
No hay nada verdaderamente sagrado y por tanto, todo es risible por principio. Empezando por nosotros los gafapastas. Y por ese 15-M en que no se pudo. Y por todas las cosas que te hemos contado en nuestra publicación la pasada semana, resumidas en este Jot Down News #22 sección por sección, artículo por artículo, para que no te pierdas nada.
Cine y TV
Para quienes tengan entre dieciséis y veintiséis años, y a fin de informarles que hay una película ideal para descubrir entre el final de la adolescencia y la primera juventud, les escriben un par de milenials viejunos. Se trata de una película británica que se estrenó en la Antigüedad (1979) y que pese a ser de humor celebra la mayor lección de la vida misma: no hay nada verdaderamente sagrado y por tanto todo es risible por principio. Son las «Instrucciones para ver ‘La vida de Brian’ para un ‘gen Z’ que viene al mundo». Por Bárbara Ayuso y Rubén Díaz Caviedes.
Tras la primera parte, continúa la historia de Seinfeld, precisamente con la emisión y éxito desmesurado de su último capítulo. De audiencia, y de chasco. No fue lo que se esperaba, y ni siquiera fue divertido. Pero el razonamiento de este artículo va mucho más allá, para cuestionar que la serie no fue más que un entretenimiento mediocre de los noventa, cuyas ideas otros explotarían con más éxito. Casi es más interesante el después, las películas de animación sobre abejas, Obama en el coche y otras singularidades del protagonista. «Jerry Seinfeld está muerto (y 2)». Por Diego Cuevas.
Sociedad
Si fuiste el repipi o la repipi sabelotodo, como la autora de este artículo en su infancia, ni levantaste simpatías ni te encontraste en la ficción personajes repipis que fueran tratados con simpatía. Criatura solitaria, te curtirías en tu pasión, libros, arte, música, la filatelia, los videojuegos, los insectos, la tecnología, los cómics, los superhéroes o la carrera espacial. Un gafapasta de manual. «No disparen a la gafapasta, por favor». Por Bibiana Candia.
Filosofía
Toda época de crisis, y ya no cabe duda de que esta que vivimos lo es, lleva consigo el correlato de un supervillano marginal y humano con que sentirse identificados. El elegido por nuestro tiempo es el Joker, justiciero maniaco depresivo que usa la risa como mecanismo de evasión de una realidad insufrible. Lo que le aceptamos a él se lo prohibimos como moralistas a cualquier humorista en Twitter. Y eso es como para reírse. Entonces, «¿Por qué tan serios?». Por Ana Rosa Gómez Rosal.
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