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Belén Barenys (MEMÉ): «Si en el arte hay política y no hay alma, y no hay fallo, y no hay grieta, al final no es tan interesante»

Belén Barenys (MEMÉ) para Jot Down

Nos dirigimos hacia un gastrobar en el que sirven brunches, boles de açai y huevos benedict con salmón ahumado. Un espacio cuidado, como si acabase de ser estrenado, a pesar de los diez años que lleva abierto y de la estética intencionadamente anticuada. Anticuada en sentido de vintage, es decir, en el mejor sentido de la palabra, ese atribuible solamente a las cosas en grado positivo tras darles una capita de barniz o colocarles algunos ramilletes de flores preservadas cerca. Allí hemos quedado con Belén Barenys (Barcelona, 1999), aunque, en realidad, nunca llegaremos a sentarnos en las sillas y sillones dispares del interior. Nos quedamos fuera, prefiriendo los ruidos de los coches, de la gente, el decorado menos pulido que ofrece la terraza en plena calle que, al mismo tiempo, nos transporta a escenas de Autodefensa, la serie producida por Filmin y dirigida —y escrita, y representada— por Barenys, Berta Prieto y Miguel Ángel Blanca; aquella que, durante semanas, hizo arder las redes, incluso alguna que otra columna de opinión en medios analógicos, con opiniones divididas entre la ovación y la crítica feroz (en los Premios Feroz, por cierto, obtuvieron dos nominaciones).

Hablamos con ella de la serie de autoficción, pero también de su polifacética y extensa trayectoria artística: desde lo más conocido, como es su participación en el proyecto familiar de Rigoberta Bandini, su paso por el Benidorm Fest —que casi los lleva a representarnos en Eurovisión—, hasta su primer trabajo como dobladora cuando apenas contaba con cinco años, pasando por su pasión por el teatro y sus canciones eclécticas bajo el nombre de MEMÉ. Y nos habla, además, de las redes sociales, del amor, de la maternidad y del feminismo con la experiencia de quien ha vivido ya mucho; con la frescura de quien sabe que la vida solo acaba de empezar.

¿Belén o MEMÉ?

La que prefieras. Belén está bien, porque creo que engloba más todo.

Porque MEMÉ lo utilizas como nombre artístico, pero era por el que te llamaba tu hermano cuando erais pequeños. ¿Es una manera de afirmar que no hay distancia entre persona y personaje?

A mí, cuando quería hacer música, me costó mucho elegir nombre artístico. Había una época en la que quería llamarme «Crazy Piba» [risas], que da muchísimo cringe, pero como que quería ser muy rapera y llamarme así. Y luego, al final, como que a la hora de decidirme… o sea, mi nombre normal no me lo iba a poner, porque me parece como muy carca Belén, y entonces al final dije «mira, ya tengo un nickname que me ha puesto la vida por sí sola». Entonces, MEMÉ. Tampoco me planteo mucho si es un personaje o tal, pero bueno, es el nombre artístico que utilizo, y como ya lo tenía integrado en mi vida, así no se me hace raro para, de repente, crear una nueva identidad, ¿sabes? Evidentemente, en el escenario uno siempre personajea, performa un poco, pero no es algo premeditado.

En tu Instagram hay un vídeo de cuando eras pequeña enseñando tu primer libro, «las colonias terroríficas». ¿Qué pasó con él? ¿lo conservas?

Sí, ese libro sigue ahí, en una libreta, y hay muchos más que he perdido, que me da muchísima pena, y también archivos de ordenador que he perdido. Pero sí, me hace mucha ilusión siempre conservar cosas de cuando era pequeña. De hecho, antes de ese libro tengo como una colección de cuentos que hice, aunque aún no sabía escribir. Son como cuentos ilustrados, como si fueran cómics sin letras. Y los tengo también guardados, hay un montón. 

¿Tienes alguna intención de recuperar alguno de esos libros o cuentos y hacer algo con ellos?

Pues con los cuentos de mi infancia yo creo que no, que se quedan ahí y ya está. O sea, yo siempre que escribo literatura, entre comillas, digamos, lo hago como para que se quede ahí. He escrito toda la vida, y a partir del 2013 empecé a acumular todos los escritos que hacía en un año, como los poemas, los cuentos, tal, entonces los imprimo, los encuaderno, y los dejo ahí en mi casa. Pero para mí era una forma de darles valor, ¿sabes? Como nunca los lee nadie, solo son para mí (a veces comparto alguno con un colega, pero en principio son solo para mí), al menos los voy guardando. Hace poco me llegó una oferta editorial de hacer algo, y es algo que me estoy planteando, pero aún no lo tengo muy claro, porque me da miedo empezar a escribir para el público. Siento que ya estaré escribiendo pensando en que lo va a leer alguien, y para mí la gracia de escribir es que es solo para mí y nadie lo va a leer, y entonces me siento mucho más libre.

¿Cuál era tu libro favorito de tu infancia?

Pues me gustaba mucho uno que se llamaba La jirafa blanca, que es un libro muy random: una niña que se le morían sus padres y se iba a África con su abuela y no se qué. Me gustaba mucho, no sé por qué. O sea, te hablo de pequeña, pequeña, con ocho años. También me gustaba mucho un libro que se puso muy de moda que era La invención de Hugo Cabaret, que luego se hizo una peli, y Momo, que es más clásico. 

Y ahora ¿tienes algún libro preferido, o algún género?

