Arte y Letras Filosofía

Fenomenología del bufón

Fenomenología del bufón
Woody Allen en ‘Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo’.

Y vestido de rojo piruetea el bufón.

Rubén Darío, «Sonatina»

Cultura media mediática

En un mundo mercado los productos culturales son, inevitablemente, mercancías; pero son mercancías muy peculiares, capaces de estimular la imaginación y la reflexión de quienes las consumen o, por el contrario, de embotar sus mentes. La esquemática división de la cultura en alta, media y baja —o de masas— confunde más de lo que aclara, y debería ser sustituida por una clasificación menos superficial y adialéctica de los productos culturales, que tuviera en cuenta su poder transformador (o embrutecedor).

De los tres supuestos niveles culturales, el que tiene una identidad más definida, en función de sus mismas condiciones de producción, es la cultura de masas. Sin necesidad de que unos manipuladores conscientes (que también los hay) diseñen los contenidos de las baratijas culturales destinadas al consumo masivo con el deliberado propósito de idiotizar a la gente, el mero hecho de realizar productos ampliamente asequibles y asumibles, que no entren en conflicto con los prejuicios más arraigados y sean, además, baratos y fáciles de producir, propicia de forma automática la banalización de los contenidos. Un ejemplo claro lo encontramos en el recurrente maniqueísmo icónico del cómic más comercial: la necesidad de producir una gran cantidad de dibujos en el menor tiempo y con el menor coste posibles hace que las representaciones de los personajes sean estereotipadas y expresen de forma esquemática los sentimientos y emociones más básicos: bondad, maldad, amor, odio, alegría, tristeza…, lo cual refuerza automáticamente el esquematismo moral, la tajante división de los personajes en buenos y malos (con la consabida identificación de los primeros con los defensores del orden establecido).

Menos fácil de distinguir y valorar es la «cultura media». Como he mencionado en un artículo anterior («La crisis cultural»), según Dwight MacDonald, el sociólogo estadounidense que en los años cincuenta del siglo pasado introdujo los términos masscult y midcult, la segunda sería la oportunista respuesta del mercado al esnobismo de una clase acomodada, pero poco cultivada, que quiere desmarcarse de la cultura de masas y no está capacitada para acceder a la «alta cultura» o para disfrutar de ella. Pero esta definición es insuficiente, incluso dentro del marco teórico establecido por el propio MacDonald. Porque muchos de los productos culturales que ofrecen contenidos banales con una falsa apariencia de calidad artística y/o densidad conceptual, no responden a la frívola demanda de una burguesía más pretenciosa que culta, sino a las razonables —aunque a menudo ingenuas— expectativas de un amplio sector de la población. Y en ello reside el mayor peligro de la midcult: así como la cultura de masas no pretende ser otra cosa que una forma de entretenimiento, ciertos productos de la «cultura media» pasan por ser rompedores, incluso contraculturales, cuando en realidad son todo lo contrario: actualizaciones de viejos tópicos que prolongan y refuerzan el discurso dominante.

En este sentido, es especialmente significativa la sobrevaloración (por no decir mitificación) de algunas manifestaciones supuestamente progresistas de la música ligera. La «canción protesta» de los años cincuenta y sesenta fue un fenómeno del mayor interés cultural y político, sobre todo en Latinoamérica; pero ya en los setenta empezó a ser asimilada por el mercado (y significativamente promocionada por los grandes medios de comunicación), dando lugar a todo tipo de mistificaciones y oportunismos, y estableciendo con la poesía una ambigua relación que merecería un estudio en profundidad.

Quienes nacimos antes de la revolución audiovisual hemos asistido, consternados y perplejos, a la progresiva desaparición de la poesía de la esfera pública. O lo que es peor, a su metamorfosis degenerativa: ahora los tradicionales recursos de la poesía (metáfora, metonimia, hipérbole, aliteración…) están, sobre todo, al servicio de la publicidad, el adoctrinamiento religioso, la propaganda política y otras agresiones comunicacionales. Y la profunda ignorancia de la inmensa mayoría de la población en materia poética ha hecho posible la proliferación —y la aceptación acrítica— de sucedáneos pretenciosos e imitativos que pasan por ser poesía de calidad. «Todos los poetas son buenos, incluso los malos», dijo Neruda; pero no había escuchado a ciertos cantautores de cuyos nombres no quiero acordarme.

