Arte Arte y Letras

Los asombrosos mundos de Remedios Varo (y 2)

Varo
Detalle de Papilla estelar (1958) de Remedios Varo.

Viene de «Los asombrosos mundos de Remedios Varo (1)»

Remedios Varo desembarcó en México en diciembre de 1941, acompañada por su pareja, Benjamin Péret, y huyendo, por segunda vez en su vida, de gente muy fascista y muy uniformada. Inicialmente, la estancia en aquellas tierras tan solo suponía una solución a corto plazo, un refugio temporal. A la larga, y si exceptuamos una escapada eventual a Venezuela, Varo acabaría enraizada en el país hasta el final de sus días. Y eso es algo a celebrar, porque México fue mucho más que una tercera patria para la artista. México fue la región que desató por completo su imaginación, la que la inspiró para ensamblar su universo. La que propició la etapa más prolífica, y fantástica, de su carrera.

Viva México, cabrones

Al llegar a México, Varo hizo piña con un grupo de artistas más colorido y variado que las pesadillas de un ultraderechista: el poeta peruano César Moro; una suiza versada en la fotografía y la música llamada Eva Sulzer; el pintor austro-mexicano Wolfgang Paalen; el dibujante español José Horna; la fotógrafa anarquista húngara Kati Horna, casada con el anterior; el surrealista británico Gordon Onslow Ford, el escritor mexicano Octavio Paz; la inglesa Leonora Carrington, virtuosa tanto con las palabras como con las pinceladas; o el artista, director, guionista y diseñador mexicano que poseía el nombre menos mexicano posible, Gunther Gerzso. En aquella pandilla también se encontraban un par de exqueridos de Remedios, Gerardo Lizarraga y Esteban Francés, pero no había mala sangre y sí bastante buen rollo en esas filas. En realidad, los verdaderos roces surgieron entre los exiliados y los artistas de más renombre de México.

Ocurría que en el país de Moctezuma, por vete tú a saber qué razón, históricamente tenían algo de tirria a los extranjeros que se presentaban desde más allá de los mares. Varo conoció a gente como Frida Kahlo o Diego Rivera, pero aquellas superestrellas, y gran parte de los artistas locales, acogieron la llegada de los extranjeros con una frialdad extrema y mucho desprecio. Se referían a los refugiados como «la invasión europea» y, en un principio, tanto Kahlo como Rivera (que era muy hispanofóbico) se opusieron a la exposición de obras de exiliados en las galerías más trending de la época. Al mismo tiempo, en México las gentes seguían vibrando bastante fuerte con el movimiento artístico patrio del muralismo, y las novedosas fumadas que planteaban los surrealistas todavía no tenían tanto calado.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*