No tengo uno muy marcado. Hace años me leí La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi, y me acuerdo de que me gustó mucho. Tuve una época con Tolstoi, en general, me obsesionó. Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, también. Tuve esa época con los rusos, pero de todos, me quedaría con La muerte de Iván Ilich, que es el que más me gustó. Y, así que haya leído más recientemente… me he leído uno que se llama Las malas, de Camila Sosa, que me ha gustado mucho también. Es como una autobiografía de una chica que fue prostituta y trans, en Argentina, y me pareció superbonito.

Te tira ahora mismo más la literatura realista o con temática social, ¿no?

Sí, ahora estoy en una época de leer a más mujeres y cosas más contemporáneas, de autoficción… Creo que ya tuve una época de leer a autores más clásicos, siglo XIX, siglo XX… Que está muy bien, pero recientemente —gracias a mis amigas, también— estoy leyendo cosas más actuales.

¿El interés por la música y la interpretación estaban presentes también desde niña o es algo que vino después?

La interpretación empezó desde muy pequeña, porque yo desde los cinco años empecé a hacer doblaje y he estado hasta los dieciocho, diecinueve años, entonces salió solo, porque entré en ese mundo y siempre me gustó mucho.

¿Cómo entraste en el doblaje?

Es que fue como una cosa familiar, de que entró mi prima, luego su hermana, luego mi hermano, y luego entré yo. No sé si fue un día que acompañé a mi hermano a doblar y dijeron «ay, necesitamos una voz de niña», e hice así una voz suelta y ya me fueron llamando para más cosas. La interpretación entró ahí desde muy pequeña. Y lo de la música, no ha habido un día que yo me haya despertado y haya decidido dedicarme a eso. A mi padre le gusta mucho la música, siempre nos la ha inculcado. Mi hermano también, tiene oído absoluto y un piano en casa y lo toca… Pasábamos muchas tardes de pequeños como de «va, Juanito, ¿cantamos?». Entonces él tocaba el piano y yo cantaba, y era nuestra forma de jugar, desde muy pequeños. 

Belén Barenys (MEMÉ) para Jot Down

Al empezar en el proyecto de Rigoberta Bandini ya se vuelve algo profesional. ¿Qué estabas haciendo en ese momento de tu vida al recibir la invitación?

Pues mira, el año anterior había estado estudiando Filosofía, y quería dejarlo, porque había descubierto el teatro. Así que el verano después de la pandemia dije «mira, lo dejo, creo que las cosas artísticas me tiran un poco más». Pero claro, no tenía mucho plan de qué quería hacer, así que ese año estaba buscándome cosas. Estuve trabajando haciendo clases particulares, estuve estudiando en una escuela de interpretación de teatro (que también luego dejé), y me estaba sacando el carné de conducir. Es lo que hice ese año mientras empezaba Rigoberta. Y luego ya, el curso siguiente, dejé todas esas cosas, me saqué el carné…

Pero no tenías en mente ningún proyecto artístico a nivel profesional de entrada, ¿no?

No, sí que fui haciendo alguna cosa de teatro, estábamos preparando una obra que se llamaba Fartlek, pero nada más.

Una vez empieza Rigoberta hay un boom de popularidad, en medio de la pandemia.

Yo creo que el boom de Rigoberta no ha sido solo uno, sino que han sido varios, y cada vez ha ido explotando más, siendo la cúspide, yo creo, el Benidorm Fest. Ahí ya fue cuando se hizo spermainstream, pero yo lo recuerdo como poco a poco. O sea, recuerdo la primera cosa así fuerte que era que pusieron la canción «Too Many Drugs» en la serie de La Veneno. Luego, cuando salió «Perra», también fue otro pequeño boom, y ha ido explotando hasta el Benidorm Fest. Sí que es verdad que empezamos la gira nosotros en enero del 2021 que, claro, aún estábamos en pandemia, y en todo el primer año no hicimos festivales y fueron solo conciertos de gente sentada, con mascarilla y tal, y ya con la gira hemos ido viviendo la apertura de las medidas.

Cuando salió «Perra» hicisteis una Gallery Sessions y se llenaron los comentarios de cómo interpretas, cómo haces las armonías, los coros… 

A mí el Gallery me hacía mucha ilusión, a las dos nos la hacía, y fue una experiencia muy guay. Estaba nerviosa, porque creo que era la primera cosa así que rodaba… Ah, no, habíamos hecho lo del Thyssen antes, pero bueno, me hacía mucha ilusión. Porque, aparte, el Gallery estaba en ese momento casi empezando, que aún no había pasado tanta gente. Es vedad que, en ese vídeo, vi en los comentarios a la gente… O sea, como que el público ha sido siempre muy majo conmigo, siempre se han fijado en mí. Siempre hace ilusión eso.

¿Llevabas practicada la interpretación? Porque vas haciendo una coreografía adaptada a cada parte de la letra.

No, o sea, tampoco salió espontáneo cien por cien. Esa mañana me miré al espejo y pensé: «vale, ¿cómo lo voy a hacer? Voy a encontrar como un par de gestitos…». No es que me creara una coreo en mi cabeza, pero también es que como lo hacemos en los conciertos, sin querer ya te creas tus propios gestos que automatizas. Sí que me puse un poco esa mañana a practicarla delante del espejo, pero no mucho más.

Y el Benidorm Fest, ¿cómo lo viviste tú?