Mención aparte merecería la apropiación de textos poéticos genuinos por parte de algunos intérpretes. Cuando Joan Manuel Serrat canta a Miguel Hernández o Pablo Milanés canta a Nicolás Guillén, ¿banalizan sus poemas o contribuyen a difundirlos? Las dos cosas, probablemente. Cuando Miguel Ríos rocanrolea el «Himno a la Alegría», ¿profana la música clásica, como sostienen indignados los puristas, o la pone al alcance de un público más amplio? Cuestiones complejas y sobre las que no creo que se pueda generalizar. Y que, en cualquier caso, ponen de manifiesto la ambigüedad e insuficiencia del concepto de «cultura media», siempre mediática, casi siempre mediocre, pero casi nunca solo eso.

Cultura progre

En relación con lo anterior, es especialmente significativa la aparición, a finales de los años setenta, de una cultura supuestamente progresista a la medida de la supuesta ruptura democrática.

Durante el franquismo, los disconformes sufrían en sus propias carnes los rigores de la represión y no tenían más opciones que la resignación o la clandestinidad. Pero tras la muerte del dictador al poder empezó a resultarle más rentable comprar a los disidentes que reprimirlos, y así, con la autodenominada «transición», muchos intelectuales y militantes de izquierdas se dejaron estabular dócilmente a cambio de pasto seguro y un pequeño reducto de permisividad en el que retozar. El progresista se cortó la coleta subversiva y se convirtió en progre. Y las grandes empresas mediáticas se apresuraron a suministrarle una cultura ad hoc igualmente apocopada.

La represión y la caspa del franquismo dieron paso, en buena medida, a la seudolibertad del consumismo y el postureo. Los progres se hicieron gourmets y vistieron trajes de Armani. La elegancia superficial y la superficialidad elegante se convirtieron en sus emblemas, sus señas de identidad. Sustituyeron el mito del héroe por el del antihéroe, a John Wayne por Humphrey Bogart, a Cary Grant por Woody Allen. Remplazaron el compromiso y la lucha por el glamur y el talante. Y algunos ni siquiera tienen la decencia de callarse, como pedía José Martí a quienes no tienen el valor de luchar.

Cultura bufonesca

Entre los progres que no tienen la decencia de callarse ocupan un lugar destacado los bufones mediático-culturales, que, al igual que sus predecesores históricos, pueden disfrazarse de cualquier cosa: humoristas, tertulianos, columnistas, presentadores, cantautores, cineastas, dramaturgos, novelistas, sociólogos, filósofos…

El poder necesita al bufón, más que para parecer tolerante y abierto a la crítica, para no perderse en los meandros de un monólogo sin fin y sin réplica. Necesita un espejo para maquillarse. Y así, al precio de distorsionar su figura y sus maneras (vendiendo su imagen, que es empeñar el alma), el bufón puede decir algunas verdades molestas, incluso proferir ciertas burlas y sarcasmos irreverentes, y el poder no solo lo tolera, sino que incluso puede llegar a reírse. ¿De sí mismo? No: de quienes confunden las impertinencias del bufón, que contribuyen a que todo siga igual, con las verdaderas críticas, las que podrían hacer que las cosas cambiaran.

¿Y quiénes confunden las bufonadas con las críticas? Todos, en alguna medida, en algún momento. A todos nos engañan alguna vez los bufones del poder (por ejemplo, los humoristas que publican sus chistes en los grandes periódicos), y a algunos los engañan todas las veces. Pero no pueden engañarnos a todos todas las veces. A los bufones acaba viéndoseles el plumero, el gorro de cascabeles. Su propia superficialidad suele ser un primer indicio, aunque no concluyente; su exhibicionismo, su frecuentación de los grandes medios (poco compatible con la crítica verdadera), el engreimiento y la arrogancia típicos de los mediocres encumbrados y, sobre todo, una ambigüedad piruetesca que acaba estrellándose contra el suelo de los obstinados hechos: esas son las señas de identidad —o de impostura— de los bufones del poder.

