Encuestas Cine y TV

¿Cuál es la mejor película de Nicolas Cage?

Nicolas Cage

Hubo un tiempo remoto en el que Nicolas Cage (California, 1964) era tan solo un actor, un cascarón de carne subyugado al método Stanislavski y extraviado entre los placeres de una superficial vida hollywoodiana repleta de sexo barato y drogas caras. Pero con los años, y tras tallar de manera minuciosa una carrera en apariencia errática, Nic trascendió su cuerpo humano hasta elevarse a un nivel de existencia superior, prohibido a los meros mortales. En la actualidad, Nicolas Cage ya no es un artista, es un concepto cuasi divino, un alma libre y un meme viviente que camina entre nosotros. Un ser omnisciente que acepta cualquier papel cinematográfico para costearse los gastos de habitar mansiones góticas en las Vegas, adquirir huesos de dinosaurios, localizar ejemplares del primer cómic de Superman, comprar viviendas en Glastonbury para rebuscar el Santo Grial por la zona, y alimentar a su lagarto dragón negro con la esperanza de que crezca hasta medir «unos dos metros».

A mediados de los noventa, Cage recogía un Óscar y protagonizaba los blockbusters más explosivos de la cartelera. En la última década, se pasea por nuestro planeta con camisetas con su propia jeta memetizada y una copa de vino en la mano, o vistiendo cosplays de Willy Wonka. Otrora era una celebridad inalcanzable y altiva, pero hoy existe gente que explica cómo Cage entró en su tienda de videojuegos solicitando «el juego de Bomberman con la banda sonora chula» y acabó saliendo del establecimiento con dos cartuchos de Nintendo 64, una PlayStation japonesa y todos los juegos de Godzilla que había en las estanterías. Entre la audiencia, la veneración al intérprete es constante, y la fabulosa ilustradora Vero Navarro llegó a convertirlo en objeto de homenaje. Nicolas Cage no es alguien que haga películas de culto, Nicolas Cage es culto.

En honor a uno de los artistas más irrepetibles del mundo del cine, la encuesta que planteamos hoy es un ejercicio de arqueología pop entre una filmografía que suma más de cien títulos. una investigación que busca responder a la pregunta ¿cuál es la mejor película de Nicolas Cage? Recordamos a los lectores que la caja para ejercer el voto reposa al final del texto, y que los comentarios están abiertos para realizar cualquier apunte que consideren necesario.


Leaving Las Vegas (1995) 

Nicolas

Cage homenajeando a Massiel y a Las Grecas al entregarse a la noble tarea de ponerse lacasito hasta morir pimplándose todo el inventario de las licorerías de Las Vegas, la ciudad más sana del mundo. Un dramón gordo por abordar el tema de la depresión y el alcoholismo, pero también porque, a la larga, inspiraría ripios de Amaral. La película de Mike Figgins (Mr. Jones, Lunes tormentoso) que brindó al actor el único Óscar de su carrera, lo cual es una buena y una mala noticia al mismo tiempo. Buena porque le supuso un merecido Óscar a Cage interpretando a un guionista derrotado. Y mala porque aquel fue el único Óscar de su dilatada carrera. A estas alturas, Nic debería de acumular suficientes estatuillas como para poder fundirlas y forjar una armadura samurái a juego con su Lamborghini dorado. Ese que se compró en homenaje al Ferrari de oro que aparecía en Tommy Dammit (1968) de Federico Fellini.


Flash (2023) 

Nicolas

Sobre el papel, tenía gracia la idea de aprovechar el multiverso en Flash para colar un cameo de Nicolas Cage vistiendo el traje del Superman de aquella película que Tim Burton nunca llegó a rodar. E incluso resultaba simpática la coña de mostrar a SuperCage peleándose contra una araña gigante. Un guiño a esa descojonante charla donde Kevin Smith explicaba cómo, por capricho de un productor demente, escribió un guion en el que Superman se enfrentó contra un arácnido XXXXL. 

Pero en la práctica, el papel de Cage no pasó de ser una cutrísima secuencia CGI en una película que lo único que tenía de bonito era a Maribel Verdú. Un pastiche digital con el que incluso el actor estaba decepcionado: «Aquello no fue lo que filmé […] Estuve en el set durante unas tres horas, una de ellas vestido con el traje, rodando una escena en la que Superman contemplaba la destrucción del universo, tratando de transmitir los sentimientos de pérdida, tristeza y terror en mi mirada […] No había diálogo, así que tuve que comunicar esas emociones con mis ojos». Pese a desaprovechar ese talento descomunal, Flash contiene un 0.01% de Nicolas Cage en el metraje y eso la convierte en candidata legítima para la presente encuesta. Y con más razón si tenemos en cuenta que estamos hablando de alguien que, en la vida real, bautizó a su propio hijo como Kal-El en honor al kriptoniano de DC.