Pues fue… fue como una locura, porque, evidentemente, nadie esperaba que fuera a tener todo este impacto. Era la primera vez que se volvía a hacer el Benidorm Fest, entonces no sabíamos qué iba a pasar. Es como la gente que hace la primera generación de OT, ¿sabes? Y fue muy fuerte. Esa semana que estuvimos allá nos lo pasamos muy bien. Es que era muy divertido. Estábamos en un hotel, allá, todos juntos… También fue muy divertido hacer las galas…

¿Para ti la competición también fue un poco OT, como algo tenso, o más distendido?

Mira, yo iba ahí con la idea de que íbamos a ganar, la verdad. La primera semi la pasamos, todo muy bien. Y cuando llegamos a la final, lo hicimos, tal, genial, y cuando estaban empezando los votos, de repente, tuve una intuición muy fuerte de «no, no, no vamos a ganar». A veces me pasa en la vida como de «mensaje de Dios», y tenerlo clarísimo. Y, efectivamente, no ganamos. Y a mí me dio mucha pena en ese momento, lloré mucho, pero luego, visto con el tiempo, pienso que mucho mejor, porque hubiera sido una locura ir a Eurovisión, nos hubiera supuesto mucho más estrés… Cuando volvimos esa semana necesitamos cerrarnos mucho. Paula decidió no dar entrevistas en un tiempo, y yo volví también un poco tocada de toda aquella exposición, que si hubiésemos ido a Eurovisión hubiese sido aún más, así que mejor que no.

Ha habido una diferencia notable en el ambiente de vuestro año y el de este, más centrado a lo mejor en el salseo, se han expuesto mucho más a los artistas y, a veces, ha perdido un poco de protagonismo la música y los músicos. A vosotros, después, se os ha preguntado a veces sobre cosas relacionadas con el sexo o las fiestas que había en el hotel, pero no sé si para vosotros tuvo ese carácter de convivencia o simplemente era una experiencia musical muy loca, pero ya.

Es que, ¿sabes que pasa?, entiendo el salseo, pero al final la experiencia es muy diferente a lo que puede ser en Operación Triunfo, porque no estábamos en una casa, sino en un hotel, y al final no nos relacionábamos tanto entre nosotros. Sobre todo porque hubo un concursante que pilló covid y entonces allí en el hotel no nos mezclábamos demasiado. Nos veíamos en el desayuno, hubo muy buen rollo entre todos, y sí que es verdad que después de la semifinal y la final tuvimos un poco de fiesta en el hotel, pero nada muy remarcable. No sé, no lo vivimos tanto desde esa parte de convivencia con los demás, creo que cada uno estaba centrado en lo suyo y en hacerlo bien.

Un par de meses después del Benidorm Fest sacas «La contraseña del gmail», un tema en solitario como MEMÉ. ¿Te ha pesado en algún momento, cuando has hecho tus proyectos en solitario, cargar con la etiqueta de «la corista de»?

La verdad es que no. Creo que es algo que me ha ayudado, más que otra cosa. Sí que es verdad que en las cosas que hago intento diferenciarme del proyecto de Rigoberta, hacer algo que sea diferente, pero no por nada, sino porque allí tengo ese rol de corista, de acompañar la creatividad de otra persona, y cuando hago mis proyectos intento que se vea mi propia voz y mi propia creatividad diferenciada de eso, pero en ningún momento ha sido algo que me ha pesado, al contrario. Rigoberta es un proyecto que me ha lanzado y me ha dado visibilidad, y a mí, que la gente me reconozca por Rigoberta, no es algo que lo viva mal, sino que… ¡pues está genial! ¿sabes? No siento un peso, al contrario, estoy agradecida de toda la visibilidad que siempre me ha dado Paula [Ribó]. El Gallery ese, por ejemplo, ella podría haber decidido hacerlo sola, y decidió hacerlo conmigo. Y en los conciertos también me ha puesto siempre a su lado, y no detrás, como la mayoría de coristas del mundo, para que yo tenga mi propio sitio ahí y pueda destacar.

¿Cómo definirías el estilo musical de ese proyecto en solitario?

No sabría cómo categorizarlo muy bien. Yo creo que es un poco rap… O sea, yo hace unos años estaba sobre todo muy interesada en el rap y, ahora, estas últimas canciones que he hecho son más mezcla de todo. Creo que es un poco de rap, con pop, con toques un poco electrónicos, creo que sería la definición. Pero, sobre todo, para mí, más que el estilo musical en sí, lo importante es que las letras tengan un estilo propio que sea como humorístico, irónico, y muy autoconsciente. Como que no de cringe, ¿sabes? [risas].

De hecho, si se lee la letra, sin escuchar la música, es una mezcla entre denuncia social y preocupaciones cotidianas (como que nos puedan hackear la cuenta del Gmail o de Instagram). Es parecido a lo que nos encontramos en las redes sociales, entre la reivindicación y la más absoluta cotidianidad. ¿Cuál es tu relación con las redes sociales? ¿Las utilizas como herramienta de trabajo o intentas que sigan siendo algo más personal?