Algunos piensan que esos bufones disfrazados de Pepito Grillo son una especie de conciencia del sistema. Pero no necesitamos ese tipo de conciencia, porque es, en el mejor de los casos, lo que los moralistas llaman «conciencia laxa» y los psicólogos «disonancia cognitiva». La espuria cultura bufonesca, la desvitalizada cultura progre, es el opio —o la metadona— de los seudodemócratas, que induce una somnolencia de la razón que, aunque no engendre monstruos, como su sueño profundo, permite que los dejemos pulular a nuestro alrededor sin excesiva alarma. Para que sigan ahí cuando despertemos.

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52 Comentarios

  1. Charles BoyerO

    Supongo que toda esta perorata no va por mí, ¿eh?

    • No entiendo nada. ¿Eres Carlos Boyero? ¿Intentas hacernos creer que lo eres? ¿Hablas en su nombre?¿Consideras que podría sentirse aludido por mi «perorata»?

      • Charles BoyerO

        ¡Pero hombre, Frabetti…! Si aquí en Jot Down soy casi una institución. ¿Es que no lees el resto de artículos? ¿Solamente los tuyos…? Ay, ay…

        • Frabetti

          Empiezo a leer casi todos los artículos y al menos un tercio de ellos los leo enteros. También leo bastantes comentarios, cuando el artículo me interesa, y no te recuerdo.

  2. José Antonio

    Muy de acuerdo con el artículo, pero creo que algunas de esas viñetas de los periódicos son toda una declaración de principios de quien las hace (y de la línea del periódico, claro), se esté de acuerdo con ella o no. Como se ha dicho alguna vez, una buena viñeta es mejor que un editorial cejudo. Me acuerdo de Gallego y Rey cuando estaba en Diario16, de El Roto (este es fulminante), los de ElDiario también son buenos casi siempre. ¿Bufones? Sí, pero necesarios para lo que se lee hoy en día, además ¿no es para tomárselo a risa como decía El Comediante?

    • Frabetti

      Efectivamente, a menudo son una declaración de principios, y detrás de esos principios está la línea del periódico. Es una discusión que tuve con Forges desde los tiempos de la Codorniz y a lo largo de décadas: el humorista utiliza al medio y el medio al humorista, pero en esa dialéctica siempre sale ganando el medio, pese a los pequeños goles que pueda meterle el humorista de vez en cuando. Forges y OPS/El Roto merecerían cada uno un artículo aparte.

      • José Antonio

        Pues sí, lo merecen. Soy, además, afortunado de tener un libro de OPS. En eso de meter goles, todos intentamos meterlos cuando podemos, pero las porterías cada vez las hacen más pequeñas.

  3. Innerweltlicher

    Buen día Frabetti, un gusto como siempre. En efecto, esta voracidad del sistema en que vivimos no ha tenido parangón a lo largo de la historia, es capaz de asimilar absolutamente cualquier cosa, ¡y aun hacer de ello su alimento! Creo que los progres nos hemos visto atrapados en la trampa de la coherencia —la cual es irrelevante para los conformistas como no sea a la manera de saeta argumental— y hemos sacrificado una parte no menor de nuestra conciencia a la salud de nuestro disfrute (entiéndase, no a la manera puramente hedonista, sino también, no en inferior medida, como la adecuada recompensa de la aceptación social). Después de la caída del muro ni siquiera imaginamos realmente una alternativa, así de infiltrado está este sistema en nuestra realidad neuronal. Por tanto, cuando nos reímos del bufón pienso que, más que creer que atacamos el sistema, somos lúcidamente conscientes (al menos algunos) de nuestra orfandad de ideas y nos conformamos con asomarnos a un atisbo de ruptura a través de una rendija con doble fondo. Al igual que al revolucionario de Mrozek, nos gusta recordar los tiempos de lucha desde la confortabilidad de nuestra cama, aunque no seamos pocos los que sufrimos esta disonancia cada vez más acusada entre nuestra forma de ser y nuestra forma de vivir.

