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Come en casa Borges: el adictivo buscador del poeta Germán Gallo

Germán Gallo borges
Jorge Luis Borges. Foto: Cordon.

Hay una boca
abajo de tu boca,
hay otro tiempo
abajo del tiempo

Las cosas que no existen
están abajo de otras cosas que tampoco existen,
los deseos truncos y atroces
se apilan sobre otros deseos
truncos y atroces

(Germán Gallo)

.

«Siempre me gustó mucho Borges y siempre me gustó mucho la tecnología. El Borges de Bioy Casares es un libro muy difícil de conseguir. Comprarlo es casi imposible en Argentina, no se consigue, las ediciones que quedaron de esa primera tirada valen unos 600 USD. Lo que pasó fue que se publicó el libro completo y, después, un grupo de herederos, no sé si de Bioy Casares o de Borges, decidieron que no querían que se siguieran publicando algunas cosas que aparecían en ese diario. Se publicó entonces una versión reducida del mismo, que contiene como el 20% del diario completo. A mí siempre me interesó el diario completo, donde está todo sin filtrar, y cuando lo encontré en digital, lo empecé a leer y vi que tenía esta cosa de inaccesible, porque es muy grande, y lo leía un poco como el I Ching, por usar una metáfora que alguien dijo: abro acá y veo lo que haya. En paralelo, empezó toda esta movida de la inteligencia artificial, que me gusta muchísimo. Yo no sé programar, pero con la ayuda de una inteligencia artificial me puse como desafío ver si podía transformar todo ese diario en una base de datos a la que se pudiera acceder desde un buscador, sin saber programar. Increíblemente funcionó. Yo pensé que no iba a funcionar, pero funcionó». El 25 de abril de 2023, el poeta argentino Germán Gallo (Buenos Aires, 1990) anunció en su cuenta de Twitter que había desarrollado con inteligencia artificial un buscador gratuito del agotadísimo diario de Adolfo Bioy Casares sobre Borges

25.04.2023 

@germangallo: Entre 1947 y 1989 Bioy Casares registró en un diario increíble cientos de reflexiones y charlas junto a su amigo Borges. ¡Ahora podés buscar lo que quieras en ese diario!

El monumental Borges de Adolfo Bioy Casares (Destino, 2006), con cerca de mil setecientas páginas, narra con una minuciosidad pasmosa los encuentros y las conversaciones que los dos amigos y compañeros literarios mantuvieron durante más de cuarenta años. La obra no funciona solamente como un retrato del Borges más íntimo, a quien Bioy consideraba la persona más inteligente que conocía, sino también como la crónica de una época y de una amistad única. Podríamos verla incluso como un curso avanzado de crítica literaria o, en algunos momentos, como una especie de Sálvame intelectual del siglo XX. Hay algo adictivo en poder leer a Borges sin tener que leer a Borges, en averiguar lo que opinaba de cualquier tema sin ningún tipo de filtro, especialmente sobre otros escritores, en verlo de pronto discutiendo sobre Shakespeare o Dante o preparando prólogos y conferencias, pero también en destrozar su leyenda y poder imaginarlo en momentos mucho más mundanos:

1969. Miércoles, 22 de octubre. Ciego, los demás no existen para Borges. Se desnudaba delante de todo el mundo en la playa de Mar del Plata, hace pis en mi cuarto de baño sin cerrar la puerta y ayer conversaba cómodamente con Guerrero Marthinheitz, por Radio Belgrano.

25.04.2023 

@germangallo: Nota random: no sé programar. Armé el proyectito con GPT + la ayuda de mi amigo Patricio.

La edición de los diarios de Bioy estuvo al cuidado del editor Daniel Martino y según me cuenta Germán Gallo, es absolutamente imposible de conseguir en librerías. En una rápida búsqueda en Internet, compruebo que el precio de un ejemplar de segunda mano de la edición completa, la del 2006, llamada también el BORGES Maior, alcanza los 600 euros tranquilamente, y que una edición de segunda mano de la versión reducida, el BORGES Minor, se sitúa en los 250 euros. 

Le confieso a Germán que estoy entusiasmada con esta especie de Google de Borges que ha hecho, www.comeencasaborges.org, en el que se pueden realizar búsquedas de dos maneras, por palabra clave o mediante una opción llamada «Ver 5 entradas al azar», que es una especie de lotería borgiana, algo parecido a un «Voy a tener suerte». Si pudiera, pasaría tardes enteras en el buscador de Gallo, poniendo palabras clave y leyendo todo lo que sale: Kodama, Beckett, idiota, Yeats, amor, Cortázar, culo, Kipling, poemas, testículos, Perón, playa, Neruda

Le pregunto a Germán si ha tenido algún problema legal con el buscador y me dice que no, pero que en su día recibió un par de mensajes agresivos de Daniel Martino, el editor de la obra, la persona a la que Bioy le dejó sus diarios:

«Bioy era muy detallista y tenía diarios sobre un montón de temas. El editor filtró todo lo que hablaba de Borges y editó el libro completo, el que no está filtrado. Pues a él no le gustó que esté publicado con mi buscador, pero no pasó más de eso. Yo le expliqué a Martino que, en realidad, yo no gano plata con esto, la pierdo porque tengo que pagar el servidor. Simplemente lo hice para que la gente pueda acceder a un libro al que no se puede acceder de otra manera y que es súper valioso. Martino estaba bastante enojado con el tema. No sé si seguirá enojado, imagino que no». 