Arizona Baby (1987)

Nicolas

Los hermanos Joel y Ethan Coen, tras rodar el estupendo neo noir Sangre fácil (1984) decidieron que sería hermoso desbarrar por completo fabricando una película totalmente diferente, disparatada e inesperada. Y el resultado fue Arizona Baby, una fantasiosa fábula donde el matrimonio compuesto por un ladronzuelo (Nicolas Cage) y una oficial de policía (Holly Hunter) deciden, tras descubrir que ella es infértil, convertirse en padres siguiendo un procedimiento poco recomendable: secuestrar a uno de los quintillizos recién nacidos de un famoso magnate de la zona. Cage vestido con el outfit de un habitual de los afters de Malibú, John Goodman y William Forsythe como dos tarados fugados de prisión, un villano motero nacido de una pesadilla del protagonista, Frances McDorman y Sam McMurray como un matrimonio swinger y un bebé en situaciones potencialmente peligrosas. Orquestando el asunto, unos Coen entregados a hacer malabares con la cámara, desatando el despiporre a un ritmo endiablado cercano a los Looney Tunes, y marcándose secuencias tan brillantes como la persecución tras el robo de unos de los pañales, o la escena del coche, los berridos y el frenazo ante el capazo de un despreocupado querubín abandonado en la carretera. Arizona Baby fue recibida con caras raras en su momento, pero no solo es una de las mejores películas de Cage, sino también una de las locuras más brillantes de los Coen.


Next (2007)

Basada de reojo en la historia corta El hombre dorado de Philip K. Dick, Next presentó a Cage como un mago baratejo de Las Vegas con la capacidad de ver el futuro de manera roñosa, con premoniciones que solo cubrían los dos minutos inmediatamente posteriores. Un don que lo convertía en un caramelito tanto para unos terroristas con ganas de pegar un petardazo nuclear, como para un FBI que pretendía evitar la mascletá inminente. Rollito sci-fi en una cinta de acción, por donde también asomaban la cabeza Juliane Moore y Jessica Biel, que resultó tan desangelada como para no dejar poso alguno en la historia del cine. En cambio, en internet ocurrió todo lo contrario. Porque el verdadero logro de esta película, aquello por lo que pasará a la historia, son sus daños colaterales: Next es el despropósito de donde se extrajo el fotograma que daría origen al meme «My hair is a bird, your argument is invalid», provocando desde entonces que cada nuevo peinado del intérprete fuese afrontado por el público como un ameno ejercicio de observación de aves.


Birdy (1984) 

Nicolas

La versión cinematográfica de una novela de 1978 firmada por William Wharton sobre la amistad entre Birdy (Matthew Modine), una persona que se obsesiona con las aves hasta creerse pájaro, y Al (Nicolas Cage). O el ejemplo perfecto de la devoción total de Nic por meterse en sus papeles con la directa puesta, aunque figurase como coprotagonista. En Birdy, el actor afrontaba un personaje con la jeta hecha unos zorros tras militar en la guerra de Vietnam. Y a la hora de prepararse para dicho rol, Cage no solo decidió hacer vida normal durante cinco semanas con la cara vendada. Sino que también adelantó la extracción, sin anestesia, de dos de sus dientes de leche frontales (que a los veinte tacos aún no se le habían independizado) con la idea de entender el sentimiento de exclusión de un veterano muy tocado y, de paso, mostrarse realmente mellado en la pantalla grande.


Color Out of Space (2019)

Nicolas

Nathan Gardern (Nicolas Cage) lidiando con las alucinógenas consecuencias de que un meteorito se estrelle en su granja. Dicho así, suena a Maniac Mansion agropecuario, pero en realidad se trata de un relato de H. P. Lovecraft llevado a la gran pantalla con sobredosis de colorines. Porque quizás un adversario que orbite a esas alturas, un horror cósmico, sea lo único que puede suponer un verdadero desafío a Nicolas Cage. En realidad, aquella película, que supuso el retorno del director de culto Richard Stanley, era floja. Pero contenía llamas (el animal, no la lumbre), a Tommy Chong, fauna y flora mutante, mucha lucecita purpúrea, y a Cage con gafas empuñando una escopeta.

Y ya que estamos, aprovechamos para recordar que, como dice Baitybait, nunca es es buena idea googlear cómo se llamaba el gato de H. P. Lovecraft.


Adaptation (El ladrón de orquídeas) (2002)

Nicolas

El guionista Charlie Kaufman se metió en un tremendo berenjenal al aceptar el encargo de adaptar al cine el libro El ladrón de orquídeas de Susan Orlean. Porque dicho texto no era una novela al uso, sino una colección de capítulos sobre la obsesión por la botánica exótica. Episodios que se entremezclaban con la historia de John Laroche, un hombre acusado, junto a unos nativos seminolas, de sisar orquídeas en peligro de extinción. Kaufman no sabía cómo coño trabajar sobre un libro sin trama y, desesperado, utilizó el comodín del Bloqueo del Escritor: redactó un guion protagonizado por un inseguro Charlie Kaufman incapaz de adaptar aquel texto, se inventó un hermano gemelo para darle vidilla a la historia, y convirtió a la autora del libro en un personaje del film que se encamaba con el ladrón de orquídeas. 

