
Hola, lectores de Jot Down. Lo sé, sois un público cultureta, leéis a Foster Wallace y os marcáis referencias al cine de Godard en conversaciones casuales, pero admitidlo: cuando alguien menciona mi nombre: Jürgen Habermas, os echáis a temblar e intentáis derivar el asunto a filósofos más blandengues como Byung-Chul Han o Slavok Ziezk. No pasa nada, no os juzgo. Una cosa es entender el monolito de 2001 odisea en el espacio o el final de La isla mínima y otra muy distinta entender la Teoría de la Acción Comunicativa en una sola lectura.
Por eso he decidido, tras atender la petición de Hipólito Ledesma, hacer algo revolucionario: explicaros mis teorías como si fueseis usuarios de TikTok. Sí, habéis leído bien. Porque, admitámoslo, el espacio público de hoy no está en cafeterías de la Gauche divine, está en hilos de Twitter y en vídeos de 30 segundos. Así que, dejaos de postureo filosófico y preparaos para conocer a Habermas desde la base. Aquí no hay másica de fondo de Karlheinz Stockhausen, aquí hay un «¡Qué pasa, bro! Soy Habermas y vengo a hablaros de comunicación y sociedad».
Vamos al grano: me llamo Jürgen Habermas y nací en Alemania en 1929 y no, aún no he muerto. Soy un filósofo, aunque no de esos que solo quieren vender libros. A mí lo que me importa es cómo nos entendemos entre nosotros y cómo eso afecta a la sociedad en la que vivimos. Desde pequeño tuve que aprender a enfrentarme al mundo. La Segunda Guerra Mundial dejó a Alemania rota y eso me marcó. Ver cómo el lenguaje, la información y la comunicación podían ser manipulados para dividir a las personas me hizo pensar en la importancia de hablar claro y construir un diálogo honesto.
Crecí en una época en la que todo estaba patas arriba, y el nazismo había dejado huella en mi país. Por eso, una de las preguntas que me obsesionaban era: ¿cómo es posible construir una sociedad justa después de todo esto? Es decir, ¿cómo logramos convivir en paz cuando hemos pasado por momentos en los que la comunicación fue usada para mentir, dividir y destruir? Aquí fue donde comencé a desarrollar mis ideas.
Mi rollo filosófico: La Teoría de la Acción Comunicativa
Tranquilo, no salgas corriendo todavía, recuerda que eres un lector pseudointelectual de «magacines culturales». Esto no es tan complicado como suena. Mi tesis más importante tiene que ver con cómo nos comunicamos. Imagínate que estás con tus colegas en un grupo de WhatsApp. Si alguien manda un mensaje y todos empiezan a gritar (o a escribir en mayúsculas, que es lo mismo), no se entiende nada, ¿verdad? Pero si todos escuchan y respetan lo que el otro dice, aunque no estén de acuerdo, entonces la cosa cambia. Eso es lo que yo llamo comunicación orientada al entendimiento.
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Volver a empezar por lo básico: «Escuchar al otro, hablar con respeto y buscar la verdad juntos». Muy simple, muy necesario y muy difícil hoy. Comenzaré el año rezando, a modo de mantra u oración laica, esa frase.
Feliz año, amigos.
Así sea. Buenos deseos para todos en el este 2025
«Aquí no hay música de fondo de Karlheinz Stockhausen». No estoy seguro, pero si se refiere a la música del monolito de 2001, esta es de György Ligeti, no de Stockhausen. Me apetecía empezar el año en plan tiquismiquis, total del resto del artículo no he entendido ni papa.
Madre mía. Qué desolación. Entre guerras y matanzas de muchos, y de tantas en otra no declarada, entre ricos obscenos que están más en la Luna, Marte o en Casablanca que en la realidad, estas sensatas palabras sobre alguien que vivió los horrores de una época, se me antojan como esas postales con deseos de buenos augurios para las fiestas de tiempos idos, algunas de amigos casi olvidados. No me mal entienda estimado, su resumen sobre este gran hombre es un texto para guardar y releer cada tanto. Pero qué quiere que le diga, el desasosiego tira para otro lado. Muchas gracias. A todos.