    • Frabetti

      Así es. La risa que nos arranca el bufón es a menudo una risa una risa amarga: reír para no llorar. Gracias por la sutil reflexión.

  4. insulabarataria

    ¿Qué pinta ahí la fenomenología?

    • Frabetti

      No uso el término en sentido filosófico/husserliano, sino en el de análisis de un fenómeno sociocultural y de las circunstancias que lo determinan.

      • insulabarataria

        El título entonces será «Análisis socio-cultural del Bufón». «Fenomenología del Bufón» tiene tanto sentido como «Integral definida del Bufón», «Diagonalización del Bufón» o «Cosecante del Bufón».

        • Cosecante del bufón no tiene ningún sentido. Fenomenología del bufón subraya el hecho de que el bufonismo, valga el palabro, es un fenómeno que merece ser estudiado como tal. No vamos a admitir que los filósofos determinen el uso de los términos de los que se apropian. Recuerdo, dicho sea de paso, que uno de los artículos más celebrados de Umberto Eco, allá por los años 60, se titulaba «Fenomenología de Mike Bongiorno» (un famoso presentador de la televisión italiana).

          • insulabarataria

            Confundes fenoménico y fenomenológico.
            No conozco a un fenomenólogo llamado Umberto Eco. Hubo un semiótico que atendía a ese nombre.
            Lo único claro es que no comprendes
            el método fenomenológico.

            • Lo único claro es tu insuficiente conocimiento del lenguaje. Date una vuelta por el diccionario.

                • Frabetti

                  Efectivamente.
                  Primera acepción: «Teoría de los fenómenos o de lo que aparece».

                  • insulabarataria

                    «No vamos a admitir que los filósofos determinen el uso de los términos de los que se apropian».
                    ¿A qué obedece en ese diccionario las tres abreviaturas «Fil.»?
                    La RAE recoge las acepciones de Kant, Hegel y Husserl. Aplique «fenomenología» al teorema de Pitágoras en cualquiera de las tres acepciones. Ilústrenos.
                    Había un loco en el Retiro al que le daba por insertar palabras cuyo sonido le gustase en sus conversaciones. Un día la tomó con «claraboya». Se sentó a mi lado y soltó «Creo que le vendría bien al Retiro una claraboya». Le expliqué el significado del término y dijo «Uy. Perdón». Al menos él reconocía lo que no tiene vuelta de hoja. No es el caso de todo el mundo.

                    • Entonces no podemos hablar de dialéctica o de infraestructura, por ejemplo, sin remitirnos a Marx. Umberto Eco y yo -y cualquier otro- tenemos el mismo derecho que Husserl o Hegel a hablar de fenomenología en el sentido puramente etimológico del término: estudio de los fenómenos. No, no todo el mundo reconoce lo que no tiene vuelta de hoja.

  5. Te leo siempre con mucho gusto, incluso las pocas veces en que no estoy de acuerdo, pero en este artículo pareces un iluminado incorrupto al que alguna vez han engañado pero que ya por fin ha visto la Verdad.

    Es curioso que no des nombres concretos de bufones al servicio del sistema, desconozco el motivo, pero la intencionalidad del artículo se habría visto reforzada. Yo antes criticaba bastante a artistas que me gustaban poco o que hacían cosas poco éticas como las bandas tributo, pero con los años he visto que todo el mundo tiene que pagar sus facturas.
    Los supuestos bufones creo que no son más que gente corriente, cada uno con sus ideas, un reflejo de la sociedad que nos ha tocado vivir. Imagino que un mundo de seres perfectos debe ser de lo más aburrido.

    Es una pena que no sepas disfrutar de géneros musicales y cinematográficos banales y superficiales.

    ¡Viva Chiquito de la Calzada!

    • Frabetti

      Admirar la belleza de una catedral gótica no nos impide lamentar el sufrimiento humano que supuso su construcción ni analizar la ideología que la inspiró. Y los bufones no son gente corriente: constituyen un gremio muy especial y que conozco desde dentro. Pero no he dicho, ni lo pienso, que todos los humoristas sea bufones. Viva Chiquito de la Calzada, sí; pero sus películas -su utilización por la industria cultural- son espantosas.