Spike Jonze leyó el guion, aplaudió con las orejas ante la chifladura y se ofreció a dirigirlo. Orlean leyó el guion, se horrorizó ante la tremenda ida de pelota y juró que jamás aprobaría ese disparate. De algún modo, la película salió adelante con Jonze como director, Cage por partida doble interpretando a los dos gemelos Kaufman, Meryl Streep como Orlean y Chris Cooper como Laroche. La metavoltereta era extrema, llegando a mostrar al propio Jonze rodando una Cómo ser John Malkovich donde también había colaborado con el guionista. La osadía salió estupendamente: Adaptation se convirtió en una de las grandes sorpresas de los primeros dosmiles, recibió loas de los críticos y desfiló por los Óscar nominada en las categorías de mejor actor (por los dos papeles de Cage), mejor actriz secundaria (Streep), mejor actor secundario (Cooper, quien se llevó la estatuilla a casa) y mejor guion adaptado. Esta última candidatura tenía guasa añadida, porque estaba dirigida oficialmente a los dos gemelos Kaufman.


Besos de vampiro (1988)

Nicolas

El éxito de Hechizo de luna en 1987, convirtió al actor en superestrella a nivel mundial, pero le dejó un regusto amargo en el paladar. Aquella digna comedia romántica en la que acompañaba a Cher no era exactamente el tipo de película por la que él quería ser recordado, porque Nic se sabía habitante de otro tipo de dimensiones paralelas. Para enmendar el asunto a lo bestia, se embarcó en la lunática Besos de vampiro, la historia de un yuppie repelente que, tras suponerse mordido por una vampiresa, creía estar digievolucionando a chupasangres clásico.

Besos de vampiro más que película es una declaración de intenciones, la de que a este caballero le va la marcha y lo menos que se puede esperar de él es el delirio absoluto. Es esa interpretación que Cage abordó conscientemente de un modo «altamente surrealista», hipergesticulando de manera ridícula, merendando cucarachas ante la cámara, berreando incoherencias, luciendo un acento pseudotransilvano risible y, en general, abrazando tan fuerte la extravagancia como para hacerle daño a la audiencia. Besos de vampiro además de demostrar que Cage ha aterrizado en el mundo con el objetivo de hacer lo que le salga de las gónadas, supuso algo mucho más importante: la confirmación de que este hombre era un puchero hirviendo de memes. Y si alguien se atreve a dudar de esto, basta con que eche un segundo vistazo a la imagen que ilustra estos dos párrafos. A lo mejor le suena de algo.


Cara a cara (1997)

Nicolas

John Woo, director hongkonés aficionado a los pichones en cámara lenta, comandando su tercer largometraje made in USA con una manga más ancha para ejecutar cabriolas que en sus anteriores aventuras norteamericanas (Blanco humano y Broken Arrow). Un guion que parecía escrito por un niño de cinco años, donde La Ciencia intercambiaba entre sí los caretos de un agente del FBI (John Travolta), y de un terrorista zumbado (Nicolas Cage), provocando a posteriori todo tipo de divertidos equívocos y entretenidas balaceras. Un espectáculo de palomitas en slow motion, palomitas a paladas en la sala de cine y personajes haciendo palomitas aéreas a la hora de pegarse tiros a metro y medio de distancia. Cara a cara es esa película en donde la dirección de actores se limitaba a Woo dando la orden «Sí a todo». Esa que, durante los títulos de crédito iniciales, muestra a Nic vestido de cura haciendo headbanging, agarrando las nalgas de la jovenzuela cantante de un coro, y poniendo cara de surcar el éxtasis vía petting mientras suena el «Aleluya» de El mesías de Händel. Un clasicazo del cine.


Renfield (2023)

Nicolas

En los últimos años, Nicolas Cage ha demostrado dos costumbres a la hora de seleccionar los guiones en los que va a participar: 1- Rechazar todos aquellos en los que no interprete el papel principal. 2- Aceptar todos aquellos en los que se le ofrece el rol protagonista, sean de lo que sean. Y por eso Renfield resultaba sorprendente, porque con ella el hombre decidió hacer una excepción a su primera regla para ejercer como villano de la historia. Una jugada inusual, pero con justificación de peso: Cage llevaba toda su vida soñando con vestir en pantalla la capa de Drácula. Y aquella película era una comedia de horror centrada en R. M. Renfield (Nicholas Hoult), un pobre diablo que decidía rebelarse tras tirarse más de nueve décadas ejerciendo como el sufrido siervo de Drácula (Nicolas Cage). 

La otra gran sorpresa de la película fue descubrir que se trataba de una secuela oficiosa del Drácula de 1931 que protagonizó Bela Lugosi. De hecho, Renfield incluso reutilizaba la escena inicial en blanco y negro del clásico de Universal, sustituyendo digitalmente al conde y su ayudante (Lugosi y Dwight Frye) por Cage y Hoult. Aunque quizás lo más significativo ocurrió al margen del metraje. Porque tras el primer tráiler de Renfield se extendió el rumor de que el actor se había afilado los dientes en la vida real para darle realismo a su encarnación vampírica. Era una trola, pero el simple hecho de que existiese gente dispuesta a creérselo refleja estupendamente la imagen de sí mismo que ha creado Nic a su alrededor.


Corazón salvaje (1990)

Nicolas

En 1989, el productor Monty Montgomery se presentó con un manuscrito bajo el brazo en la sala de montaje donde su colega David Lynch estaba ensamblando el piloto de una serie llamada Twin Peaks. Se trataba de algo más que una visita de cortesía, porque Montgomery quería mostrarle a su amigo una versión primigenia de la novela Wild at heart de Barry Gifford, para invitarle a colaborar como productor ejecutivo de la posible adaptación cinematográfica. Lynch contesto: «Genial, pero ¿y si leo el libro, me enamoro de él y quiero dirigirla yo mismo?», una posibilidad que Montgomery había descartado de antemano, al no considerar que el texto encajase en el universo del mismo tío que había alumbrado Eraserhead o Terciopelo azul. Ocurrió que Lynch leyó el libro y se enamoró del mismo, afirmó que aquella historia sobre «encontrar el amor en medio del infierno» era muy su mierda, visualizó de manera inmediata a Cage como protagonista principal y decidió comandar el proyecto desde la silla de dirección.