A esta breve presentación le falta una cosita, que de hecho refleja muy bien algo más global. Habermas ha llegado a donde ha llegado por ser muy buen intelectual y también por serlo en la dirección correcta, es decir glorificar la democracia capitalista liberal de corte más bien socialdemócrata. Ojo, sus teorías sobre como una cierta desigualdad puede redundar en beneficio colectivo son muy buenas y tal. Pero es un pensador que toda su vida pensó dentro de los parámetros que le habían sido dados y le convenían y por eso ha llegado a donde ha llegado, de lo contrario, de haberse planteado cosas que tocan los cojones al poder, no habría podido hacerlo porque no le habrían dejado, ni le habrían dado premios ni proyectado su visión. Un Fukuyama, para entendernos.
Pero esa es mi opinión diréis. El caso es que hay un algodón que está retratando muy bien a quién es quién en el mundo cultural de occidente y esa prueba del algodón es «lo» que está pasando ahora mismo en Palestina. Aquí solo hay dos posibilidades o se tienen huevos y se admite que es un genocidio (o como mínimo un sucio exterminio de población por las razones políticas más peregrinas que entroncan incluso con el mundo colonial deciminónico)… o bien se tira de verborrea para justificarlo, que nosotros somos el bien y los valores, que Israel está en su derecho de «defenderse» y defender «su» tierra, etc, que los guajes de Gaza son todos unos putos terroristas. Allá cada cual y dentro de 20 años hablamos y recordamos en qué lado de la trinchera estaba cada uno.
Por tanto la pregunta que deberías haceros ahora es qué es lo que ha dicho el viejito entrañable de la sociedad civil, la justicia, la libertad y todo ese rollo… al respecto de «lo» de Palestina. Sobre todo teniendo en cuenta que no tiene problemas de dinero ni miedo a que le arruinen la carrera, ni nada que perder por decir algo si quiera mínimamente en contra de la marea dominante. Buscar, buscar. Aunque si mi teoría es cierta pues ya podéis imaginar de qué lado se ha puesto el intelectual orgánico.
Creo que lo anterior retrata muy bien muchas cosas. Un poco como cuando uno mira videos de lo modennos y progres que parecían durante la Transición Miguel Bosé, Victor Manuel o Alaska… y vistos ahora… pues igual no lo eran tanto, lo cual explica muchas cosas de la Transición, ya de paso. Y lo mismo valdría para un Savater patrio que parecía chachi en los 90 y ahora no puede ser más rancio y conservador.
Por eso pienso que al autor del artículo debe habérsele olvidado comentar este detallito de como al final de su vida Habermas se ha posicionado en un tema, que nadie se equivoque, que va a definir la relación entre Occidente, a todos los niveles, como el mundo no Occidental. Eso habría sido muy bueno para poner el final adecuado y clarificador a esta por demás muy sucinta semblanza de nuestro héroe intelectual del día.
Lo de Palestina consiste en unos ladrones que les robaron su casa a unas gentes y que después les han empezado a asesinar masivamente. Desgraciadamente, no es nada excepcional y ya ha pasado muchas veces. Es cierto que es un caso terrible, pero otra cosa es la condición de piedra de toque para probar si tienes “limpieza de sangre” que se le da a la causa palestina, en la que todo se justifica y explica, mientras que otras no resultan tan inmaculadas y ejemplares, por la cual si eres armenio o griego, o incluso en ocasiones kurdo, pues igual no te toca, según el momento, dar carta de naturaleza a la rectitud política, o puede que nunca. No digo nada si eres ucraniano o de Georgia, porque entonces de seguro te toca ser tratado de delincuente o de Nazi. a priori.
Todo esto está muy bien pero: ¿cómo te comunicas con un individuo o colectivo que dice tener línea directa con Dios? ¿Ante un ejercicio tan desbordado de prepotencia cínica y destructiva, cómo llegas a un punto de encuentro que no se estructure a partir de la humillación pura y simple?
Hay desasosiego porque en muchos lugares, muchos lugares, la palabra ha sido sustituida por balas, balas, balas. O bombas. La acción comunicativa simplemente no existe en esos amplios espacios de ruidos de guerra, rabia y confusión.
Y en el resto, es decir en aquellos espacios donde la palabra todavía existe, los pensamientos son como lanzas que hieren el corazón.
Maravilloso Artículo.
Gracias