Pues siempre he intentado que sea más personal que laboral. Evidentemente, si hago una obra de teatro o lo que sea, pues lo publico, o pongo stories de los conciertos… pero como he tenido la suerte de que, por ejemplo, el proyecto de Rigoberta ya funciona mucho por sí solo, sin necesidad de hacer mucha promo, siempre he intentado llevarlas desde un terreno más personal y más de diversión. Con Instagram me lo he pasado muy bien, últimamente estoy más cansada. Antes lo utilizaba de forma más fácil, de subir algo sin pensarlo, y ahora lo pienso más y ya raya, ¿sabes? Aparte, mirarlo… creo que es una sensación generacional, que le está pasando a todo el mundo, como que últimamente mirar Instagram es como aburrido, no sé… Está un poco pasado. Luego, tengo un Twitter anónimo, en el que cuelgo tonterías, y lo consumo, pero me raya un poco, porque creo que no sigo a la gente adecuada, como que sigo mucho a gente del panorama de Cataluña y tal, y hay gente muy pesada con el catalán… Que, obviamente, es una reivindicación necesaria, etcétera, pero, no sé, hay una cosa rancia de la gente de Twitter, que me da mucho palo. Ahora mismo mi red preferida es TikTok, donde sí que me siento libre, como me sentía en Instagram hace un año, a lo mejor. Me da igual hacer cringe, me da igual colgar tonterías, y luego, también, me lo paso muy bien consumiéndolo.

«La contraseña del gmail» tiene un videoclip muy original. ¿De dónde sale la idea de salir a la calle vestidos de Spider-Man y bailar con los guiris de Barcelona?

Pues, realmente, la idea del Spider-Man se me ocurrió a mí y no tiene mucho sentido de nada. Simplemente que a mí me gusta mucho disfrazarme y las cosas como de niños, de colores… La diversión. Y luego, ese videoclip lo ha dirigido Miguel Ángel Blanca que, tras proponerle la idea, le dimos unas cuantas vueltas más y propuso que la cosa fuera eso: tres amigas pasándoselo bien en una ciudad hostil, de guiris, de señores… haciendo el tonto provocando, un poco. Como además el presupuesto era casi nada, hicimos eso, cámara en mano, por toda Barcelona, nos tiramos un día entero haciendo el subnormal, y salió muy bien.

En julio del 2022 sacas tu segundo sencillo, «Mátame». A mí me da la sensación de que te la juegas constantemente con mensajes de lo que podría considerarse políticamente incorrecto, por ejemplo, la concepción del amor que plasmas ahí…

«Mátame» lo escribí un día de mi cumple, que estaba confinada, en diciembre del 21, y fue sobre un amor fallido… A ver, lo que voy a decir va a sonar fatal… pero yo estoy acostumbrada más a romper el corazón que a que me lo rompan, que en general más gente se ha enamorado de mí, y yo no, que al revés. Entonces me pasó que me pillé de un chaval y no fue correspondido, y eso para mí fue un cortocircuito, y de ahí salió la letra, de esta desesperación de volverte loca. Pero no pienso mucho en la cosa esta como de «políticamente incorrecto»… Es que tampoco premedito mucho las cosas. Las canciones que hago, realmente me salen muy de dentro, y no la retoco. De hecho, es que hago una maqueta como en dos, tres horas, que me meto ahí como una loca, y luego a partir de ahí se retocan cosas, pero la letra y la estructura las hago muy rápidas, como salen. Y sí, «Mátame» para mí es una canción más gamberra, más de estar bastante mal de la cabeza [risas]. Tampoco es que yo sufriera mucho en esa relación, ¿eh? Me apetecía hacer un rap, que siempre ha pertenecido como más a los hombres y a esta cosa de chulería, los porros, los coches, el dinero… luego sí que ha habido rap más feminista, pero a mí los productos tan claramente feministas… o sea, están bien, los consumo, pero no es lo que me sale hacer, este panfletarismo un poco. Me apetecía hacer una voz de rap, pero que fuera propia, que fuera divertida, y que hiciera también un poco de ironía sobre esta supersexualización del rap. De ahí viene que sea una letra tan sexual.

En ambos sencillos hay un tema de fondo, tratado desde dos perspectivas distintas, que es el amor (o la ausencia de…). En una de las primeras entrevistas que diste dijiste que es un asunto sobre el que te gustaría que te preguntasen. ¿Lo han hecho ya antes que nosotros?

¡Hostia! [risas]. Pues no lo sé, no sé si me han preguntado sobre el amor, creo que no. Es que hemos dado tantas entrevistas, también con la serie [Autodefensa] y todo, que ya las tengo todas mezcladas. No lo sé… pero sí, es un tema que me encanta.

Belén Barenys (MEMÉ) para Jot Down

¿Crees que hablamos suficiente sobre el amor en general, en nuestra sociedad?

Yo creo que lo que más se debate ahora son las maneras de vivir las relaciones, en cuanto a monogamia, o poliamor, o relaciones abiertas… Pero sobre el amor en sí, y las locuras que conlleva, no debatimos lo suficiente. De hecho, el otro día hablaba con mi amiga Berta y me decía que tenemos muy normalizado, por ejemplo, que cuando una se enamora se vuelva un poco obsesionada con ese amor y deje un poco de lado a las amigas… Es un tema que realmente hablamos muy poco y lo tenemos muy aceptado, eso de «claro, es que ahora está con el novio, no sé qué». Y es verdad que no lo tendríamos que aceptar tanto. Yo soy absolutamente esclava del amor, estoy siempre enamorada. ¡Siempre estoy enamorada de alguien! A veces lo dejo con un novio, pensando «venga, voy a tener una época de estar soltera, de ir de flor en flor, de ser tal…» y es que ¡no puedo! Y pienso que, bueno, tampoco pasa nada. Que está mal visto eso de empalmar relaciones, pero pienso que a lo mejor no está hecho para mí eso de ir de flor en flor. No sé por qué, pero genero vínculos superrápido con las personas (y creo que, además, son vínculos sanos, que es una cosa que está bien) y llevo desde los diecisiete años todo el rato enamorada de alguien. 

