágenes de 2001: Odisea en el Espacio en donde una díscola computadora juega con la tripulación (y no solo al ajedrez)? Relato inspirado en la novela de Arthur C. Clarke, notable referente del género de ciencia ficción que supo también en su saga Rama presentar al ajedrez en territorio marciano. 

En la tan popular serie y películas Star Trek se aprecia al capitán Kirk y al señor Spock jugar una partida validos de un hermoso ajedrez tridimensional y también a este último dirimir supremacías ajedrecísticas en un encuentro en que tuvo de rival a un alienígena.  

Como siempre es posible extender los límites, máxime que el ajedrez invita a abrazar la idea de infinito y de eternidad, recordemos que en los relatos Leyenda de los Héroes Galácticos de Yoshiki Tanaka, que incluso fueron llevados al mundo de los videojuegos, se consagra que en algún punto del espacio interestelar existe un complejísimo e inimaginable ajedrez de nueve dimensiones en el contexto de una saga ambientada en el siglo XXXV. Será cuestión de aguardar un poco y viajar lejos para poder comprobarlo.

Así en el plano metafísico, como en la realidad y la literatura

Si el ajedrez podía estar aquí o allá, ayer, hoy y siempre, cabe preguntarse cuál puede ser su origen preciso. ¿Es de nuestro planeta como resulta del todo intuitivo y en una primera mirada constatable, o se puede dar un paso más y comulgar con Eduardo Lizalde quien llega a plantear «… si el origen mismo del hombre no es, científicamente hablando, terrenal ¿por qué ha de ser terrenal el origen del ajedrez?». 

Jorge Luis Borges, como siempre, se acercará a la mejor respuesta al procurar abrevar la cuestión al terreno de la metafísica. Al concebir Tlön imaginó un planeta donde importa más el asombro que la verdad y en el que priman las ideas por sobre el materialismo, por lo que dirá: «El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles». 

Un ajedrez insondable que conmueve en lo más profundo a escritores de ciencia ficción, poetas, cineastas y a todos quienes se acercan a su magia. Un ajedrez insondable por la profundidad intrínseca de un juego que ofrece la posibilidad de que se propongan infinitas partidas posibles y de ser apropiado por la cultura en su multifacético valor metafórico. Un ajedrez insondable que puede llegar a cualquier recoveco de la Tierra y del espacio. Un ajedrez para el que solo basta con caer rendido a su ontológica y milenaria fascinación. 

En cualquier caso, nunca se tratará meramente de «mover maderitas» ocurra ello en la Tierra, en el espacio interestelar, o en otros mundos. Ya el ajedrez, en prueba de su potencia, ha comenzado a acompañarnos en las primeras exploraciones fuera de casa. Con el tiempo muy probablemente nos sorprenderemos con vida extraplanetaria y sus propios juegos de estrategia (autóctonos para ellos, exóticos para nosotros) que puedan remitir al terrenal ajedrez.  

En la exploración del cosmos estamos solo comenzando el camino. En este viaje estelar incipiente de una humanidad sedienta de extender sus fronteras y la búsqueda de conocimiento el ajedrez, como siempre, nos seguirá acompañando.

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3 Comentarios

  1. Muy buena divulgación, señor. Especialmente por esa primera partida en el espacio llevada a cabo por los rusos. No lo sabía. El ajedrez tridimensional me parece una fantasía excesiva; hasta ahora no he sabido del resultado de enfrentamiento alguno. Pero bueno. A medida que leía estaba seguro de que haría mención a la partida de ajedrez con personajes reales, en Maróstica, una ciudad medieval en el Véneto con jugadas famosas, pero por necesidad cortas. A mi parecer es un aburrimiento total, que solo se atenúa por la gastronomía local y la escenografía con sus vestidos, armas, caballos, carros y el tablero de piedra en el medio de la plaza. Muy buena lectura. Gracias.
    PN; ¡Vos no pasas! PB: Pues aquí me quedo. Y veremos. PN: Ya vendrán en mi ayuda. Lo verás. PB: La muerte tuya vendrá, por nuestra mejor estrategia. PN: O la tuya. Los planes de batallas son un albur, y de estrategias sabés tanto como yo. PB: Es cierto. Pero mirá, ya ha caido uno de tus intrépidos jinetes. ¡Qué polvareda! PN: Y a tu alfil elegante le espera el ataúd. Fueron al muere por la tontería de la gloria en la oscuridad, coraje de guapos al cuete. PB: Ya. Mejor hablemos antes de que se den cuenta de nuestra inutilidad. ¿Cómo es la paga en ustedes? PN: Miserable, pero se tira pa’lante. La rapina y el despojo nivelan la balanza después. Tengo seis bocas para alimentar. ¿Y vos? PB: Igual… ¿Y tu rey, qué tal? PN: Un mujeriego que solo piensa en banquetes, batallas, sangre y botín. ¿Y el tuyo? PB: Igual. ¿Y la reina? PN: Una melancólica insatisfecha que vive enclaustrada en su alcoba, rodeada de amantes, eunucos, pajes, dulces, perfumes y joyas esperando siempre su sacrificio final. Ni conocemos su cara. En el fondo da pena. ¿Y la tuya? PB: Mmm, más o menos igual. PN: Y nosotros abajo. Y si embargo, somos tantos. Habría que inventar una revolución, con sangre mejor. PB: Ya. Pero después, ¿A quién ponemos de rey? PN: Uno de los nuestros, por supuesto. PB: Ya empezamos mal.

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