    • Frabetti

      Con respecto a los nombres concretos: si los diera tendría que argumentarlo en cada caso, y cada nombre requeriría un artículo. Pero puede que lo haga con algunos bufones notorios, gracias por la sugerencia.

  6. Señor Fabretti. Primero el elogio; algo bueno tienen sus artículos porque siempre los leo y casi siempre tienen una buena cantidad de comentarios. Dicho esto, sus razonamientos son más rígidos que el palo de la escoba de Stalin. Usted parece querer un mundo serio, responsable y un poco lúgubre donde todo está bajo la lupa de la conciencia. Usted detesta a los obreros que comen carne (de granja extensiva la mayoría) y a los bufones que se burlan del rey aunque le teman. Abra la ventana señor Fabretti, grite alguna tontería a la gente que pasea, sea inconveniente por unos minutos, meta un error gramatical en su próximo artículo, entregue preguntas, no respuestas. Un cordial saludo (seguiré leyendo sus artículos)

    • Frabetti

      Te aseguro que no detesto a los obreros que comen carne (poca, por cierto, tal como están los precios), sino a una industria alimentaria basada en la deforestación, la contaminación y la tortura. (Ya he metido un error gramatical: «a» delante de un acusativo -nunca mejor dicho- que no es persona).

  7. rompamos una lanza en defensa de los bufones de shakespeare y kurosawa (son el mismo) que no eran hombres libres pero gozaban de libertad de palabra. los bufones del artículo son hombres y mujeres libres pero de palabra cautiva, interesada.

  8. insulabarataria

    Creía que había que remitirse al diccionario. Ahora saltas a la etimología. Toca tu misma melodía: date una vuelta por el diccionario.
    Busca «dialéctico». De diez definiciones sólo encontrará tres «fil.»
    Busca «infraestructura». Dos definiciones. Ninguna «fil.»
    Así que puedes emplear los sentidos no-filosóficos de tales términos. No es el caso de «fenomenología».
    Sigo a la espera de que nos ilustres aplicando «fenomenología» al teorema de Pitágoras en cualquiera de las tres acepciones. Hubiera sido mucho más fácil reconocer el error de emplear un término porque te sonaba bien, que claramente ha sido el caso.

    • Frabetti

      Podemos hablar de fenomenología del teorema de Pitágoras analizando las circunstancias que llevaron a los egipcios a descubrir el triángulo de oro y cómo y por qué los griegos le dieron una vuelta más a la cuestión en el contexto de una cultura más especulativa y la generalizaron para todos los triángulos rectángulos (puede que haga ese artículo, gracias por la sugerencia). Y no he dicho que haya que remitirse al diccionario como fuente única, sino que no hay que ignorarlo. Y la etimología tampoco. Pero entiendo que a los profesores de filosofía les moleste que los demás usemos los términos que consideran patrimonio propio; es la miopía/inseguridad del especialista aferrado a su jerga. A muchos médicos les pasa lo mismo. Y, sí, el término suena bien, y admito que es un poco pedante; pero perfectamente adecuado, tanto en el caso de mi añorado amigo Umberto Eco como en este.

      • insulabarataria

        No es adecuado. Menos aún, “perfectamente adecuado”. Que Umberto Eco empleara mal el término y fuerais amigos no excusa tu mal uso. “Falacia ad verecundiam”.
        Ve pensando en hacer un artículo sobre la arrogancia intelectual, sobre las personas inteligentes que se niegan a rectificar cuando meten la pata sabiendo que la han metido.
        Hay un montón de términos de la filosofía que poseen un uso cotidiano. Por desgracia para tu artículo, “fenomenología” es uno de esos términos mediante los que Kant amplió el lenguaje de la metafísica. Hegel usa el término con un sentido aún más definido y, después, Husserl lo transformó en un método.
        Tampoco se puede apelar aquí a la etimología. Tras consultar el diccionario de Chantraine (1968), p. 1170, no hay un uso de “fainó” con “logos”. Era de esperar. Para los griegos, no hay un tratado del fenómeno, sino tratados de física o biología (“peri-fiseos”).
        Tu intento de aplicar el término fenomenología al teorema de Pitágoras manifiesta que no sabes qué significa fenomenología. Vuelves a lo fenoménico.
        El lenguaje de Husserl, que es quien impuso el término, es muy preciso. Como no trata de ser didáctico, aunque lo que manifiesta es sencillo, puede ser complejo de entender. A fin de cuentas era un matemático.
        Por el respeto que tengo a los matemáticos jamás diré que el lenguaje de estos es “jerga” y mucho menos que padecen “miopía” o “inseguridad” pues lo emplean con la precisión que deben. No son ellos quienes ofenden mi ética, ni la lengua en la que me expreso.
        No seguiré más con este aparente diálogo.