Corazón salvaje relataba la huida a través de Norteamérica de los amantes Sailor (Cage) y Lula (Laura Dern) mientras eran perseguidos por detectives, asesinos a sueldo y madres vengativas. Y no defraudó: en los pases de prueba consiguió que unas trescientas personas abandonasen la sala escupiendo improperios ante las escenas de sexo y violencia. Para, poco después, ser galardonada con la Palm d’Or, el premio más gordote del festival de Cannes. En la pantalla, reverencias a Elvis Presley, unos EE. UU. salvajes, Perdita Durango, carreteras, accidentes, El mago de Oz y Nicolas Cage vistiendo una discretísima chaqueta de piel de serpiente. Un outfit de gusto exquisito que, por supuesto, fue idea del propio actor. Tras colaborar juntos, David Lynch definió a Nic de la manera más certera posible, nombrándolo oficialmente «el músico de jazz de la interpretación estadounidense».


Bangkok Dangerous (2008)

Nicolas

A mediados de los dos mil, un par de directores gemelos y hongkoneses apellidados Pang contrataron a Cage para encabezar el remake norteamericano de una cinta tailandesa de acción protagonizada por un asesino sordomudo y titulada con lo que parecía el nombre de una exótica enfermedad venérea del turismo sexual. Y aunque parezca mentira, no me acabo de inventar todo lo anterior. Los Pang fueron los responsables de The Eye, aquella cinta de terror donde a una chavala le cambiaban las focales y comenzaba a ver gente pocha. Y la Bangkok Dangerous de 2008 fue una revisión estadounidense del debut homónimo de ambos hermanos, aunque en ella el personaje de Cage no era sordomudo porque no resultaría bonito cortarle las alas interpretativas al hombre. Como película, Bangkok Dangerous era un mojón considerable, uno con un envidiable  9 % de nota media en Rotten Tomatoes. Y en su metraje lo que de verdad parecía tener alas era el ma-ra-vi-llo-so cuervo chafado que el actor lucía en la cabeza. O la única razón por la que Bangkok Dangerous figura en esta lista. Por las risas.


Pig (2022) 

Nicolas

Un exchef de éxito abandona la cabaña en el bosque que habita ajeno a la civilización para partir en busca de los delincuentes que han secuestrado a la simpática cerda con la que convive. A partir de esta sinopsis, no era raro acercarse a Pig esperando una variante porcina de John Wick y acabar topándose exactamente con todo lo contrario. Un film contemplativo, pausado y melancólico sobre la pérdida y el duelo, erigido en torno a un Cage que renunciaba por completo a su amplio arsenal de registros histriónicos. La gran sorpresa de Pig fue subvertir las expectativas que durante décadas había creado un actor capaz de decir sí a cualquier proyecto y desvivirse cumpliendo el curro. El propio Nic tiene la obra aupada a un altar, y no solo la considera su mejor interpretación, sino también la mejor película de toda su carrera. 


La roca (1996)

Nicolas

Una película de Michael Bay, el director que venía de ensamblar videoclips y firmar aquella Bad Boys con un Will Smith que todavía no celebraba los monólogos de stand-up aplaudiendo sobre la cara del comediante. Sean Connery y Nicolas Cage en una maratón de acción y explosiones que enfocaba la prisión de Alcatraz de manera inversa a la habitual: convirtiéndola en un escenario donde era necesario entrar, en lugar de escapar, para desarmar unas bombas con aspecto de aparatoso plug-in anal. Eran los noventa, era un blockbuster disfrutable financiado por Jerry Bruckheimer, y nosotros éramos felices porque Bay todavía no había descubierto que tenía los Transformers pillando polvo en el armario.


El insoportable peso de un talento descomunal (2022)

Nicolas

Si hace quince años alguien nos hubiera dicho que Cage se interpretaría a sí mismo en una comedia de acción con traficantes de armas y agentes de la CIA, ubicada en Mallorca, y compartiendo pantalla con Pedro Pascal, nuestro Paco León y Neil Patrick Harris, probablemente habríamos razonado que a dicho interlocutor le quedaría muy bien un embudo en la cabeza. En cambio, leer hoy en día la sinopsis de El insoportable peso de un talento descomunal lo que genera es cierta incertidumbre. La de no tener claro si todo eso es la trama de una película o el resumen de las vacaciones del actor. 

