Cine y TV

‘Robotech’: una serie de película

Robotech. Imagen Harmony Gold.
Robotech. Imagen Harmony Gold.

¿Existe algo en la cultura porque alguien dice que existe? ¿Es la compaginación una forma de creación? ¿Modifica el ojo del observador el carácter de lo observado? Perdonarán el arranque metafísico (o quizá epistemológico), pero las opiniones están divididas en cuanto a la existencia de Robotech, una serie de dibujos animados que, de ello no cabe duda, muchos seguimos en los años 80. Dicho lisa y llanamente, la marca Robotech es un invento del productor norteamericano Carl Macek, que combinó tres series japonesas completamente distintas —La Fortaleza Hiperespacial de Macross, Caballería Hiperespacial de la Cruz del Sur y Genesis Blindada MOSPEADA— para emitirlas como una sola saga en los Estados Unidos. Por supuesto, de nada de ello estábamos al corriente cuando la vimos por primera vez, pero muchos tuvimos un presentimiento o afinidad incontestable: la primera parte era muy superior a las otras; Robotech valía la pena por Macross; luego Macross era Robotech.

En ciertos sectores, la tímida opinión que acabo de expresar es tan polémica como la resurrección de la carne o la relación entre deuda y PIB en otros. Pero hay buenas razones para defenderla: a lo largo de treinta y seis capítulos de unos veintidós minutos, Macross contenía una historia autónoma, un universo político-tecnológico propio, un nutrido elenco de personajes, un doble arco dramático y un desenlace satisfactorio. En términos de géneros, se trataba improbablemente de un culebrón cósmico con alienígenas gigantes, robots transformables y una historia de amor en el medio, pero esa heterogeneidad de elementos marcaba las señas particulares —y la proveniencia cultural— de la serie. De un modo muy propio de la animación nipona, Robotech fusionaba extrañamente la delicadeza —incluso el sentimentalismo— con la violencia a gran escala: sumidos en la guerra total, los personajes se la pasaban soñando con paz y amor. ¿Qué hubieran hecho los americanos con el mismo material? Una posible respuesta se ve en una película de la época: Top Gun.

No es una comparación caprichosa. Como Top Gun, Robotech cuenta dos historias en una. La primera es un Bildungsroman más o menos clásico sobre un joven piloto, Rick Hunter, que en poco tiempo se convierte en héroe de guerra; la segunda explora el contexto específico de la guerra. Lo cual, en este caso, quiere decir específicamente planetario. Cuando una fortaleza espacial extraterrestre se estrella en la isla de Macross del Pacífico sur, los gobiernos de la Tierra deciden formar una alianza, aunar esfuerzos para restaurar el cacharro y montar una defensa conjunta contra posibles ataques alienígenas. Quiere la casualidad que, apenas lista la nave —bautizada el SDF-1—, unos enormes alienígenas humanoides, los zentraedis, aparezcan decididos a llevársela, dado que en ella se halla una poderosa fuente de energía llamada protocultura. Por motivos obvios, nunca se explica demasiado en qué consiste esto último, pero a nadie se le escapará el paralelismo simbólico con la energía nuclear que, en aquel entonces, mantenía enfrentada a dos superpotencias.

Robotech se nutre de las ansiedades geopolíticas de su época. A ellas agrega tópicos propios del imaginario del Pacífico, un escenario al que tantos los japoneses como los norteamericanos han vuelto una y otra vez desde Godzilla (véase Pacific Rim). A nada se parece más el SDF-1, por ejemplo, que a un portaviones. Las naves de los zentraedi recuerdan a submarinos maltrechos que no salieran a la superficie desde más o menos 1945. Y las refriegas espaciales, con cazas zumbando en torno a las naves insignia, evocan las cruentas batallas navales de la Segunda Guerra Mundial, tal como se siguen viendo en el cine bélico. Por no mencionar un detalle crucial: los aviones que se transforman en robots están inspirados en el F-14, la misma aeronave que despegaba de los portaviones en Top Gun

Todo lo anterior fecha con bastante precisión el mundo de Robotech, y es justo decir que, en muchos sentidos, la serie no ha envejecido bien. La animación, que precede a los ordenadores, peca de estatismo. Muchos de los diálogos son estructuralmente plúmbeos: la mitad de lo que dicen los personajes parece anunciar lo que van a hacer («¡Dispararé mi cañón!»). Y los roles de género, pese a cierto protagonismo femenino, responden a divisiones harto tradicionales. Aun así, el concepto está muy por encima de otras series robóticas como Transformers o de los productos envasados de Marvel: es la historia de un pueblo que busca su lugar en el mundo y del héroe atribulado que ayuda a conseguirlo. ¿Alguien oye ecos de los poemas homéricos, de Battlestar Galactica, de otras sagas tradicionales? Yo también. Lo increíble es que aún no se haya rodado una superproducción cinematográfica. A ver, que además el protagonista es guapo. La protagonista es un encanto. Y los robots son la hostia.

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4 comentarios

  1. Edgar Jesús Rivera Vigil

    Tengo gratos recuerdos de Robotech, así como de sus dos secuelas, la vi en mi infancia, y la repetí hace unos años, aunque a veces me parecía un culebrón del espacio, igual me seguía gustando. Puede que la repita con mis hijas a ver qué les parece.

  2. Germán Palavecino

    Fue y será mi serie favorita de la infancia, me marco mucho hasta ahora con casi 50 años sigo soñando volar un variteck.. Es una producción increíble y es una lastima que nadie pueda ver el potencial que hay detrás, de alguna película futura. Yo creo que bien hecho daría mucho que hablar actualmente, el contenido los temas tratados en este caso hacen a Robotech una de las mejores series de la época?

    • Pablo siciliano

      Mucha gente ve el potencial cinematográfico, empezando por hardmony gold, la productora original de robotech. El tema es que cuando Carl Masek conpro los derechos de Macros no incluyo la posibilidad de hacer un live action y desde entonces que se vienen peleando por los derechos, e incluso saboteando proyectos semi amateur como el Proyecto Valkirie

  3. Fernando Jorge García Vera

    Con mis 51 años y después de haber visto series animadas como Los Thundecats, Los Halcones Galácticos, He-man, She-ra, Transformers, Caballeros del Zodiaco y hasta la mismísima Dragon Ball, entre muchas otras, les digo que ésta serie fue, es y será la mejor serie de todos los tiempos. La verdad que es una lástima que Steven Spilberg no haya visto el potencial que tiene la serie, incluyendo las otras dos. Se puede hacer tranquilamente tres trilogías de cada una tipo Star War. Hasta precuelas y después de la tercera, ya que queda abierta a seguir. Ojalá que algún día se haga. En Argentina, había un muchacho que hizo un corto de un Baritek y quedó buenísimo. Véanlo en YouTube. Saludos.

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