¿Qué opinas de ese mensaje —muy popular en las redes sociales— de tener que quererse a unx mismx para que otros le quieran?

Es que, claro, el tema del amor propio, de «hay que quererse primero a uno mismo», es una cosa muy relativa. ¿Cuándo has cubierto el cupo de autoestima suficiente como para estar preparado para amar a otra persona? Es una frase con la que no conecto mucho. Entiendo el sentido de que tienes que tener algo de autoestima para no depender de que te quieran otros, para quererte tú, sí, pero nunca nadie está en un nivel suficiente de autoestima, yo creo. Hay que tener la necesaria para no tener una relación de dependencia. Es muy complicado. Y, yo qué sé, los niños también se enamoran. ¿Es que han aprendido ya toda la autoestima que necesitan? No lo sé. Es que el amor es una cosa que pasa. Yo siempre lo vivo como «si pasa, pues vívelo». No me hago muchas rayadas de «¿es el momento adecuado? ¿No?» Si pasa, crees que está bien y es natural, pues vívelo.

En la web de liveindallas te defines como un chimpancé gamberro o chimpancé compositor. También aparece un chimpancé en fotos tuyas, y hasta de fondo en una de tus canciones. ¿Qué pasa con ellos?

Realmente es una tontería. Ahora pienso en lo del chimpancé gamberro y me da como vergüenza [risas], pero fue en ese momento de crear MEMÉ, que tenía la necesidad de crear una identidad, un personaje, cosas identificables (como lo del Spider-Man), entonces iba buscando imágenes. Mi animal preferido siempre ha sido el mono, y me gustan los chimpancés, los gorilas… Me gustaba cogerlo como símbolo —por esta cosa juguetona, del juego y la diversión que te decía— en el personaje de MEMÉ. Me parecía un buen representante. Ahora estoy en un momento de más crisis, porque ya no sé cuál es mi relación con el juego y la diversión, pero hasta hace poco tenía claro que era una estela que quería seguir mucho: el juego, la diversión y el no ser adulta, que es algo que me da miedo.

¿Ese miedo sigue?

Pues se lo he perdido un poco desde que soy madre. De repente he descubierto otra cara de la vida. Ha sido muy de repente, pero he descubierto ese lado un poco más pausado, que, claro, hacía mucho que no vivía. Llevaba una vida muy acelerada con las giras, con todo, de no parar, no parar, no parar, y ahora que estoy viviendo más en una pausa, en una calma, en una estabilidad, y en una casa… le estoy descubriendo también la parte bonita a eso. Primero me ha conflictuado, porque he tenido mucha pelea interna con la idea de ser una persona muy aburrida, muy adulta, no sé qué… y luego he pensado «bueno, es que la vida son muchas cosas. Has vivido mucho una cara, ahora estás viviendo la otra, y está bien». Está bien, hay momentos para todo, y ahora soy capaz también de disfrutar de una cierta seriedad y madurez, y también lo agradezco.

Estamos más o menos concienciados a nivel social de que preguntar a las mujeres en las entrevistas por su maternidad es machista (porque es una pregunta que no se hace a los hombres-padres a no ser que su trabajo se centre exclusivamente sobre eso, y a veces ni así), pero no sé si la solución es obviarlo, sobre todo por las repercusiones que tiene a nivel físico-emocional y laborales en las mujeres.

Sí, totalmente. Yo creo que la solución no es obviarlo. Creo que depende también del caso. Yo, por ejemplo, que he vivido mucho las entrevistas de Paula, que ella empezó Rigoberta justo cuando acababa de ser madre, sí que hubo un punto en el que pensé «joder, qué pesados, todo el rato en todas las entrevistas le preguntan sobre su maternidad». Creo que depende del tipo de entrevistas. En entrevistas en las que te puedes extender y hablar bien sobre el tema —porque creo que es un tema importante y serio— está bien que se hable, y es muy necesario, porque al llegar a la maternidad te das cuenta de que hay muy poco referentes, es un tema que se habla poquísimo, y está fatal, porque es algo que afecta a muchísima gente. Todos hemos nacido de alguien, es muy fuerte que no sea un tema mucho más actual y del día a día. Y, sí, creo que se tiene que tratar, pero con cierta profundidad, que sí que encuentro que en entrevistas así rápidas, o de bromas, o no sé qué, no hay el poso suficiente para hablarlo.

En tu caso concreto, te afectó —según compartiste en tus redes sociales— de una manera que a las mujeres sobre todo artistas o autónomas, en general, os toca más, porque no existen los mismos derechos de baja de maternidad, etcétera. Tú, por ejemplo, no pudiste terminar la gira con Rigoberta por el cansancio del embarazo, la promo de Autodefensa también la hiciste embarazada, y dijiste que era un viaje muy fuerte…

Claro, es que me pillaba a mí en un momento en que estaba en la cresta de la ola de la vida. Yo me quedé embarazada en marzo del año pasado, que estábamos en plena gira de Rigoberta, estábamos acabando de escribir Autodefensa. Los seis primeros meses de embarazo estuve haciendo la gira y rodando, la rodamos rápido para que no se notara la barriga. Todo eso fue muy cansado, y al final lo dejé, porque caí en una depresión. Aparte de que físicamente ya no podía moverme tanto, ya era un tema de salud mental, de que ya no podía más. Y fue un cambio tan rápido y un shock tan fuerte que para mí el embarazo ha sido una experiencia dura… y luego ya el parto y el posparto ha sido como dejar ir algo, ¿sabes? Volverte a encontrar contigo misma, con tu cuerpo normal, de antes, con tu vida… poco a poco ya estoy volviéndome a sentir más yo, recuperando cosas de antes, integrándolas, y poco a poco voy mejorando.