En realidad, la cinta prometía más de lo que realmente daba, porque su rollo meta danzaba más cerca del pasatiempo trivial que de las idas de pelotas de Charlie Kaufman. Pero lo cierto es que también destacó por atreverse a desatar el Nicmultiverso planteando una idea loquísima: hacer que Nicolas Cage invocase, de tanto en tanto a lo largo de la historia, a una versión joven de sí mismo, a Nicky. Un personaje imaginario basado en la impagable actitud que tenía el tipo en los ochenta, cuando se presentó en un plató de televisión vistiendo chupa de cuero, pegando volteretas, lanzando patadas, arrojando billetes al público y luciendo pechito al renunciar a la camiseta (pero no a la chaqueta) durante la entrevista. Y para entender por qué esto es importantísimo, vamos a desvelar un pequeño spoiler: en El insoportable peso de un talento descomunal hay un momento en el que Nicolas Cage se da un beso con lengua con Nicky Cage. Que alguien intente superar eso.


¡Qué noche! (1988) 

Nicolas

Es cierto que en ¡Qué noche!, una película de Adam Rifkin, la presencia en pantalla de Nicolas Cage se limita a un minuto de reloj en una escena totalmente aleatoria e injustificada, y que el nombre del actor ni siquiera figura en los créditos del film. Pero también es verdad que esos sesenta segundos son muy intensos: muestran a Cage presentándose en un deportivo rojo, hablando como si solo tuviera medio pulmón, gesticulando de manera ridícula, vistiendo una camisa de plástico, luciendo pelo rubio cortado al estilo del Anton Chigurh de No es país para viejos, descojonándose como un tarado y luciendo una gigantesca nariz afilada de goma que no tiene explicación alguna. Ni debería de tenerla, al menos en nuestro plano astral, porque Cage aceptó realizar aquel cameo a cambio de que le dieran barra libre para presentarse como le saliera de las pelotas.


Teniente corrupto (2009)

Nicolas

Teniente corrupto de Werner Herzog fue una criatura extraña en su concepción, una segunda parte espiritual del film de idéntico título que dirigió Abel Ferrara y protagonizó Harvey Keitel en 1992. Era un movimiento bastante raro porque por un lado, Herzog aseguraba que no se trataba de una secuela ni de un remake. Y por otra parte, Ferrara explicaba cabreado a los medios que nadie le había pedido permiso, y que su colega de profesión podía «morirse en el infierno» por mancillar su obra. Herzog respondió al beef asegurando que previamente no tenía ni papa de quién era Ferrara, y que de todos modos ni siquiera había visto la original. Al final, los dos hicieron las paces en el festival de Locarno, al descubrir que todo fue culpa de un productor avispado que quiso reciclar un título con renombre.

Grescas aparte, la nueva Teniente corrupto sorprendía por su negrísimo sentido del humor y mostraba a Nicolas Cage ejerciendo malfatal de policía en la Nueva Orleans post-Katrina, metiéndose drogas requisadas, rondando a Eva Medes, poniendo acento raro, alucinando con iguanas, y sobrepasándose varios pueblos en sus funciones oficiales. O lo que todos queremos creer que Nicolas Cage entiende por «lunes».


Snake Eyes (1998)

Nicolas

A lo tonto, Cage ha trabajado con medio Hollywood. Y aunque su asociación con Brian de Palma no fue tan redonda como otras películas del director, Snake Eyes ofrecía un thriller bonito con conspiración gorda durante un combate de boxeo. Se trataba de un film donde el fondo era flojucho, pero la forma era espléndida y estaba rellena de acrobacias estéticas: un (falso) plano secuencia inicial espectacular, una cámara que sobrevolaba habitaciones de hotel y a sus inquilinos, una pantalla partida marca de la casa y, sobre todo, una jornada pugilística reconstruida desde varios puntos de vista, por numerosos narradores poco fiables. Un recurso estupendo en manos de De Palma, el cineasta que sentenció que «la cámara miente a veinticuatro frames por segundo». Snake Eyes fue recibida con tibieza en su momento, pero con los años han ido brotando sus devotos. Además, aquí Cage estaba fabuloso.


Spider-Man: un nuevo universo (2018)

Nicolas

¿Tenía Nic algún modo de reconciliarse con las grandes franquicias comiqueras después de convertir al Motorista Fantasma en un hombre que merienda gominolas en copa? Pues sí, porque, al margen de su trasunto de Batman en Kick-Ass y del vergonzoso cameo digital en Flash, el caballero ha participado en la que probablemente sea la mejor saga cinematográfica con gente en pijama: la rama animada de Spider-Man. Por cosas del doblaje al castellano aquí ni nos enteramos, pero en la versión original de Spider-Man: un nuevo universo, Cage se encargaba de interpretar al Peter Parker alternativo que más molaba: el Spider-Man Noir. 


El señor de la guerra (2005)

Nicolas

Andrew Niccol acostumbraba a cortejar a la ciencia ficción high-concept y a la fábula social dirigiendo cosas como Gattaca o firmando el guion de El show de Truman. Y por eso mismo sorprendió tanto que en 2005 se presentase con una película mucho más terrenal y cruda: El señor de la guerra. La crónica de los chanchullos de un hombre llamado Yuri Orlov (Nicolas Cage). Un caballero de orígenes ucranianos que, aprovechando el desmorone de la Unión Soviética, se embarcaba en el lucrativo negocio del tráfico de armas. O un largometraje que de haber sido estrenado quince años después se hubiera convertido en favorito de los neoliberales interneteros que dan el coñazo con los NFT de monos fumando porros, las criptomonedas imaginarias y las TED Talk para faltos de espíritu. El señor de la guerra arqueó bastantes cejas por lo amoral de su protagonista, pero era sólida y, además, tenía una de las mejores secuencias iniciales de créditos de la historia reciente: la vida de una bala al ritmo del «For What’s Worth» de Buffalo Springfield

