Arte y Letras Literatura

La lengua de los bosques

La lengua de los bosques
Sigourney Weaver en Gorillas in the Mist, 1988. Fotografía: Murray Close / Getty.

Les suena Sandman, ¿verdad? Sí, ese cómic de Neil Gaiman que Netflix ha rescatado para sacar una serie homónima y que va de un tío oscuro que en realidad no es un tío sino la representación antropomorfa del sueño. Ese Sandman. Quien haya leído el cómic sabrá que, en el número 9 de la serie regular, «Historias en la arena», el jefe de una tribu antiquísima comparte con su nieto un mito sobre sus orígenes como parte de un ritual de iniciación a la adultez. Y sabrá que el relato empieza y acaba con la misma advertencia: que hay otra versión de la historia, la que «cuentan las mujeres en la lengua privada que solo enseñan a las niñas y que los ancianos son demasiado sabios para aprender. Y puede que, en esa versión, las cosas sucedan de manera distinta. Pero esa es una historia de mujeres y nunca se cuenta a los hombres». Bien. De algunas de esas historias venimos a hablarles aquí.

Hasta hace dos minutos mal contados en lo que a historia de la humanidad se refiere, la definición de bosque era algo como lo que sigue:

Bosque. Dícese de aquel lugar en el que, al contrario que en el jardín, la vegetación y la maleza crecen sin orden ni concierto, donde por el día habitan tiernos y simpáticos animalillos, pero de noche está plagado de las más terribles alimañas, bichejos despiadados de naturaleza malvada. 

Si es usted una mujer de bien, ni se le ocurra introducirse en un bosque porque sus opciones vitales se reducirán a dos: ser comida por un lobo parlante que dirá ser su abuela y que, en efecto, le será imposible diferenciar de su abuela porque domina el arte del travestismo desde hace siglos, mucho antes de que existiese RuPaul’s Drag Race. No se confíe si en su zona no se ha avistado ningún cánido, pues la moraleja no tiene tanto que ver con la fauna autóctona sino con usted y su posible encuentro furtivo con desconocidos que, siguiendo los irrefrenables pero absolutamente comprensibles deseos propios de su virilidad, quieran quitarle lo más valioso que tiene: su pureza. Y con pureza nos referimos a su virginidad, que todo hay que explicárselo. La otra opción es que la confundan con una bruja o, peor, que la conviertan en una de ellas, lo cual será sencillo y más que probable porque todos sabemos que las mujeres tienen la misma voluntad que una alpargata. ¿Imagina todo el dinero que ha gastado en cremas con ácido hialurónico y maquillaje para tapar sus imperfecciones tirado a la basura? Adiós, cutis liso; hola, verrugote hiperpigmentado en la nariz. Y hablará de pamplinas, hablará mucho. Hablará demasiado. Y eso es antierótico total. Quédese en zonas donde podamos verla, donde sea esperable que sea vista: en un jardín, leyendo novelas de amores imposibles o una revista femenina que le revele el tipo de flequillo más favorecedor según su estructura facial, o paseándose en silencio con telas vaporosas, por ejemplo; o en casa, en un centro comercial a lo sumo. Pero no vaya al bosque, mujer. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Un comentario

  1. Pingback: Sometimes a coffee 47 – Klepsydra

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*