A nivel laboral he tenido la suerte de que no me ha afectado mucho, en el sentido de que he podido hacer todos los proyectos que tenía, excepto acabar la gira… El proyecto de MEMÉ sí que lo he tenido que parar completamente, porque es que no podía con todo y, siendo también un proyecto tan personal y de corazón, quiero esperarme a volver a estar fuerte y a tener ganas para retomarlo. Eso sí que me lo ha cortado en seco. Pero bueno, esta obra de teatro [Derecho a pataleta] la he empezado a ensayar cuando hacía dos meses que había nacido mi hija, y fue una decisión fuerte, y estoy muy contenta de haberlo hecho. O sea, sé que hay madres que necesitan otra cosa, y tiempo de baja, de estar con el bebé y demás pero a mí me hace muy feliz mi trabajo, entonces necesitaba volver a incorporarme rápido.

Dices también en la biografía de liveindallas que no tienes «ganas de que se [te] etiquete como artista joven o artista mujer». ¿Cuál de las dos etiquetas (joven o mujer) te condiciona más a la hora de presentarte como artista?

Ostras, es muy buena pregunta… Yo creo que la de mujer juega un papel muy importante por esto de que ahora las cosas que hacen las mujeres como que están de moda, como está de moda el feminismo, y ahí, seguramente, me juega o nos juega… no, a ver, no voy a decir que ser mujer nos juega a favor, no voy a hacer esta afirmación.

Bueno, hay cierta discriminación positiva que, en según qué cosas, nos pone en primera línea.

Sí, pero a la vez, tanto la etiqueta de joven como de mujer hace que la gente tenga muchas ganas de hacerte una serie, o hacerte una obra de teatro, pero que te den muy poco dinero para hacerlo, porque estás en una categoría inferior como joven y como mujer. Entonces es ese doble filo de «queremos representaros, y queremos que estéis aquí, en este ojo público», pero a la vez no os vamos a dar, ni de coña, ni un cuarto de los medios que le damos a gente con más experiencia o a hombres para hacer esos proyectos. Es, realmente, un arma de doble filo.

Berta [Prieto] y tú utilizáis esa perspectiva para hacer Autodefensa, que surge precisamente de dos artistas que están buscando su hueco en el mundo creativo, siendo además jóvenes y mujeres. ¿Cómo planteasteis el proyecto de la serie?

Pues Autodefensa yo creo que fue, sobre todo, una sorpresa. Como todo en mi vida, nunca premedito nada, las cosas me van pasando, y esta serie no estaba premeditada para nada, sino que conocimos a Miguel Ángel en un rodaje, hicimos una impro y tal, y surgió. Las sesiones de guion eran hablar, contarle nuestra vida, e intentar estructurarla, ficcionarla y hacer tramas en capítulos. Y sí que una cosa que le atraía mucho a Miguel Ángel de nosotras era esto de la diversión, el «vamos a sobrellevar que el mundo es una mierda con diversión, y diversión y diversión», y sí que ahí teníamos mucha intención de no ser políticamente correctos, de ir más allá y no repetir un patrón (que está muy bien que exista, pero queríamos ir más allá) de mujer víctima, triste, dolida… queríamos saltarnos esa valla e ir a «sí, estamos dolidas, pero te pegamos un puñetazo más fuerte y ¡aaaaah!, fuck it». Fue esa la intención.

Y, aun siendo tan evidente que habláis de vuestras vidas concretas (porque es una autoficción en la que incluso mantenéis vuestros nombres, el set es vuestra casa…), hay quien se lo ha querido tomar como un retrato generacional. ¿Alguna vez os planteasteis que pudiese ser tomado así mientras escribíais y rodabais la serie?

No, o sea, para empezar, cuando lo estábamos haciendo, no teníamos ni idea de que iba a ser un proyecto tan grande, que lo iba a ver tanta gente, o que iba a tener tanto impacto mediático. Pensábamos que iba a ser una serie en Filmin que iban a ver cuatro gatos y ya está, y más con el poco presupuesto que teníamos. Es que no nos planteábamos mucho cómo la iba a recibir el público, para nada nos planteábamos lo del retrato generacional, era más un retrato de nosotras, y ya hemos dicho mucho que no intentamos representar a una generación. Si acaso, el único tema que nos planteábamos era si a nivel feminista estábamos siendo correctas o no, si se nos iba a criticar mucho por ahí, pero al final la crítica no ha venido tanto de ahí, sino de otras partes. Nunca sabes luego cómo lo recibirá la gente. Mientras lo haces te preocupas de una cosa que luego… luego recibes palos que no te esperabas.

En este sentido, se ha hablado mucho del carácter político de Autodefensa, pero se ha hablado menos del punto de humor, del sarcasmo, incluso del aburrimiento a nivel vital (con los hombres, el sexo, las drogas…). ¿Crees que centrar toda la atención en aspectos de posicionamiento —la izquierda, el feminismo, la conciencia de clases…— es una manera que tenemos de evitar la autocrítica?

