
Este artículo también está disponible en nuestra revista trimestral Jot Down nº15 Especial Fantasmas.
Nunca me gustaron demasiado esas cajas arrogantes, pero ahora las echo de menos.
Las muy puñeteras, iconos de una era más inocente.
(Art Spiegelman, Sin la sombra de las Torres, 2004).
La amputación traumática de extremidades tiene numerosas secuelas psicológicas. Una de ellas, propiciada por el sistema nervioso central, es la sensación interna de que esa parte del cuerpo sigue allí. Sientes un hormigueo en la punta de los dedos cuando el brazo se acaba en un informe muñón a la altura del codo. En Nueva York sucedió algo parecido tras los atentados del 11S: como si de un miembro fantasma se tratara, sus habitantes solían levantar la vista inconscientemente buscando la presencia ominosa de las Torres Gemelas, esperando verlas como siempre… y al contemplar el espacio vacío, que por un momento parecía ocupado por el recuerdo, revivían el momento de la infamia. Las autoridades intentaron acelerar al máximo las tareas de reconstrucción para tapar ese doloroso vacío, aunque también por orgullo, como cuando te incorporas rápidamente al caerte al suelo en la calle (y esperas que nadie te haya visto). Y por dinero, también. De aquel desastre parecía que se iba a mostrar lo mejor de una nación que se tiene a sí misma como ejemplo para el mundo, pero revitalizar la Zona Cero no está siendo nada sencillo puesto que el desarrollo urbanístico para la reconstrucción es, por lo turbulento y complicado, digno de pedanía costera española en el cénit de la burbuja inmobiliaria.
Quién es el padre de la criatura
Puede resultar paradójico que el propietario de las Torres Gemelas y otros edificios de la manzana del World Trade Center (WTC), todo un símbolo del capitalismo, fuera un organismo público. Resulta que pertenecía a la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey (en adelante, Autoridad Portuaria, para abreviar), que había estado explotando el alquiler de las oficinas durante décadas. En verano de 2001, en una operación financiera espectacular que difícilmente querría repetir si pudiera viajar en el tiempo, el empresario del sector inmobiliario Larry Silverstein firmaba un contrato de arrendamiento de cuatro edificios del WTC por unos tres mil doscientos millones de dólares y noventa y nueve años de duración. Mes y medio más tarde la parcela, conocida a partir de entonces como Zona Cero, queda completamente arrasada.
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La vida ha dejado de ser un chiste para mí; no le veo la gracia.
https://youtu.be/Pxuzc2Loncc
La arquitectura es el gran libro de la humanidad.
https://youtu.be/sFonjSZfi2k
Estuve 15 días en Nueva York en el verano de 2018, y el Oculus de Calatrava me pareció, aparte de un espanto, que no pega ni con cola a pesar del simbolismo que evoca la paz etc.