Arte y Letras Filosofía

¿Por qué tan serios?

joker por qué tan serios
Joaquin Phoenix en Joker, 2019. Fotografía: Warner Bros. serio

Volvamos por un momento al año 2008. Qué año, ¿verdad? Por entonces, el crac de la burbuja inmobiliaria nos llevó a cuestionarnos los cimientos de lo que algunos se empeñaban en llamar «estado de bienestar», el término «mileurista» ya no era sinónimo de precariedad, sino a lo que aspiraría la juventud (y no tan juventud) después de nadar en un océano de títulos y, de entre todas las reminiscencias a la Gran Depresión y los nefastos augurios sacados de Nostradamus, se erigió el fenómeno social de alabanza a la figura del Joker recreada por Nolan e interpretada por Heath Ledger. Qué tiempos. Parece que fue hace mil años y, a la vez, ayer. De hecho, es que el relato es idéntico al del año pasado si aplicamos pequeños factores diferenciales, como una pandemia —al fin y al cabo, algo que escapa al control de la inmensa mayoría—, o al fallecido Heath Ledger por Joaquin Phoenix. El mileurismo y los augurios se mantienen inquebrantables, ahí no hay nada que añadir. 

No hace falta profundizar mucho en el análisis para darse cuenta de que toda época de crisis en la actualidad lleva consigo un correlato de un supervillano marginal, humano, al fin y al cabo, con el que sentirse identificado, en contraposición a la tendencia heroica de siglos pretéritos. Tanto el héroe trágico que se forma desde la Poética de Aristóteles como el supervillano moderno sufren por una situación sobrevenida externamente que escapa a su control. La diferencia entre ambos es la actitud que adoptan y los fines que persiguen: el héroe hace uso de una moral superlativa que le haga merecer el favor de los dioses para revertir el escenario a la condición primera, a su orden natural; el supervillano se enroca en la injusticia cometida para dar rienda suelta al caos en el mundo que lo rodea, sintiéndose amparado en la aparente irracionalidad de los acontecimientos y legitimado en el placer inmediato que proporciona la vendetta. Da igual que el que sufre los efectos no sea el mismo que provocó el infortunio del actuante, porque lo que prima es la festiva sensación de libertad. Por supuesto, nueve de cada diez preguntados sobre qué actitud les definiría más dirán que la heroica, pero si algo hemos sacado en claro de los barómetros de intención de voto del CIS, de los anuncios de cremas antiedad y de la audiencia confesa de Telecinco es que nueve de cada diez personas miente. 

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Un comentario

  1. Quizás no sea tan curioso ni extraño. Después del crack del 29, los antiheroes nacional és USA eran los ladrones de bancos. Gente real que robaba dinero real i mataba a personas de carne y hueso.
    Quizás lo interesante sea como todos hemos terminado acceptando la ficcion como campo real del «debate TM». Y como a la vez, siendo simples humans como siempre, cometiendo los mismos errores de siempre, nos cuesta tanto acceptar nuestros fallos.
    Ya saben no reírse de las mujeres blancas que se han adueñado del concepto woke.
    Seguramente eso es lo que nos da mas miedo como especie, como colectivo cultural, por llamarlo de alguna forma, nos da miedo ser conscientes que siempre vamos a ser unos hamsters corriendo dentro de la rueda.
    Por muy despiertos y conectados con la verdad que estemos.

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