Aprovecho la ocasión para lanzarle a Germán la bomba que no se espera: le digo que conozco sus poemas desde hace muchos años, al menos los poemas publicados en su blog de poesía abandonado Toda la sangre a la cena, que mantuvo activo desde 2009 hasta 2014. Se sorprende. No sé si soy una especie de fan. Le cuento que lo descubrí por puro azar hace años y que algunos de sus versos se me quedaron pegados y me han acompañado a lo largo del tiempo. A menudo he visitado su blog para recordar algún poema, parar leerle algunos versos a alguien, como quien enseña un tesoro, pero sobre todo para ver si lo había reactivado, si había vuelto a escribir. Nunca me llevé esa alegría. El poeta argentino Germán Gallo había dejado de escribir, al menos en ese blog, en 2014, a la edad de veinticuatro años.

Le recuerdo que hace diez años se definía a sí mismo en internet como un fundamentalista de Borges y de Woody Allen y como un poeta «inseguro y enmascarado». Me confirma que Borges sigue siendo su escritor favorito, su lugar seguro («Me gustan mucho sus cuentos, su poesía, sus ensayos. Es un escritor que me gusta de manera integral»), pero que a día de hoy no se definiría como un poeta, aunque confiesa que en los últimos tiempos está volviendo a reconectar con la poesía. 

¿Por qué deja de escribir un poeta a los veinticuatro años?

Me cuenta su hipótesis, bastante convincente: por nada. Nada concreto. La vida. 

Germán Gallo estudió Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires. En el año 2012, a la edad de veintidós años, fue incluido en una muestra de nuevos poetas de Buenos Aires, nacidos entre el 82 y el 90, seleccionados por Rocío Wittib, colaboradora de Círculo de Poesía, entre los que se encontraban Lucio L. Madariaga, Santiago Rouaux, Luz Marchio, Tom Maver y Luciana Reif. En el 2015, se lanzó la antología Pasarás de moda: 35 poetas jóvenes en español, donde Germán Gallo figuró junto a otros poetas seleccionados por Enrique Adrián Martínez, Luna Miguel y Jesús Carmona-Robles, como Berta García Faet o Robin Myers.

Después de eso, nada. Nada concreto. La vida.

Le digo que gracias a su buscador he leído un texto que me gusta mucho en el que Borges opina que no hay poemas malos, sino poemas no concluidos:

1948. Dice Borges. «Al ver los poemas tempranos de Yeats —buenos al cabo de veinte años, tras muchas correcciones—, he pensado que los escribió para llegar a esta forma: son poemas que han necesitado toda la vida del autor para llegar a la forma perfecta. Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor. Yeats empezó a escribir los suyos porque confusamente los adivinaba como son ahora, como quedaron después de las últimas correcciones; los poemas malos serían poemas no concluidos».

Comentamos el fragmento. Germán lo desmenuza poco a poco. Le parece una idea hermosa: «Tiene esto de no juzgar, de no atribuir a la acción de escribir un juicio de valor directamente. Y después tiene algo de esperanza, reflejada a través del trabajo. Destaca el trabajo persistente para lograr lo que logró al final».

Le digo que me parece que, de alguna forma, Borges en ese párrafo está convirtiendo a todo el mundo en poeta. Que nadie se salva de ser poeta. Me recuerda un poco a algo que le escuché decir a Bolaño acerca de las novelas malas en una entrevista, que se podía aprender de ellas, que, aunque estaban mal escritas, contenían a menudo ideas interesantísimas.

Le pregunto a Germán si todo poema es una trampa, tal y como escribió en su poema «Origami», uno de mis favoritos, donde veo o quiero ver referencias borgianas: pliegues y laberintos que desafían la comprensión («no hay puertas: todo se bifurca»), la multiplicidad de las experiencias, la polifonía («no puedo hablar con mi voz, solo con mis voces») la repetición y la exploración constante («se trata de leer de releer de retroleer de protoleer de urleer»).

—¿Te cuento de dónde viene este poema?—me dice. 

¿Qué más puede pedir una especie de fan que lleva diez o quince años visitando tu blog de poesía abandonado?  Pienso.