Pero lo más interesante fue todo lo que ocurrió tras las cámaras durante la producción. La película se ensambló recolectando dinero de diferentes países, porque en EE. UU. estaban metidos en el berenjenal de la guerra de Irak y ningún norteamericano cuerdo iba a financiar una obra que señalase a la complicidad de Estados Unidos con los tejemanejes ilegales. El director y los productores optaron por tratar directamente con traficantes de armas en activo, y descubrieron que no solo era sencillísimo, sino mucho más práctico: compraron tres mil kalashnikovs reales para usarlos como atrezo porque resultaba más barato que encargar réplicas de mentirijilla. También alquilaron un avión Antonov An-12, que era utilizado para el contrabando de armas, y cincuenta tanques que fueron colocados en fila para filmar una escena, tras avisar a la OTAN de que si veían mucho carro vía satélite era porque había una película en marcha y no una nueva guerra a la vista. Para Andrew Niccol, lo más turbio de todo esto no fue corroborar que es posible comprar armamento con la facilidad con la que inicias sesión en Amazon, sino descubrir que los traficantes eran señores tremendamente afables, y que estaban más dispuestos a colaborar, y resultaban más eficientes que los estudios de Hollywood o el equipo de rodaje.

En 2018, durante una entrevista en Sundance, Kevin Smith le preguntó a Cage por aquella película de su carrera de la que le hubiera gustado hacer una secuela. Nic explicó que fantaseaba con una segunda parte de El señor de la guerra donde se explorase el devenir de la descendencia de Yuri Orlov. Y a Andrew Niccol le hizo tanto tilín la idea como para dar a luz a un nuevo guion en el que padre e hijo se enfrentan entre sí en el negocio de las armas. Los señores de la guerra está actualmente en proceso de preproducción, aunque nadie ha desvelado cuántos traficantes reales andan metidos esta vez en el ajo.


Con Air (1997)

Nicolas

Tras cumplir ocho años en prisión, condenado por un homicidio involuntario en defensa propia, Cameron Poe (Nicolas Cage) es bendecido con la libertad condicional y se encamina de vuelta al hogar junto a su esposa e hija. El problemón es que a Poe le toca volar a casa en una línea aérea más arriesgada que Ryanair: un avión C-123 repleto de convictos peligrosísimos que planean secuestrar la nave por la fuerza. Otra producción de Bruckheimer, dirigida en este caso por Simon West, que huele a sudor y gasolina a kilómetros. Y un blockbuster que lucía un ejército de caras famosas: Nic Cage gozándolo cuando el aire sacudía la magia de su melena, John Cusack como un marshal ofreciendo apoyo moral desde tierra, John Malkovich pasándoselo teta en el papel de un villano de nombre impagable (Cyrus el Virus) que utilizaba un conejito de peluche como rehén, Dave Chapelle aterrizando sobre el ciudadano medio de manera más delicada que en la actualidad, Steve Buscemi en el papel de un asesino psicópata que juega a las tacitas con una niña mientras canturrea «Tiene todo el mundo en sus manos», y gente como Vingh Rames, Colm Meany, Nick Chinlund, Monica Potter o M. C. Gainey completando el reparto. ¿Tópicos sobadísimos del cine de acción con one-liners y bad-asses brincando a cámara lenta? En fila india uno detrás de otro. ¿El mejor plan para un domingo noventero? Por supuesto.


Furia ciega (2011)

Nicolas

En Furia ciega, Nicolas Cage follaba sin quitarse ni la ropa ni las gafas de sol, fumando un puro, agarrando una pistola con una mano, una botella de Jack Daniels con la otra, y acribillando a media docena de malosos sin detener en ningún momento el coito con una despelotada Charlotte Ross. Y bueno, con esto ya estaría.


El riesgo del vértigo (1993) 

Nicolas

Ser sobrino de Francis Ford Coppola no significa necesariamente que uno lleve el talento en la hemoglobina. Y no lo decimos por el bueno de Nicolas, sino por su hermano, Christopher Coppola. Un intento de director que lleva treinta años filmando mojones como Condesa Drácula, El pistolero o la presente El riesgo del vértigo. Una drama criminal inane y cutre cuyo único aliciente real era contemplar a Cage interpretando el papel de un puto tarado, berreando palabrotas, escupiendo frases sin sentido con vocecillas absurdas, repartiendo palizas a gente random y rajando gargantas tirando de navaja. Mención especial para el otro gran personaje secundario que lo acompaña: una de las peores pelucas que Cage ha lucido en su azotea en toda su carrera.


La escena eliminada de The Wicker Man (2006) 

wickermannotthebees

Existen muchos adjetivos para referirse al remake dosmilero de El hombre de mimbre, pero todos ellos riman con la palabra «despropósito» en mayor o menor medida. Más que una película fue un descalabro del (hasta entonces) prestigioso director, agitador y dramaturgo Neil LaBute. Un filme repleto de secundarios espantosos, elementos que chirrían, sin el encanto pagano del original y con la descojonante estampa de Cage correteando por el bosque disfrazado de oso. 

