Ocio y Vicio Destinos

Dos huellas cruzadas

Dos huellas cruzadas
La Cascada, Ereván, 2018. Fotografía: Maja Hitij / Getty.

Un viaje por Armenia siguiendo las huellas de dos poetas: el danés Henrik Nordbrandt, que se inspiró en el genocidio de 1915 para escribir un libro, y el ruso Ósip Mandelstam, que en el lago Seván recuperó la escritura tras un largo silencio.

El lugar donde todos hemos estado

La luz estival dora las fachadas de la Plaza de la República, levantadas en esa piedra rosada que se conoce como toba armenia. El reloj de la torre del edificio del Gobierno marca las seis, el calor se suaviza y Ereván parece salir de una larga siesta. Es un buen momento para caminar hasta La Cascada, el faraónico mirador que sigue inconcluso medio siglo después de iniciadas sus obras. En las largas escalinatas puede uno encontrar algún buen sitio para leer a gusto, y levantar la vista de vez en cuando para contemplar a los niños correteando o a las parejas haciéndose selfis con la hermosa panorámica de la ciudad al fondo.

Los versos de Henrik Nordbrandt también hacen buena compañía. La del danés es una poesía inquieta, en viaje constante como su autor, ese escandinavo de corazón mediterráneo y suelas gastadas. Y sin embargo un buen día se detuvo aquí y surgió algo extraño en su obra, un libro dedicado a un solo lugar, a un país: Armenia, publicado en 1982. En España lo publicó un pequeño sello, Bassarai, con traducción del maestro Francisco J. Uriz, a quien debemos tantas alegrías.

Nordbrandt escribió sugestionado por la historia del genocidio de 1915. El apoyo de las grandes potencias al iluso movimiento de liberación armenio, con el único objeto de debilitar al gigante turco; los kurdos como encargados de hacer el trabajo sucio con el respaldo de Estambul y la tragedia que todos conocen, pero nadie se atreve a calcular con precisión: una población armenia deportada o asesinada, con cifras que oscilan entre los doscientos mil y el millón y medio de muertos. Visitaré el monumento a las víctimas de la matanza, el Tsitsernakaberd (traducible como «fortaleza de las pequeñas golondrinas») con sus cuarenta y cuatrometros de basalto apuntando al cielo, símbolo del renacer armenio, y su llama eterna.

… son los rehenes: los armenios rehenes de los kurdos los kurdos de los turcos y los turcos de los alemanes… Y cada rehén asesinado delante de su propio muro y reproducido después en el muro desde el principio de los tiempos y hasta esta hora.

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