A ver, es importante que las cosas tengan una mirada política, yo creo, pero sí que es verdad que esta intención política lo que puede generar es como estos relatos que contaba, una simplificación a veces de los relatos o de lo que es la vida, porque la vida tiene unas complejidades para las que no siempre tenemos discursos políticos a la altura. Es importante la mirada política, pero —al menos, tal y como yo lo veo, desde el punto de vista de las creaciones que yo hago, o los proyectos en los que participo— si hay política y no hay alma, y no hay fallo, y no hay grieta, al final no es tan interesante, porque el arte, al final, sale de la grieta, de la cosa que es imperfecta o un poco incorrecta, de lo que genera duda. Entonces, si pretendemos que todo sea plano, y agradable, y que esté bien para todo el mundo, nos estamos perdiendo muchas cosas.

Belén Barenys (MEMÉ) para Jot Down

¿Tienes la sensación de que si, por ejemplo, fueseis hombres, de mediana edad, se habría tenido más en cuenta la parte satírica, de humor, de ese mensaje político que desemboca en la ironía? Es un caso hipotético, pero a veces parece que se exige a las mujeres un nivel superior de autoconsciencia y seriedad que anula todo lo que se salga de ahí.

Es verdad que Autodefensa es una serie muy humorística y nos han preguntado muy poco, se ha hablado muy poco, del humor que hay ahí. Se han centrado mucho en lo político y tal, y a veces a la peña se le olvida que es una serie que también hace mucha risa. Y, sí, seguro que, si fuésemos hombres, se habrían centrarían más en esto, pero también es muy difícil ponerse en la hipótesis de si Autodefensa estuviese hecha por hombres, porque yo creo que es que sería otra película, sería otra cosa totalmente diferente. Pero sí, evidentemente, como siempre, cuesta reconocer esta cosa del humor de las mujeres… Sí, es verdad, es algo que se nos ha reconocido poco, lo graciosas que hemos sido.

¿Vosotras habéis vivido algo similar a lo que sucede en el capítulo «Actos colectivos» con el director de cine?

No, nosotras no, pero sí que lo escribimos a raíz de conocer experiencias que habían tenido nuestras amigas y amigos.

¿Y el del escritor? ¿Cómo surge ese capítulo?

Pues el tema del capítulo es un poco una idea de Berta y mía, de hacer las cosas solo por hacer la locura, solo como por explicarlas. Y luego surge de un documental, que está en Filmin, que se llama Venus: confesiones desnudas, que son un montón de mujeres explicando la relación con su sexualidad, y cada una explica experiencias muy diferentes. Hay una chica, a la que no se le ve la cara, solo las piernas, que cuenta que su fantasía es que se la folle un señor como si fuera su padre, no sé qué, y hace un relato superdescriptivo, dice: «Hace poco he encontrado a un hombre que tiene la misma fantasía, la estamos llevando a cabo» y tal. De hecho, el monólogo que yo hago, explicando la relación sexual, es prácticamente copiado de ese que hace ella, que es real. Entonces nos agarramos a ese relato y lo cambiamos un poco.

Estrella, estrellita existe, por cierto. Lo he buscado en internet, pero supongo que es otra historia, porque es un libro muy de bebés.

En realidad, era a partir de unos cuentos que era Valeria varita, pero como no podíamos utilizar el nombre de verdad se lo cambiamos a Estrella, estrellita.

Y ¿qué me dices de «El evangelio según Berta y Belén»?

Mira, ese capítulo es una fumada… [risas]. Ese capítulo sí que es la fumada de Miguel Ángel total, es el más Miguel Ángel de todos. Nosotras no hemos visto ni una peli de Pasolini, pero él tenía muy clara esta idea de hacer una parodia. Cogió frases de textos nuestros y se inventó esta movida, y a mí me parece muy graciosa. Es un capítulo que a mí, personalmente, no me dice mucho, pero que me hace gracia porque hace un guiño a la gente más intelectual que pille la referencia.

¿Tú tienes algún capítulo preferido?

Buá, es que hace mucho que no la veo… Me gusta mucho «Ansiedad», el tercero, y el último, también, «Buscando after». 

Buenísimo, aunque da también ansiedad…

Para mí es un final muy bonito: una serie que plantea a veces un lado más oscuro de la fiesta, o más malo, en ese último capítulo hay, para mí, un lado luminoso de la fiesta, de diversión, de conocer a personas, de ir con tu amiga a mear en la calle… Para mí es un final muy positivo y que mira a la fiesta como con una sonrisa y no la criminaliza, por eso me gusta mucho.

Ese capítulo acaba con una canción tuya que no se puede encontrar en ninguna plataforma. ¿La compusiste para ese final?

No, todas las canciones mías que salen en la serie son canciones que ya tenía y, como a Miguel Ángel le gustaban, pues las puse. Algún día saldrán. 

Tal y como acaba la canción, con ese mensaje de no ver ya amanecer estando de fiesta, ser ahora un señor con bata… ¿Es una manera de dar a entender que ahí termina la serie definitivamente, que no habrá más temporadas?

No lo sabemos, nos hemos dado como un tiempo… Inmediatamente al acabar es muy difícil ponerte a hacer algo, y nosotras ya estamos haciendo la obra de teatro y tal. Seguramente después de verano nos reunamos con Miguel Ángel y decidamos si queremos hacer otra temporada o no. Es algo que no sabemos, puede que se quede aquí… Hay algo de presión, porque ha sido tanto boom que es muy difícil estar a la altura, pero, por otra parte, me parece que también hay un gusanillo de que nos apetece, entonces lo veremos con el tiempo.

