
Viene de «Un brazo, una canasta y un sueño (1)»
Corría la temporada 2008/09 y para diciembre Kevin Laue ya tenía ofertas de la Division III de la liga universitaria. Era un elogio, pero él creía que valía más aún. En navidades promediaba 6,9 puntos y 7,4 rebotes en Fork Union. Prefería arriesgar y ver si llegaban ofrecimientos más sustanciosos.
En los dos años que jugó defendiendo la camiseta de Fork Union, Kevin Laue promedió 10 puntos, 12 rebotes y 6 tapones.
En un Fork Union-Brewster Academy, Laue se enfrenta a un frontcourt cuyos tres miembros se habían comprometido de palabra con universidades de primerísimo nivel, tales como Kansas, Baylor y Oklahoma. Esa tarde, el pelirrojo manco de California juega un gran partido con unos números más que aceptables: 12 puntos, 5 rebotes y otros 5 tapones. El rival de Brewster que acabaría yéndose a Kansas, no era otro que Thomas Robinson. El coach Arrit hablaba claro tras el encuentro: «La única cuestión aquí es saber si algún entrenador de la Division I tiene las agallas para disparar el gatillo y apostar por él».
Howard Garfinkel, del prestigioso Five-Star Basketball Camp, se mostraba claro frente a las cámaras de televisión tras ser preguntado por el chaval: «La idea de este chico de jugar en la Division I de la NCAA va más allá de una remota posibilidad… es algo astronómico. No va a ocurrir».
Garfinkel acabaría errando en sus apocalípticas estimaciones.
Las universidades de Colgate y Wofford tentaron a Kevin, pero sus ofertas incluían solamente una beca parcial pese a que deportivamente contaban con él para el equipo. Solo Manhattan College y Cal Poly (California Polytechnic State University) le pusieron un contrato con beca completa sobre la mesa. Cal Poly era del agrado del chico; al fin y al cabo podría estar cerca de su madre después de un periplo de dos años por Virginia. Una llamada de su madre hizo que desechara la oferta californiana. Según había sabido Jodi, el staff técnico al completo de Cal Poly acababa de ser cesado y ya no existía seguridad alguna de que quisieran contar con Kevin. Así que Manhattan College, una universidad neoyorquina de la primera división de la NCAA, se acabó llevando el gato al agua. Querían que Kevin cursara estudios en su centro para que aportara como jugador de baloncesto. Barry Rohrssen, entrenador del equipo, se llevó a Laue a la Zona Cero de la Gran Manzana y le habló claro. Le aclaró que lo que allí había ocurrido hacía unos años era una tragedia, y que, sin embargo, lo suyo era algo desafortunado, nada más. Le prometió que sería juzgado según lo que hiciera en la oportunidad que se le iba a brindar.
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Superación en estado puro, casos así se tendrían que compartir en colegios y en muchos otros lugares para que la gente aprecie lo que de verdad es importante en la vida, la capacidad de superarse a sí mismo pese a las circunstancias propias o ajenas.