        • Gracias por tus minuciosos comentarios. Este diálogo puede que no sea todo lo útil que pudiera/debiera, pero no es aparente. Y, por cierto, «jerga», no es un término despectivo. Yo soy matemático y conozco bien los excesos en los que incurren -incurrimos- en nombre de la precisión.

        • Tras releer con atención los comentarios y el propio artículo, debo reconocer que no te falta razón. El título no es «perfectamente adecuado» y, dado el uso técnico que casi siempre se hace del término, debería haber aclarado que yo lo usaba de un modo meramente etimológico y un tanto irónico, en consonancia con el texto mismo. Gracias por tus comentarios, me ayudarán a ser más cuidadoso.

          • insulabarataria

            No es adecuado y punto. Volvamos al teorema de Pitágoras.
            La relación que expresa ese teorema es el hecho REAL. Existe con independencia de que haya quien la demuestre o aunque caigan los cielos y desaparezca el género humano.
            La demostración que construyó Pitágoras (y que probablemente recogieron los “Elementos”, primero de León y luego de Euclides) es el hecho FENOMÉNICO. Hay otras demostraciones, pero la de Pitágoras fue la que manifestó que esa relación existe. Por eso es SU teorema.
            Cuando uno demuestra el teorema de Pitágoras, experimenta la satisfacción que produce ser capaz de demostrarlo y la belleza inherente a realizar la prueba. Ese es el hecho PURO. La vivencia subjetiva.
            La fenomenología es un método que supone la NECESARIA determinación del hecho real, fenoménico y puro.
            Lo fenoménico no es lo fenomenológico por muchas vueltas que le dé al asunto. Ni en Kant, ni en Hegel, ni en Husserl. No tiene vuelta de hoja. Ni es “completamente adecuado”, ni “adecuado”, ni “mínimamente adecuado”, lo mismo que un teorema no está “casi” demostrado.

            • A un profesor de filosofía de la UNED le pregunté varias veces qué significa Fenomenología… y fue un debate larguísimo con mucha gente, con definiciones de lo más vagas, imprecisas y oscuras. No creo que el concepto esté tan claro, a no ser que uno/una crea que lo sabe todo.

              • insulabarataria

                Un día me levanté con un dolor insufrible en los testículos. Uno de ellos había aumentado tres veces su volumen regular. El de urgencias me mandó al TAC y a un internista que dijo que tenía un tumor y llamó al cirujano que confirmó su diagnóstico. Me negué a entrar en el quirófano. A pesar del dolor insoportable fui al médico general. Me dijo lo mismo y añadió que era prioritario intervenirme cuanto antes para prevenir una metástasis. Si he de morir, pensé, que muera entero. Esperé unos días de incertidumbre hasta tener cita con un urólogo. Éste, apenas un chaval, me comentó que mi orquitis podía ser bacteriana. Me recetó un antibiótico y en tres semanas mi testículo volvió a su tamaño habitual. No se trata de dar con un médico que lo sepa todo, sino de uno que sepa su oficio. Mire a ver:
                https://www.youtube.com/watch?v=4QYaO3u1GGU

                • Ya lo veré… En todo caso, le felicito por haber encontrado quien defina bien la Fenomenología; como decía, hasta ahora, todas las definiciones que he ido encontrando en distintos profesores de la UNED, en distintos libros, etc… daban definiciones vagas, incluso me parecían muchas veces contradictorias. De hecho, cuando en el vídeo que me has puesto establece la diferencia entre el objeto-real que existe por sí mismo y el objeto-fenómeno que depende de si es percibido… pues no sé, a veces me parece que es meternos en el mundo de la metafísica, que admite muchas interpretaciones. Simon Critchley tituló un libro suyo: Fenomenología del fútbol. No sé si hay una fenomenología del fútbol. No lo sé; tengo la cabeza que me arde cada vez que me hablan de la fenomenología. Pero gracias por el vídeo; le echaré un vistazo.

