
Este texto es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 46 «Rupturas»
Todavía no había terminado la Segunda Guerra Mundial cuando se conocieron en el legendario Murray Hill Bar, en Manhattan. Hannah Arendt tendría alrededor de treinta y ocho años y hacía poco más de tres que había llegado procedente de Europa, tras lograr huir del campo de internamiento de Gurs, reencontrarse con su madre y su marido Heinrich Blücher, resolver el infame papeleo burocrático de visados y pasaportes, superado gracias a la intervención de Varian Fry, y, finalmente, atravesar España dirección Lisboa para cruzar el Atlántico durante el invierno de 1941. Cómo fue el tránsito de una mujer judía con actividad política antinazi y de un antiguo militante comunista alemán es un episodio incierto que trata con rigor Agustín Serrano de Haro en Arendt y España. Lo cierto es que, como bien señala De Haro, los sucesivos trenes españoles que tomaron corrían en dirección contraria a los transportes de la muerte.
Mary McCarthy era seis años más joven que su amiga. Huérfana de padre y madre desde los seis años, pues ambos habían fallecido por la epidemia de gripe de 1918. Tenía tres hermanos y juntos vivieron acogidos por familiares del padre. Durante años padecieron los rigores de una educación férrea, de trato duro y abuso. Cuando se hizo insoportable, pasaron a vivir con los abuelos maternos y su situación mejoró. La joven McCarthy logró graduarse en 1933 en la universidad privada, y por entonces solo para mujeres, Vassar College. Cuando ambas amigas se conocieron, la escritora estadounidense ya había debutado con una novela autobiográfica, The Company She Keeps (1942), que anunciaba su talante contestatario, inteligente, fresco y nada convencional.
Hannah Arendt no había escrito todavía las obras sobre el totalitarismo y la condición humana que más adelante le dieron autoridad y celebridad, pero ya era un referente intelectual por su compromiso político y su brillante formación filosófica y humanística. Su modo de abordar la reflexión había impactado a tres maestros de su época universitaria: Martin Heidegger (Marburgo), Edmund Husserl (Friburgo) y Karl Jaspers, su director de tesis en la Universidad de Heidelberg, que publicará en 1929 con el título El concepto de amor en san Agustín. Intento de interpretación filosófica. Al llegar a Nueva York en mayo de 1941, había recibido una beca de la organización de refugiados sionista, realizaba colaboraciones en revistas judeo-alemanas y era muy activa en su compromiso por conservar el legado judío europeo. Su notable artículo «Nosotros, los refugiados» (1943) refleja su posición y proceder intelectual: expresiva y reflexiva a partes iguales, incisiva, segura de sí misma, centrada en los «fenómenos» políticos de su tiempo, defensora de la esfera pública, de la pluralidad, del debate y de la acción.
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Otro artículo desangelado. Parece que al escribir le entrara la prisa. Faltan multitud de detalles como, por ejemplo, el «affaire» habido entre Arendt y Heidegger que no dejó precisamente buen sabor de boca en aquélla y que fue la razón principal de su acercamiento a Jaspers, quien fue un metafísico de bastante menor calado que el citado Heidegger. Tampoco alude a la disputa con Lilian Hellman, que tiene su enjundia por la idea pueril que McCarthy y la otra mantenían de los soviéticos. McCarthy se posicionó en los juicios de Moscú a favor de los reos, mientras que Hellman lo hizo a favor de Stalin. Ninguna de ellas basaba su opinión en otra cosa que la intuición, pero aprovecharon para tirarse de los pelos durante casi medio siglo, terminando en una demanda a propósito de la afirmación vertida por la McCarthy en una cadena televisiva a propósito de la Hellman: «cada palabra que escribe [Hellman] es una mentira, incluidas ‘y’ y ‘el'». Algún estímulo mental parece que sí encontraba fuera de la Arendt.
El último párrafo del artículo es como ir a un restaurante con un amigo, que vaya al servicio y aproveche para largarse por la puerta de las cocinas.
Pero, ¿eres tonto? ¿No sabes leer que es un adelanto de otro contenido?
Para tonto o tonta, cómprate un espejo.
No es la primera vez que la citada Berta alega lo del adelanto de un contenido que después no aparece.
Si es una manera de que el lector pique, es un recurso penoso.
En este caso cita Norman Mailer, pero se olvida de la némesis durante décadas de la McCarthy, Lilian Hellman. A lo mejor hay que reescribir la historia de los piques entre féminas por eso de imputar la violencia dialéctica a los hombres. «Eppur si muove».
Yo creo que es cuestión de agenda…para la autora es más importante reseñar la profunda amistad entre dos mujeres famosas, y no la enemistad entre dos mujeres famosas…
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Hola,
aquí la autora. Gracias, Jairo, efectivamente, he querido reseñar la profunda amistad entre estas dos mujeres; lo cual no quiere decir ni mucho menos que cada pueda tener o no sus enemistades con otras mujeres, ni tampoco quiere decir que la amistad profunda sea sólo cosa de mujeres (la poco conocida amistad entre Joseph Roth y Pierre Bertaux bien hubiera podido centrar también este artículo),
Por otro lado, me parece interesante leer los comentarios de javibaz, de quien siempre aprendo porque tiene muchas lecturas y se nota que sabe. A ti, Javibaz, si me lees, solo quiero comentarte que en estos pequeños ejercicios de redacción muchas veces evito las autopistas y me encamino por callejuelas secundarias. Me gusta pensar que el saber está hecho de muchísimos caminos y no necesariamente voy por los más transitados. Gracias siempre.
Hola,
aquí la autora. Gracias, Jairo, efectivamente, he querido reseñar la profunda amistad entre estas dos mujeres; lo cual no quiere decir ni mucho menos que cada una de ellas pueda tener o no sus enemistades con otras mujeres, ni tampoco quiere decir que la amistad profunda sea sólo cosa de mujeres (la poco conocida amistad entre Joseph Roth y Pierre Bertaux bien hubiera podido centrar también este artículo),
Por otro lado, me parece interesante leer los comentarios de javibaz, de quien siempre aprendo porque tiene muchas lecturas y se nota que sabe. A ti, Javibaz, si me lees, solo quiero comentarte que en estos pequeños ejercicios de redacción muchas veces evito las autopistas y me encamino por callejuelas secundarias. Me gusta pensar que el saber está hecho de muchísimos caminos y no necesariamente voy por los más transitados. Gracias siempre.
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