
La generación de los mileniales transformó el mundo hace una década. El capitalismo de bienes de consumo ordinarios diseñados para ser consumidos en masa dio pie a uno en el que importaban las historias que hubiese en torno al objeto en cuestión, aunque fuese un bote de kétchup, y también los valores sociales que encarnaba el productor. Tenía que ser eco y friendly de muchas causas. Las marcas pequeñas, en la década de 2010, pasaron a vender un 30 % más. Sí, el capitalismo no es el mismo desde la llegada de los mileniales. Hay que admitirlo. Del mismo modo hoy, que, mientras escribo estas líneas, he visto al supremo camarada timonel de Corea del Norte, Kim Jong-un, lanzar un misil nuclear y hacerse un vídeo con chupa de cuero y gafas de sol poniéndosele kíe a la humanidad, veo que es un buen momento también para tener en cuenta los efectos de la llegada de los mileniales al poder. Sobre todo, para valorar la viabilidad de la vida sobre el globo terráqueo en los próximos años.
El 12 de junio de 2018 se produjo una verdadera conjunción planetaria. Kim Jong-un se encontró con Donald Trump. Un milenial al que sus papás, en lugar de una plaza amañada en la administración de una capital de provincia, le regalaron una distopía, se encontró con el pavo del pressing catch que lo había petado en un reality y en una carambola propiciada, en buena parte, por las fuerzas del mal al servicio de Vladímir Putin, había acabado en la Casa Blanca. Putin, como contamos aquí, era un chaval que no pudo llegar muy lejos como espía del KGB porque se lío a yoyas con unos desconocidos en el metro y le dijeron en la academia que, con esa personalidad, como agente del espionaje internacional, chungo. Pues esos tres prendas, unidos en su destino, tenían también en común el botón nuclear. A la fuerza tenían que intentar entenderse.
Como cuenta Anna Fifield en El gran sucesor, los ánimos estaban caldeaditos. Unos meses antes del famoso encuentro, Kim Jong-un había sugerido la idea de «domar con fuego al viejo chocho estadounidense mentalmente desquiciado». Sin embargo —así es la política— aquel día, en el hotel Capella de Singapur, se dieron la mano sonrientes. El líder norcoreano, en ese momento, le dijo a Trump: «Mucha gente en todo el mundo creerá que esto es una película de ciencia ficción».
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la pareja con más punch desde Pajarés y Esteso!
j
El artículo muy bueno y de mucho humor, como suele ser. En verdad con estos dirigentes mejor tener humor. Putin es otro que tal; ahora se lio a yoyas en Ucrania en vez de en el metro. La verdad es que Trump no decepcionaba, espectáculo asegurado. El coreano tampoco falla. Desde luego no podemos quejarnos.
Es curioso, pero estos tíos nunca hubiesen funcionado como personajes de ficción: serían poco creíbles.