Entre tanto accidente, The Wicker Man poseía un momento muy risible que se ha convertido en una obsesión internetera. Lo curioso es que se trata de una secuencia que en principio solo podía encontrarse en los extras de los DVD, porque ni siquiera formó parte del montaje primigenio: la escena eliminada del «Not the bees» donde a un sobreactuado Nic lo visten con un casco relleno de abejillas. Un momentazo que ha inspirado cosplays, remixes techno, chapitas, camisetas, crossovers con Taylor Swift, mundos secretos en videojuegos y más culto que la propia película de la que fue podado.


Zandalee (En el límite del deseo) (1991)

Nicolas

Los más jóvenes quizás no sois conscientes, pero hubo una época en la que Nicolas Cage, en lugar de ser un implacable arma de destrucción y dolor, era una máquina diseñada para el amor, un cuerpo sexy cuya única misión en este mundo era repartir placeres. Y esta película era una proyección oportunista de ello. Una tragedia romántica sobre una mujer infeliz en su matrimonio, Zandalee (Erika Anderson), que tenía una aventura con un pintor llamado Johnny Collins (Nicolas Cage). Una desvergüenza que plagiaba la novela Thérèse Raquin de Émile Zola y estaba rellena de escenas gratuitas donde el culito del actor se meneaba haciendo el delicioso con Anderson.


Mandy (2018)

Nicolas

Panos Cosmatos es ese director que ha decidido hacer películas basadas en lo que imaginaba cuando era niño al ver las portadas de las cintas en el videoclub. Y Mandy es esa obra que supone el equivalente cinematográfico a meter la cabeza en un cubo de LSD. Toda una experiencia. Un mejunje extraño, lisérgico, sucio, estilizado, lento y violento rebozado en la psicosis satánica ochentera. Motoristas sadomasoquistas, tigres enjaulados, sacrificios de sangre, conversaciones sobre Galactus y una cacería en busca de venganza. Mandy es la película que tiene a Cage forjando un hacha, agujereando psicópatas con una ballesta y participando en un duelo entre motosierras. Esa chaladura inclasificable que arranca citando la vacilada de un condenado a muerte: «When I die, bury me deep, lay two speakers at my feet, put some headphones on my head and rock and roll me when I’m dead».


Otras

Nicolas

La filmografía de Nicolas Cage suma ciento veinte producciones, un número tan elevado como para que sea difícil enumerarlas todas con justicia en un humilde texto de seis mil palabras. Por eso mismo, sirva este apartado para acoger a todos aquellos títulos que no se han asomado por la fila de candidatos. 

Y entre ellos hay de todo para elegir: Cage peleándose contra robots animatrónicos en el parque de atracciones de Willy’s wonderland; poniéndose tierno con Penélope Cruz en La mandolina del Capitán Corelli; jugando con katanas en Prisioneros de Ghostland de Sion Sono, o «la cosa más loca que he rodado» según el propio actor; meloseando junto a una Meg Ryan predestrozos quirúrgicos en City of angels, aquel espantoso remake de El cielo sobre Berlín cuyo único logro fue  albergar una de las muertes más ridículas de la historia; cabalgando westerns como Camino de la venganza o Butcher’s crossing; participando en comedias noventeras como Luna de miel para tres o Atrapen al ladrón ¿al blanco o al negro?; jugando a las carreras de coches en 60 segundos antes de la moda Fast & furious; interpretando a un Indiana Jones Hacendado en las dos entregas de La búsqueda; ejerciendo de improbable figura paterna en la muy digna Joe de David Gordon Green; gesticulando ante una snuff movie en Asesinato en 8 mm; conduciendo una ambulancia a horas brujas en la olvidada Al límite de Martin Scorsese; protagonizando una veintena de subproductos para video on demand; o haciendo de Fu Manchu durante cinco segundos en el trailer falso de Werewolf women of the SS de Rob Zombie.


SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

18 Comentarios

  1. Ambituerto

    La cuestión es que el tío no es para nada un mal actor. Otra cosa es que se haya subido al carro del que tiran los mongoles que lo tienen por lo que decís en la intro. Pero viendo sus mejores trabajos, queda claro que el tipo vale para la suyo.

  2. No será la mejor, pero aprovecho para recomendar El hombre del tiempo, de Gore Verbinski.

  3. Neil Young

    He votado por Pig,si decimos su mejor película,no su mejor interpretación, diría Al límite ( injustamente infravalorada)o Corazón salvaje

  4. A mí me pareció siempre un actor histriónico y excesivo. Leaving las Vegas es una parodia de película, un videoclip largo de guion inexistente. Para mí las mejores son Adaptation (su más contenida y mejor interpretación, doble mérito porque el papel de los gemelos se prestaba al pasote expresivo pero logró dotar a ambos de credibilidad y contraste), Al límite, Snake Eyes y la reciente Dream Scenario. Y Cotton Club aunque su papel es testimonial vía nepotismo por su célebre tío.

  5. Errefejota

    El Nicky es un género cinematográfico en sí mismo denominado por el poco criterio para elegir películas (sus dislates económicos tienen mucho que ver), por la repetición de gestos y jetas y la falta de sentido del ridículo. Arizona Baby estuvo bien y la vi hace poco. Pero Corazón Salvaje es una de las películas más patéticas que se pueden ver con diálogos de galleta china. Yo me salí a media película harto de chorradas. Leaving Las Vegas parece no ser una interpretación sino un reality de sí mismo. Cuando la vi por primer vez me dio la risa pero como era un cine de playa en Santa Pola no pusimos ciegos de bocatas y cerveza. Después le pillé algo de aprecio. Nicholas, la Cagué.

