
Cuando, en 1977, George Roy Hill reclutó a su actor fetiche, Paul Newman, para hacer una película en torno a un equipo de hockey sobre hielo que no ganaba ni un partido, sabía perfectamente lo que hacía. Por extraño que pueda parecer ahora, y más aún en España, el hockey sobre hielo pasaba por entonces un momento de gloria: ningún otro deporte podía representar la violencia desatada de los años setenta como este. En ningún otro deporte estaban las peleas no solo permitidas, sino incluidas en el reglamento. En ningún otro, la agresividad en la pista pasaba a las gradas y de las gradas a los hogares post Watergate.
La película en cuestión se llamaba Slap Shot, y en español se tradujo magistralmente como El castañazo. En ella, Newman juega y entrena en un equipo venido a menos, sin espectadores, de una liga menor, que busca comprador urgentemente para evitar la desaparición inmediata. El equipo, los Chiefs, son un desastre, pero presumen de «jugar limpio» en una liga llena de matones y navajeros. El orgullo y la dignidad se echan a un lado ante la necesidad económica, y Newman acaba contratando para su equipo a tres hermanos, los Hanson —que no deben confundirse con el grupo de música—, para adaptarse a los nuevos tiempos, es decir, para dar hostias como panes.
La mejoría es inmediata: los Chiefs de Charleston empiezan a sumar victorias y victorias a base de castañazos, es decir, de violencia, sangre, peleas, humillaciones verbales, insultos, trampas… el deporte profesional en su máxima expresión. Como última caricatura, Paul Newman decide jugar el partido final apelando al «viejo hockey» del pase, la velocidad y la inteligencia. Al descanso, no solo van perdiendo de nuevo, sino que el vestuario se convierte en una farmacia, todos llenos de vendas, sangre y heridas. El dueño, desesperado, les dice: «Hay un montón de ojeadores de la NHL ahí afuera, buscando talento», y, cuando oyen la palabra ojeadores, todos se dan cuenta de lo que necesitan: más tortas, más violencia, más espectáculo. Porque la NHL, básicamente, es eso.
El deporte que llegó del frío
Para que el hockey sobre hielo se haga famoso en un país hace falta una cosa importantísima: el frío. Un continente frío, helado, de vastas extensiones que permitan a los chavales ir patinando a todos lados e incluso coger un stick para manejar un disco como quien da patadas a un balón en un país mediterráneo. Necesitas instalaciones, también. Lugares donde el frío interior sea menor que el exterior y los mismos chicos se metan ahí a entrar en calor y encuentren unas porterías, unos uniformes, unas protecciones y unas ganas inmensas de pasárselo bien.
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Gran artículo.
Y me interesa CERO el hockey.
No se si fué en otro artículo de Jot Down donde descubrí la figura del «Goon» en el Hockey. El matón. Un jugador destinado a proteger a los figuras de su equipo a hostias y, si llegaba tarde, vengarlos de forma que los contrarios se lo pensaran dos veces antes de tocar uno de sus cabellos. Ya de paso, cascar a los buenos del otro equipo. Si además eran capaces de jugar un poco, pues miel sobre hojuelas.
https://www.sportslingo.com/sports-glossary/g/goon/
Existe un grupo de hermanos llamado Hanson, sip, pero también existe un grupo de pop punk canadiense llamado The Hanson Brothers, en referencia a los individuos fichados por los Chiefs en la peli de Roy Hill. Actúan disfrazados como los Hanson Brothers filmicos; gafas, pelucas, parafernalia de hockey y tiritas. En realidad son la banda de punk No Means No en una segunda identidad. Saludos.