El proyecto de la serie salió a raíz de un vídeo que subes de unas vacaciones en Peñíscola. ¿Tuvisteis claro desde el principio que iba a tener una estructura parecida a la de los vídeos de Instagram (de YouTube a veces, con esos tramos de música que separan escenas)?

Que fueran capítulos cortos fue más idea de Miguel Ángel, y ha surgido a raíz del poco presupuesto que teníamos, de no poder permitirnos una continuidad, unas tramas, ni tener muchas localizaciones… También eso lleva a una necesidad más documental, pues de rodar en casa y tal, que hace que, supongo, sea más como de YouTube o Instagram, de reflejar tu realidad. Pero salía yo creo, sobre todo, de esa falta de presupuesto, en plan: tenemos que hacer algo cortito, porque no tenemos mucho tiempo, y algo accesible que podamos rodar en lugares donde no tengamos que pagar.

Entrando de nuevo en el terreno de la hipótesis… ¿Qué crees que habría pasado si la serie, en lugar de en Filmin, hubiese salido en Netflix? ¿Habría seguido, siquiera?

Claro, es que esa serie no se podría haber hecho en ninguna plataforma que no fuera Filmin… O sea, ni en Movistar, ni en ninguna parte podría haber salido. O nos hubiesen pedido cambiar muchas cosas y ya no hubiera sido lo mismo.

Claro, porque es que no hay autocensura en la serie. Además, lo que decíamos del humor, que es mucho más inteligente que el que se ve en las producciones de otras plataformas.

Sí, sí, es que Netflix, concretamente, es una plataforma que hace unas producciones muy algorítmicas… Todas las pelis son iguales, con la misma fotografía…

¿Sabéis si hay algún acuerdo internacional para que la serie se pueda ver en otros países?

No. O sea, como ganamos el [premio] Series Mania, pensamos que nos lo compraría alguna cadena extranjera o algo, pero de momento no tenemos noticias de eso. Ojalá pase.

Ahora estás actuando en la obra de teatro Derecho a pataleta, escrita por Berta Prieto y Lola Rosales. ¿Disfrutas más actuando frente a un público como actriz o como cantante?

Uf, no sé, las dos cosas me gustan mucho. Estar en el escenario lo disfruto mucho de cualquiera de las dos maneras, como que siempre me ha gustado y nunca me ha dado nada de miedo esa exposición. Creo que disfruto más del proceso del teatro. Si solo pudiese hacer una cosa, realmente sería teatro, porque todo el proceso de ensayos, de construirlo, no sé, es algo más mágico. También tiene un punto como más intelectual, entre comillas, de crear una historia, etcétera, que me gusta mucho. El proceso del teatro es mucho más agradecido y haces más grupo y tal. Que el irme de gira también lo disfruto, pero es otra cosa, es otro timing, se alarga mucho más en el tiempo, es mucho más repetitivo…

Tienes un contacto con el público menos cercano cuando estás encima de un escenario al nivel que está ya el proyecto de Rigoberta… No sé si sigues en ese proyecto, por cierto. 

Sí, sí, lo que pasa es que ahora Rigoberta está parada.

Sí, por lo que vemos en redes, está componiendo. Pero, eso, que ahí estás a otra distancia que cuando estás en el teatro, que tienes al público más cerca.

Sí, pero bueno, claro, también es verdad que lo que te da un público en un concierto, que está bailando, que pueden ser diez mil personas cantando… Esa energía es muy diferente de la del teatro, que te la tienes que estar ganando. En el teatro tienes que pelear mucho más por sacar una risa, sacar una reacción, por entretener. En cambio, en un concierto, la gente ya va mucho más predispuesta, ya sabe lo que va a pasar, canta contigo… Es una energía muy diferente.

Entonces, ¿tienes pensado recuperar a MEMÉ para dar tus propios conciertos?

Sé que lo voy a retomar, pero por ahora lo tengo parado. Porque yo tengo esta manera de ser, como más intuitiva, de que te pille realmente el ímpetu, y estoy esperando a que me vuelva un poco ese ímpetu de seguir, pero por ahora me lo tomo con calma y no tengo prisa tampoco.

¿Y escribir alguna obra de teatro?

El verano que viene haremos una cosa con Berta en L’Auditori, pero aún no sabemos qué será. O sea, nos han propuesto hacer algo, pero no sabemos todavía qué será. Pero sí, tenemos un proyecto a la vista.

Belén Barenys (MEMÉ) para Jot Down

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4 Comentarios

  1. Excelente entrevista. Creo que capta, y te permite conocer mejor tanto a la persona como el personaje. Esa forma de vivir la vida de manera libre aunque no despreocupada, porque siempre hay algún proyecto que tratar de levantar.

    Prometo ver autodefensa. Y, también, escuchar todas las canciones que publique MEMÉ, porque ya he escuchado en bucle tanto la contraseña de gmail y mátame y tengo mono de más.

    Enhorabuena a la entrevistadora y la entrevistada.

    • Feldestein

      Pues si te ha gustado la entrevista sin haber visto Autodefensa, tienes una suerte inmensa. La puedes ver por primera vez. Yo, de ti, no tardaría mucho. Es una gozada.

  2. Posconvergents de Gracia haciendo periscope softporn en familia con otros posconvergents de Gracia. Menudo paquete le colaron a Filmin, menos mal que alguien puso cabeza y llevaron a Chanel a Eurovision y no a las enchufadas estas.

  3. Marsu Pilami

    Esta chica no me cae mal, pero tiene justito talento.

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