  6. Moonstruck no aparece en la lista…extraño e injusto…

  7. A mí me sorprendió gratamente en Mandy.
    Tiene una segunda parte que rebasa todos los límites, incluso interpretativos.

  8. Me parece totalmente injusto que no se reconozca su arte, esmero y dedicación en hacer la mejor Peor película de la historia, el motorista fantasma.

    Simplemente, cualquiera otra película es una obra de arte ante nuestro motorista.

    No es posible hacerlo tan mal por pura chorra, eso se ensaya y se necesitas horas de dedicación. Mis dieces

  9. Gondisalvo

    Quizás en Cotton Club no desentona mucho. Me cayó bien
    en Arizona Baby y en ese trallazo de Leaving las Vegas, ojo que en su día fue considerada un peliculón y mucha gente dijo eso de : » es «guay» o «es lo mejor que he visto en mi vida» y calificativos del estilo. Aún así su nombre, al menos a mi, me produce empatia, desdén y hartazgo interpretativo en cantidades proporcionales. Aunque eso me ocurre con casi todos los actores/actrices holywoodienese…y sus películas.

  10. Coincidiendo con todo lo anterior, yo no imagino a ningún otro sargento Enders en Windtalkers (2002). Saludos.

  11. El problema de estas votaciones es que nadie se ha visto todas las películas, con lo que llevan las de ganar las más populares. Seguro que si todos hubiesen visto Pig, no iría tan abajo en la tabla

  12. Pingback: ¿Cuál es la mejor película de Nicolas Cage? - Multiplode6.com

  13. Julio César

    Esta claro que con una filmografía tan extensa y con esa tendencia suya al histrionismo carne de meme, su filmografía está llena de bodrios (que se lo digan también a Robert De Niro). Es difícil, de todos modos, hacer una elección: me quedé con Corazón Salvaje, pero también podría haberlo hecho con Arizona Baby, Adaptation o Pig.

    De hecho, incluso se han quedado fuera films más que interesantes como Al Límite, Como Perros Salvajes, Red Rock West y Peggy Sue se Casó… y otras elecciones de dudoso gusto como El Motorista Fantasma (las dos partes) o Ciudad de Ángeles.

  14. psaba por aquí

    La mejor película no, pero la última escena de El Señor de la Guerra explica muchas cosas que ocurren a nivel real y mundial. Es un buen actor, pero solo eso, un buen actor, no está a la altura de genios como Marlo Brandon, Bogart y de los actuales, pues Jack Nickolson o quizás Tom Hanks

  15. ¿Has mencionado que en «Prisioneros de Ghostland» le explota un huevo?

  16. Una de las mejores comedias de la historia de Hollywood (y probablemente la mejor comedia hecha después de la Edad de Oro) es Hechizo de Luna, del recientemente desaparecido Norman Jewison con Nicholas Cage y Cher, y con el guion supremo de John Patrick Shanley… y ni siquiera se mencionaaa. ¿Top 3 de Nicholas Cage? Hechizo de Luna, Leaving Las Vegas y Corazón Salvaje.

  17. He votado por Corazón salvaje, aunque he de decir que Snake Eyes, Con Air y Face off están ahí entre mis mitos noventeros. Menos mal que habéis citado, aunque de pasada, Asesinato en 8 mm. ¡Y se os ha olvidado Los impostores, del gran Ridley Scott!

  18. Muy curioso que nadie ha dicho Señales del Futuro (2009), en la que Alex Proyas rueda uno de los finales más anticlimáticos que recuerdo, o la infumable Bajo Amenaza, con Nicole Kidman. Así a lo loco me vienen 6 ó 7 cosas geniales de Nic a la mente. Aviso que no seré objetivo ni por asomo.
    -60 Segundos. Randall Raines no sólo derrocha carisma y simpatía, Nic logró en una sola peli superar a toda la saga de flipadísimas acrobacias de Vin Diesel, con un par (tenía 22 años cuando la vi en cine, era joven e idiota pero me chifló; bendita juventud).
    -Color Out of Space. Me importa un bledo todo, la peli es puro Lovecraft y una fumada mejor que las de Tommy Chong, con Nic en pleno orgasmo oligofrénico.
    -Snake Eyes (Ojos de Serpiente). Sus primeros 15 minutos, plano-secuencia estilo Scorsese con Nic expídico. Brutal.
    -Willy’s Wonderland. Juega a pinball, se bebe latas de la marca Punch sin parar y mata muñecos demoníacos sin sudar la camiseta. Y sin decir ni una palabra en toda la peli. Cage ex machina.
    -El Señor de la Guerra. El diálogo final entre Yuri y Jack Valentine da miedo. Más que cualquier fantasma de Insidious.
    -El Sabor de la Muerte. Little Junior baila celebrando la muerte de su padre Big Junior y le zumba a un tío al mismo tiempo. Ni Kubrick.
    -Cara a Cara. Nic out of control. Thanos…ejm, Nic reigns supreme.
    El artículo tiene razón: Nicolas Cage no hace películas de culto. Cage es culto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.