Arte y Letras Filosofía

La vanguardia ¿mira al futuro o al pasado?

La vanguardia ¿mira al futuro o al pasado?
Reino Unido, 1933. Fotografía: James Jarche / Getty.

Para que una idea sea aceptada debe pasar por tres fases:

En primer lugar, será ridiculizada; después, sufrirá una oposición violenta; y, por último, será aceptada como evidente.

(Arthur Schopenhauer, 1788 -1860)

La primera referencia de la palabra vanguardia nos remite a su etimología Avant garde: los que van delante protegiendo al resto.

Lo vanguardista comporta un riesgo, ya que puede poner en peligro lo ya conseguido. Y eso conecta con un temor atávico que se refiere a la posibilidad de expulsión de la propia tribu. Esto nos pasa cuando lanzamos alguna idea nueva a nuestros grupos de referencia y tememos que no sea aceptada y, en consecuencia, que podamos sufrir desaprobación. También pasa cuando las publicamos, como es el caso de la inquietud incipiente que siento al escribir este artículo.

La vanguardia quiere dar respuesta a una necesidad colectiva detectada, aunque su aceptación no sea inmediata. 

En el caso de las disciplinas que estudian el comportamiento humano, uno de los primeros y vanguardistas relatos de construcción de la personalidad estuvo a cargo del psicoanálisis freudiano. Teoría que aspiraba a ordenar el discurso de la propia historia biográfica y con ello a mitigar el sufrimiento existencial del paciente. Hasta entonces el pensamiento colectivo estaba más orientado a que la persona se adaptara mecánicamente a la sociedad en la que le había tocado vivir sin tener en cuenta sus peculiaridades subjetivas. El psicoanálisis enfatiza una teoría de la personalidad que devuelve al ser humano el poder y autogobierno sobre su propia vida.

Más adelante, a algunos pensadores les pareció que era una disciplina demasiado racional y muy volcada al pasado. En este tiempo emerge la escuela Gestalt, entre otras, que hace valer la importancia de lo que sentimos emocionalmente en el momento presente. 

También surge la Terapia Breve y Estratégica con el fin de acortar tiempos de duración del proceso terapéutico y orientar la atención al tiempo presente en lugar del pasado. Este enfoque enfatiza que la clave del cambio personal no está tan vinculada a generar un nuevo discurso sobre la propia vida sino a orientarse a la acción en el aquí y ahora, comportándose de un modo diferente al que se tenía por costumbre. 

Imaginemos la historia de alguien que se está ahogando en el río y pide ayuda a una persona que está en la orilla. En ese momento, este le responde: 

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2 comentarios

  1. «su etimología Avant garde»

    «avant-garde» (es una sola palabra, no dos, y con minúscula)

    *
    Texto escrito con un estilo escolar, que a veces parece traducido (¿quién dice en español que hay que «dar lactancia materna»?), texto deshilachado que expresa ideas confusas mezcladas de manera extraña. El autor quiere probar, con ideas falsas y ejemplos más que discutibles, una ocurrencia extravagante: que las vanguardias en todo son una vuelta al pasado (o dicho con su lenguaje «cada época tiene una vanguardia que conecta con cosas antiguas con el objetivo de dar completitud a la vida»). Y ello porque las vanguardias «se movilizan para atender las necesidades básicas del ser humano». Difícil comprender de dónde saca el autor tales ideas descabelladas.

    En arte, ¿a qué necesidad colectiva reponden los delirios de las vanguardias como el urinario de Duchamp, los cuadros blancos de Ryman o negros de Soulages, o las latas de excrementos de Manzoni? El autor nos explica que «el arte abstracto nació a partir del exceso de realismo figurativo», cuando todo el mundo sabe que el arte abstracto nació cuando los galeristas y marchantes se dieron cuenta de que admitiéndolo como arte ampliaban de manera considerable sus ventas y creaban un nuevo mercado, en el que se ha llegado a pagar 10 veces más un cuadro totalmente blanco (20 millones de dólares) que un Rembrandt, por ejemplo. El «exceso de realismo figurativo» existía desde hacía 5000 años, lo que no existía hasta el siglo XX es el triunfo del capitalismo más cínico y desacomplejado.

    En cuanto a la pedagogía, el autor escribe: «No hay nada más clásico que la educación actual de vanguardia. La cual defiende una educación sin libros de texto, explorando la sociedad saliendo en lo posible fuera del espacio de las aulas y favoreciendo el proceso de investigación de cada alumno. Palabra que, por cierto, viene etimológicamente de la expresión: sin luces.»

    Pero, ¿dónde están los centros de enseñanza sin libros de texto, en los que los alumnos se pasan el día fuera de las aulas? Yo no conozco ninguno. ¿De qué pedagogía habla el autor? ¿Inventa hechos para demostrar sus elucubraciones? ¿Confunde los sueños de algún pedagogo «revolucionario» en alguna escuela vanguardista suiza con la realidad de los sistemas educativos del mundo entero?

    Y por cierto ¿qué palabra viene etimológicamente de la expresión «sin luces» (no es el caso ni de «alumno» ni de «investigación»)?

    En resumen: incomprensible que Jot Down publique textos de este nivel.

  2. Gracias por su comentario Pablo75, verifica la primera cita de Schopenhauer que habla de que para que una idea sea aceptada debe pasar por tres fases: En primer lugar, será ridiculizada; después, sufrirá una oposición violenta; y, por último, será aceptada como evidente.
    Vamos por buen camino, pues.

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