                  • Frabetti

                    Entre otras cosas, la diferencia entre objeto-real y objeto-fenómeno (problematizada ya por Berkeley), para la mecánica cuántica deja de tener sentido. Que conste que no soy de los científicos que llaman «basura metafísica» a este tipo de disquisiciones; pero los filósofos a menudo no llegan o se pasan (y como dice don Mendo: «Mas ay de ti si te pasas; si te pasas es peor»).
                    Gracias por la información, Óscar, creía que Eco y yo éramos los únicos que usábamos «fenomenología» en sentido literal/irónico/festivo.

          • Genoveva

            Ínfula barata es un petulante cabeza cuadrada y no deberías darle ni una pizca de razón, que se viene arriba. Don’t feed the troll. Fenomenología tiene un sentido literal, estudio de los fenómenos, aunque los filósofos de oficio le den otro. Yo puedo sacarme de la manga la palabra bobología y decir que es el estudio de los profes de filosofía con ínfulas, pero no puedo impedir que otro la use como estudio de los bobos en general. Gracias por tu estupendo artículo, y no seas tan amable con todos los lectores, algunos no lo merecen.

            • Gracias a ti, Genoveva. Pero insulabarataria lleva razón en lo de que no es un título adecuado. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que no podemos olvidar el sentido literal de las palabras; pero tampoco podemos olvidar el plano connotativo, en ocasiones más importante que el denotativo, y lo cierto es que nadie (excepto, al parecer, Eco yo) usa «fenomenológico» en un sentido literal/irónico. Por lo tanto, yo debería, cuando menos, haber advertido de que no usaba el término es su habitual sentido husserliano.
              Y las/os lectoras/es que se toman la molestia de comentar mis artículos no solo merecen mi amabilidad, sino también mi gratitud, pues yo soy el principal beneficiario -cuando no el único- de los comentarios. Insulab, aunque no esté de acuerdo con su fundamentalismo terminológico, me ha hecho ver un fallo en el que yo no había caído, y eso siempre es de agradecer.

            • Genoveva, parece que usted no tiene claro lo que significa «trol», a pesar de que use inncesariamente (tal vez de forma ¿petulante?) una frase en inglés. Está llamando a gritos a insulabarataria.

              • Frabetti

                Sí, en mi respuesta a Genoveva me ha faltado decir que insulab no es un trol sino todo lo contrario: el tipo de comentarista que argumenta y ayuda a profundizar en el tema, independientemente de que se esté de acuerdo o no con lo que sostiene.

    • insulabarataria, ¡GRACIAS!

  9. Otro exquisito artículo de esos por lo que me da gusto
    hacerle seguimiento a Jot Down.

  10. Ostia como pa coincidir en un praty con estos dos el insulabarata y el Fabbetti!! Si estando yo con eyos zampando canapies se ponen a discutir sobre eso que a más no se entiende un pijo de lo que dicen ¡¡me cisco en sus muertos!!

  11. Jorge Padrós

    Había una vez un bufón que vivía en un patio cerrado del palacio. Era tierno, dócil y muy feo. Las niñas de la corte le decían ¡qué hermoso eres! y él se alegraba tanto que desplegaba todo su arte de hacer reír favorecido, sin saberlo, por la magia de su fealdad. Hasta que en un espejo olvidado se vio tal cual era y la tristeza del engaño apagó su arte.
    «Mojarela»: en la indignidad del arte o de las ideas suele haber un espejo roto o mentiroso, representado aquí por la mentira de las niñas. Y esa inconsecuencia entre el dicho y el hecho, en este caso, impidió el hacer del digno bufón.