Me dice que cuando escribió este poema, Origami, estaba aún estudiando en la facultad y había leído Ficciones barrocas de Carlos Gamerro, un libro de ensayos sobre literatura argentina, donde analiza a escritores con rasgos estilísticos bastante parecidos, como Borges, Silvina Ocampo o Bioy Casares, desde una óptica bastante disruptiva, porque siendo escritores del siglo XX, los categoriza como escritores barrocos. El análisis de Gamerro es, según me cuenta Germán, «que lo que tenía el barroquismo como definición, esto que catalogamos de exceso de esteticismo o de ornamento, es en realidad una búsqueda de no controlar el sentido, de permitir la multiplicidad de eventos simultáneos a través de recursos visuales superpuestos. Gamerro dice que estos escritores escriben de tal manera que sus sentidos siempre están como fugándose y sucediendo en muchos niveles al mismo tiempo. A través de esa idea, bastante robada en cierta manera, llegué a esta idea de poema».

Continúa Gallo:«Si yo tengo la idea de un poema para decir que la muerte es triste, y estoy enredando el poema, pero al fondo solo quiero decir que la muerte es triste, tendría que escribir solamente «la muerte es triste». Creo que una falencia a veces de un poema es cuando, para transmitir una idea o un concepto, estás usando una estructura compleja. Si la idea es simple, tu estructura debería ser simple. En consecuencia, siento que un poema, en general, o por lo menos la poesía que me interesa a mí, suele tener una riqueza de ideas o muchas ideas de manera simultánea, y en ese sentido me parece que cumplen su objetivo de ser poemas y no un aforismo o una frase, porque superponen muchas cosas. Llegando a la idea de la trampa, creo que tienen algo de trampa. Los poemas que más me gustan tienen las dos cosas: parecen simples; es decir, los lees y hay una idea que entender, y podrías quedarte con esa trampa y listo, este es el poema, o podría ser mucho más que eso y tener este nivel de pliegues o capas de manera mucho más extensa, que es, creo, donde empiezan a ganar riqueza».

Me voy a su buscador. Gracias a él puedo encontrar en pocos segundos una reflexión de Borges acerca de la literatura que casa muy bien con las reflexiones de Gallo. Dice Borges que la literatura «es un juego en el que se hace trampa, no se observan las leyes». 

¿Cuántas veces comió Borges en casa de Bioy? —le pregunto a Germán. Muchísimas veces —me dice.

Numerosas entradas en el diario de Bioy Casares sobre Borges comienzan con la frase «Come en casa Borges». Este nombre resulta sumamente acertado para el buscador desarrollado por Gallo. Tiene incluso más sentido que el título del diario editado por Martino, llamado Borges, a secas. Una búsqueda en Internet me lleva en línea recta a un artículo académico titulado «Come en casa Borges. ¿Qué come en casa Borges?», escrito por Anabel Gutiérrez León (Universidad de Zaragoza). En el artículo se puede leer que «según el registro llevado por el autor, Borges come en casa de los Bioy 1737 veces» y que «Bioy no ofrece nunca información particular sobre el menú».

Hay una sensación de infinito en el buscador de Germán Gallo, en ese no saber en qué página estamos ni cuánto hay detrás o delante del fragmento que aparece en cada interacción. Estamos siempre en el centro de la obra. Hay también algo de infancia en ese hacer clic y esperar que Borges nos sorprenda una vez y otra vez, una y otra vez, con esa insistencia inagotable que tienen los niños cuando encuentran algo que les gusta.

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4 Comentarios

  1. Emilio Zabaleta Sabanes

    La nota es inexacta y hace apología del delito. Los derechohabientes de ninguna manera se opusieron ni se oponen a una reedición del BORGES. De hecho, las negociaciones están siendo realizadas por la Agencia Balcells. Y Daniel Martino sólo exigió lo que correspondía, en términos legales, ya que el señor Gallo viola su copyright, conjunto al de Bioy.

  2. Soy un admirador de la obra de Borges, (soy de los que la leen, que no somos tantos), e intenté conseguir este libro en su momento, pero tarde. Después de haber hecho algunas búsquedas en el invento de Gallo, me consuela bastante ver que básicamente es un montón de intrascendencias, naderías, majaderías. Bioy parece acumular diálogos como si tuviera un síndrome de Diógenes que le impide descartar nada. Hay que leer a Borges y dejarse de tonterías.

  3. Susana de Arcos

    Me ha encantado el artículo y la idea de German de crear un buscador borgiano para bucear el diario de Bioy me parece barbara. Ese tipo de obras se leen a retazos y no hay que seguir una línea temporal, son momentos mágicos encapsulados. No conocía la poesía de German hasta que leí este articulo, me parece tremendo poeta

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