    • Frabetti

      Gracias, Jorge. Conozco varias versiones del tema monstruo-que-ignora-que-lo-es, pero no esta del bufón y las niñas. Me habría venido bien para el artículo.

  12. Jorge Padrós

    Como sucede con las estrellas hay también conceptos constelados. Cultura, pueblo, masa, democracia, izquierda y derecha, poder, libertad, identidad, sociedad, humanidad, Estado. Si uno no conoce los puntos de referencia que el interlocutor a unido, a su criterio, por ejemplo al decir cultura, uno entiende poco o nada. Y si uno lo entiende desde otra constelación piensa que el otro está equivocado. En contraste con estos conceptos están los conceptos unívocos (triángulo, estrecho de Gibraltar, batalla de Lepanto, adesmia campestris). Y curiosamente entre los unívocos están hoy las constelaciones estelares, que han devenido de míticas en científicas por la convención, representando un útil mapa del cielo (para los que saben).

  13. Frabetti

    Interesante reflexión. Pero no acabo de entender la frase «que han devenido de míticas en científicas por la convención». ¿Es irónica? Porque el paso de lo mítico a lo genuinamente científico es el menos convencional de los procesos culturales.

    • Jorge Padrós

      No es irónico, pero debí decir constelaciones pre-científicas por lo antiguas y donde una misma estrella puede aparecer en regiones (figuras) distintas según sea la cultura originaria. Los astrónomos posteriormente utilizaron algunas descartando otras, creando por convención o acuerdo un catálogo oficial. Lo curioso es que un imaginario toro constelado hace miles de años por la cultura de Mesopotamia, probablemente asociado con alguna leyenda sobre ese animal (la verdad, no lo sé) haya sido luego adoptado por los mitos griegos y continúe hasta hoy tanto en la astrología como en la astronomía.

      • En el caso de Mesopotamia, tiene que ver con el lammasu, el toro androcéfalo, que, curiosamente, tiene su reverso -o su complementario- en el Minotauro, el hombre taurocéfalo. El asunto que planteas -la continuidad del toro como símbolo y emblema- es muy interesante. Gracias, Jorge.

  14. E.Roberto

    Tendré que leer varias veces este artículo y sus excelentes comentarios. Muy bueno, Carlo. “Es que barrunto pues el rey tiene razón aun cuando no la tiene, porque es más inteligente que yo, y para colmo de bienes por gracia divina, o sea di vi no; conoce el Presente al dedillo y al Futuro sumando dos más dos; el pasado es cosa de los antepasados y de eso no se hace cargo; y además dice que lo mio es pura digresión, fogonazos del real en un mundo sin remedio y al revés, o sea ridículo por fuerza del caso, y rie porque llorar le está prohíbido agregando, para salir del pantanal emocional que bien haría yo comenzar a leer los versículos sagrados para tener algo de sensatez que falta me haría y no sea tan hereje e impertinente, y ya le brota la vena cómica también a él ,y a mi nivel, porque todos quieren ver, sí, culos, pero no sagrados, entonces rie y por ahora el frustazo se aleja. Como bufón con ropas chillonas no soy el único, pues a su primer y último ministro que viste con rutilante elegancia solo le falta el birrete y el sonajero en la cima cuando con palabras rebuscadas le detalla la situación económica, artículo por artículo; que no hay demanda, pontifica serio, pero la oferta está en su mejor momento, entonces y rascándome con fruición un testículo me entrometo, o sea que sobra el pan pero no hay dinero, digo pontificando más bajo debido a mi altura. Silencio, mequetrefe, sentencia mi amo mirando de sesgo a su posible decapitado último primer ministro de la misma minestra economica. Y sólo yo le siento las tripas crujir, a uno de goce y al otro de miedo. Su majestad se aburre cuando el otro discurre; es todo tan irreal que me siento lo único valedero; un bufón ¿ yo o él?, ¿el rey de los bufones o el unico rey de un bufón que dice y hace lo que se le antoja. Ser o aparentar, esa es la cuestión mi querido Yorick, mi santo protector que murió de viejo”

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